¿Stalinismo entre nosotros?

Algunos compañeros (específicamente Gustavo Martínez Rubio) se han referido a la presencia de Stalin en las "bromas" del presidente Maduro, quien comentó recientemente que se veía, en el espejo, un cierto parecido con el dictador ruso. Supongo que estas ocurrencias (con auditorio y risitas garantizadas) forman parte de ese peculiar estilo discursivo del Primer Magistrado nacional, tan lleno de dobles vínculos (el psiquiatra Bateson llamaba la atención del carácter productor de esquizofrenia de este tipo de comunicaciones; en el caso de Maduro se nota en la combinación de mensajes contradictorios, de amenazas con llamados conciliatorios, plegarias a Jesucristo y nueva amenaza, evocación del amor y promesa de castigos, elogio a la Constitución y violación inmediata de la misma, respaldo a la democracia y elogio a la dictadura, llamados conjuntos a la paz y a la guerra). También se le ha escuchado al Magistrado identificaciones con Erdogan, justo cuando éste respondía con una represión atroz en su país, o incluso advertencias de que podía aplicar una "dictadura" como si fuera una gracia.

Lo cierto es que, y esto me sorprendió en su momento, Stalin sigue "saliendo" por ahí como las ánimas en el imaginario de muchos militantes chavistas. Mi sorpresa es que, por ejemplo, todavía hay jóvenes de menos de 30 que, cual octogenarios comunistas, no sólo recuerdan a Stalin, sino que lo exaltan, como si hubieran sido formados con algún manual de la década de extinta Academia de Ciencias de la URSS de la década de los 50, como si la URSS siguiera existiendo, y no hubieran escrito nada Sartre, Ludovico Silva, Lev Trotsky y muchísimos más. A esta crítica a Stalin habría que sumar al mismísimo Chávez, quien se cuidaba mucho de distinguir el suyo del socialismo del siglo XX, o sea, el de la URSS y China; aunque se cuidaba, incoherentemente, de tocar con el pétalo de una rosa a Cuba. Es más, estos chamos octogenarios, al comentársele los crímenes y las terribles desviaciones del lamentable y tenebroso personaje histórico, responden que todas esas historias, evidencias y testimonios no son más que elaboraciones de la propaganda de la CIA, ¡en la cual incluyen a George Orwel! Comprobé que hay muertos cuyos espectros siguen espantando por ahí. Igualitos a Dios mismo.

Es posible que este recuerdo de Stalin (que en su patria, al parecer, es un fenómeno de proporciones importantes por motivos más justificables) tenga que ver con la nostalgia de cierta "época dorada" del comunismo ¿Cuál? Para no remontarnos tanto, posiblemente esa edad dorada sea la postguerra, a partir de 1945, cuando Stalin se presentaba como el gran vencedor de las hordas nazis y el comunismo (o sea, los PC) era, efectivamente, el forjador de los frentes antifascistas y democráticos en muchos países. Ser comunista en esa época (y durante toda la Guerra Fría, para no referirnos a una época anterior, iniciada en 1919, cuando Lenin fundó la Tercera Internacional) era participar de una revolución internacional, dirigida por el PC URSS, a cuya cabeza estaba el inefable camarada Stalin. Los PC nacionales eran delegados de ese gran poder. Pero en lo que acabo de escribir, dejo pasar un proceso importantísimo: precisamente el de la liquidación del comunismo internacional a manos del propio Stalin (la Internacional Comunista, el gran partido revolucionario mundial, fue efectivamente liquidada por Stalin en 1943, a instancias de Churchil y Roosevelt, en los preparativos de un segundo frente a Hitler). Y no sólo eso, sino el gran viraje, por no decir distorsión, revisión, falsificación, destrucción, que significó para el marxismo mundial, el asumir que la defensa de la URSS equivale a hacer la revolución. Tampoco menciono los crímenes. Pero ahí voy.

Tal vez el primero que se dio cuenta del peligro que significaba Stalin para la revolución, rusa y mundial, fue, el propio Lenin, quien lo advirtió en un documento conocido como su "testamento político". Pero al que le tocó analizar a profundidad al stalinismo, combatirlo para al final morir en sus manos, fue Trotsky. El gran revolucionario de octubre, compañero de Lenin en la toma del poder por los bolcheviques, organizador victorioso del Ejército Rojo en la Guerra Civil, veía despectivamente al personaje. Lo consideraba gris, torpe, dedicado especialmente a los "asuntos administrativos", un poco bruto, pues. Pero la cuestión no era personal. El stalinismo para Trotsky era, nada menos, que una deformación burocrática el estado obrero soviético, debida al atraso cultural, social y económico de Rusia, pero también a las decisiones de la cúpula que se instaló en el poder a la muerte de Lenin. Los rasgos generales de estas decisiones políticas, tenbían que ver con lo que Trotsky consideraba una falsificación monstruosa del marxismo: la tesis del socialismo en un solo país, que abrió el camino a la conversión de todos los PC en meros consulados soviéticos. Otra característica era una gran incoherencia, connotación de bestial improvisación, que se expresaba en zigzags tácticos, a la izquierda y a la derecha, sucesivamente, tanto en las políticas de "construcción del socialismo" como de políticas dictadas a las emabajadas socivéticas (los PC).

Otro rasgo fundamental fue, claro, el crimen, lindante con el genocidio. Stalin se encargó, a través de sus verdugos (Dzherzinsky, Menshinsky, Yagoda, Yezhov, Beria, jefes de la GPU, NKVD, MVD, MGB, hasta llegar a la KGB), de someter a trabajo esclavo a millones de ciudadanos soviéticos, y de aniquilar, físicamente, no sólo a militantes de otros partidos de izquierda, millones de campesinos, grupos étnicos, sino, y esto es lo bestial, a miles de militantes bolcheviques, especialmente a los mismos dirigentes y cuadros que habían posibilitado la revolución de Octubre de 1917. Mediante juicios sumarios, fueron cayendo uno a uno los grandes líderes bolcheviques, acusados genéricamente de "traidores", "espías del enemigo" y "trotskistas". En la década de los treinta y cuarenta estas matanzas fueron espectaculares. En los "Procesos de Moscú" se escenificaron shows donde los acusados (miembros de la dirección del Partido Bolchevique como Zinoviev, Kamenev, Bujarin y muchos otros) se "confesaban", luego de ser destruidos física y moralmente. Lo curioso es que los verdugos de una matanza, pasaban a ser víctimas en la siguiente oleada de asesinatos en masa.

El otro rasgo del stalinismo fue el consabido "culto de la personalidad". Stalin era un genio, era el "Padre de todos los Pueblos", el líder siempre esclarecido, el general de todas las batallas y victorias, el gran seguidor de Lenin (es de esa época esa imagen donde salen superpuestos y de perfil, Marx, Engels, Lenin y Stalin, como profetas sucesivos de una única Verdad universal y eterna; los chinos agregaron a Mao Tse Tung en la serie de grandes mesías infalibles). Stalin era también el gran científico, genio de todas las disciplinas (desde la genética, hasta la lingüística, pasando por la estética, la economía por supuesto, etc. No hubo ciencia que no tuviera el toque del "Padrecito"), en virtud de una "dialéctica" que servía para todo, pero sobre todo para exterminar a los verdaderos pensadores. Se llamó a esto "culto", porque, al endiosamiento del Líder correspondió la deformación masiva de la personalidad de los militantes, a quienes se les convirtió en creyentes intolerantes, inquisidores de la fe al estilo Torquemada. Y lo peor: el marxismo se convirtió en un conjunto de dogmas inapelables, dictados por la nueva Iglesia Roja.

El maoísmo en su momento, aunque criticó el proceso soviético a partir de la década de los 60, no fue nunca más que una versión china de lo mismo. Pero dio en el clavo en algo: el stalinismo era una grave desviación del marxismo (una falsificación, diría yo) que lo convirtió en una ideología alienante, propia de una gran potencia de políticas imperiales.

Dadas las proporciones históricas del stalinismo, creo que sería por lo menos exagerado atribuírselo a los dirigentes actuales, burocrático-militares, de la ANC, el gobierno nacional, el PSUV y demás aparatos y aparaticos de poder del país. Claro que ha habido pequeñas purgas y persecuciones de anteriores dirigentes. Pero ello no ha pasado de desplazamientos de cargos y amenazas de prisión; nada parecido a las matanzas del "Gran Padre de los Pueblos del Mundo". Temir Porras, por ejemplo, lo desplazaron porque hablaba francés y evidenciaba el rasgo pragmático del presidente. Rafael Ramírez lo mandaron a la ONU para no tener que dar cuentas del estado lamentable de PDVSA que, ahora, él se lo atribuye a la gestión posterior, no sin algo de razón, además de sugerir que el gobierno se ha "retrasado" y hasta equivocado en algunas políticas económicas. El grupo de exministros que pasaron a engrosar el "chavismo crítico", fueron maltratados y hasta expulsados, pasando por encima de toda formalidad de estatutos del PSUV, pero ahí están dando ruedas de prensa. A la Fiscal, traidora de la gran red de complicidades, la llamaron desde loca, hasta autora intelectual de cientos de asesinatos; pero ya. Por supuesto que ha habido intentos de "culto de la personalidad". Chávez se ha convertido en algo parecido a un santo, a un ícono religioso, pero más por el impulso del fervor popular. En cuanto a Maduro, nadie lo cree ciertamente un genio, aunque vimos una serie de spots publicitarios que intentaron "bajar a Chávez de la tarima" para colocar a Maduro en el altar, aunque proliferan las cadenas de TV y hay compañeros que se permiten criticar la burocracia, la corrupción, las malas políticas y demás, pero elaboran, como la propia "plusvalía ideológica" analiza por Ludovico Silva, discursos apologéticos, litúrgicos, del gran liderazgo profético, dialéctico, revolucionario, etc., de Maduro.

Se me aducirán los tribunales militares aplciados sistemáticamente a civiles, el tratamiento de "fuerza deliberante" que se le dio a unos encapuchados que trancaban calles en algunas urbanizaciones de clase media, las detenciones y aislamientos tan aprecidos a los que practicaban los gobiernos de AD y Copei. No lo niego. Pero esas cosas son más persistencias, tradiciones, heredadas de los adecos y copeyanos, y tal vez de Pérez Jiménez en el peor de los casos. Quiero decir, en Venezuela tenemos nuestras propias tradiciones autoritarias que, incluso, están sembradas entre los "pobres": ese gomecismo popular que aplaudiría con gusto de "guinden por las bolas" a algún chino acaparador, o que pongan al fin preso a todos esos a quienes despotrican diariamente por TV los dirigentes.

En fin, nuestro "stalinismo", si lo hubiera, no pasa de ser nostalgia de octogenarios comunistas, ecos del gomecismo, de la Digepol, tal vez. Y eso sale a flote por la ignorancia e incultura política de la izquierda venezolana. Y la larga tradición de abusos de todos los gobernantes venezolanos que ahora, nuevamente, se hacen efectivos, desde la destrucción de las instituciones y la improvisación de las políticas económicas, la irresponsabilidad y la corrupción, en fin, males criollitos. Tal vez el único stalinismo que esté por allí, coleado, sea la lamentable formación política de los miembros del Frente Francisco de Miranda, el culto a la personalidad de Fidel y el Che, la prohibición de pensar incluso acerca del proceso cubano, por miedo a que se le señale algún errorcito.

De resto son miradas de Maduro en el espejo a ver por fin qué carajo parece.



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Jesús Puerta


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