A propósito de ser ciego

Las muertes de Geraldine y Juan Pablo

No es posible a través de palabras devolver la vida a dos jóvenes baluartes de la patria. Geraldine Moreno y Juan Pablo Pernalete representan con inmenso dolor, una parte de la sangre inocente que ha sido derramada por culpa de huestes insaciables del poder, quienes luego que ordenan reprimir a un pueblo, hipócritamente condenan a sus subalternos de los crímenes cometidos.

Que intenten "resarcir" la muerte de Geraldine al condenar a 30 años, a uno de sus dos asesinos militares, (mientras acusan a otros de la pérdida de esas vidas humanas) por homicidio calificado afirmando que fue con alevosía, así como motivos fútiles e innobles empleando indebidamente armas "orgánicas", en trato cruel y quebrantamiento de principios y "pactos internacionales" (cuando el gobierno ordena nuestro retiro de órganos internacionales que evalúan derechos humanos), revela la insensibilidad de un gobierno que ordenó en su cúpula durante esos días realizar un "contra-ataque fulminante".

Mas grave resulta, que tres años después, el mismo vocero continúa aceptando que en su jurisdicción existen funcionarios civiles y militares que aún asesinan con sus pistolas y fusiles a desarmados civiles, es decir, al pueblo conformado por estudiantes y trabajadores. Ello es la prueba más contundente de la ignominia del poder, el cual desde lo nugatorio pretende establecer su "justicia" sin importar las necesidades de la gente, y menos el reconocimiento de sus exigencias constitucionales entre ellas, el Derecho a la Vida. Por supuesto, los culpables seguirán siendo quienes reciben las órdenes de utilizar las armas contra la población civil, mientras los jerarcas cada vez que aparezcan asesinados, mantendrán el inmoral discurso diciendo que ellos "jamás" "avalarán" tales acciones.

El asesinato de Juan Pablo adquiere dimensiones no menos dolorosas, pero envueltas en una historia de aculalia con máximo nivel goebbeliano. ¿Y por qué? Porque el gobierno ante lo evidente recurre a hablar de un supuesto asesinato con una "pistola de perno" (exclusivo de uso veterinario), pero que cuando investigamos con la misma frase encomillada en el mundo de internet, no sólo encontramos menos de una centena concretas de referencias sobre tal frase, sobre las cuales más del 80% se refiere al hecho mencionado por los voceros maduristas, sino que nos colocaría en el mundo como pioneros en este tipo de "asesinatos", que curiosamente, ni siquiera ha sido puesto en práctica por cualquier banda de delincuentes en el mundo ¡Qué casualidad!

Ante ello, resulta muy dudosa la versión de las autoridades maduristas, más porque existen testimonios de quienes estaban muy cerca de Juan Pablo que tal hecho ocurrió por efecto de una bomba lacrimógena ¿O acaso hubiesen querido sus propios amigos de crianza y lucha durante muchos años el querer asesinarlo? Honestamente como padre, docente y ciudadano, me cuesta creer la versión gubernamental. O sea, el gobierno en vez de aclarar tal asesinato, lo que hace es generar mayores dudas sobre el cómo actúan desde lo más alto del poder, al momento de reprimir las manifestaciones que rechazan sus decisiones y acciones políticas.

Los asesinatos de Geraldine y Juan Pablo duelen mucho. ¡Sí duelen mucho! Porque es la juventud de la patria quien exigiendo la praxis de sus derechos constitucionales en nombre de millones de venezolanos, pierden sus vidas con el agravante que los auténticos responsables siguen libres, e incluso, repitiendo las mismas órdenes que sólo tendrán como "culpables" a otra parte de un pueblo uniformado envenenado por un discurso inmoral y traidor cuyo único fin es perpetuarse en el poder.

La sangre de Geraldine y Juan Pablo no quedará en vano, Sabemos que mientras Maduro siga en el poder continuarán las muertes por inanición, enfermedades o asesinados, sin importar que éstos últimos sean en protestas legítimas.

Hay que recordar siempre como pueblo que los asesinatos de Geraldine y Juan Pablo en su espacio ab aeterno, que la pérdida de sus vidas es la síntesis de los miles de venezolanos que diariamente se nos marchan por diversas razones imputables desde una cúpula civil y militar para quienes tal realidad resulta anodina.

El madurismo podrá continuar con su claque en sus espacios cerrados viendo otra realidad. El pueblo continuará en su lucha desde el terreno de las ideas y en las calles del país, aunque nos invada la tristeza por cada ciudadano injustamente fallecido, como los han sido Geraldine, Juan Pablo y miles de venezolanos.

La justicia a veces tarda pero llega. Alea jacta est. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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