La hilaridad de Hillary

En un arrebato de espontaneidad y alegría incontenible, la jefa de la diplomacia gringa se quitó la máscara de hipocresía que suelen lucir quienes ejercen dicho cargo, y celebró, de manera efusiva y con una frase de los antiguos romanos, el linchamiento del Líder Libio Muammar Gadaffi, a manos de los sicarios pagados por la OTAN, eficaz herramienta terrorista imperial aliada de la CIA, del MOSAD y de otras agencias de espionaje del “primer mundo”.

Y es que no era para menos. La risa genuina de esta mujer normalmente desteñida e inexpresiva, que aguantó con estoicismo digno de mejores causas los deslices amorosos de su esposo, es la manifestación orgullosa del deber cumplido, al reivindicar la participación clave del gobierno norteamericano en la invasión a Libia y posterior asesinato de Gadaffi.

En otras palabras, como los españoles en 1492 con las riquezas de la actual América Latina, los gringos decidieron apoderarse de uno de los últimos reductos de crudos livianos del mundo, y desde su guarimba de la ONU orientaron a sus cipayos europeos para que fungieran de líderes mediáticos. Así, armaron a criminales de diversa procedencia, destruyeron ciudades con el cobarde recurso de bombas lanzadas desde aviones no tripulados, y mataron a decenas de miles de civiles para “protegerlos” de la masacre a la cual supuestamente los sometía Gadaffi, quien a la postre resultó ser víctima de sus propios errores, al hacer concesiones a Occidente. Como diría un cura de mi pueblo, así paga el diablo. Con razón el Ché insistía en que al imperialismo “no hay que darle ni un tantito así”, y es hora de que los líderes revolucionarios del mundo, asimilen esa máxima.

Una vez hecho el trabajo, a la otrora floreciente Libia le espera una prolongada y enconada lucha intertribal sobre las ruinas, en la cual los muertos, como siempre, los pondrá el pueblo. Además una posible división del país que favorezca al imperio, mientras que las empresas transnacionales se apropian de los recursos petroleros e hídricos del país norteafricano, avalados por algún monigote que cumpla el rol de presidente, como el que colocaron en Afganistán. En la práctica se trata de un método que bien podría llamarse “de las anexiones invisibles”.

En esencia el mundo ha cambiado muy poco. Durante la conquista española los invasores cortaban la cabeza de los patriotas, las freían en aceite y las exhibían de pueblo en pueblo para aterrorizar a quienes osaran oponerse a su dominio. Hoy en día, los recursos tecnológicos facilitan la misma operación, ya que se congelan los cadáveres para mostrarlos como trofeo in situ, mientras que las imágenes circulan instantáneamente por todo el planeta multiplicando su carga intimidante.

Sin embargo, al ritmo declinante y sostenido que marchan las economías norteamericana y europea, cabe preguntarse hasta que punto el saqueo a Libia, incluyendo el negocio de la reconstrucción del país, podrá darles nuevo aliento. Por eso la advertencia del humorista AGRA parece muy pertinente: ¿después de Libia, Irán o vendrán? Hay que recordarle de nuevo a la derecha venezolana, que hasta ahora la tecnología gringa no ha logrado bombardeos selectivos “mata solo chavistas”.

(*) Profesor Titular UCV

Charifo1@yahoo.es


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Douglas Marín Ch.*


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