La hiperinflación criminal

Da la impresión que el hombre, desde que comenzó a usar la masa gris del cerebro, su mayor esfuerzo radicó y radica, al presente, en propiciar la destrucción en forma masiva de sus congéneres. El mejor ejemplo de esto es la guerra en todos sus empaques. En un principio solo utilizó el las piedras, el arco, la flecha y la lanza, pasando luego por las armas de fuego, hasta llegar a las armas biológicas y las armas químicas como las bombas nucleares. Así mismo, la eficacia de los artilugios mortales se presume más efectiva si de un solo estampido acaba con miles y miles de personas. En esta año nuevo 2018 cuando todos los presidentes le están deseando a la humanidad "el hipócrita feliz año nuevo" los presidentes de EEUU y norcoreano están en la disyuntiva del cuál de los dos producirá más muertos en el bando enemigo (las ciudades) una vez que se lancen las bombas atómicas, que según los especialista tendrá el efecto de unas quince bombas de Hiroshima. Una fortuna de los muertos, los que queden vivos envidiarán a los difuntos.

Una de las tácticas de la guerra es el asedio, un eufemismo para nombrar la mortandad de los habitantes de una ciudad donde que "no quede piedra sobre piedra" (Lucas 19:44). El asedio es una táctica militar utilizada para rodear una población para incomunicarla y conquistarla. Es decir, cuando se asedia a una localidad se le cerca para impedir que a la ciudad le entren suministros como alimentación, medicina y agua.

La historia tiene muchos ejemplos de valientes que prefirieron morir de hambre antes de entregarse a sus enemigos. El más palmario fue el asedio a la ciudad Israelí de Masada en la guerra judeo-romana (73 d.C). Durante el asecho a esta ciudad los 960 defensores que quedaron vivos prefirieron suicidarse antes que rendirse. En los siglos XX y XXI se conocen varias ciudades asediadas por topas enemigas como Leningrado (1942-1944), el bloqueo de Berlín (1948-1949), el de Basora (1987), el de Sarajevo (1992-1996), las ciudades Sirias de Kafraya, Fua, Zabadani y Madaya (2017)...El resultado de tales práctica fueron y son miles de muertos y heridos y ciudades destruidas.

Los ejemplos anteriores son del tipo militar. Hoy, en la llamada guerra de la cuarta generación, se conocen nuevos tipos de asedios, como son los bloqueos económicos. Una especie de cerco que le imposibilita a una ciudad o país la entrada y salida de las finanzas, además el bloqueo de los puertos para impedir la entrada y salida a un país de productos alimenticios y medicinas, así como propiciar obstáculos a terceros para realizar negocios con la nación asediada. En este caso, el bloqueo es una estrategia criminal. El estado agresor realiza todos los esfuerzos para evitar suministros de tropas, armas, información y de todo tipo de productos que contribuyan con la subsistencia de los habitantes de la nación asediada. El caso más palmario de esta práctica ilegal y canallesca es el bloqueo a Cuba al cual está sometido la irredenta isla caribeña desde el año 1962.

La guerra de cuarta generación tiene diversos empaques, uno de estos es el bloqueo informativo. Mediante este las grandes corporaciones de la mass media impiden divulgar la información positiva que desarrolla un gobierno progresista y lo peor, que falsea las noticias para mostrar al mundo la imagen negativa de un país, con el objetivo de desacreditar el gobierno.

Son diversos los envoltorios de la guerra de la cuarta generación. Me voy a detener en uno en especial como es el bloqueo de tipo económico, patrocinado por las grandes corporaciones productoras de alimentos y medicinas, de la cual es víctima el gobierno del presidente MM y como consecuencia, el pueblo de Venezuela.

Nuestra patria, como país petrolero mono productor, es una nación insuficiente para autoabastecerse en ciertos renglones de comida y lo peor, en algunos de los casos, no obstante se fabrique en esta tierra, de seguro tiene un componente importado. Esto ha sido aprovechado por las empresas importadoras nacionales para acaparar y especular con estos productos para generar una hiperinflación, con la excusa del cambio del dólar today. Lamentablemente, esta hiperinflación no solo ha llegado a los productos importados, así mismo, los comerciantes inescrupuloso de todos los renglones de comestibles se aprovechan para aumentar los precios de aquellos de manera criminal. Esto hace imposible que un asalariado pueda comer de acuerdo con los parámetros de una alimentación sana y balanceada. No hay ningún producto de la dieta diaria de los consumidores venezolanos que no esté sumergido a un alza criminal y especulativa que permita buscar alternativas que sustituya a otro alimento. Proteínas, vegetales y frutas tienen precios desmedidos, al igual que en los artículos empaquetados como el granos, el arroz y la pasta. Los precios, en esta última, son imparables, oscilan entre Bs. 75.000 hasta Bs. 150.000 los paquetes de 400 g. Cualquier mercado, sin exuberancia, para una pareja sin hijos, su costo semanal oscila entre Bs. 600.000 a Bs. 1.000.000. Les pregunto a los funcionarios que les compete el asunto ¿un profesional que devenga un salario de Bs. 2.000.000, cómo podrá alimentarse?

Mucho de los que votamos por el presidente Chávez y luego por el presidente MM lo hicimos para desarrollar en nuestro país un modelo socialista. Entiendo perfectamente que no es fácil implementar este modelo en una nación que viene arrastrando los vicios del capitalismo rentista, pero mi pregunta inmediata es ¿Cómo instaurar el socialismo en una sociedad donde los medios de producción, distribución, almacenamiento y comercialización están en manos de las empresas privadas? Son estos mercachifles los que están decidiendo en materia de precios.

Escucho a los funcionarios del gobierno que les concierne el tema, pero parece que la memoria les falla y no recuerdan los ofrecimientos y las leyes u ordenanzas que formulan para evitar la especulación. Nunca he visto marcado un producto importado con el precio en dólar con el cual se adquirió en el exterior la mercancía, tal como lo anunciaron.

Los empresarios acusan al gobierno de la inflación, pero son ellos (los mercachifles) los facultados de cerrar y abrir el grifo para que los productos salgan o no salgan de sus fábricas. Son ellos lo que colocan los precios a los productos. En muchos casos, son ellos los que tienen el monopolio de ciertos comestibles y pueden producir más para abaratarlos. Según la ley (que no es ninguna ley) de la "oferta y la demanda", por qué razón, pasado diciembre, no bajan los precios de los productos de mayor demanda para esa fecha. Por qué las frutas de la estación no bajan de precio durante los períodos de mayor cosecha. No hay renglón alimentico que no haya subido de precio: yuca, lechosa, tomate, aguacate, granos, espinaca, pepino, pollo, carne…una verdadera locura que parece no tener fin. Los sueldos, los salarios y las pensiones de los consumidores se devalúan y se esfuman ante el estoicismo de los funcionarios. A manera de ejemplo: el costo de la cesta básica en el 2014 era de Bs, 19.000 y hoy un cartón de huevos cuesta Bs. 200.000; 400 g de avena, para esta misma fecha costaba Bs. 13, hoy cuesta, cuatro años después, Bs 60.000. En este mismo tono, la harina precocida valía Bs. 6,74 y hoy, cuatro año después Bs. 28.000 y para cerrar, 500 g. de pasta costaba Bs. 10,65 y hoy, cuatro año después hay que pagar Bs. 89.000. Esto se pudiera aceptar en un gobierno neoliberal, pero una hiperinflación del orden del 400.000 por ciento en un gobierno socialista es una ignominia.

Todos teníamos puesta nuestra esperanza en la ANC, ya han pasado casi medio año y la escalada de los precios no se detiene. La paz no solo es la paz física y material de la calle, el gobierno socialista debe ofrecerle la paz mental de todos los que votamos por un país donde el poder popular tenga algún sentido y no solo el de una frase que suena a revolución.

Entiendo que no es fácil gobernar, pero al pueblo le es difícil soportar el asedio de una oligarquía especuladora y criminal, la cual abusa de los precios como les da la gana sin que nadie le ponga freno a esta infamia contra los consumidores. Todos los habitantes de esta tierra de gracia aspiran que las promesas electorales se conviertan en hechos y que no sean solo palabras. Se le debe hablar claro al pueblo elector. Bien lo expresó el Libertador en 1812 en la carta a Nepomuceno Ribas: "Me vería como un hombre indigno, si fuera capaz de asegurar lo que no estoy cierto de cumplir". Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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