Sin la verdad se pierde la esperanza...

En mi percepción, el principal legado del Comandante Chávez fue el haber iniciado con notable éxito el rescate del prestigio de la política, cuando esta era sinónimo de mentira, demagogia y tramposería; y el núcleo central de ese rescate lo constituyó siempre la verdad, el reconocimiento de los errores, la originalidad y el valor sin precedentes a la hora de la toma de decisiones oportunas; centrado siempre en la defensa de su pueblo, promoviendo novedosas modalidades de gestión política, dejando del lado el cuidado del costo político, característico de la clase política tradicional, tanto de izquierda, como de derecha en toda América Latina y el Caribe.

Hoy el país atraviesa una crisis económica, social y política con señales inocultables (inflación alta, escasez, desabastecimiento, excesiva liquidez, corrupción y burocracia), que amenaza con enterrar los éxitos sociales y políticos alcanzados en la transición al socialismo, y la gran tarea que se nos impone es la de moralizar al pueblo para retomar el camino, y el inicio del regreso comienza por decir la verdad al pueblo; sin la verdad, no se podrá renovar la esperanza, tampoco se podrá sumar los altísimos porcentajes de los “ni ni” al Chavismo en las próximas contiendas electorales, principalmente en las elecciones a la Asamblea Nacional.

La corrupción y especulación se han generalizado; especula el gran mercader y también el humilde comerciante informal, también lo hace el empleado raso o el directivo apoltronado de cualquier institución del estado; y solo un gobierno ético, con una actitud ejemplificante, sin entorno familiares vinculados a negocios asociados al gobierno puede enfrentarlo.
Admitir que la guerra económica se monta sobre los insumos de nuestros errores en una errática política fiscal, cambiaria y monetaria, es un imperativo; reconocer la ineptitud de un equipo económico que al actuar al margen de la ciencia económica no fue capaz de advertir la caída de los precios del petróleo y estar preparados para ello, es una necesidad; frenar la emisión de dinero inorgánico por encima de los parámetros establecidos para el tamaño de nuestra economía es urgente; revisar la política petrolera, reconociendo nuestras fallas a la hora de sembrar el petróleo, es lo menos que podemos hacer en esta área e iniciar un combate radical contra la corrupción y la burocracia con un nuevo gabinete ministerial, alejándose de los factores de poder que tienen una altísima responsabilidad en la situación crítica por la que atraviesa la nación bolivariana.

Finalmente, es supremamente necesario, reconocer que salvo honrosas excepciones, el PSUV está secuestrado por alcaldes, gobernadores, ministros y altos funcionarios del estado, lo cual lo imposibilita para interpelar a la administración pública y privada en respaldo del maltratado poder popular; sin dirección colectiva con experiencia, conocimiento y liderazgo la transición al socialismo es una pelea perdida.



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Roger Lázaro


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