A 20 años del Caracazo: “inicio de la revolución venezolana”

Introducción. Este es sin duda unos de los sucesos más terribles en la historia de Venezuela. Desde Guarenas y Guatire muy temprano en la mañana se dio inicio a manifestaciones violentas, causadas aparentemente por el aumento en la gasolina ,ya para el mediodía toda Caracas era un mar de gente, saqueos, tiros, muertos. La gente bajo de los cerros con sus angustias, con los odios acumulados por décadas de injusticias y burlas. Solo la muerte a mansalva pudo, después de tres días, detener esta insubordinación espontánea, cuya mínima organización hubiera acabado con el gobierno de la época. Se calculan en miles los muertos, el gobierno solo reconoció trescientos. Un país que desde 1903 no sabía lo que eran las asonadas, que estuvo adormecido por el caudal de la renta petrolera, se sacude ante la crisis ocurrida paradójicamente recién haber vivido un aparente festín en los años setenta. Pero no hay la menor duda de que estos sucesos y los que lo procedieron por consecuencia, como fueron los alzamientos militares del 1992 han marcado nuestra historia política hasta los actuales días.

Antecedentes Económicos. En la década de los setenta se dan las manifestaciones más evidentes de las deformaciones que a nuestro país han producido la magnitud de los ingresos petroleros, así como de las diferencias que nos separan del resto de los países de América Latina. Mientras en los demás países se hace insostenible la crisis de agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, periodo de decrecimiento y sucesivo estancamiento, en Venezuela se vivió por el contrario en medio del desenfreno que produce el alza en los precios del petróleo, que paradójicamente agudizan la crisis de los países vecinos. En 1974 los precios del barril pasan de 4 a 12 dólares y en 1979 llegan a 30 dólares promedio.

Resumiendo, diremos que en la década de los setenta se profundizan los males que ya acarreaban desde sus inicios el modelo rentista y se convierte en la principal fuente de las causas de la crisis generalizada que vivimos desde 1983. Así tenemos que los dos principales problemas de comienzos de los ochenta, como lo son la caída de los ingresos petroleros y la deuda externa, tienen sus orígenes en la década anterior. En general, en el periodo 1973 a 1983, mientras que el ingreso petrolero creció en un 350 %, los gastos lo hicieron en un 540 % y el incremento de la deuda externa a corto plazo al 2000%, llegando al cierre del periodo a unos 29 millones de dólares, divididos en partes iguales entre los gobiernos de CAP y LHC y de los cuales un 60% tenia vencimiento entre 1983 y 1984. Además debemos añadir una cifra de unos 80 millones de dólares colocados fuera del país por el empresariado privado y que se produjo fundamentalmente en el último periodo.

Luego ,en el periodo de 1983- 1988 se producen medidas económicas que en ningún momento pretendían hacer un cambio estructural en el modelo económico rentista, a pesar de reconocerse su agotamiento, solo se aplicaron medidas cortoplacista y de carácter coyuntural.. La década de los 80 en Venezuela se inserta, a igual que al resto de la América latina, en lo que se ha hecho llamar “Década perdida”. En general tenemos una caída pronunciada del PTB; con un crecimiento de ( -5.6) en 1983 y (-7.1) en 1989. Estos años son de profundos desequilibrios y de una gran resistencia a aceptar la crisis del rentismo y populismo.

Debemos afirmar que este periodo histórico marca el comienzo de una transformación del pensamiento y cultura política del venezolano. Un país que comenzó a vivir el agotamiento de la renta petrolera a partir del viernes negro de 1983, una nación que paradójicamente después de haber tenido en la década del 70 una de las tasa de ingreso por exportación petrolera mas grande del mundo y cuyos niveles podrían ser solamente comparados en la actualidad vendiendo el petróleo por encima de los 200 dólares, este país, comienza en los años ochenta con una deuda de 30 mil millones de dólares, son denunciados los casos mas terribles de corrupción, mientras que la pobreza se agudiza y la masificación de la educación y del servicio de salud evidencian su poca calidad. El país parecía no tener salida y los sectores empresariales y el poder político no daban respuestas, por el contrario se produjo fuerte resistencia a las luchas por reivindicaciones sociales y el gobierno de Lusinchi hizo gala del más engañoso populismo. La sociedad civil que había tenido su mayor auge en 1936, a la muerte de Gómez, luego fue controlada por el poder del Estado y los partidos políticos gracias a la administración y distribución de la renta petrolera.

La pasividad política, hasta 1989, fue una de las características fundamentales de la sociedad venezolana en el siglo XX. La crisis de los años 80 produjo los primeros efectos de movilización y de despertar de la sociedad civil solicitando reformas profundas al Estado. Sin embargo, a pesar de los intentos de la COPRE desde 1986, las propuestas de reformas educativas y sociales, realizadas por los reconocidos intelectuales llamados “Los Notables”, poco o nada ocurrió. Por el contrario en 1989, luego de manejar un discurso populista y recordando las bonanzas de su primer gobierno, CAP es elegido nuevamente presidente y a los 15 días de haber asumido el cargo (el cual fue celebrado como un reinado) se anuncia un paquete de medidas de liberación económica (precios, tasas de interés, aranceles, entre otras) cuyas consecuencias produjo la movilización popular espontánea mas grande en la historia del país como repudio no solamente a estas medidas violentas y desequilibradas sino como producto del cúmulo de odio, y rechazo dado a las desigualdades e injusticias de carácter históricos.

CAP y el Paquete Neoliberal. Para 1989 llega Carlos Andrés Pérez a su segunda presidencia, con el apoyo de un caudal de electores quienes recuerdan de su primer periodo presidencial: la bonanza petrolera que permitió la política de pleno empleo, aumento saláriales, subsidios, crecimientos del gasto social, créditos agrícolas, nacionalismo económico, entre otros. Igualmente se había ofrecido en la campaña su imagen de líder tercermundista y hombre dispuesto a enfrentarse a los desmanes que a nuestros países había causado la deuda externa y las respectivas imposiciones de los organismos financieros internacionales.

Apenas logrado el triunfo y recién tomado el cargo el 2 de febrero de 1989 comenzó a implementarse un plan económico radicalmente opuesto a lo que realmente se esperaba, más parecido al de su opositor, Eduardo Fernández quien acusó a CAP de habérselo copiado. Los acuerdos con la banca internacional ( 2 de febrero) y el anuncio de la aplicación del programa “popularmente” conocido como “paquete económico” vinieron inmediatamente ( 16 de febrero) pero igual de rápido fue el rechazo popular que en rebelión tomo las calles durante el 27 y 28 de febrero, sin que las fuerzas armadas del estado pudieran controlarlos solo la represión, y la matanza indiscriminada logro ponerle fin a este suceso único en la historia contemporánea del país.

Las medidas económicas eran mas o menos las mismas que desde principios de la década de los ochenta se venían produciendo en México y Chile y que a finales de la misma década se generaliza por todo el subcontinente: privatización, reconversión industrial , disminución del gasto público, eliminación de los aranceles de aduanas, liberación de los precios y de las regulaciones cambiarias, son algunas de las principales medidas a tomar para equilibrar la economía y hacerla más productiva y por orden competitiva.

Estas medidas se tomaban en el contexto del evidente agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, que en Venezuela ante los ingresos petroleros y las reservas internacionales eran insustentables y sí a esto se suma el fracaso de los modelos de economía centralizada, eran comprensible la euforia de quienes defendían la economía de mercado.

El costo político-social .Ha quedado demostrado que la implantación de las medidas de ajuste macroeconómicas fueron tomadas sin percatarse del costo políticos y social que irían a acarrear. Mas cuando esta aplicación no se hizo en forma gradual sino en forma violenta y acelerada. En los países desarrollados, observadores como los españoles, han señalado que en sus sociedades previamente a cambiar la estructura económica se planificó una política que disminuyera los efectos dañinos que causarían estos sobre las grandes mayorías. Un especialista ingles de visita en el país en 1991 se refirió a lo apresurado del proceso de privatización en Venezuela y que en su país, cuna del liberalismo, se había ido más lento.

A pesar de reconocer que la pobreza es un fenómeno estructural en los países subdesarrollados, no podemos negar que la magnitud de los ingresos petroleros y su distribución por el estado permitió la sustentación de un modelo rentista y populista, que si bien favorecía desigualmente los sectores sociales logró un grado importante de consenso y legitimidad en la sociedad. Hasta 1989 la ausencia y fracaso de movimientos subversivos y el apoyo al sistema electoral parecían demostrar esta última afirmación

Con la crisis del rentismo el Estado ha perdido la legitimidad que la distribución de la renta petrolera le había otorgado y comenzó a jugar un papel mas que represor que de conciliador. Al consolidarse las tendencias neoliberales en el plano económico, el Estado y los partidos deben disminuir en forma significativa su presencia. Hemos dicho cómo antes esta situación una “Clase política” que se niega a perder poder, delegárselo a otro, cerrando cualquier espacio de participación. Los intentos fallidos de la COPRE por reformar el Estado, la descentralización, fueron demostración de la intolerancia política de las agrupaciones tradicionales. Igualmente ante la expansión neoliberal el aparato político tiende a desideologizarse y convertirse en instituciones pragmáticas, solo preocupadas por el buen funcionamiento del los mecanismos del mercado y el como garantizar el “orden social”. Así vimos en los últimos años la constitución de un grupo de tecnócratas ocupando puestos claves en organismos públicos.

A nuestro modo de ver, esta fecha debe ser recordada de varias formas, primero, ha sido el alzamiento popular mas significativo de nuestra historia, segundo: representó el fin de la supuesta pasividad del venezolano, aparentemente adormecido por la renta petrolera y el populismo , tercero: ponen en evidencia lo que desde el principio de esa década era una realidad: el rentismo había llegado a su fin, el populismo de la democracia representativa había cerrado los canales democrático de participación, cuarto: el naciente neoliberalismo nació sentenciado de muerte, desde entonces el neoliberalismo no pudo implementarse con la plenitud con que se hizo en otros países de América Latina Quinto: El 27 y 28 de febrero es el amanecer de la conciencia del poder popular , desde entonces el pueblo sabe que tiene poder y capacidad de transformación y los gobiernos desde entonces han actuado bajo la presión (por no decir temor) de lo que pueda ser la repuesta popular . Las sublevaciones posteriores, como las del 4 de febrero, son impensable en su trascendencia sin el 27 y 28 de febrero de 1989. Estos representaron el primer intento de organicidad y de plataforma política de la insubordinación nacional pero careció de apoyo popular, así mismo la salida de Carlos Andrés Pérez en 1993, las turbulencias políticas de ese mismo año, el segundo gobierno de Caldera y la llegada de Chávez al poder tienen un claro e imborrable antecedente en el Caracazo.

No hay la menor duda de que hoy, a partir del proyecto político concebido por el Presidente de la República, se están impulsando agigantadamente procesos de concientización y organización política del pueblo venezolano,” la explosión comunal” es una verdad indiscutible. Se han abierto válvulas democráticas, que a pesar del agudo enfrentamiento político han demostrado que la población venezolana se resiste a la violencia. Hay que tener claro que es un proceso que apenas comienza, que tiene debilidades y contradicciones, y es lógico que así lo sea. Pero es necesario que estos procesos sean realmente asumidos por la población, no solamente como una imposición desde el ejecutivo, y tampoco solo para acceder a los recursos financieros. Debe ser un proceso donde la emotividad y la pasión revolucionaria este acompañada de la profunda y sistemática formación socio-política, para que el pueblo realmente tenga poder y no pueda ser manipulado ni siquiera por los que hoy se consideren sus defensores. Sin embargo, muy a pesar de los numerosos programas sociales que se llevan acabo, no se puede negar que los índices tan alto de pobreza, violencia y delincuencia y su imposibilidad de solución a corto plazo, son un “caldo de cultivo” para posibles estallidos sociales. Esperemos que no se imponga la irracionalidad política que haga cultivar muertes innecesarias.


prodriguezrojas@hotmail.com


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Pedro Rodríguez Rojas

Sociólogo e historiador (UCV). Magister en Historia Económica (UCV). Maestría en Tecnología Educativa (UNESR). Doctorado en Ciencias Económicas y Sociales. (UCV). Doctorado en Historia (UCV). Ha sido docente de Pre y Postrado en la UCLA, UNA, UPEL. Actualmente de la UNESR en la categoría de Titular. Ha sido investigador del Centro de Historia para la América Latina y el Caribe, OEA, CELARG, Congreso de la República, Centro OPEP, entre otros. Ha sido Asistente de Investigación de los Doctores Ramón J. Velásquez, Federico Brito Figueroa, Héctor Malavé Mata y D.F. Maza Zavala, entre otros. Ex-Director de Postrado de la Universidad Simón Rodríguez-.Barquisimeto. Ex Coordinador del postgrado en Gerencia Cultural. Coordinador del doctorado de educación UNESR. Coordinador de la Línea de Investigación Filosofía y Sociopolítica de la Educación del Doctorado en Ciencias de la Educación. Presidente de la Asociación Civil Museo Histórico Lisandro Alvarado 2002-2010. El Tocuyo. Miembro fundador de la comisión de recursos hídricos de El Estado Lara .Asesor de la Misión Sucre y Aldea Universitaria de Morán. Vocero asesor de consejo comunal Los tres brazos y San Pedro. Entre los reconocimientos recibidos podemos mencionar: Premio Regional (Lara) sobre la obra de Andrés Eloy Blanco (1996). Premio Estimulo al Investigador UNESR, mayor productividad Científica del Núcleo Barquisimeto desde 1997 hasta la actualidad. Investigador ONCIT PEI Nivel. C. Premio CONABA. Premio Ensayo Histórico: Federico Brito Figueroa, Aragua 2001. Premio Ensayo Antonio Arráez: 450 años de la fundación de Barquisimeto, .2002. Premio Ensayo Educativo, Universidad de Oriente, 2004, Premio Primer Concurso Historia de Barrio Adentro del Ministerio de la Cultura, 2009. Premio sobre Legado de Chávez, Maturín, (2013). Premio Literario Rafael María Baralt, Maracaibo (2014). Más de sesenta publicaciones entre libros y artículos en revistas arbitradas a nivel nacional e internacional sobre ciencias sociales y filosofía. Es articulista en varios periódicos a nivel nacional. Coordinador de la Revista de filosofía de la educación TERÊ. Entre sus libros podemos mencionar: Juan Pablo Pérez Alfonzo, La economía venezolana, La Universidad frente a la globalización y la posmodernidad, Pensar América latina, América latina en la globalización, Educación para el Siglo XXI y La Ética Socialista. Junto a Janette García Yépez ha escrito varios libros sobre la historia de El Tocuyo, a saber: Personalidades tocuyanas, La cultura tocuyana, La cañicultura en El Tocuyo, El café y los resguardos indígenas en Morán, Crónicas tocuyanas, El Rio Tocuyo, la educación secundaria en El Tocuyo, La vida cotidiana en El Tocuyo, Memoria fotográfica de El Tocuyo, La Personalidad Intima de Lisandro Alvarado y Cultura y Tradiciones Tocuyanas.

 pedrorodriguezrojas@gmail.com

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