El trapo rojo

Desde que se constituyó la sociedad humana, desde que el hombre se percató que tenía uso de razón y que su vocación era social y no de separación y mucho menos de continuo enfrentamiento, desde los albores de la civilización humana, ha habido símbolos y signos.

Los símbolos están directa e irreversiblemente vinculados con lo simbolizado. Tienen una especie de connubio, de maridaje hasta el fin. El símbolo representa un ideal, es filosófico y doctrinario. Va más allá de lo físico, Es la esencia y lo trascendente de una causa, representado en algo que previamente ha sido consensuado.

Los símbolos tienen carácter nacional e internacional. Son parte importante y fundamental de las comunicaciones en todo el planeta. La semiótica ha avanzado extraordinariamente en las diferentes naciones y está vinculada al avance de la ciencia y la tecnología mundial. Símbolos y señales internacionales guían el trafico aeroportuario, de vialidad, del turismo, de la navegación aérea y marítima, y en fin, de todo un conjunto de actividades de cualquier tipo, sin las cuales el relativo desarrollo de la actual civilización, se vería seriamente afectado, por no decir que se formaría un terrible caos mundial.

La bandera representa la patria. El escudo las glorias y el himno las epopeyas y gestas heroicas de nuestros Padres Libertadores por conquistar la independencia y esculpir en el mármol de lo inmarcesible, que somos para siempre e irrevocablemente libres.

De entre los tres colores primarios que forman nuestra bandera, es el rojo el más directamente vinculado con nuestras luchas, con nuestras conquistas y con nuestra convulsionada historia republicana.

Algunos letrados y conspicuos estudiosos afirman que el rojo simboliza la sangre que derramaron nuestros héroes en sus luchas libertarias. Sostenemos que en la actualidad, mucho más que eso, el rojo simboliza la revolución, las ansias de justicia que el pueblo reclama, después de tanto ultraje, de tanta exclusión, discriminación y expoliación con lo cual se humilló la dignidad colectiva del soberano nacional durante casi medio milenio.

Sin embargo, en el actual proceso revolucionario y justiciero que vive la nación venezolana, hemos visto cómo el trapo rojo ha pasado de ser una insignia honrosa, señal de decoro y dignidad, a convertirse en un paño milagroso, parecido al Sudario de Turín, capaz de convertir a simples ciudadanos en grandes y poderosos millonarios, con toda suerte de influencias y de posesiones ostentosas tanto en el país como en el exterior. Compatriotas que nunca pensaron salir del anonimato y de las más grandes miserias físicas y espirituales, han utilizado el trapo rojo para convertirse no en líderes, ni en ideólogos, mucho menos en luchadores de una gran causa nacional, sino en tristes hienas rapaces, indignos del honor, del aire y del gentilicio venezolano.

Ese mismo trapo rojo que a veces se exhibe orgulloso en algunos escenarios y eventos políticos y sociales, ha sido mancillado, ha sido utilizado como instrumento para la prevaricación, para la concusión y para el desmadre de ese río caudaloso que es la corrupción. Muchos vivos y oportunistas se ponen el trapo rojo, ya sea en forma de camisa, de franela, de gorra o de cualquier otra prenda, con el único objeto de aparentar una causa que no sienten y con la cual se han enriquecido impunemente convirtiendo, de paso, un proceso tan noble, tan altruista, tan lleno de amor al ciudadano y a la patria venezolana, en un simple botín de guerra, en una oportunidad bella y hermosa para grotescamente delinquir y destruir con ello nuestras oportunidades de progreso y bienestar colectivo.

Razón tenía el Maestro Jesús cuando reprendió a escribas y fariseos diciéndoles: “Este pueblo me ama con su boca, pero su corazón está lejos de mi”. Para nuestra opinión, el Presidente Chávez ha sido traicionado por muchos de sus colaboradores. Muchos son los que prevalidos de un supuesto apoyo presidencial y de una amistad con el primer mandatario, han usurpado los derechos del soberano, han manipulado cifras, situaciones y circunstancias para agradar al Presidente. Muchos han explotado con fotografías y vallas multicolores la imagen de Hugo Chávez, de su liderazgo y buena fe, para traicionarlo, para enriquecerse detrás de la sombra jugosa de nuestro máximo líder. Desde simples concejales, pasando por gobernadores, diputados, ministros, presidentes de institutos nacionales o estadales, hasta lideres comunitarios o de barrios, todos han usufructuado las bondades y virtudes del trapo rojo.

Llevar el trapo rojo con alguna consigna revolucionaria, equivale a pasar liso por cualquier alcabala, equivale a ser atendido con premura en las oficinas públicas, equivale a estar ungido del poder y de la gracia de quienes ejercen mando y conducción sobre la sociedad.

Se equivocan radicalmente aquellos que han tomado el trapo rojo para pasar coleto, para indignamente deshonrar y desprestigiar la más grande causa de justicia, de amor, de inclusión, de participación y protagonismo del colectivo venezolano. Compatriotas: el trapo rojo no es una patente de corzo, ni un permiso para delinquir. El trapo rojo tiene que recobrar su dignidad, tiene que volver a ser la bandera del honor y de la dignidad nacional, tiene que recobrar los valores, la esencia y naturaleza de esta revolución que debe urgentemente deslastrarse de tanta lacra oportunista que nuevamente han traicionado los más grandes ideales nacionales y la fe del bravo pueblo venezolano.

Necesario e inaplazable producir una depuración de los oportunistas y de los corruptos que vorazmente han destruido toda posibilidad de progreso y bienestar. No es suficiente con execrarlos y ponerlos bien lejos, se requiere un proceso judicial que los ponga tras las rejas, no solamente por peculadores del erario público, sino por haber traicionado la esperanza de un pueblo, por haber asesinado vilmente nuestros sueños. Por haber llenado de soledades y desesperanza nuestras almas. Si el Presidente logra deslastrarse de estos sátrapas y arpías tenebrosos, estamos seguros que recobrará total e irreversiblemente su liderazgo y su credibilidad, escribiendo su nombre en el mármol de la historia y “crecerá vuestra gloria como crecen las sombras cuando el sol declina”, para utilizar las palabras del cacique peruano, José Domingo Choquehuanca.

Todo el mundo en Venezuela está convencido de la sinceridad, de la buena fe, de la generosidad y don de gente del Presidente Chávez, quien verdaderamente si lleva el rojo no como un trapo, sino como una bandera de fe y esperanza en un mundo multipolar y de menores desigualdades.

Reflexión y acción son nuestras opciones. Acertado, Ernesto “Che” Guevara cuando proféticamente sentenció: “Muchos llevan la revolución en la boca para vivir de ella y otros la llevan en el corazón, para morir por ella”.


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Mariano J. Herrera

Periodista Venezolano-Palestino.

 marianoali73@gmail.com      @aliperiodista

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