La exploración de las costas de Venezuela

"El 12 de octubre de 1492 quedó descubierto el Nuevo Mundo, incorporado a la Corona de Castilla Desde el punto de vista jurídico. La azarosa historia transforma en América lo que tendría que haberse llamada "Colombia". Pero el error de los cartógrafos y la rivalidad de los actores (Américo Vespucio, hábil en el manejo de la propaganda, uno de los antecesores, si no el mayor, del predominio de la publicación sobre la autenticidad, frente a Cristóbal Colón) no impedirá que la hazaña se realice a plenitud y que España se convierta en un Estado con fronteras universales. Esas fronteras serán las provincias españolas de los reinos de las Indias, América, el Nuevo Mundo".

A partir del segundo viaje colombino, el desplazamiento descubridor se centra en las tierras que bordean al mar Caribe, el norte del Continente Sur, las costas venezolanas. Así, después de Santo Domingo, Venezuela tendrá prioridad en el descubridor. La línea firme de sus costas será el punto de referencia para la creación de todo el territorio. Los denominados "viajes menores" (en comparación con los "mayores", llevados a cabo por el singular Descubridor) completan la visión de la tierras nueva, que deja de ser insular o solamente presentida, para convertirse en continente con sus en continental, en tierra firme.

El propio Colón revela el continente con su visita a Paria en 1494, en el contexto de su segundo viaje, y con el recorrido de 1498, primera etapa de su tercer viaje. Queda así señalado el camino para bordear las costas, ya en forma organizada y segura: Es lo que harán los sucesivos descubridores entre 1498 y 1503.

Luego será Alonso de Ojeda el más importante de los seguidores de Colón en el descubrimiento de las costas de la tierra firme venezolana. Las recorre todas por lo menos en dos oportunidades. Una primera exploración de este navegante tiene lugar en 1499. Salió de Cádiz hacia el 18 de mayo, el 29 de septiembre estaba en Santo Domingo (La Española, centro de operaciones) y desde allí va a su destino en los meses siguientes, Recorrió la costa desde el Esequibo, en el oriente, hasta la Guajira, en el occidente. Entre sus acompañantes está Américo Vespucio, dedicado a observare, tomar notas y a soñar con la gloria. Pero también viaja a las afanosas carabelas el cosmógrafo Juan de la Cosa, con sus instrumentos de marear y de medir, con sus matemáticas y su habilidad para dibujar mapas. Y también es compañero de viaje el constructor Bartolomé Roldán, por si hay que edificar alguna ciudad. Vespucio escribe, novelista, sobre el viaje, en primera persona; Juan de la Cosa dibuja el primer mapa del Nuevo Mundo; Roldán construirá casas en Santo Domingo.

En las carabelas que van señalando el rumbo primero de toda la costa venezolana, Alonso de Ojeda como capitán, navega también otros hombres, que son desde entonces los primeros, que son desde entonces los primeros vecinos, aunque no se hayan radicado en la tierra. En una "pesquisa" seguida a Ojeda se enumera a algunos de esos primeros expedicionarios a Venezuela, todavía innominada: Juan Vizcaíno; Nicola, veneciano, contramaestre en las naos; Symon, genovés, tonelero; Pedro de Laredo, vizcaíno, calafate; Juan Alonso, marinero; Bartolomé García de Xerez; Diego Martín Chamorro; Rodrigo Alonso de Carmona; Juan Rodríguez; Juan de Valencia; Fernando Ladrón de Guevara; Juan López de Sevilla; Pedro Mateos; Un Trujillo, jerezano; un Camacho; Miguel de Toro; Juan de Córdoba; Juan Sánchez, sevillano y piloto; Miguel de Toro; Juan Alegría; El maestre Bernal, Boticario; el maestre Alonso, cirujano: Tal vez los apellidos indiquen más la procedencia que la prosapia, pero allí estaban, testigos de aquel descubrimiento. En la playa, otros testigos miraban, con deslumbramiento, aquellos primeros días de creación que eran, para los indios, primeros de la destrucción.

Alonso de Ojeda llevó a cabo un segundo recorrido por las costas de tierra firme en 1502. Sale de Cádiz en enero con cuatro navíos. Después de las obligadas estaciones en las Canarias y en las islas de Cabo Verde, la trayectoria de la expedición, "frente a Venezuela, se señala desde Paria y Margarita, toda la costa hacia el occidente, Coro, Curazao, Maracaibo, Bahía Honda, hasta el cabo de la Vela, límite de su territorio". (Venezuela: Cuando un funcionario asume una responsabilidad político-administrativa, es sometido al siguiente ritual: ¿Jura usted respetar la Constitución y las leyes de la República?) En esta oportunidad viaja como gobernador y capitán general de una provincia que recibe el nombre de Coquibacoa. Por eso puede fundar ciudad, como en efecto lo hizo. Todo efímeramente, pues ya en septiembre (1502) abandona la zona. Tal vez volvió en un tercer intento en 1505, pero no hay pruebas suficientes para afirmarlo.

Cuando Vicente Yáñez Pinzón pase frente al Orinoco, en 1500, ya no hay secretos en la ruta; Ojeda ha incorporado al conocimiento geográfico la línea costera de América del Sur en el mar Caribe y en el Atlántico.

En los últimos meses de 1499 y los primeros de 1500 (tal vez de noviembre a febrero), una carabela solitaria, con 33 hombres a bordo, recorre las costas desde Cumaná a Coro y desde Coro a Cumaná. El jefe de la expedición es Cristóbal Guerra, acompañado por su hermano Luis; el técnico se llama Pedro Alonso Niño. En los puertos naturales de Curiana, en el oriente, y de Cauchieto, en el occidente (Cumaná y La Vela de hoy, respectivamente) comercian con los indios —en las primeras e improvisadas ferias—: perlas, oro, utensilios de cerámica y cesterías, esclavos, a cambio de espejitos, cuentas de vidrio, prendas de vestir. En algún lugar se utilizó la fuerza.

La conquista comenzaba por los "rescates" y pillajes. También la reacción de la Justicia y de la conciencia política, como lo demuestra la medida que toma la reina Isabel de investigar las actuaciones de la expedición (20 de mayo de 1500) y la orden de restitución de "india traídas por Cristóbal Guerra" (real cédula en Écija, 11 noviembre 1500). Posiblemente este marino y mercader visitó la costa venezolana otras veces, entre 1501 y 1503, con el objeto de "rescatar", "ranchear", que son los verbos utilizados en aquellos días para comerciar y pillar.

Las costas orientales (Paria, delta del Orinoco, Guayan Esequiba hacia el Brasil) son recorridas por Vicente Yáñez Pinzón (diciembre, 1499-septiembrer, 1500), seguido en días por Diego de Lepe, marinos al servicio del Estado y no mercaderes como Guerra. También sirve los intereses de la Corona el destacado descubridor Rodrigo de Bastidas, quien debidamente instruido por la capitulación firmada en Sevilla el 5 de junio de 1500, recorre las costas occidentales desde el cabo de la Vela hasta Cartagena, nombre impuesto por este navegante. Cuando el cronista Antonio de Herrera describe el viaje de Bastidas, comenta: "Llegaban a todos los puertos y playas, adonde salían infinitas gentes a contratar y rescatar, que es vocablo que los castellanos usaron, por decir trocar. Y llegados al golfo de Venezuela, que se llamaba Coquibacoa, que descubrió Alonso de Ojeda, navegaron la costas abajo y pasaron por la Rivera de la mar, que ahora se llama Santa Marta y Cartagena, hasta la culata o ensenada, que es el golfo de Urabá, dentro del cual se contiene la provincia del Darién, que por algunos años fue por aquellas islas y en Castilla muy celebrada. Siguieron la costa del Poniente abajo, y llegaron al puerto que llamaron del Retrete, adonde estaba la ciudad y puerto de Nombre de Dios, y todo lo que de nuevo descubrió pasó de cien leguas, y dio el nombre a Cartagena y a todas las islas que por allí hay".

Así, pues, Paria, en la costa oriental de Venezuela, fue el primer punto de tierra firme visitado por el almirante Colón de 1494. Paria sirvió de referencia para la amplia exploración de las costas continentales al Sur y al Norte, y punto de apoyo para todo el proceso de incorporación del territorio al cuerpo político del Estado español.

Los viajes por Paria, descubriendo toda la costa venezolana hasta el occidente, en el cabo de la Vela, y más allí aún, no se hacen al azar. La fijación de los puntos de partida durante el segundo y el tercer viaje colombino (1494, 1498), señalan el hilo a seguir por los mencionados viajeros del primer período. Hay una secuencia regular en la intencionalidad de las expediciones, una especie de ritmo en el afán descubridor, que tiene las bases más variadas, precisamente las que alientan en los españoles del siglo: expansión territorial, engrandecimiento de España, ideales personales, ansia de lucro, heroísmo. Son las constantes de todo pueblo que comienza a no caer en su propia y antigua vestidura y que lleva en la entraña posibilidad de imperio.

Se ha discutido a mares sobre el carácter de empresa de aquellos viajes y acerca de las características particulares o personales de los mismos. Si bien es cierto que, de acuerdo con las capitulaciones firmadas en cada caso, todas expedición se concebida como una empresa privada, no es menos verdadera la sujeción y obligaciones legales respecto a la Corona que debían aceptar previamente los organizadores. Aunque en 10 de abril de 1495 se abrió licencia general para que todo quien deseara y pudiera viajar a las Indias, lo hiciera, no se dejó al arbitrio de los armadores la manera de realizar las expediciones. En esa misma provisión se señalan las obligaciones a que quedan sujetos los jefes de expedición, la forma y organización de las armadas; además se señala, con sentido nacionalista, que sólo los "súbditos y naturales" tienen prerrogativa para tales descubrimientos sujetos a "cuanto nuestra merced e voluntad fuere". No serán aventureros y mala gente de mar quienes se amparen en esa licencia, sino hombres de pro, conocidos y avalados social y económicamente. La aventura vendrá después, cuando la casa está bien segura en manos de su dueño. Ya no será fácilmente destruida ni por los tiranos. Por otra parte, esa primera liberalidad se recorta con la provisión del 3 de septiembre de 1501 –Paria ha ensanchado el panorama de las Indias a la gigantesca continentalidad-, por la cual se prohíbe a toda persona que pueda ir a descubrir o a las partes ya descubiertas, sin una licencia especial de los reyes.

En cuanto a que las capitulaciones permitieran a empresarios particulares (armadores, pilotos y mercaderes) organizar expediciones, ha de tenerse en cuenta que siempre había intervención oficial en el aparejo y ordenamiento de las mismas. La capitulación es un contrato con el Estado, que delega autoridad, pero no la enajena ni rebaja.

El primer resultado inmediato de los descubrimientos por Paria, es el afianzamiento de la intuición colombina de la continental de la tierra recorrida, por extenderse la línea de la costa en una y otra dirección sin solución de continuidad. Esta idea no resultaba tan simple. Los descubridores ignoran qué tierra pisan, pues la afirmación del almirante respecto a la India se va desvaneciendo con la práctica. Y sobre la continentalidad quedarán algunos prejuicios de tipo insular —la Coquibacoa de Ojeda, por ejemplo—. Será necesario que Bastidas transponga la península de la Guajira y que Yánez y Lepe lleguen a la panza del Brasil, para poder convenir en que "todo es una tierra".

El hecho anterior permitió una segunda etapa descubridora que ensanchó el panorama geográfico a los límites máximos. Algunos de los mismos expedicionarios parianos continuarán la experiencia por otras latitudes, especialmente Juan de la Cosa y, sobre todo, Vicente Yáñez Pinzón. Este segundo momento se caracteriza por la seguridad. Hay una extensa costa continental, medida, ubicada y representada en la cartografía, que permitirá usar de referencias concretas. Entre 1501 y 1505 se reafirman los descubrimientos parianos. Pero desde entonces ya serán otras las tierras que interesen. No se trata de agotar el oro de Cauchieto, de Curiana y demás puntos de la costa venezolana, sino de proseguir una política dirigida con ahínco desde arriba, desde el poder. Por algo se han reunido, a petición de la Corona, cuatro técnicos, cuatro sabios del momento: Juan de la Cosa, Américo Vespucio, Vicente Yáñez Pinzón y Juan Díaz de Solís. Los tres primeros son expertos en Paria. Pinzón y Díaz de Solís, en 1506 y 1508, respectivamente, llevan la costa por el Norte hacia Yucatán y por el Sur, hasta los 40º de latitud. ¡En ese escenario tan inmenso se ha convertido el primitivo de Paria al cabo de la Vela! Después, en 1515, Solís llegará hasta el Río de la Plata, cuando Juan Ponce de León ha tropezado ya, en 1512, con La Florida. ¡Y amanece el día de los que han de penetrar la tierra!

Una aplicación científica tuvo su precedente americano en el tercer viaje colombino: la cartografía, que tanto auxilio al almirante en su hazaña. Todos los descubridores estaban obligados a fijar sus itinerarios, hasta el punto de haberse establecido en Sevilla un padrón a seguir. Hemos aludido a la "figura" que de las tierras circunvecinas al golfo de Paria y al seno de la isla de Margarita —Trinidad, norte del delta del Orinoco, penínsulas de Paria y Araya, islas de Margarita y otras— envió el almirante con la relación de su viaje. Escribió: "Entretanto yo enviaré a Vuestras Altezas esta escriptura y la pintura de la tierra." Alonso de Ojeda se valió de ese mapa para enrumbar su expedición. También se harán "figuras" de los viajes de Ojeda, de Guerra, de Lepe, de Bastidas, de Pinzón, de Solís.

Así, pues, la cartografía se produce coetáneamente con los viajes. El mapa de Juan de la Cosa es de alto rango científico. En 1503 se traza el de Bartolomé Colón, donde se reflejan las ideas colombinas acerca del ámbito descubierto hasta el momento. Sobre la base del mapa de Juan de la Cosa, sin embargo, se construye la cartografía posterior: Canerio, genovés, y Cautino, portugués, de 1502; Pesaro, también de 1502; Waldseemüller, 1507; Ruysch, y Egerton, ambos de 1508; Pedro Mártir de Anglería, 1511, y finalmente, los de Tolomeo y Pirí Reis de 1513. Para este momento los descubridores se han lanzado ya a todo lo largo de América, bautizada así el mapa de 1507.

Es cierto que los descubrimientos de Paria tienen un objetivo práctico en el orden económico, como lo afirma Antonio de Herrera al historiador el de Ojeda y referirse a los rescates. Sin embargo, ya desde el segundo viaje de este descubridor del golfo de Venezuela y del lago de Maracaibo, existe una indudable intención de poblamiento, es decir, de toma de posesión de la tierra para permanecer en ella. La prueba evidente de esta circunstancia está en el nombramiento de gobernador de la provincia de Coquibacoa dado a Ojeda el 10 de junio de 1501 y en el hecho de haberse embarcado varios matrimonios con destino a esa gobernación en la Guajira. Los diversos contactos de los expedicionarios en en tierra firme, en uno de cuyos desembarcos permanecen treinta y siete días en la costa, establecen relaciones amistosas con los nativos. Los aborígenes entregan sus comidas a los viajeros, quienes se acostumbran rápidamente a los nuevos sabores. El cazabe (hecho de la raíz de la yuca, milenario alimento indígena americano) será el pan cotidiano. En el viaje de Ojeda, un oficial llamado Vergara debe ir a buscar ese abastecimiento a Jamaica. Escribe Herrera que los indios de la región de Maracapana (en el oriente, costas de Cumaná) dieron a los expedicionarios durante el mes y días que permanecieron allí "de comer de su pan, carne de venado, pescados y de sus vituallas, de tal manera, que cuando no hallaron esta provisión, no tuvieron para volver a Castilla". Desde entonces comenzó la mestización, pues ni el español repugnó la nueva raza, ni ésta esquivó el encuentro. El espectáculo de la naturaleza, la atracción del paisaje, debió de ser un estímulo también para querer e intentar quedarse; en mayo de 1502, Ojeda funda ciudad en su provincia, aunque con efímera existencia: "Esta tierra pareció amena y fructífera."

Una vez que la costa se ha descubierto y reconocido, el gobierno de Santo Domingo intenta establecer en ella centros poblados. Así, por ejemplo, se trabajó en fabricar primero una fortaleza en la "costa de las Perlas", es decir, Cumaná, política sostenida desde 1502. Esta preocupación por el poblamiento de las tierras descubiertas continuará siempre presente en el ánimo de la Corona, de sus reales audiencias, de sus gobernadores provinciales y del pueblo. El español anda en busca de nueva morada, no sólo de factorías, razón por la cual la cultura se ha de entregar gozosamente, no a título de préstamo, sino a razón de vida.

¡La Lucha sigue!

*Véase de Manzano y Manzano el libro Colón descubrió América del Sur en 1494. Historia de Venezuela, Caracas, 1971.



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Manuel Taibo


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