Burla burlando, el General Toribio Muñoz Muñoz, enfrenta al racismo

Para el sector social dominante de Ciudad Bolívar, poco importaban su capacidad intelectual, o su formación profesional, mucho menos le importaban, su probidad, sus principios o valores éticos; es más, Toribio Muñoz Muñoz podía ser nieto de una de las lanzas más temidas de la caballería del General José Antonio Páez y esto , al menos, obligaba hacerlo merecedor de algún respeto para corresponder en algo a la memoria de su abuelo, pero tenía un "estigma" insalvable: era " negro" y había sido nombrado Presidente del estado Bolívar. De alguna manera había que hacerle saber que en esa sociedad, donde perduraban criterios racistas, no era bien aceptado.

Toribio Muñoz Muñoz era un guayanés de pura cepa. Al enviudar su abuelo, el General José Cornelio Muñoz Silva (1), de su esposa Rosa Artajona, con quien se había casado en Achaguas (Apure) hacia el año 1822, contrajo matrimonio el 27 de junio de 1835 , en esta misma ciudad, con Bárbara Ledesma Alfonso. De esta unión el bravo y temido guerrero de los llanos apureños, procreó como hijos a Toribio Muñoz Ledesma y Ramón Joaquín Muñoz Ledesma.

El primero de estos hijos nació en Calabozo, emigró hacia 1870 a Guayana y se desposó en Cupatal, pueblo cercano a Upata, con Petra Muñoz Betancourt. En el seno de este matrimonio fue procreado nuestro personaje . En la "Villa del Yocoima", toda la familia Muñoz gozaba del mayor aprecio y consideración y perduraba el recuerdo de su glorioso antepasado.

Toribio Muñoz Muñoz, igual que sus hermanos, nació en Upata, donde se unió en matrimonio con Eliana Margarita Gómez Rodríguez (Doña Margot Muñoz), unión que procreó cinco hijos, de nombres Federico, María, Teresa, Eugenio y Margarita (Margot) Muñoz Gómez. Era agrimensor público egresado de la Universidad Central de Venezuela (2), y tenía conocimientos de ingeniería civil , minas y geología . Fue guarda minas, diputado al Congreso Nacional y en calidad de funcionario del Ministerio de Fomento, se destacó como experto en la elaboración de planos mineros. (3)

En julio de 1931, siendo Secretario General de Gobierno, fue nombrado Presidente del estado Bolívar, por el general Juan Vicente Gómez, quien para la fecha había sido formalmente designado por el Congreso Nacional, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela (4) El mandatario tomó en cuenta su gentilicio, sus conocimientos, su experiencia en la Administración Pública y , sin duda alguna, su descendencia. Seguramente pensó, que estas condiciones aseguraban al designado su aceptación entre los guayaneses. Pero aun cuando los padres de Toribio Muñoz Muñoz, todos sus hermanos y su propia familia eran queridos y gozaban del mayor respeto en el pueblo de Upata, y aunque su glorioso abuelo había muerto en Ciudad Bolívar (5), la llamada sociedad guayanesa de entonces, con un espíritu mezquino, excluyente, al poco tiempo de su designación comenzó a crearle a su paisano Toribio Muño Muñoz, un clima hostil ,llegando a echar mano de un sutil recurso para ofenderlo, sin tener ningún motivo para ello. Solo el color de su piel, su rostro, - que no podía ocultar la descendencia africana de sus ancestros- , inducían al rechazo.

Apoyándonos en el relato de nuestro padre (6), podemos reseñar que el General Toribio Muñoz Muñoz, todos los días, montado en un brioso caballo batallaba por dominar las pedregosas, fangosas y empinadas calles de la ciudad, camino a la sede de la Presidencia del Estado , situada al oeste de la Plaza Bolívar y contigua a la casa donde se celebró el Congreso de Angostura, recinto donde aún retumbaba la voz del Libertador, clamando por la libertad absoluta de los esclavos, la abolición de los privilegios y la igualdad de todos los venezolanos.

Una y otra vez, durante todo el trayecto que debía cubrir para llegar al Palacio de Gobierno o desplazarse hacia cualquier otro lugar que reclamara su presencia , el recién designado jefe Ejecutivo del estado, escuchaba cómo a su paso comenzaban los pianos a sonar. Eran las hijas o mujeres de los cabezas de familias de aquel sector social , quienes - con un no muy discreto encanto- volaban a los teclados a interpretar una melodía que forma parte del repertorio musical popular de Venezuela .

Las botas eran un calzado de extenso uso en la época y el color preferido era el negro. Se limpiaban, protegían y se pulían, por supuesto, con una crema del mismo color, aún llamada betún. A todas luces, resultaba evidente que a través de la melodía interpretada, que alude a ese calzado, se enviaba a Toribio Muñoz Muñoz un solapado mensaje racista de rechazo a su permanencia en el cargo, solo a causa de su color.

El Presidente optó por no hacerle caso a la impertinencia de aquella gente de espíritu estrecho, no se acomplejó, no se arredró, ni descendió a su mismo nivel de intolerancia, pero ante lo reiterativo de la burla, decidió hacer respetar la majestad del cargo que ejercía , dándoles una buena lección, previendo que la desconsideración hacia su persona, podía desencadenar un clima de tensión capaz de escapar al control de su autoridad. Así que, Toribio Muñoz Muñoz se tomó el tiempo necesario para inducir a los discriminadores a reflexionar sobre su equivocada y desacertada conducta.

En aquellos tiempos, era costumbre celebrar en el Palacio de Gobierno las fiestas o eventos de significativa relevancia o interés político, con brindis o recepciones que algunas veces eran amenizados por la Banda del Estado. En un momento propicio, "el negro" Toribio Muñoz Muñoz invitó a toda esa gente pretenciosa, prejjuiciada, carente de abertura, que lo despreciaba y pretendía humillar, a festejar uno de esos acontecimientos .

Sintiéndose importantes, se dispusieron ir, confiados en pasar un buen rato. Los mejores trajes y vestidos de gala, prendas hermosas y delicados peinados fueron lucidos en la ocasión por los invitados. El ambiente estaba impregnado de exquisitos perfumes franceses. Cuando todo el mundo había llegado, las puertas fueron cerradas. En aquel gran salón y en aquel gran pasillo del Palacio de Gobierno, dispuestos para la recepción, no había un solo asiento, excepto los reservados a los músicos.

En los rostros se reflejaba el desconcierto. ¿Se trataba de un brindis donde se alzarían una o dos copas? Transcurrieron algunos minutos de suspenso, antes de que las interrogantes se disiparan. El Presidente se hizo presente. Se veía sereno y dueño de sí mismo. Trajeado de liquiliqui blanco, se propuso resaltar el color trigueño oscuro de su rostro. Apenas una leve sonrisa protocolar dibujó en sus labios como respuesta a los saludos de sombrero e inclinaciones de torso con que fue recibido. Sin detenerse a saludar a nadie en particular, tomó la palabra. Luego de referirse al acontecimiento celebrado, con mucha cortesía dio la bienvenida a sus invitados, les agradeció su asistencia y el baile comenzó.

El agasajo fue generoso y el ambiente sobrio. Pero durante poco más o menos unas dos horas de actuación, la banda de música del estado Bolívar, que amenizó el evento, solo se dedicó a interpretar las notas del "Dámele betún a la bota." (7) El intenso calor de la "Sultana del Orinoco", hacía sudar a todo el mundo; pañuelos, sombreros y abanicos resultaban insuficientes para contenerlo y secarse el copioso sudor. Las parejas no podían dejar de bailar . Si en las paradas de la banda, se aprovechaba para apurar la copa , degustar el bocadillo o descansar más del tiempo considerado normal, con gentileza eran invitadas a continuar disfrutando de la música y acompañar al señor Presidente, que dando el ejemplo, no paraba de danzar. No había razón valedera para la excusa, tampoco para turbarse.

El gobernante, evitando rebasar los límites impuestos por las circunstancias, para no lastimar en demasía el orgullo herido, disfrutaba del ritmo del "Dámele betún a la bota" , bailando solo con amigas especialmente invitadas con ese propósito. La previsión impidió a las orgullosas damas racistas, tener oportunidad de negarse a bailar con el Presidente, como lo habían logrado hacer las aristocráticas peruanas con el General José Laurencio Silva, comprometido momento que permitió a Bolívar responder al desaire poniéndose a bailar con el glorioso militar, héroe de Ayacucho, desairado solo a causa de su piel oscura. (8)

¡Al fin, la banda cesó de tocar! Desde la alta torre de la Catedral de Santo Tomás Apóstol, el reloj dejaba escapar sus campanadas anunciando que eran las diez de la noche. Al instante, las puertas del Palacio de Gobierno se abrieron. Con el orgullo hecho jirones, los invitados fueron poco a poco desalojando el recinto. En la calle, recibieron con grato alivio el primer soplo de viento de aquella irrepetible noche. La vergüenza impidió hablar del asunto. Más nunca nadie osó molestar a Toribio Muñoz Muñoz cuando sobre su caballo transitaba por las calles de la histórica ciudad. El nieto de aquel intrépido jefe del "Regimiento de Caballería Honor", del "Batallón de Cazadores Británico", lleno de gloria en el campo de Carabobo, había dado una ejemplarizante lección pedagógica al prescribir y administrar a los insolentes racistas la misma medicina que ellos le habían aplicado.

Al margen de esta - más que anecdótica situación-, singular lección de práctica pedagógica, resta destacar, que Toribio Muñoz Muñoz durante su corto mandato (1931-33) , manejó con pulcritud y eficacia el exiguo presupuesto asignado al Estado Bolívar, comprometiéndolo solo en obras del mayor interés para la comunidad, como fue el levantamiento y reforzamiento de los malecones del Paseo Falcón (Orinoco), desde el Dique al Resguardo Él solamente fue un destacado profesional, que nada tenía que ver con las armas; sin embargo, el destino lo condujo a marchar al campo de batalla. Las circunstancias, lo obligaron a unir esfuerzos con el Coronel Ángel María Sánchez para asumir el mando de las tropas de Guayana y enfrentar una sublevación en contra del Gobierno nacional. Luego de este suceso, comenzó a llamársele "General Toribio Muñoz", identificación que sustituyó al trato de Doctor, que se le daba, conforme a la costumbre de la época de honrar con ese grado militar, la valentía de los hombres que al frente de una tropa, por un deber, ideal o causa , se batían o salían a batirse en armas con el contrario.

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*Abogado. Asesor jurídico de la Cátedra Libre Intercultural César Rengifo e integrante del Consejo de Redacción de la revista "Itanera".

  1. Ver la genealogía de este héroe de la Independencia en : Méndez Echenique, Argenis. "José Cornelio Muñoz .Primer paladín independentista de Apure (Síntesis Biográfica)". Fondo Editorial Araucanía Llanera. San Fernando de Apure, 2003.

  2. Por Ley del 7 de mayo de 1890 el Congreso de los Estados Unidos de Venezuela, concedió a Toribio Muñoz hijo, la gracia de rendir exámenes en la Universidad Central hasta obtener el título de Agrimensor Público, habilitándole los estudios privados que había hecho y comprobó. O sea, se acreditaron sus saberes. De esta manera, se autorizó a esa casa de estudios a conferirle el título correspondiente ( Vid Recopilación de Leyes y Decretos de Venezuela. Caracas, 1891. Tomo XIV pg. 376 . Imprenta y Litografía del Gobierno Nacional.) .

En esta Ley se emplea indistintamente el nombre de Universidad de Caracas y Universidad Central. Creada por Real Cédula de 22/12/1721, la alta casa de estudios se denominó Universidad Real de Caracas. Al año entrante, por Bula del Papa Inocencio XIII de 18/12/1722 , en atención a la condición adquirida, pasó a llamarse Real y Pontificia Universidad de Caracas. Posteriormente, en mayo de 1827 con los llamados Estatutos Republicanos, aprobados por el Claustro Universitario , desarrollados al amparo del Decreto del Libertador Simón Bolívar, de fecha 24/6/1827, se eliminaron las barreras raciales y sociales que limitaban el ingreso a los estudios universitarios y empezó a identificarse como Universidad Central (Vid. Breve Reseña Histórica de la Universidad Central de Venezuela., Docencia Universitaria Vol XIII, N°2. Año 2012, SADRO-UCV, consultada en la webb).

  1. Toribio Muñoz Muñoz figura como autor de los planos presentados por los solicitantes de varias concesiones mineras otorgadas en 1921, quienes lo identifican como ingeniero civil. Ver Ley de 30 de junio de 1921, bajo los N°13.922 al 25, ob. citada, Tomo XV pg. 340 a 343

  2. Nombre oficial de Venezuela, desde la Constitución Federal de 1864, aprobada por la Asamblea Constituyente el 28 de marzo de 1864, durante el mandato del Gral. Juan Crisóstomo Falcón. El nombre se mantuvo hasta el 11 de abril de 1953, cuando la Constitución aprobada durante el gobierno del Gral. Marcos Pérez Jiménez, publicada en la G.O. N° 372 Extraordinaria de 15/4/1953, lo cambia por el de República de Venezuela. Refundada sobre la base de principios sostenidos por la Doctrina de El Libertador, adquiere el nombre de República Bolivariana de Venezuela, al aprobarse el 15 de diciembre de 1999, mediante referéndum constituyente, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, proclamada el 20 de marzo del mismo año por la Asamblea Nacional Constituyente, convocada por el entonces Presidente Hugo Chávez Frías. El texto se publicó en la Gaceta Oficial N°36.860 de 30/12/2009, reimpreso por error en la G.O. N°5453 Extraordinario de 24/3/2000.

  3. El Gral. José Cornelio Muñoz Silva , falleció en Ciudad Bolívar el 25 de junio de 1849 y sus restos fueron sepultados en esta ciudad, sin que hasta la fecha se hayan podido encontrar.

  4. Roberto Urbano Taylor La Grave.

  5. Al indagar sobre los orígenes de esta canción, los estudiosos de nuestra música han encontrado que su partitura más antigua data de 1894, publicada en el "Cojo Ilustrado", con el nombre de Échale Betún", por lo que consideran que ya había entrado en el acervo musical venezolano de tradición oral y se trata de una canción netamente venezolana.(Vid. Salas, Juan Francisco: "Una Obra Magistral del Nacionalismo Musical Venezolano". Escuela de Artes. Cátedra de Análisis Musical. Universidad Central de Venezuela).

  6. Vid. Quintero, Inés. "La Criolla Principal". Editorial Alfa. Caracas, 2015, pg.123 sgt. El general José Laurencio Silva, despreciado entonces por la aristocracia peruana el 28/10/1826 en Potosí, durante un baile celebrado en honor a Bolívar el día de San Simón,, contrajo matrimonio en 1827 con Felicia Tinoco, hija expósita de su hermano Juan Vicente Bolívar y de Petra María Tinoco.



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