Sobre los universales

(Lectura para no hablar del referéndum, chavistas críticos y acríticos)

Un amigo, sobreviviente de luengas luchas por ideales libertarios, que él y otros tantos compañeros de su generación creyeron identificar en las teorías emanadas de la filosofía de la práctica y un buen día cogieron el monte como guerrilleros, desea en los días que corren comprender cuál puede ser el método específico de la filosofía. Nada menos y pro eso comparte con nosotros un Diplomado en Filosofía. Tal vez como una forma de "rendir cuentas con la vida" y comprender una vez y para siempre, repetimos, las diversas dimensiones de "lo real dado físico y social" mediante una síntesis racional, responsable y crítica, para recordar así de pasada a Sergio García Morentes y Julián Marías así de pasada y de memoria.

El y un buen grupo de sus iguales creyeron además en unas orientaciones, que como "ontoguiaturas",(Alexander Moreno, dixit, en "Lógica dialéctica y sus ontoguiaturas", www.alexandermoreno.com.ve/pr1.html), podrían ser susceptibles de traducirse en la cotidianidad moral, política y estética a través de una acción concreta: en una opción política-militar. Ello en la dirección teleología de "un mundo mejor", por lo cual también, ay, expusieron con hidalguía su propia seguridad y tranquilidad personal. Más aún, o pocos se entregaron con todo como reza con certeza el lugar común y regaron el suelo con sangre y honor. Ideales que consideraron dignos de ser vividos entonces como cosas "absolutas y necesarias", (palabras éstas propias de la filosofía escolástica y medieval que quién sabe cómo habían migrado hacia corrientes de nuevo cuño que buscaban más que explicar el mundo transformarlo, de acuerdo con Marx en la onceaba tesis de Feuerbach (www.marxistas.org/../45.feur.htm).

Ello con fines de crear una nueva realidad contingente. A saber, un cambio en las estructuras "fundantes" de la sociedad venezolana y establecer nuevas relaciones sociales, mediadas esta vez, por la justicia; donde la vida en cuanto tal, creada y cocreadora, expresada en todos los entes de la serie animal, vegetal, mineral y humana fueran considerados "sustancias" fundamentales y dignas. Todo esto dicho en palabras apofánticas. Esto es, que contienen en sí misma ciertas verdades lógicas y demostrables racionalmente, uno de cuyos mandamientos sería, como dice el gran escritor uruguayo Eduardo Galeano (Montevideo, 1940-2015): amar la naturaleza, ya que además, el gran libro de la naturaleza, "habla" aunque de manera esquinada u oculta de un ente creador.

Ente creador, superior y sustancial, seguramente aquel que los clásicos griegos dieron en llamar el primer motor, causa eficiente y final de todo cuanto existe, que crea ex nihilo o de la nada, pues en sus atributos está la omnisciencia y poder. Así, este amigo, en las tertulias de sobremesa o por así decir de las tertulias informales después de los frugales almuerzos sabatinos en algunos lugares del campus universitario, que no por descuidado menos hermoso, nos suele comunicar que siente en su alma, siguiendo a Aristóteles en Metafísica, Libro I, un ansia de conocer. En particular conocer cómo es el método de la filosofía; que por lo que ahora respecta nos vamos a detener aunque sea a vuelo de pájaro en esas cuestiones fundamentales del método de la filosofía escolástica y medieval.

En este sentido, la obra de Fréderick Copleston (1983, Historia de la Filosofía. Vol. 2) coopera en el empeño de nuestro amigo, pues hemos comprendido que el neoplatonismo por vía de la escuela alejandrina y las escuelas de filosofía árabe se sirvieron copiosamente de estos grandes filósofos paganas que, aunque enemigos de Agustín de Tagaste, Tomás de Aquino, Anselmo de Canterbury y otros pocos, constituyó, dice el autor citado: "Un instrumento valioso para la expresión dialéctica de la teología cristiana", además de que el nuevo aristotelismo en la versión musulmana pone de manifiesto una filosofía o propedéutica para hacer comprender ciertos artículos de fe que requería altos niveles de abstracción. Como se verá más adelante, al querer nuestros autores cristianos ya referidos explicar ciertos misterium fide quan tremendum a partir de nociones ontológicas como: contingencia, necesidad o necesario, libre albedrío, Dios, alma y mundo se sirvieron de categorías aristotélicas y platónicas al uso.

En efecto, entre los siglos XI y XIV desde escuelas catedralicias, los estudios generales y universidades en la Europa medieval bajo el tronco heterogeneo de la filosofía greco-latina, judaica y árabe fue creado un nuevo sistema filosófico: el escolástico, que combina avances en ciencias naturales (filosofía natura y matemáticas) y cuestiones teológicas con fines de hacer comprensible aspectos de la fe cristiana o del llamado "Tesoro de fe" mediante argumentos racionales y lógicos en el marco del régimen de cristiandad, tanto en Occidente como en Oriente.

Al respecto una fuente electrónica (www.filosofiamedieval.pdf), nos dice que:

"En sentido estricto y limitando la cuestión al occidente cristiano se llama "Escolástica" a la filosofía y teología que se enseñó durante el período de la Edad Media, a la denominada filosofía medieval; propiamente, la "ciencia que se enseñaba en la escuela": primero en las artes liberales y luego la filosofía y la teología. El nombre proviene del término latino schola, escuela, y de aquí scholasticus, aplicado en un principio a los que frecuentaban determinado tipo de escuela, como maestros o como alumnos, y luego a los que se caracterizaban por utilizar en sus enseñanzas e investigaciones el método con el que se desarrollaba la filosofía medieval".

Más adelante agrega que:

"Toda la filosofía Escolástica se caracteriza por un doble, y problemático recurso de autoridad, representado por los textos sagrados de la Biblia y la tradición de los Padres de la Iglesia (a la fe, en definitiva), y a la razón, que de manera creciente se aplica a la interpretación de la autoridad y hasta el libre juego de la reflexión propia. A lo largo de toda la filosofía medieval se mantuvo el tema, enunciado por Agustín de Hipona y Anselmo Canterbury y de "la fe que busca comprender", en sus diversas versiones de intellectusquaerensfidem o de fidesquaerensintellectum. Se suceden por tanto, periodos en que domina la autoritas y períodos en que la ratio, apoyada en la dialéctica, o la lógica medieval, y sobre todo con las sucesivas entradas de la obra de Aristóteles en occidente, florece en un cierto racionalismo que, con frecuencia, resulta sospechosa a la teología".

La filosofía medieval discurre entonces entre dos corrientes teórico-metodológicas, a saber, el criterio de autoridad y la discusión racional pero siempre asociada a las escuelas eclesiales en las que se tratara asuntos como los universales como recursos para explicar y comprender cuestiones como la esperanza de salvación individual (soteriología), los atributos de la divinidad y la ética entendida como deliberación teórica con fines de alcanzar la perfección o santidad personal pero sin desligarse de las realidades terrenas o seculares, por lo que muchos Padres de la Iglesia no fueron sino apologistas o defensores de la fe; según otra fuente electrónica, en efecto:


"… sus continuadores encontraron en la filosofía, especialmente a partir del desarrollo del neoplatonismo de Plotino, un instrumento útil no sólo para combatir otras religiones o sistemas filosóficos, sino también para comprender, o intentar comprender, los misterios revelados. Surge de ahí una asociación entre filosofía y cristianismo o, más en general, entre filosofía y religión, que pondrá las bases de la futura filosofía medieval, entre los cristianos, los musulmanes y los judíos. El tema fundamental de reflexión pasará a ser la divinidad, quedando subordinada la comprensión e interpretación del mundo, del hombre, de la sociedad, etc., al conocimiento que pueda obtener de lo divino. La fe, que suministra las creencias a las que no se puede renunciar, tratará de entrar en diálogo con la razón. la inicial sumisión de la razón exigida por la fe, dejará paso a una mayor autonomía propugnada, entre otros, por Santo Tomás de Aquino, que conducirá, tas la crisis de la Escolástica, a la reclamación de la independencia de la razón con la que se iniciará la filosofía moderna" (www.arteguias.com/filosofiamedieval...).

De lo anterior se desprende que el método por excelencia de la filosofía escolástica y medieval viene a ser silogístico o deductivo, para lo cual se sirvieron de la lógica aristotélica-tomística y de esa manera ciertas categorías pasaron a ser parte de tópicos teológicos. Tales como "sustancia", que dio origen a deliberaciones de alto tenor en las "cuestiones disputadas". Como por ejemplo, el espinoso asunto del pecado original, planteado por los ultrarrealistas de la siguiente manera y según Copleston (1983). Citando a Odón de Touri, el alma humana, entendida como fuente o aliento vital de las cosas y de la vida humana, que Dios crea a partir de la nada como una nueva sustancia humana cada vez que un niño empieza a ser; luego Dios "infecta" al alma del pecado original o Dios no crea el alma individual, (cuestión disputada). La conclusión es que:"el alma humana como substancia de Adán, infectada por el pecado original, es transmitida con la generación, y que por lo tanto lo que Dios crea es simplemente una nueva propiedad de una substancia ya existente", (por cierto, ¿Cuál será el pecado original de la revolución bolivariana? ¿Desobedecer los lineamientos del comandante Chávez y ahora mucho/as andas desnudos cubriéndose las vergüenzas con argumentos supinos?)

Así se plantea el asunto de los universales con los que se busca diversas soluciones a los problemas planteados, donde se exploran opiniones y teorías que sustentan unos y otros razonamientos sobre un mismo aspecto de la realidad material o inmaterial-metafísico, tales como lo planteara Roscelín sobre las Tres Personas de la Trinidad, ¿tres dioses o un individuo? (Copleston, obcit), a los san Anselmo (1033-1109) plantea la solución que una multitud de hombres son específicamente un hombre. Pues la sustancia común del hombre es, en definitiva, numéricamente uno; así se tiene, además, que los universales plantean otro problema adicional atinente a una teoría psicológica del conocimiento. A saber, el asunto de la relación entre pensamiento y objeto representado, los conceptos universales o los juicios universales sobre los que se pregunta por su validez, la vinculación entre palabra y objeto; de donde se tiene que lo universal no es una entidad real sino una cuestión nominal(flatus vocis), nociones que no se encuentran ante rem (no están en las cosas, como sostienen los realistas). Por eso los universales no son sino creencia, por ejemplo, en un solo Dios, omnipotente y creador, nociones a las que se adaptan muy bien las categorías aristotélicas de materia y forma.

San Anselmo, un ultrarrealista acota en relación al Misterio de la Santísima Trinidad que: "Una misma substancia o naturaleza en la Divinidad, así no hay más que una substancia o naturaleza (numéricamente una, en todos los hombres), ya que los universales son conceptos amplios, extensos o nombres generales, objetos generales que recogen la unidad del todo: idea, especie, género, de donde se tiene que la idea de un todo consta de partes y las partes de palabras que manifiestan un movimiento pendular de lo universal a los particular.

Así, la voz blanco o negro no se entiende del todo si no hay una representación que se refiera a un hombre blanco o uno negro; pues, como ya se ha dicho aquí: la mente humana no capta el concepto de hombre, caballo o león sino a partir de un objeto concreto pero que tiene una forma que es universal, lo cual está impresa en el alma humana, que es la sabiduría de los hombres, dicho sea así parafraseando a Coperstón (1983) de memoria, debido a que nuestro condiscípulo, citado supra, se llevó el capítulo del nombrado autor a la montaña, donde por cierto cuida de un aprisco, dizque para estudiar con el pienso del ganado será, no como categorías universales sino concretas.



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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