Desde el 4F al 5M Chávez por siempre

Desde aquel 4 de febrero de 1992, Chávez comprendió que había fracasado militarmente, pero con la arenga de un “Por ahora” había triunfado políticamente. Ese salto no fue en el vacío, había estremecido y rescatado la memoria rezagada de ese primer sueño de la emancipación hispanoamericana de Miranda, y motivado nuevamente como dijera el gran Neruda, el despertar de cada 100 años, el pensamiento Bolivariano, para conquistar el bien mas preciado...  la independencia, a través de una ruta de la conciencia, de un pueblo que por siempre lo había esperado.

Era una predestinación anunciada, la sangre de Maisanta corría en sus venas y Venezuela había despertado nuevamente, esperando desde la cárcel de Yare, al heredero de Pedro Pérez Delgado, que dentro de los barrotes impalpables de la memoria, consolidara los ideales de una gloria, que lo habían perturbado desde aquellas lecturas quijotescas, en tiempos del mercantilismo.

La gran odisea contra los molinos de viento antiimperialista, comenzó ese 26 de marzo de 1994 al salir de la prisión de Yare, el tribilín de los esteros de Barinas, partió con la espada de Bolívar desenvainada en su mano derecha y en el puño de la izquierda, una granada de pasión indescriptible por todas las rutas de la emancipación que el padre de la Patria Grande, dejara al arañero de sabaneta, premonitoriamente.

Cabalgando desde el 2 de febrero de 1999, por los caminos verdes de los olivos de la cristiandad, hasta el azul celestial en los horizontes de la esperanza, despertando la sabiduría de un pueblo con sus andanzas, pregonaba y conquistaba los corazones de la Patria, de muchos que querían la unidad, entonces comenzó el periplo de una lucha para nunca darle descanso a su brazo, ni reposo a su alma, como juramento símil en el Samán de Güere, y dirigió una batalla colosal que mortal alguno, haya llevado contra el imperio más hostil de todos los tiempos, por los confines de la tierra, para obtener la victoria más gloriosa... La independencia.

Aquel 8 de diciembre de 2012, la última proclama habría sido leída por el Comandante Supremo: entonces el grande de América, abrazado a la esperanza de su crucifijo Pérez Arcayano, con sus ojos sempiternos y humano, nos miraba por última vez, con misticismo profundo, como desde las alturas del eterno, y con religiosidad indescifrable nos indicó:

 

mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”.

 

   

Una crónica de su último petitorio público vaticinaba que en cualquier momento de esta historia gloriosa de la Patria de Bolívar en tiempos efervescentes de los pueblos latinoamericanos  y del mundo, veríamos cerrar los ojos terrenales del Gigante Chávez, un 5 de marzo de 2013.

 

Nuestro legado… también es sagrado

 

 

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Iván Méndez


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