Luces del progreso

En Venezuela, siempre se ha lidiado con la invasión cultural extranjera, que se retribuye en programas de TV transmitidos por los medios privados, en comercios que pertenecen a franquicias norteñas y en la codicia tecnológica que evoca al siglo XXI. Toda esa distorsión de la realidad “real” que enfrentan las comunidades, establece un inicuo panorama lleno de antivalores que corrompe a la ciudadanía.


Para valorar la idiosincrasia, el amor al prójimo y el respeto a los recursos de la Naturaleza, es vital replantear los aspectos socio-ambientales de la vida diaria. Cuando se decide reforestar áreas verdes, se recupera un hábitat de vida que se proyecta en actividades agro-productivas, artesanales y culturales de usufructo colectivo. Al sembrar especies de árboles, se evita la extinción de plantas autóctonas y se resguarda el equilibrio de los ecosistemas. Así, es posible lograr un entorno conservacionista que se adhiere a la ciudadanía y se apodera del discernir colectivo en las calles venezolanas.

La cultura se define como el conjunto de conocimientos que define el juicio crítico del individuo. Son las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo. El dinamismo de la Sociedad Moderna, se conecta a una realidad psicosocial que se retroalimenta en la gente. No obstante, el sentido de pertenencia depende de factores externos que escapan del arraigo cultural, como las oportunidades de trabajo, la cercanía familiar y la necesidad de ser aceptado por los demás. Si esas condiciones se mutan debido a la interculturalidad de convivir en un espacio público variable, podrían desencadenar un proceso de Transculturización, que es la recepción de formas de culturas ajenas capaces de sustituir las propias.

A su vez, el mestizaje socio-cultural producto de la rutina laboral, académica u hogareña, obliga a que una gran cantidad de individuos sean cómplices del pacto de alienación fortuita, para no ser apartados del grupo social al que pertenecen. El problema, es que la prolongación de esa mentira, termina evocando a la Transculturización. Por eso, cuando se afirma que el medio es el mensaje, debemos considerar la implicación material que tiene ese dilema en la gente, más allá de la qualia que enfrenta cada persona dentro del proceso comunicacional.

Es así, como se genera la Cultura de Consumo, basada en la compra irracional de cualquier producto o servicio que pase frente a los ojos publicitarios de la TV, para seguir incentivando al canibalismo corporativo, que las empresas rentabilizan en la mente de sus comensales. Tras inyectar el veneno, se promueve la Cultura del Derroche, para que las víctimas NO sientan culpa de ser esclavos de un sistema mercantilista que los alienta a superponer el interés personal por encima del beneficio colectivo. Ese perverso plan de ataque, propicia la Cultura del Descarte, que se expresa en el egoísmo de lanzar a la basura todo lo que ya no les importa, sin saber que son ellos las únicas manzanas podridas de la alacena.

Ese conflicto sociocultural, genera una gran destrucción en nuestro planeta, no sólo en términos ambiéntales, sino en el utópico rescate de valores y saberes para la vida. Por desgracia, en Venezuela se padecen graves conflictos ecológicos, por la indiferencia de la gente en asumir sus corresponsabilidades con la paz del Ambiente. La defensa de la Pachamama y sus recursos naturales, sólo es posible si las personas se atreven a generar cambios radicales en su interacción con el ancestral trinomio: Hombre-Medio-Sociedad. A continuación, explicaremos tres conceptos claves para redefinir los senderes conservacionistas que iluminan a toda la geografía criolla.

La “Educación Ambiental” es un proceso de aprendizaje que busca despertar la conciencia social del Hombre con la Naturaleza, incentivando una metodología ecológica en la población, que promueva el respeto por los ecosistemas, la diversidad biológica y el medio biofísico circundante. Es la lucha participativa diaria por estimar las infinitas bondades de la Madre Tierra, sin distingos de raza, color o credo y así encaminar el desarrollo sostenible y sustentable de un país y la convivencia armónica en su gente. Se requiere de voluntad y activismo en las personas, los organismos públicos, privados y las ONGs, para llevar el mensaje “verde” a las comunidades, en procura de un escenario socio-ambiental que denuncie oportunamente los delitos, establezca proyectos de crecimiento endógeno, resguarde las áreas protegidas y resuelva los problemas derivados de nuestra relación con el entorno.

La “Cultura del Reciclaje”, es la actitud proactiva de la ciudadanía y sus gobiernos, en establecer políticas ambientales para la recolección y el manejo de los desechos sólidos, con el fin de no contaminar las ciudades e instar un patrón de conducta ecológico en la colectividad. Es la práctica conservacionista que minimiza el impacto negativo del consumismo provisto por el Hombre. Recordemos que reciclar, es someter un material o producto usado, a un proceso físico-químico o mecánico que permita volver a utilizarlo. De allí, que la regla de las 3Rs, (reducir, reutilizar, reciclar), es una estrategia mancomunada para evitar la acumulación de desperdicios domésticos o industriales. Para tal fin, se emplean contenedores de basura que disponen de colores específicos para organizar los residuos orgánicos e inorgánicos (vidrio, plástico, metal, cartón, pilas de litio, aerosoles).

La “Eficiencia Energética” es el uso racional de la energía por parte de las personas y empresas, con el fin de evitar el abuso principalmente del consumo eléctrico. Es un criterio de responsabilidad socio-ambiental con la Naturaleza, que debe fomentarse en el modo de vida de la Sociedad Moderna, para subsanar problemas de suministro, bajar los costos de facturación y promover el uso de fuentes de energía renovable (eólica, solar, hidráulica). En paralelo, debemos reconocer que el compromiso ecológico se consolida en un modelo integral de gestión pública y se revalida a través del buen juicio del pueblo. Cuando a una persona NO le importa dejar un par de luces encendidas, creyendo que no representan un gran gasto energético, se produce un continuo proceso de anarquía ambiental, que se cuantifica cada vez que sumamos esa irracional forma de pensar en muchísimos otros hogares, oficinas y locales del país.

Por desgracia, en Venezuela no existe la Educación Ambiental, ya que en los colegios NO se imparte obligatoriamente la cátedra de Ecología, por lo que los niños no aprenden a respetar el Medio Ambiente. Tampoco se infunde una Cultura de Reciclaje, pues NO se proliferan en las calles los contenedores específicos para depositar la basura, y por ende, se excluyen los centros de reciclaje en las comunidades, que se encargan de manipular los desechos urbanos. Los vertederos a cielo abierto, siguen siendo la opción más simple de amparar el ecocidio criollo. Aunque la Eficiencia Energética ha sido impulsada por el Minamb y la Corpoelec, todo se ha realizado de una manera forzada, mediante sustitución de bombillos, multas por abuso del consumo y campañas audiovisuales en la TV. Sin embargo, la gente NO asume la culpa del daño ambiental, ya que tiende a politizarlo para evitar reflexionar sobre el origen del problema, lo que termina perjudicando irreparablemente a nuestro olvidado Planeta Tierra.
La mejor forma de acabar con la impunidad ambiental, es aplicando el sentido común, que es el motor racional de los pueblos. Si se agrega la educación ambiental en el pensum de estudio, los jóvenes de primaria y bachillerato tendrán que cursarla y aprobarla para seguir en carrera. Ese será el primer paso para la Venezuela ecológica del futuro. Si se colocan los recipientes de colores en las plazas para desechar la basura, tarde o temprano, las personas por curiosidad van a descubrir su utilidad y por pretensión de civismo los empezarán a usar naturalmente. Si se prohíben las Corridas de Toros, no creemos que la gente vaya a extrañar con el paso del tiempo, la muerte a sangre fría de un animal. Es cuestión de aplicar cambios drásticos positivos en la casa de Bolívar y esperar que los miembros de la familia y los visitantes, se decidan a refrendarlos en el acervo cultural de sus comunidades. Por el amor revolucionario, hay que efectuar la denuncia oportuna de los delitos ambientales presenciados, llamando al 0 800 26243683. Para más información, visitar http://ekologia.com.ar/
carlosfermin123@hotmail.com



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Carlos Fermin

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, LUZ. Ekologia.com.ve es su cibermedio ecológico en la Web.

 carlosfermin123@hotmail.com      @ecocidios

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