Sindéresis

La pifia de Hitcher

Tal vez por alguna sobrestimación que el ministro del poder popular para el ambiente, haya mal calculado de su gestión, fue que ocurrió el cruce de frases ariscas entre el ministro en cuestión y el Presidente Chávez, durante el último gabinete ministerial antes de partir el presidente a su tratamiento quimioterapéutico en Cuba.

Y para Chávez el que se equivoca en la interpretación de los preceptos básicos de la revolución, sobre todo a ese nivel, no tiene la menor excusa.

Porque es que es inaudito, por decir lo menos, que un ministro de la rama tan susceptible como es el medio ambiente a la revolución, cometa tamaño pecado de pretender justificar impuestos de uso al agua bendita de Dios. Porque eso exactamente fue lo que ocurrió. Y en un momento hasta pareció querer corregir al presidente, el ministro venido de Hidrocapital.

Mucho disgusto debió haber padecido Jacqueline Farías ese día. Y no es que el presidente no sea corregible, pero en el caso que se discutía es necesario no compartir los sentimientos más humanistas con relación a los recursos fundamentales de la vida terrenal, al salir con tamaña extravagancia. El agua no necesita pagar impuestos, porque la vida que es ella, sin ella simplemente no existe. Es un dúo inalterable que la ciencia contemporánea pudo graficar con su formula química inmarcesible.

Querer argumentar el uso discriminado del agua con el pago de impuestos es un precepto capitalista y solo el capitalismo criminal justifica el uso del agua como medio de riqueza y explotación. Ese es el problema. Y como lo dijo el presidente a Hitcher, ese problema no hay que minimizarlo.

Se evidenció en el breve lapso que duró la conversación entre el presidente y el ministro que, Chávez por un lado estuvo muy molesto con las indicaciones de Hitcher y que éste por otro lado sintió una profunda pena ante la objeción contundente del presidente. Pero de verdad, Chávez dio una respuesta de gran calidad revolucionaria. Fue poner claro ante el país que aquí no se pretende instalar una revolución de alfeñiques, sino que el proceso revolucionario trasciende hacia los lugares socioeconómicos más remotos donde sea necesario actuar. Y por eso de verdad, Hitcher pareció más que minimizar el problema, estrangularlo. A lo mejor sin fiel interpretación de su magnitud, y eso también es grave.

Y si peor, lo que dejó entrever el ministro, le acortina visualizar esa realidad patética de las aguas envasadas, entonces nunca podrá ver con acertada claridad que hay mucho Director Regional de Ambiente como en Falcón por ejemplo, con evidente desafecto a Chávez y la revolución. Así a la sazón, un ligero análisis de conciencia revolucionaria lo conllevará sin mayores traumas a una renuncia ministerial llegada a la medida.



n_lacruz@yahoo.com



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Neri La Cruz


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