Desde Bailadores-Mérida

¿Qué celebramos 518 después?

¿Descubrimiento? ¿Encuentro casual entre dos mundos? ¿Genocidio? ¿Invasión o invención? ¿Un simple tropiezo? Todas estas denominaciones han ido apareciendo según las actitudes sentimentales de quienes juzgan este hecho histórico: El descubrimiento, expansión y conquista de América a 518 años de haber acaecido. Pero en esta fecha también conmemoramos y no debemos olvidar el aniversario del primer encuentro entre dos culturas. Por eso el 12 de octubre, es un día propicio para que nos detengamos a meditar no solo sobre nuestro pasado, sino también sobre nuestra proyección histórica como pueblo aguerrido y dador de libertad. 

El 12 de octubre del año 1492, tuvo una significación transcendental, universalizó la historia, hasta ese momento incompleta por su geografía reducida -según expresión de Vasconcellos-. Empezó ese día lo que el Dr. Uslar Pietri llama la creación del nuevo mundo, que cambia el mundo conocido, señala el Dr. Uslar Pietri “fue el comienzo de un nuevo tiempo para el hombre, es decir la creación de una nueva realidad cultural, fundamentada en el mestizaje”. El Libertador tenia plena conciencia de esta realidad cuando escribió: “Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares, nuevos en casi todas las artes y ciencias, no somos indios, ni europeos...”. Para los españoles su conmemoración se centra y tienen motivos de celebrar en que fue el día que expulsaron a los Moros de su territorio, por ello debemos apoyar el cambio de denominación del Día de la Raza ¿Cuál raza? por el Día de la Resistencia Indígena con actos conscientes y reivindicadores. 

Si retrocedemos a la época del descubrimiento y pensamos en quien era Cristóbal Colón, el intrépido genovés, con su loca idea de conquistar y explorar nuevos mundos, “Colón fue la insistencia, la esperanza enardecida...” un convencido de sus propósitos, sin medios económicos, recibe toda la confianza de la Reina Isabel la Católica, quien empeñando todas sus joyas hace posible tal aventura. 

Esa es la realidad, aunque a veces nos enfrascamos en juzgar en forma generalizada los hechos, adaptando los términos para lo que queremos desconocer, y de nuestros aborígenes, solo nos conformamos con el recuerdo de su coraje y la abnegación de aquellas gestas inolvidables. 

Entonces por que no mejor recordar cada 12 de octubre, para que realmente sea el Día de la Resistencia Indígena, a Murachi que impetuosamente se levanta contra Juan Rodríguez Súarez y perece llevándose intacto su amor por Tibisay, quien consolando su dolor en las montañas andinas y según la leyenda histórica de Don Tulio Febres Cordero, con sus lagrimas formó las chorreras de Milla; al valeroso Tiuna quien muere como los grandes héroes de la mitología griega; a Yoraco cuenta la historia de Garci-Gonzáles, que el conquistador deseando apoderarse de las actuales tierras del estado Miranda, preparo un ataque, pero Yoraco sabia lo que estaban tramando y empuñando su macana empezó a luchar, quedándose sorprendidos los españoles por el coraje del cacique, cuando agotado por la lucha y lleno de heridas, sucumbió, rodeado de españoles que esperaban su muerte, para su sorpresa de sus heridas no brotaba sangre, y dicen los relatos que se debía a un collar de cuentas azules que llevaba de amuleto, al dar Garci-Gonzáles la orden que se lo quitaran, de inmediato comenzó a brotar sangre de las heridas del valiente Yoraco; a Paramaconi quien siempre actúo con mucha inteligencia, maduraba sus planes de defensa con sistemas y tácticas de guerra. Durante la conquista realizo una enérgica resistencia y fue junto a Guaicaipuro el que con mayor coraje se opuso a los españoles. Su lucha esta rodeada de incontables relatos; a Tamanaco que enfrento la lucha entendiendo que la unión era sinónimo de fuerza, así reuniendo a varias tribus, decidió atraer al conquistador español a un lugar para ellos conocido, donde pudiesen combatir y triunfar. Herido y prisionero fue obligado a enfrentarse con un perro de presa, que era su compañero, pereciendo en tan desleal lucha; a Apacuana porque en el proceso de colonización muchas fueron las mujeres que ofrendaron sus vidas junto a los valerosos caciques, Apacuana era la madre del cacique Guacema; a Guaicaipuro dice Oviedo y Baños que: “su nombre fue siempre tan formidable a sus contrarios, que aún después de muerto infundia temores su presencia” Además su nombre esta ligado a la fundación de Caracas; a Cairicurián respetuoso del valor de Chicaramay, se hizo pasar por esté para morir en su lugar y dejar con vida la esperanza de lucha; a Terepaima, el valeroso Terepaima combatió como los inmortales de la guerra, llevándose la gloria de derrotar al terrible Juan Rodríguez Súarez, que azoto a nuestros indígenas sin el menor sentimiento de piedad. En todos ellos es que debe centrarse nuestro pensamiento y acción para desterrar por siempre nuestra visión eurocentrista de la historia, de que sirve derribar las estatuas de Cristóbal Colon y juzgar, en el caso de Mérida, todos los años a Juan Rodríguez Suárez sumando más crímenes a su prontuario y de lo que menos nos ocupamos es de resaltar la gloria de nuestros aborígenes, con esto nada ganamos mientras no sembremos conciencia las estatuas en cualquier momento las volverán a colocar en sus respectivos pedestales. Lo importante es que cada palabra y cada acción este orientada a la formación del nuevo ciudadano que la patria reclama, sin ataduras con el pasado y consciente que debe convertirse en protagonista de la otra historia que esta por reescribirse. 

Recordemos que seguimos en deuda con nuestros primeros pobladores, cuyo proceso de formación fue interrumpido por la invasión conquistadora, que destruyo la dinámica de nuestros ancestros, quienes ante su acoso se vieron en la necesidad de trasladar su hábitat, disminuyendo considerablemente con las encomiendas hasta casi desaparecer para el momento de la fundación. Muchos prefirieron ofrendar sus vidas que ver su raza mancillada. 

En el caso del valle del mucutíes (Bailadores, Tovar y Santa Cruz de Mora) de las huellas de su pasado, solo quedo como mudo testigo de esta cultura el río Zarzales que en su canto bullicioso, dejó en cada piedra una muestra de su dolor y haciendo a su paso una mueca a las verdes manos estiradas de los matorrales que quedaron como novia del río esperando en la orilla el retorno de aquellos tiempos y de aquellos hombres y mujeres que libres corrían entre sus aguas. 

(*) DIRECTOR DEL IMUCU

nesabad@hotmail.com



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Néstor Abad Sánchez (*)


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