Abia Yala

ABIA YALA

Simón Arado



Érase una nación continente en la que no faltaba nada. Era tal la abundancia de la naturaleza, que los hacedores de dioses los ideaban generosos y buenos; por eso habrían hecho las aguas y los peces, la tierra, las plantas y todas las criaturas. Todo estaba ahí, sobre la tierra, nadie tomada más de lo necesario. Los hombres hacían fiestas para celebrar; los mas viejos, los mas sabios, los chamanes, sabían cuando el tiempo cósmico propiciaba la era, se rompían las rutinas, miraban las estrellas y mas allá de ellas y viajaban con su memoria hasta mas allá de si mismos y encontraban la maravilla y la gratitud de ser; y se sumergían en los encantos de la vida y bendecían al sol, la luna, la tierra; y se sabían sus hijos y eran posesos de la alegría mas pura y todo cuanto estaba en ellos y junto a ellos, era sentido, saboreado, olido, visto, oído y cantado con el amor mas verdadero; la tierra, el aire, el agua, el fuego, los frutos y las criaturas , eran benditas con sus manos y en sus cantos; era el tiempo sagrado . . . .
Eran hombres genuinos.
Hasta que un día aparecieron sobre la mar las carabelas cargadas con una jauría de maestros del crimen impulsados por la codicia. Nadie podía suponer que el mar traería desgracias ese mar siempre trajo peces, guaruras, perlas y corales, retos y misterios. . . Era un mar para el hombre, nunca nada suyo tuvo precio, esta vez, sin quererlo, trajo monstruos. Venían del norte de un país miserable donde regían los señores fabricantes de oscuridad y tormentos. Ataviados con traje de cobardías y estampa de vanidad plantaron sus estandartes y blasones de ignominia en esta tierra de gracias.
Asombrados los caribes fueron a las playas a recibirlos con regalos; le daban lo que poseía más valor: la obra de sus manos y el sentido de su alma. Hasta que atónitos empezaron a sentir trabucazos en el pecho como recompensas a su generosidad. Entonces comprendieron que eran demonios, sus báculos tronaban como todo lo que trae muerte y dolor, que su sonrisa era falsa. Había en el rictus de aquellos seres gestos desconocidos que no eran fácilmente descifrables, luego debieron comprender también que eran signos de malicia, mentira y codicia. Venían con la experiencia milenaria de la satrapía y la traición, sedientos de sangre y oro. . .
También trajeron a sus dioses en forma de puñal entonces alevosamente la muerte y el fanatismo más infernal cabalgo por ABIA YALA.
Nada pudo oponerse a sus designios, se arrogaron el destino de verdugos ejecutores de sus dioses de subterfugio. . . nada fue vencido. . . todo fue humillado. La obra de padre-madre naturaleza y la de los hombres fue hollada con la mas espantosa impiedad. Luego el fruto de su infame saqueo solo sirvió para enajenarlos aun mas en su condición perversa; con el compraban títulos nobiliarios y falsas jerarquías de vanidad. Tanto oropel ocupo el espacio más sagrado del hombre por eso hoy, sus descendientes, carentes de conciencia y como lacayos de un nuevo señor sirven también a su propósito genocida sin poder intuir que también propicia su propia extinción. AMEN


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