Los salarios y controversia de los monetaristas venezolanos

En nuestro país, en los últimos días, ha surgido un importante debate sobre lo que se conoce como la teoría monetaria, se trata de una visión macroeconómica sobre la creación del dinero por parte del Estado y su funcionamiento. A nivel mundial, la teoría monetaria moderna estuvo relegada hasta hace poco a seminarios académicos en pocas universidades estadunidenses, pero desde que la recogieron Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez se ha convertido en un tema de gran popularidad en el debate político.

En un artículo de A. Nadal titulado Teoría monetaria: la moderna controversia, expresa que "uno de los más importantes méritos de la teoría monetaria moderna es que rompe de golpe con el dogma central de la macroeconomía clásica sobre el financiamiento del Estado. Ese dogma dice que cuando el gobierno quiere financiar un programa debe hacer una de dos cosas: incrementar los impuestos o endeudarse. La teoría monetaria moderna dice que existe una tercera opción: el Estado puede crear dinero y utilizarlo para financiar cualquier proyecto que desee, incluyendo erigir nuevos hospitales y universidades." Por supuesto, todo esto suena muy atractivo para una política de izquierda que quiere romper con los dogmas neoliberales.

Para los autores que han desarrollado este tema, el único límite para el financiamiento por la vía de la creación monetaria es el de la inflación. Existen tres experiencias concretas donde la inyección de dinero ayudó a estabilizar la economía: la recesión económica de Japón en 1990. La crisis financiera de los EEUU a la cual se le inyectaron 4,4 billones de dólares al sistema financiero, muy en contra de los criterios de los economistas ortodoxos, en la actualidad la reserva federal de los EEUU mantiene las tasas de interés casi en cero o negativas.

En Europa ha sucedido algo similar, constantemente el Banco Central Europeo aplica una serie de estímulos para la economía, lo que incluye una referencia siempre abierta a la posibilidad de retomar la política de flexibilización monetaria si las tensiones recesivas siguen manifestándose en la eurozona.

Estos ejemplos parecen confirmar uno de los principales enunciados de la teoría monetaria moderna: "un Estado que tiene control sobre su moneda puede financiar sus proyectos de desarrollo económico con sólo imprimir dinero." Según este criterio, el nivel de endeudamiento no es importante, porque dicho país nunca caerá en insolvencia. Pero hay que aclarar varios problemas: hay diferencias entre la forma en que se ha puesto en práctica la flexibilización cuantitativa y lo que los políticos proponen hacer con esta nueva creación monetaria. Hasta ahora el dinero creado por la flexibilización cuantitativa no entró directamente en los canales de la economía real, sino que se quedó en los circuitos del sistema financiero.

El tema de la inflación es otro punto clave en el debate sobre esta concepción de la teoría monetaria, en general, la ortodoxia ha mantenido que las presiones inflacionarias siempre vienen por el lado de la demanda. Pero la historia económica de Estados Unidos y Japón en los últimos cinco decenios demuestra que las presiones inflacionarias han provenido del lado de la oferta, por aumentos en costos, choques externos (bloqueo petrolero como el caso venezolano) o por poder oligopólico en industrias clave. Pero si el miedo a la inflación por el lado de la expansión monetaria es infundado, los autores que proponen la teoría monetaria moderna (Stephanie Kelton y Randall Wray), sí son cuidadosos y señalan que en la medida en que los recursos reales de una economía se utilizan al máximo, la inflación puede convertirse en un problema serio.

En fin la teoría monetaria moderna es un instrumento político importante para el discurso de la izquierda en Estados Unidos y Europa. Pero es probable que el privilegio de aplicar esta teoría estaría reservado a un pequeño club de países cuya moneda es al mismo tiempo medio de pagos internacionales y reserva de valor para otros bancos centrales. Para otras naciones que no están en esa categoría, como Venezuela y el resto de América Latina, habría que explorar hasta qué punto las enseñanzas de estos nuevos criterios podrían ser de utilidad.

Ahora bien, miremos el caso venezolano: en artículos anteriores hemos hecho referencia que no nos oponemos al creación monetaria pero que la misma debe ser orientada al modelo o sistema productivo, tales como las industrias de insumos difundidos, que permita el encadenamiento endógenos con otros sectores como la construcción, así mismo el desarrollo del conocimiento y la formación, pero hablar de una generalización en un tema tan álgido como sólo el incremento de los salarios es sencillamente una proyección inflacionaria que ya la vivió el país entre los años 2014 y 2017, dónde a los propios trabajadores le aterraba la idea del aumento de salario porque lo asociaban a la inflación.

No se conocen con precisión las cifras del BCV en cuanto a lo que fue la emisión de dinero en ese período de tiempo y aunque el libro El mito de la maquinita, de los autores Boza y Piña, fue recomendado por el propio presidente Maduro, la práctica de esa teoría no resultó porque no estabilizó el poder adquisitivo de los venezolanos, no se reactivó el aparato productivo y no se detuvo la depreciación de la moneda, aunque en este último aspecto hemos insistido que se trata de una manipulación artificial. En otras palabras, si este método por sí solo fuese una solución, los países pobres estarían generando liquidez monetaria a diario y asumiendo al sector desempleado de su población.

Resulta interesante observar las contradicciones que se presentan en estas propuestas porque quienes por un lado proponen el patrón oro como método para controlar la liquidez monetaria, a su vez proponen la emisión monetaria para pagar salarios. Cuando se presentan propuestas de tipo expansivas o para aumentar la liquidez monetaria se deben considerar las diferentes variables de la economía, no se debe expandir hasta que la liquidez pierda su relación con las otras variables.

En función de lo anterior, analicemos el siguiente ejemplo: los panaderos requieren para producir pan la harina de trigo, manteca vegetal, levadura y sal, adicional a otros elementos como la infraestructura (carga fabril), agua, luz, gas, etc. (servicios públicos), los impuestos (casi nulos), la mano de obra (casi gratis) y por supuesto la ganancia. De los ingresos por venta del pan se distribuyen cerca del 60% en insumos, mientras que el resto de los ingresos se distribuyen entre impuestos, mano de obra, servicios y ganancias. Al aumentar el salario el trabajador podrá comprar más panes, el estado se beneficiará porque aumentará la recaudación de impuestos y aunque la mano de obra no es significativa en los costos, el panadero aumentará el precio de los panes (inflación). Hasta allí aún no está el nudo crítico del sistema, sino que del 60% a invertir en materia prima, sólo la sal es de producción nacional, lo que requiere que el productor salga a buscar divisas para importar el resto de los ingredientes. En consecuencia, como las divisas que ingresan al país son limitadas (restricción externa), los panaderos tienen que salir a disputar las divisas contra otros productores que se encuentran en la misma situación, de producir con materia prima importada. El resultado final es conocido, ante la escasez de divisas, éstas se convierten en mercancía y los tenedores de las mismas le fijan precios a diario como mejor les parezca sin ningún criterio que no sea la usura, los precios tienden a subir exponencialmente producto de la manipulación cambiaria o se genera escasez producto de la insuficiencia de recursos para importar.

Venezuela generó el 97% de sus ingresos en divisas fundamentalmente en el petróleo, ha comenzado una recuperación de los precios del petróleo y es una oportunidad para reactivar la economía y dignificar a los trabajadores, fundamentalmente a los de la administración pública. Es y seguirá siendo un país que dependerá por muchos años de la renta petrolera, si bien es cierto que son loables los esfuerzos por exportar flores, cacao y otros productos en el ánimo de diversificar la economía, esos ingresos no se comparan ni con las remesas que envían nuestros connacionales desde el exterior.

Es pertinente celebrar la firma del contrato colectivo de los trabajadores de PDVSA para motivar el trabajo y retornar a sus espacios laborales, pero necesita un plan de seguimiento a la productividad de la empresa porque este esfuerzo debe ser compensado. Análogamente se deben realizar el aumento de salarios en las empresas que sumen a la productividad industrial del país o sectores que garanticen la producción del conocimiento. Allí están unos ejemplos concretos de dónde se puede invertir el dinero de la emisión monetaria en salarios.

En síntesis, el estado puede aumentar la liquidez pero para proyectos productivos, particularmente la inversión en empresas de producción u obras que consoliden el desarrollo del país, como consecuencia de estas inversiones vendrán los incrementos salariales como el caso concreto de PDVSA. Mientras nuestra moneda no sea sólida, estas emisiones sin orientaciones productivas conducirán al incremento de la inflación.

*El autor es docente de la UPTAEB Lara



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Endert Gil Montserrat

Ingeniero Electricista y docente de la UPTAEB-LARA .

 endertgil@gmail.com

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