La autonomía no es una idea moral es una necesidad económica

La dependencia con los Estados Unidos nunca fue a corto plazo para que pudiera ser beneficiosa, porque, la inversión estadounidense es un factor esencial de dominio, constituyó también, el vehículo principal de penetración en nuestra economía.

De forma directa introdujo entre nosotros técnicas de fabricación y procedimientos de gestión que cambiaron nuestro sistema, indirectamente obligo a nuestros productores y gobiernos a un esfuerzo de nacionalización que jamás habríamos efectuado de no hallarse bajo esa presión de competencia económica y política.

De haber continuado con la influencia norteamericana, jamás habríamos obtenido los beneficios del sobre precio petrolero para mejorar la calidad de vida por ejemplo, y aunque este fenómeno de crecimiento macro se traslado a todos los países del área, en parte, por la entrada en escena de otros mercados con otros inversores no resuelve los problemas sociales por la impagable deuda externa, por la crisis económica y por la devaluación del dólar.

Gracias a la autonomía, las naciones alcanzaron en parte su independencia económica, pudieron incrementar los salarios, realizaron mejoras en la salud, educación, seguros sociales, vialidad, vivienda, sin tener que pasar por la aprobación del FMI, sin embargo, el dólar como divisa de transacción mundial nos ata a la dependencia, esa la otra parte por la que uno se pregunta: ¿Es mejor ser asalariado o dueño de una empresa?

El análisis económico nos demuestra que la inversión extranjera trae consigo, en materia de desarrollo estrechas limitaciones que influyen en el proceso mismo de la formación industrial. Los norteamericanos y europeos solo transfieren productos ya experimentados en sus mercados, esto es una norma general, por eso nos condenamos ambientalmente, tecnológicamente, socialmente y políticamente. Por décadas, nos vimos obligados a llevar a cuestas un atraso permanente en nuestro progreso.

La experiencia nos muestra, sin excepción, que la economía actual, cuya característica esencial es un ritmo acelerado de innovación y dominación por terceros capitalistas manifestado en los elevados cánones del libre mercado, principal fuente de beneficios económicos del capitalismo. La intervención de EEUU, en dosis elevadas, en la política mundial y en los sectores estratégicos de los países en vías de desarrollo tiene la “ventaja de ahorrarnos” en varios cortos plazos por décadas, los trabajos de investigación nos privan de las posibilidades de crecimiento rápido, solo permitido para las naciones industrializadas, reduciéndonos al tercer mundo del subdesarrollo, también, para obligarnos a gastar enormes sumas por patentes y licencias correspondientes a los dividendos repatriados a los EEUU. Estos dividendos, siempre fueron mas importantes que los fondos de procedencia norteamericana que sirven para financiar la nueva inversión; bola de nieve que nunca se detiene, a no ser, por una autonomía.

Pero la autonomía requiere de nacionalizaciones, es lo que dicta los procedimientos revolucionarios tradicionales y folklóricos para la época. Y, en países atrasados industrialmente, confundimos la maquinaria con la sombra, porque lo que cuenta no son las paredes ni la maquinaria, sino los elementos inmateriales que no pueden nacionalizarse, porque la empresa moderna desarrollada dentro de esta nueva economía es un fenómeno totalmente distinto a la suma de factores de producción que en ella intervienen.

Muchas de las nacionalizaciones representan un suicidio intelectual producido por nuestros dirigentes que retrasan el factor científico- estratégico, vital para el desarrollo, por el político, algo así como hizo Hitler con Alemania. La capacidad y la organización son vitales para mantener la tecnología, pero no explota la invención, y eso, en un proceso, por mas buena voluntad de hacer las cosas bien y patriotismo existente, no se puede competir con tecnología renovada a la hora de industrializar la nación. El conocimiento es fundamental para la creación continua, decisiva para el crecimiento y la construcción científica de un sistema.

La continuidad en la investigación científica es uno de los pilares de la autonomía para sostener la economía cuando se pretende ser una potencia regional y mundial, solo con esas aspiraciones se evita el estancamiento que propicia el capitalismo, y, ya no se pueden serrar las fronteras de la competencia, porque siempre se inventa algo mejor en cualquier lado, mas aun, con el problema del cambio climático y el cambio del dólar como moneda universal que se impone, cambiaria totalmente las reglas del juego y hay que prepararse. Ser una nación industrializada requiere nuevos horizontes en las estructuras internas, imposible con las actuales. Se requiere poder de decisión.

El poder de crear riqueza para un gobierno esta en el poder de decisión. Si el universo norteamericano sigue siendo el universo de la decisión, y el universo latino, el de la aplicación diferida, con las actuales crisis, dentro de unas dos décadas dejaríamos de pertenecer en porcentaje relevante a la misma civilización, porque, EEUU se haría cargo de la aventura colectiva que proclama el socialismo para monopolizarlo.

Se halla a la vista una nueva sociedad alternativa por el calentamiento global. Y ya en la región EEUU y Brasil tomaron la delantera, nosotros continuamos con nuestras enormes reservas de petróleo, seguimos pensando en el pico máximo de producción, cuando el mundo piensa no solo en el etanol sino en el hidrógeno y otras energías alternativas que alguien en un tiempo cercano no tardará en descubrir para paliar la contaminación ambiental, no como forma de vida superior, si como forma de vida diferente, bajando drásticamente el precio del petróleo. Nuestras reservas económicas son insuficientes para paliar un escenario de estos.

Ya no se trata de una sociedad mas rica sino mas estable y natural la que se impone, esta será la vanguardia de una nueva autonomía cultural y de información que la política tendrá que aceptar. Poder decuplicado sobre la naturaleza y la vida, y esto no quiere decir que nos volvamos más pobres, lo más probable es que sigamos enriqueciéndonos construyendo un socialismo científico.


rcpuma061@yahoo.com


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Raúl Crespo


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