El fracaso neoconservador

Finalizando el 2006 es evidente el fracaso del neoconservadurismo y sus asociados los grandes capitales transnacionalizados, al control del gobierno de los EEUU. No sólo la pérdida del dominio del Congreso Usamericano en las elecciones parciales de noviembre, sino el desprestigio mundial del pueblo anglo-sajón protestante, incluyendo al apéndice inglés, son indicadores de este monumental fiasco. El surgimiento de potencias competidoras como China, que degradan la jerarquía, dentro del orden mundial, de la Federación focalizada en Washington, es el signo más elocuente del chasco de esta banda de mercaderes, pipiolos de la política. Una pandilla cuya aspiración se reducía a convertir el planeta en un gigantesco “shopping center” al cual acudirían como borregos todos los “sifrinos” del mundo, cuyas aspiraciones se reducen a aparecer eventualmente en revistas como “Hola” o “Fortune”, al lado del Príncipe Carlos y Camila, o de Bill Gates. Pensaban que con una docena de miles de mercenarios, dotados de maquinarias letales, podrían conquistar las fuentes energéticas del planeta situadas en la región identificada por sus geógrafos como “el arco de inestabilidad”. Un espacio que va desde la región andina suramericana, atraviesa el norte de África y, desde allí recorre el Medio Oriente hasta llegar a Filipinas e Indonesia. Su razonamiento, con toda la pobreza del pensamiento conservador, fue simple: quien domina las fuentes de hidrocarburos, domina la producción y el comercio y, con ello, domina al mundo.

En ese intento los neoconservadores orientaron los esfuerzos del país del norte hacia el control del Medio Oriente y el Asia Central, olvidándose de la historia de los pueblos de esas regiones, Unos espacios en los cuales se han empantanado todos los conquistadores, desde los griegos con Alejandro El Magno, hasta los británicos y los rusos. Allí se encuentran también atascados, condenados a salir con “el rabo entre las piernas”. Pero la pérdida más sensible, por afectar directamente su seguridad estratégica, ocurre en sus propias fronteras en el hemisferio. La persistencia de su propio sistema político hoy se encuentra amenazada, como lo reconoce S. P. Huntington -ideólogo neoconservador- por un proletariado interno indoamericano que socava su cultura de raíces bíblicas, conjuntamente con uno externo, representado por el conjunto de pueblos, de origen cultural ibérico, desplegados al sur del Río Grande. Un conglomerado, que aun careciendo de un Gengis-Khan que lo movilice militarmente, ha venido siendo activado políticamente desde finales del siglo XVIII dentro de las ideas de la Ilustración derivadas del humanismo. Unas concepciones que se han logrado imponer en este espacio indoamericano a pesar del esfuerzo militar de contención realizado por Washington y sus aliados, las oligarquías nacionales. Ha sido, hasta ahora, una victoria sin armas, cuyos resultados tienden a consolidarse, por la resistencia a la acción armada posible por la acción combinada de el aguante de los pueblos y el obstáculo de una geografía agreste desplegada sobre un espacio considerable. Superficie que esta dejando de ser área de seguridad de la hiperpotencia del norte.


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Alberto Müller Rojas


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