De cómo Venezuela se ha mejorado la teoría y la praxis de la maldad

El comandante Chávez asignó a Nicolás Maduro una tremenda responsabilidad histórica para que fuera el continuador del proyecto histórico iniciado a finales de la década de los noventa. Me hace recordar los últimos momentos de Simón Bolívar cuando, traicionado por el Congreso de Bogotá fue despojado del mando y a dura suerte pudo transferir el mando de las tropas al Gran Mariscal Antonio José de Sucre. Jamás se imagino el Libertador que con este hecho lo condenaría a muerte en manos de los conspiradores santanderistas.

Los voceros de la Casa Blanca han dicho que Nicolás Maduro saldrá de la presidencia como Saddam Husein o como Manuel Noriega; las amenazas se cristalizan con una guerra sin cuartel: asumen tácticas que generan una violencia material y psicológica sobre el pueblo y se producen subjetivaciones pre-fascistas que forman parte del rostro por venir.

Los mecanismos de sociabilidad política se han descuadernado en un clima de indiferencia institucionalidad y los máximos responsables de los entes gubernamentales no cumplen con su rol estratégico de vanguardia. Ellos son parte del problema: el PSUV es un cascaron electoral y se ha paralizado la revolución educativa, además, el ejercicio del Poder Popular agoniza tras un paupérrimo discurso de liberación. La burocracia ha centralizado todo, monopolizando todos los poderes, pero aún así respira pulsiones de capitulación mientras asciende el titán de la crisis.

Decía un vecino mío: "Los gringos nos están apretando la clavija para producir descontento y desesperanza popular indudablemente; pero el principal enemigo del protagonismo de Nicolás Maduro es su entorno. Heredó una burocracia acostumbrada a realizar una revolución en un caudal de dinero, y ahora con son incapaces de ejercer coordinación de la sociedad. Para movilizar el aparato público tendrá que transformase en Stalin".

Estamos en tiempos de confabulaciones y conspiración silenciosas y develadas. Existe un cerco de la burocracia para evitar que se rompa el nudo que genera la profundización de la crisis que amenaza con derrumbar el edificio histórico trazado por Hugo Chávez Frías, proceso que ya estamos visualizando ante la indiferencia colectiva de las organizaciones políticas llamadas a mantener la ruta, sin comprometer las garantías socioeconómicas conquistadas.

La triple alianza, como la Jericó moderna, acorrala al pueblo venezolano; la conjura, conformada por una burocracia insulsa, la burguesía caníbal y un sector militar que se juega la soberanía a su propio beneficio han posado todo el peso de la crisis sobre el pueblo. Aquel que permanentemente ha sido puesto a jugar una ruleta rusa que en cualquier momento terminara fatigándose ante la manera desigual de la distribución de la crisis y su sacrificio.

Reina un clima de caos e impunidad donde los actores apuesta a tierra arrasada y a sacar beneficios económicos como si se tratara de un bingo. Las normas de autorregulación y de control social están fracturadas colocando al país al borde de un abismo. Los delitos financieros y la especulación se están transformando en un lugar común. No existe institución que tenga la fuerza para restituir el justo equilibrio.

Sin mediar mecanismo legales se violan a diario las garantías económicas del pueblo: La banca impone su corralito financiero, estrechez en el efectivo, ventas de productos condicionadas, cotización y ventas de mercancías en dólares, así como un complot contra la moneda (el pranato establece la moneda de aceptación para las transacciones en plena vía pública) y productos de los CLAP exhibidos en negocios particulares.

Los aumentos salariales decretado por el gobierno son sinónimo de escalada de los precios de los productos de primera necesidad. La vanguardia obrera engullida en su relajo ideológico guarda silencio cómplice, y han ganado la batalla los trabajadores pues son el centro de los acuerdos con el capital. Ni con un vulgar microscopio se observa una política clara para proteger los salarios. La inflación es una maquinita devoradora de expectativas, esperanzas y lealtades.

Las campanadas de saqueos que ocurrieron en el primer mega apagón, con sus posibles consecuencias parece no tener valor en los análisis prospectivos. La soberanía económica interna poco a poco ha pasado a manos de unos gánster que la Cosa Nostra es un bebe e pecho.

La política de un tirón está dejando de ser instrumento para alcanzar prosperidad, transformándose en una ramera que posee un chulaje peligroso. Somos testigos de un proceso descarnado de indolencia, disimulo, corrupción e impunidad, que mezclado con el retroceso de la cultura política emergida de la revolución bolivariana, amenazada con romper el fino hilo con el cual se había tejido la legitimidad de origen del mismo.

La putalización de la política es el nuevo imperio, donde las vedettes inescrupulosas cometen errores imperdonables cuyas consecuencias serán irreversibles ante la amenaza latente de los vientos restauradores de la derecha, que ahora orientada por un neofascismo peligrosos para la soberanía y la unidad del territorio nacional.

Lamentablemente no habrá recuperación ni despegue económico, porque a esta altura no se tiene claro la cartografía y la geometría del modelo productivo, intercambio y consumo que debe aplicarse en esta coyuntura que discurre. El ziczaneo en las decisiones, su incumplimiento por los actores involucrados en la crisis está dejando sin argumento de encantamiento a los interlocutores cuya responsabilidad es la dirección del comando del proceso de transformación.

En materia económica la estrategia de "perder espacio para ganar tiempo" debe sufrir una transformación metabólica, es fundamental diseñar una nueva ruta, pasar de la defensiva a la contraofensiva, imponer el sentido del orden haciendo del cumplimiento de la ley, cero tolerancias a los desmanes que se están cometiendo.

El imperio del capital se ha extendido a los espacios conquistados después del Paro Patronal petrolero. Como una película de gánster imponen su lógica en el medio de una autoridad del Estado que ha permitido quebrar impunemente su poder de mando. El quiebre de la autoridad del Estado permite el clima de grandes ganancias a la burguesía y a las mafias.

El chavismo debe despolarizarse desde dentro, atender la crítica, realizar la autocritica y aplicarse las R cuantas veces sea necesario con el pueblo. Sin pueblo como oxigenante no habrá salida a la crisis. De continuar la situación como se desarrolla tarde o temprano el encuentro será en el Cuartel de la Montaña para evitar que la derecha arrolle los restos físicos del Comándate Hugo Chávez Fría a la calle como lo ha prometido un vocero de la oposición.

En fin, Venezuela es un laboratorio siniestro donde se ha perfeccionado la teoría y la praxis de la maldad económica y política, en un abanico de actores de distinta naturaleza.

 

garridodaniel53@gmail.com



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