El becerro negro

Por allá en los años sesenta del Siglo XX, los "Curas obreros", un grupo de sacerdotes principalmente belgas, fundadores de la Teología de la Liberación en Europa, produjeron un interesantísimo documento que titularon : La Biblia manifiesto de la liberación. En este trabajo los curas obreros analizan el libro del "Exodo" del Antiguo Testamento, interpretándolo como la narración de lo que es el proceso revolucionario. Una vanguardia conformada por Moises y sus colaboradores mas cercanos. El pueblo hebreo al que costaba decidirse a romper con varios siglos de esclavitud en manos del Imperio Egipcio, habituado a las cadenas, a la idolatría por generaciones y quien difícilmente asimilaba las banderas para ese entonces revolucionarias de un Dios único y de una tierra prometida, es decir, de un mundo de libertad y de justicia.

Hasta que aquel liderazgo imbuido del Don Divino de la Historia, logra la salida del pueblo de la tierras de Egipto. En un principio con la aceptación aparente del poder imperial, para luego sufrir la acostumbrada arremetida de quienes se niegan a perder su poder y privilegios. Luego los cuarenta años deambulando por el desierto, etapa que los curas obreros relacionan con esos primeros años duros de la revolución, en los que hay que protegerla de los enemigos externos e internos. Además de hacer los necesarios sacrificios para la construcción de una nueva vida, de un nuevo mundo, de una nueva sociedad.

Esa etapa simbolizada en los cuarenta años de dificultades es también la etapa intensa de la lucha ideológica. El retiro de Moisés, quién sabe por cuánto tiempo para recibir de Dios las tablas de la Ley - en este caso el poder constituyente - dejó al pueblo hebreo a merced de los activistas ideológicos de la contrarrevolución y cuando regresó encontró a buena parte de su pueblo adorando a un becerro de oro, fetiche conservado de la anterior idolatría que se les imponía y que conformaba la mas fuerte de las cadenas . las cadenas mentales y culturales. El Exodo narra que Moisés para atacar la raíz de esta idolatría entre su pueblo, mandó a pasar a cuchillo a varios miles de ellos, lo cual interpreta el documento como la violencia que hay que ejercer para defender la revolución.
Confirmemos las diferencias y las particularidades de cada revolución. Estos tiempos nos están dando a los venezolanos y a los pueblos del mundo las posibilidades de nuevas condiciones. Impulsamos la revolución blandiendo las banderas de la paz, la coexistencia y hasta el pluralismo. Pero el Imperio sigue siendo el imperio. El mas grande poder de la historia por la guerra y para la guerra.

Y ahora tenemos en Venezuela el caso del Becerro. No exactamente de oro pero parecido.
Aprovechando los resquicios de la amplitud democrática y la coexistencia, el imperialismo está construyendo el becerro para que lo adoremos. Manuel Rosales, ese agente del imperio, del capitalismo, del propio diablo, que para lanzarse se aseguró primero de que siendo candidato presidencial no perdería su condición de Gobernador del Estado Zulia, cumple su tarea tratando de sembrar en el corazón de los venezolanos la antítesis de la revolución : el individualismo. El sabe que no va a ganar, es mas ni siquiera si finalmente va a participar, - cuestión de órdenes - pero trata de sembrar entre las almas del pueblo a su becerro. Un becerro que en este caso no es dorado sino negro, de petróleo.

Ese don de la providencia que ha sido el petróleo para Venezuela, tenia que ser mas temprano que tarde, como lo ha sido, administrado con los criterios de amplitud, justicia y solidaridad de un proceso revolucionario. Ese bien tan necesario para la humanidad no podía seguir siendo manejado al servicio de minorías mezquinas, sino en función de la vida, crecimiento y prosperidad de todo un pueblo, de muchos de los pueblos pobres del mundo. Beneficiando a nuestra gente a través de las Misiones, de los Planes de Desarrollo Endógeno, de la organización colectiva en el Cooperativismo, de la Educación, de la Salud, de la Cultura, con una política que pone por delante al colectivo ante el individualismo que dice: el petróleo es nuestro, no mío.

Contra eso va la política del becerro. Estimulando el egoísmo. Que me den a mi el poquito de petróleo que me toca, que volvamos ser los mismos miserables de antes que recibamos los 600 mil bolívares que supuestamente nos toca a cada uno "para hacer con ellos lo que yo quiera" Pensando solo en mi mismo y olvidando la verdadera grandeza, que es ser grande con nuestra gente, con la Patria.

Esa es la política del becerro. Escandalizados porque la Revolución Bolivariana apoya económicamente el desarrollo de los países de América y el mundo y no les importaba cuando una minoría corrupta se lo robaba como les daba la gana o se lo regalaban impunemente al imperio.

Pasaron los tiempos en que se pasaba por las armas a quienes ponían a los pueblos adorar becerros, pero serán ajusticiados por las armas de la conciencia del pueblo. Esa tarjeta criminal, símbolo del sistema bancario y demagógicamente denominada "la negra" corrupta carnada de la política del becerro, será derrotada por el poder de la revolución, el poder popular conducida por un líder imbuido del don divino de la historia: el Comandante Chávez.

Mundo Iribarren.
Juabgriego Octubre 2006.


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