EEUU el Estado Robin Hood a la inversa

En dos artículos publicados por el suscrito en el año 2008 en la revista Poliética sosteníamos que en razón de la honda y acelerada descomposición social ya prevaleciente en EE.UU. para la época, dicho país se encontraba al borde de confrontar vastos movimientos de protesta y agitación socio-política. Todavía no había emergido el contagioso movimiento de los Ocupa, no se percibían en el horizonte síntomas de una crisis económica generalizada en Europa y el Oriente Medio se hallaba relativamente “estabilizado” tras la promesa de una pronta salida de tropas usamericanas de Irak y Afganistán.

Decíamos que la razón de esta decepción y reprobación sin precedentes hacia la clase política dominante en EE.UU. —más que hacia el sistema capitalista mismo— respondía a la más brutal ofensiva en toda la historia emprendida por la alta burguesía usamericana en contra de la clase proletaria y demás sectores oprimidos de su propio país —y al habilidoso manejo político-ideológico de las causas estructurales de la crisis, ocultando que la crisis hace parte de una política cíclica y planificada, típicamente capitalista. Y finalmente, apuntábamos que la aguda crisis —adrede generada por sectores financieros y bancarios de EE.UU. — tendría una expresión equivalente en la Unión Europea y asimismo en todos los países encadenados a dichas economías especulativas, vía “Tratados de Libre Comercio”.

El sueño americano

Ante una situación como la referida ¿cómo explicar que tanto al interior de EE.UU. como fuera de este siga imperando en vastos sectores el imaginario del american dream o american way of life? A dicho respecto resulta clave volver al proceso de génesis y reproducción de los que Karl Marx acuñó como falsa conciencia o ideología. Para Marx la ideología es una forma particular de ver distorsionadamente el mundo —y de reaccionar ante sus demandas. Es una manera muy particular de reaccionar que satisface sistemáticamente los intereses usureros de los explotadores en detrimento de quienes producen y reproducen toda riqueza, siempre a costa del sufrimiento humano y de la vida misma de los trabajadores y de la degradación de la naturaleza.

La ideología es así una conciencia falsa que ofrece una representación desfigurada e inadecuada de la realidad. Es una práctica social que busca que los explotados consideren naturales, justificables  y hasta inmodificables y deseables sus condiciones oprobiosas de vida y de trabajo. Expresiones concretas de la ideología son, por ejemplo: “los ricos ya están completos”, “los reales ya están inventados, lo que hace falta es conseguirlos”, “quien arriesga su fortuna también debe ganar algo” o “si la economía está mal para la gente en EE.UU. imagínense cuán deplorable estará para el resto del planeta”. Ignorancia sobre la crítica marxista a la economía política, conformismo generalizado, lacayismo y auto-desprecio de clase son algunos de los combustibles de alto octanaje que reproducen este sistema.

Una expresión muy generalizada de la ideología es que EE.UU. en tanto centro del capitalismo mundial actúa como lo hacia aquel célebre héroe y forajido Robin Hood originario del relato inglés medieval. Robin Hood quitaba dinero y otros bienes a las personas más ricas para dárselos a los más necesitados. Siguiendo esta misma lógica, EE.UU. tendría como función ordenar el caos prevaleciente en el mundo para que todos tuviesen acceso a la democracia, la libertad y el acceso al desarrollo. Pero cabe preguntar, cuál es la democracia, la libertad y el desarrollo que nos quiere exportar EE.UU. y de que hoy presumen los cabecillas políticos de ese país. Veamos:

Pobreza, desigualdad y patrioterismo

EE.UU., hoy todavía dueño de la principal economía del mundo —pese a arrastrar una deuda externa análoga— persiste en su plan de hundir cada vez más aceleradamente a las clases empobrecidas del resto del mundo y de su propio país. Y mientras tanto, ensancha las libertades y privilegios de los grandes consorcios trasnacionales y los grandes detentores de capital.

Según el último censo realizado en EE.UU., 16% de su población, esto es, casi 50 millones de habitantes se encuentran sobreviviendo en la línea de pobreza. Un tercio de estos pobres, esto es casi 18 millones de habitantes son de origen latino, en su mayoría de procedencia mexicana. Dado que la mayoría de estos pobladores —básicamente de origen suramericano y caribeño— son forzados a laborar sin papeles, es decir lo que allá llaman ilegales, generalmente estos trabajadores  tienen que aceptar salarios hasta de un tercio del salario mínimo legalmente estipulado.

Tal escenario viene desencadenando la emergencia y propagación de un conjunto de fenómenos sociales hasta hace poco casi indocumentados. Uno de ellos es que cada día más madres y padres de familia abandonan a sus hijos pequeños en las calles o se ven forzados a entregarlos a instituciones públicas de beneficencia para su cuidado y eventual adopción. Se ha disparado la tasa de casos de familias que tras sufrir ejecución judicial de sus casas por no tener cómo pagar créditos adrede concedidos a sabiendas que no podrían ser amortizados, tienen que irse a vivir a ciudades fantasmas o incluso dentro de desvencijados automóviles. Asimismo se recrudece la violencia doméstica, y ha comenzado a proliferar el caso de padres y madres de familia que agreden y hasta asesinan a sus propios hijos tras sufrir crisis por superávit de deudas y exceso de trabajo (trabajan hasta 16 horas diarias en restaurantes de comida rápida, granjas, maquilas ocultas, etc.) opción que tampoco los salva del acorralamiento económico. A lo anterior se le suma una política xenófoba masiva de deportación de trabajadores migrantes quienes son “re-patriados a la fuerza” a sus países de origen incluso tras haber laborado en situación de precariedad en EE.UU. hasta por diez, veinte y hasta treinta años. Ello se encuentra ensanchando una compleja y dolorosa situación de separación familiar y crecientes fenómenos de anomia social: deserción escolar, embarazos tempranos, bandas criminales, micro consumo de drogas, raterismo, prostitución infantil y juvenil y expansión de bandas criminales, entre otros.

Tal entorno decadente y desesperado —que no afecta sólo a los sectores inmigrantes— fue identificado y estupendamente capitalizado por el discurso risueño del yes we can esgrimido en elecciones por el candidato demócrata Obama. Con tal arenga Obama presuntamente partidario de los derechos de las minorías afroamericana, latina y blanca proletaria (que allá llaman white trash, es decir “basura blanca”) consiguió engatusar a un país que ahora parece se resiste a reelegirlo.

El nacimiento de movimientos nacionalistas, anti-crisis y anti-sistémicos

El lema “somos el 99 por ciento” empuñado militantemente desde hace meses por el movimiento Ocupa Wall Street no sólo ha conseguido una resonante victoria política. Además ha ayudado a visibilizar la lucha de la clase proletaria y otros sectores oprimidos y nacionalistas al interno de EE.UU., avivando una condena mayoritaria a la estructura intrínseca y groseramente injusta del gran capital. Comienzan a  verse múltiples expresiones de un movimiento nacionalista y progresista estadounidense que está dando pie a la emergencia de expresiones políticas de corte no solamente fustigadores de la crisis sino que empiezan a proliferar un sector de intelectuales y activistas con un discurso anti-sistémico que llama a romper terminantemente con la lógica perversa del capital. El movimiento se enfoca en la tesis según la cual: "la única cosa que todos tenemos en común es que somos el 99% de los que no tolerará más la codicia y la corrupción del 1%", según refiere el sitio web OccupyWallSt.org.


Sin embargo, el lema del 99% no da cuenta del verdadero carácter regresivo de la estructura capitalista neoliberal existente en EE.UU. De hecho, una enorme parte de las ganancias percibidas por el 1% ubicado en el tope de la escala han ido a parar a los bolsillos de un segmento incluso más pequeño: el segmento del 0,1% de la escala. Es decir, el trozo que expresa el un milésimo más acaudalado de la población.


Como sería el escándalo que se creyó que iría a desatar la divulgación de esta información que el reciente Informe de la Oficina del Presupuesto del Congreso de EE.UU. publicado este año —respecto de la desigualdad real en el país— explícitamente evitó sondear al interior del 1% superior de la escala. No obstante, el informe anterior, referido al sexenio 1979-2005 sí lo hizo. Según dicho informe, el ingreso ajustado a la inflación después del pago de impuestos para la clase media estadounidense en el periodo analizado aumentó en un 21% con respecto a la clase proletaria. Pero el ingreso equivalente obtenido por el 0,1% más rico de la escala aumentó en un 400%. Y es previsible que el índice de desigualdad prevaleciente hoy día sea todavía más regresivo.

Pero ¿quienes forman parte de este 0,1% de ciudadanos privilegiados? Muy pocos son innovadores de talla global como Bill Gates, artistas de gran renombre como Madonna, investigadores acreditados como Noam Chomsky o directores afamados de espectáculos como Oliver Stone. La mayoría de estos magnates privilegiados por el orgánicamente injusto sistema estadounidense pertenecen a lo que llaman los halcones corporativos y los agentes financieros. Un 43% pertenecen a la élite de ejecutivos de compañías no financieras (banca e industria), un 18% esta al servicio de las finanzas (primordialmente dedicados a la especulación de capital); y otro 12% esta constituido por abogados y corredores de bienes inmuebles (primordialmente dedicados a la especulación inmobiliaria). Como es obvio, la economía especulativa de casino es la gran beneficiaria de este sistema.

La situación de los jóvenes en EE.UU.

El noviembre pasado economistas afiliados a la organización PEW (Pew Research Center) publicó un estudio que coteja la riqueza que poseían las familias estadounidenses con menores de 35 años y familias con integrantes mayores de 65. El estudio arroja diferencias dramáticas entre ambas generaciones. Para 1984 los adultos menores de 35 años poseían propiedades con un valor neto promedio de 11.500 dólares por familia. En el caso de los adultos mayores de 65 años en 1984 el valor neto de sus propiedades se ubicaba en 120.500 dólares.

Para 2009 la situación cambió drásticamente. El valor neto de las propiedades de ciudadanos menores de 35 años se redujo a tres mil 600 dólares, en promedio, es decir 31,3 veces menos que en 1984. Pero el valor de las propiedades de los ciudadanos mayores de 65 años aumentó a 170.500 dólares. Como resultado de la burbuja inmobiliaria los jóvenes han dejado de tener acceso a la compra de inmuebles. Las principales razones son elevado desempleo, remuneraciones reales al trabajo decrecientes, mayores tasas de interés inmobiliario, mayor inestabilidad económica, matricula universitaria más costosa, ingreso más tardío al mercado laboral y mayor índice de competitividad. Se evidencia una pauperización progresiva en todas las franjas de la población. Pero este morbo afecta en mayor proporción en EE.UU. a quienes tienen 35 años o menos. En la base de este fenómeno se encuentra la explicación de las crecientes manifestaciones callejeras y múltiples expresiones de anomia primordialmente en sectores jóvenes de EE.UU.

Manipulación mediático-política y rearticulación de la hegemonía política doméstica

“Cada vez menos de los ciudadanos (en EE.UU.) han contribuido con al éxito de nuestra economía… y se han beneficiado de ese éxito. Mientras tanto, aquellos que ya estaban en la cúspide económica se hicieron más ricos que nunca producto de sus ingresos e inversiones. Pero todos los demás batallaron con costos que ascendían mientras las quincenas no. Y demasiadas familias acumularon cada vez más deuda… Pero este asunto no tiene nada qué ver con lucha de clases. Tiene que ver con el bienestar del país. Este país sólo prospera cuando todos tienen una oportunidad, cuando todos ponen de su parte y cuando todos juegan bajo las mismas reglas… Lo que está en juego es si éste será un país donde la gente trabajadora pueda ganar lo suficiente para mantener una familia, construir un ahorro modesto, ser dueño de un hogar y asegurar su jubilación”.

Pero esta arenga no emana de un proletario afro-americano y desesperado residente en Harlem, ni de un joven que no consiguió crédito para proseguir sus estudios universitarios, ni de un intelectual de izquierda o de un militante frenético del movimiento contestatario Ocupa Wall Street. La alocución pertenece al presidente Obama en un reciente discurso que hace parte de su campaña por la reelección. Obama quien ha demostrado ser un brillante orador y mejor operador de la opinión pública reconoce así tácitamente el calado del discurso en contra de la desigualdad extrema en la distribución del ingreso en EE.UU. Es un hecho que casi 3 millones han perdido su vivienda, y se calcula que cerca de otros 4 millones sufrirán el mismo destino en los siguientes dos años. Obama busca capitalizar discursivamente el malestar del 99%. Pero lideres de los grupos oprimidos declaran que no sólo es sospechoso que Obama siga teniendo entre los principales financistas de su campaña a los mismos grupos económicos que mas han luchado en tiempos de recesión, sino que el mismo Obama pertenece a esta casta de multimillonarios que el dice ahora querer enfrentar.

Según reporta el Center for Responsive Politics, Obama y buena parte de su gabinete pertenecen al 1% más rico del país. De los 10 integrantes de su gabinete, 8 hacen parte de este grupo de privilegiados, incluyendo al mismo Obama. Hillary Clinton, la secretaria de Estado, posee un promedio de 31 millones de dólares, luego William Daley, jefe del gabinete, declara tener 28 millones. Obama le sigue con una riqueza de 7,3 millones. Los bancos preferidos por los integrantes del gabinete más ricos para sus cuentas personales son JP Morgan Chase y Wells Fargo. Clinton, Daley, Rahm Emanuel (su ex jefe de gabinete) y Obama reunían un total combinado de más de 50 millones de dólares en cuentas activas en el JP Morgan Chase para 2010, según cómputo de datos públicos publicados por el Center for Responsive Politics. Pero el dato que provocó estupor hace dos meses fue que se reveló que la familia Walton, integrada por apenas seis herederos propietarios de la fortuna Wal-Mart, habían amasado una fortuna equivalente al valor neto combinado del 30 por ciento de los estadounidenses más pobres del país.

Mientras tanto, el multimillonario republicano Donald Trump quien para 1990 ocupaba el puesto 19 en la lista de grandes fortunas estadounidenses según la revista Forbes, valorada en más de mil millones de dólares denunció que Obama creó el movimiento Ocupa para poner en aprietos al capitalismo estadounidense. Y Frank Luntz, uno de los líderes nacionales más prestigiados del Partido Republicano durante una reunión de gobernadores republicanos del país declaró: "Yo estoy muy asustado por esta política anti-Wall Street. Estoy espantado de muerte". Y denunció que el movimiento Ocupa está logrando un impacto sobre lo que el pueblo estadounidense piensa del capitalismo. Sugirió por ello a los líderes políticos republicanos evitar usar la incómoda palabra capitalismo: “Estoy intentando remover esa palabra y sustituirla por la expresión ‘libertad económica’ o ‘libre mercado’. La gente… todavía prefiere capitalismo que socialismo. Pero la gente opina que el capitalismo es inmoral. Y si llegan a percibir que somos favorables a Wall Street… estaremos en problemas.

Capitalismo idílico hollywoodiense comandado por EE.UU. y los organismos internacionales vs. capitalismo realmente existente

Revisemos a grandes pinceladas la situación de degradación y acorralamiento socio-económico que el sistema capitalista mundial —capitaneado por EE.UU.— impone dictatorialmente al mundo. Tomaremos datos recientemente sistematizados por CROP, el Programa Internacional de Estudios Comparativos sobre la Pobreza radicado en la Universidad de Bergen, Noruega.

De  una población mundial estimada hoy en 6.800 millones de personas:

2.500 millones moran en viviendas carentes de sistemas de cloacas (Informe OMS/UNICEF 2008).

2.000 millones carecen de acceso a medicamentos (Informe www.fic.nih.gov).

1.600 millones no tienen acceso a la electricidad (Informe UN Habitat, "Urban Energy").

1.020 millones sobreviven en situación de desnutrición crónica (Informe FAO, 2009).

924 millones duermen en la calle o moran en viviendas peligrosas y/o precarias (Informe UN Habitat 2003).

884 millones carecen de acceso a agua potable (Informe OMS/UNICEF 2008).

774 millones de adultos son mantenidos en condición de analfabetismo (Informe www.uis.unesco.org).

218 millones de niños y adolescentes, entre 5 y 17 años, trabajan en condiciones de esclavitud y en labores peligrosas o humillantes (servicio doméstico, soldados, prostitución, agricultura, construcción, industria textil (Informe OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006).

18 millones de personas mueren por año a causa de la pobreza, en su mayoría niños por debajo de los 5 años. (Informe OMS).

En menos de tres lustros —entre 1988 y 2002— el 25 % más pobre de la población mundial redujo su participación en el ingreso mundial, pasando del 1,16% al 0.92%. Durante el mismo periodo, el 10% más rico de la población mundial amplificó su patrimonio del 64,7 de la riqueza mundial al 71.1 % de la misma (Informe CROP). Esta tendencia mundial a la depauperación acelerada de las clases proletarias tiene su principal excepción en la región  de América Latina y en China cuyo gobierno acaba de reportar que durante la última década ha sacado de la condición de pobreza a un contingente poblacional equivalente a todos lo habitantes de Europa.

Guerrerismo y desestabilización como única salida a la crisis interna de EE.UU. y del capitalismo

De cara a la grave crisis mundial en cuya base se encuentra las múltiples contradicciones del capital, unas de las cuales es la creciente escasez de fuentes energéticas, recursos naturales y biodiversidad, el imperio ya no meramente estadounidense sino coligado en la triada EE.UU./ Europa/ Japón se encuentra avanzando en una política de avasallante recolonización del planeta. Y todos los países del Sur, propietarios de recursos energéticos, materias primas, agua y biodiversidad se encuentran matriculados en dicho plan sólo a la expectativa de un escenario favorable a dicho imperio.

La presunta “prueba” levantada por Washington contra Irán se reduce a un ambiguo testimonio de un ciudadano mexicano –quien resultó luego ser agente CS-1 de la DEA. Este sujeto declaró haber recibido dos giros bancarios por 49.000 dólares, provenientes de la republica islámica de Irán. Un problema que confronta esta versión —espectacularizada por los medios internacionales— es que ahora dichos montos resultan ser risibles frente a  los millones de dólares que, según el mismo diario estadounidense The New York Times, la DEA entrega regularmente a los narcotraficantes mexicanos en operaciones de lavado de dinero.

La reciente denuncia de fraude en las elecciones celebradas en Rusia demuestra que EE.UU. no exceptúa ni a esta importante potencia nuclear y económica asiática de sus planes de desestabilización. Y la obstinación de atacar a Siria —incluso pese al veto refrendado dos veces por China y Rusia ante el Consejo de Seguridad— comunican la resolución de una aventurar una nueva ofensiva unilateral incluso pese al riesgo de desatar una posible conflagración mundial. Las venideras elecciones de presidente de la república, gobernadores y alcaldes en Venezuela en medio de una ruidosa campaña en que la oposición sigue diciendo ser mayoría pese a lo que arrojan todas las encuestas se constituye en un  escenario de lujo para preocupantes escenarios de desestabilización.

La nueva doctrina de seguridad de EE.UU. publicada el pasado mes de enero del 2012 expresa literalmente que el retiro paulatino de tropas de Europa responde a un remozamiento de la política de ocupaciones de largo plazo en favor de una nueva y más ágil y eficiente política de adiestramiento de contingentes militares de gran movilidad por todo el globo. Se habla de continentes adiestrados y tecnológicamente aptos para desplegar intervenciones rápidas y fulminantes, sobre todo apuntaladas en su supremacía misilística. Esta nueva modalidad de intervención armada plantea articular una base de respaldo interno en cada uno los países considerados “amenazantes” o “enemigos” encomendado a lo que llaman sus “aliados” que no son más que pequeño-burgueses, lumpen-proletarios y mercenarios disfrazados de “rebeldes”, naturalmente sostenidos por un menú de instrucciones, adiestramiento y recursos foráneos y afianzados en un dinámico manejo de reingeniería comunicacional e informativa de punta.

Durante el más reciente filme producido y estrenado este año por Hollywood en torno al héroe Robin Hood, éste le advierte a otro personaje: “No olvides llevar tu dinero, será un placer asaltártelo”. Excelente metáfora de la nueva “ética” robin-hoodiana. Idéntica política de pillaje malévola e insolente en contra de las personas, los países y las regiones más débiles caracterizó y continúa caracterizando —hoy más que nunca— a ese vampiro conocido como sistema capitalista.


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Luis Delgado Arria


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