Salud mental decolonial y complejidad

Desde la semana pasada iniciamos esta serie de artículos, que tienen el propósito de ubicar al lector sobre las categorías fundamentales y las teorías que dan sustento a nuestro constructo teórico denominado Salud Mental Decolonial; vamos a ser reiterativos en la salud en general y la salud mental en particular, como el encuentro entre tres grandes subjetividades: Ser/Amar/Tener-Estar, que nos permiten integrarnos a la sociedad donde nacimos o residimos o ser resentidos hacia esa misma sociedad, ser felices o infelices, por la calidad y cantidad de relaciones armónicas que construimos o desintegramos, estar en el territorio donde residimos o laboramos, satisfechos o no satisfechos.

La otra reiteración es: lo decolonial de nuestro constructo de salud mental, está contenida en lo que denomino la premisa fundante y fundamental: somos “pueblos conquistados, colonizados y colonializados” desde hace 531 años, cuando fuimos “encubiertos” Dussel (1992) y lo seguimos siendo hoy, a través de la colonialidad  del poder (Aníbal Quijano, 1992), lo que nos marca como pueblos sur-gentes.

En esta semana, nos aproximaremos a la Salud Mental, desde la complejidad y el pensamiento complejo de Edgar Morín (2005), la complejidad es una opción altersófica, desde el Hacer Decolonial Ortiz Ocaña (2023) como manera de superar la dimensión ontoantropocéntrica del ser humano, que lo ubica por encima de la naturaleza y de todo ser vivo que integra la misma, con descuido a la madre naturaleza que nos tiene al borde del colapso civilizatorio, a través de la crisis climática.

Morín nos señala la hipercomplejidad del ser humano, la cual sintetiza en tres bucles: bucle biocultural, integrado por el cerebro y la cultura, de donde emerge lo psíquico humano; el bucle bioantropológico integrado, por el impulso y la razón: el sentipensar, lo emocional y la razón, todos ellos resultados histórico culturales y el bucle biosocial, configurado por la especie y el sujeto como pueblo para sí, donde se consolida la sociedad.

Humberto Maturana (2002), nos señaló que nuestra humanización y humanidad, se debe al “lenguajear”, que nos permitió expresar en palabras nuestras ideas, sentimientos, emociones y conocimientos. De ahí que, la naturaleza/humanidad/la lengua, la cultura, la realidad/los conocimientos, reconfiguran un entramado complexas sociohistórico, que nos presenta la dialéctica naturaleza/seres humanos que debe transcender la simplicidad interpretativa de esta dialéctica, es decir, la simplicidad de la condición humana, la simplicidad de la ciencia disciplinar y el pensar simple,  que el desarrollo capitalista convirtió en dialéctica del conflicto social naturaleza/humanidad, favoreciendo el simplificado modelo médico hegemónico, patogenético y la mirada unidisciplinar y psicopatológica que ha caracterizado la mirada tradicional para aproximarse a la salud mental.

También el pensar moriniano nos recuerda que, la dialogicidad de lo complejo    requiere de una resignificación reconfiguracional de lo recursivo, como un ir y venir simultáneo y sucesivo sin fin, porque lo humano tiende al infinito como el universo; lo hologramático, como totalidad compleja concreta, que contiene las otras categorías presentes en lo complejo, pero subsumidas por lo concreto de una categoría de orden superior. 

Estos tres principios, dialogicidad, recursividad y hologramatismo; mediante una dialéctica compleja de los contrarios, nos permite encontrarnos con totalidades complejas concretas, en las cuales están contenidas categorías explicativas, enunciativas e interpretativas situadas y entramadas con la cotidianidad de las personas en su vida diaria, su salud como un resultado de entramados y complejos procesos dialécticos de relaciones comunales/relaciones sociales, subjetividades/intersubjetividades, procesos territoriales favorables a la vida y salud/procesos territoriales nocivos a la vida y la salud, contenidas en la unidualidad de lo humano, lo biológico (temperamento) y lo cultural (el carácter) asociado a una historia personal  (biografía), a una historia particular grupal territorial que crea subjetividades/intersubjetividades culturales e idiosincráticas y una historia general social, que nos integra como nación.

Pensar la Salud Mental Decolonial desde la complejidad es tener una mirada otra, Khatibi (1995) más allá de lo tradicional, integral e integradora de la vida, la salud situada en un territorio, en un momento histórico preciso, que las carga de contradicciones producto de ideologizaciones, pero con la esperanza de utopías realizables, a las que nos aproximaremos en próximos artículos a partir del 15 de enero de 2024, felicidades y muchas esperanzas en el nuevo año que se avecina.  

 
alcalaafanadorp@gmail.com


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