Ruralidades

La plural sentencia de Aragua

Por ese grandioso rol de madre la comprendemos en su dolor por el hijo presidiario. En usted, respetadísima señora María Isabel de Bolívar, sin conocerla personalmente valoramos y hacemos comparación con el dolor de todas las madres del mundo que, al otro extremo de la causa de su aflicción, le arrebatan el derecho a la vida a un hijo de sus entrañas.

En su caso además, señora Bolívar, apreciamos en usted la valentía de reconocer las causas cuando expresó que “sólo pedían un juicio justo”. Aún cuando nosotros desde acá, no somos quién para desconocer la justeza o no de la decisión de un juez o jueza de la República, como sí con apresuramiento lo hizo el abogado José Luis Tamayo contra la jueza del caso cuando dijo: “La “Señora” Maryori Calderón sabe que hizo mal…” Además fue insolente cuando la acusó de haber hecho “una interpretación nazista”.

A distancia coincidimos con los abogados revolucionarios y las victimas sobrevivientes, cuando manifestaron públicamente antes que se produjera la sentencia, que ellos esperaban una pena superior a los 20 años como castigo a la máxima responsabilidad. De la que, según nuestra apreciación, los ocho subalternos tendrían un tratamiento judicial menos severo.

Con nuestra solidaridad con el dolor de madre, pedimos no complicar el proceso con la cuestión política, como desde ya lo pretenden embochinchar los cómplices de Carmona y Peña y de los generales traidores, “preñados…” El espacio no nos permite decir de qué. Lo que sí deben tener claro es que los crímenes comprobados no gozan de “la cosa juzgada”.

Luego entonces, mucho cuidado Señora Bolívar. No olvidemos el dicho popular: “No me defiendas así compadre”. Su hijo, como los demás policías subalternos, además de encarcelados, es posible que tengan secuestrada la voluntad de denunciar su verdad. Que en aras de una “solidaridad” que los tres oficiales no tuvieron con ellos (léase Simonovis, Vivas y Forero), amedrentados son proclives a callar. Valdría la pena una separación de centro carcelario.

No olvidemos el caso del oficial Delgado, cuando en pleno ataque contra un pueblo valiente pero desarmado, la conciencia del ser humano que es, le conmovió los sentimientos y, a pesar de las ordenes fascistas de Peña y Simonovis, suspendió el ataque “para no seguir matando gente inocente y desarmada”

En la mente de madres, padres e hijos, queda el recuerdo de cuando Peña, Vivas y Forero le dieron el abrazo del oso al oficial Delgado. ¿Recuerdan honorables madres por qué? Bien. Era que esos golpistas le habían amedrentado a la madre de sus hijos. Por eso prefirió irse de la institución y del país, a utilizar las armas de Henry Vivas (las compró en un país eslavo) con las que Peñita le echaba “plomo al hampa” sin pedir antecedentes.

Y de su dolor de madre tratamos, doña María Isabel, a Erasmo le quedan las manos amorosas para enjugar las lágrimas. Además la esperanza que, mientras vivamos, nunca se pierde para que caigan los “chivos”, desde Peña para arriba, de manera que reciban todos los años que los seis subalternos alegan en exceso.

Para finalizar, señora Bolívar, antes de cerrar un saludo de esperanza con el convencimiento de que si doña Lourdes de Gonzáles viviera, Ud. sería solidaria con ella. Esa policía de Peña, Vivas y Forero, le acribilló a su hijo Alexis González Revette, (4:00 p.m. del 11-04-2002) No conformes con esa barbaridad, tomaron policialmente el hospital Periférico de Catia, le desconectaron el oxigeno y la señora Lourdes dejó secar las lagrimas. También murió.

¡Patria, Socialismo o barbarie!. Estamos venciendo.

*pedromendez_bna@yahoo.es


Esta nota ha sido leída aproximadamente 1546 veces.



Pedro Méndez (*)


Visite el perfil de Pedro Méndez para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



Pedro Méndez

Pedro Méndez

Más artículos de este autor