La revolución socialista y la participación popular

Si consideramos la propuesta presidencial de la reforma constitucional como un hito importante en el tránsito de refundación de la sociedad venezolana y, por tanto, del proceso revolucionario bolivariano, se ve que en ello adquiere una jerarquía capital la participación popular, más allá, incluso, del texto constitucional al dejar abierta la posibilidad de que el pueblo ejerza el poder constituyente y modifique radicalmente la estructura del Estado, hasta ahora regido por los cánones burgueses y reformistas tradicionales que impiden la existencia y funcionamiento de una democracia más cercana a los sectores mayoritarios del país. Por ello, más que la necesidad de extender el mandato presidencial o de definir al Estado venezolano como socialista, lo que debe interesar a todos los revolucionarios verdaderos es que tal reforma afirme los cimientos aún endebles de la democracia participativa y protagónica insertada en la Constitución de 1999, ya que ella contiene los gérmenes que harán realidad los diversos cambios revolucionarios que se ha propuesto alcanzar el pueblo de Venezuela, rediseñando las relaciones de poder y planteándose un sistema económico y una geopolítica más favorable a sus expectativas.

La participación popular es (o debiera ser), por consiguiente, el objetivo central de la reforma constitucional, asegurando de este modo la construcción -desde abajo- del nuevo socialismo, con valores opuestos a la representatividad, al burocratismo y al clientelismo político que caracterizaron la historia republicana venezolana del último medio siglo. En este sentido, se han dado algunos pasos significativos, especialmente con la conformación y la gestión de los Consejos Comunales, donde los voceros fungen de ejecutores de la voluntad de las asambleas de ciudadanas y ciudadanos, cuestión que trastoca por completo la pasividad y el apoliticismo a que se vieran éstos obligados durante más de cuarenta años de régimen reformista puntofijista. Esto permitirá, sin duda, el surgimiento de liderazgos más directamente conectados con los sectores populares e impulsará una mayor acción contralora y legisladora de parte de los mismos, siendo fortuita la transformación del Estado y afectando el radio de acción tanto de la dirigencia política como del gobierno, obligados ahora a compartir las responsabilidades del poder constituido, independientemente de si así lo desean o no. Siendo ello así, Venezuela estará profundizando y redefiniendo lo que entendemos por democracia de un modo novedoso y único en el mundo, comparable quizás en objetivos, debates y participación a lo protagonizado por el pueblo ruso en los días iniciales de la revolución bolchevique de 1917. Ello exige, adicionalmente, que el pueblo adopte una conciencia nueva, producto de una formación teórica realmente revolucionaria, con un conocimiento siempre renovado, pero firme, de lo que debiera ser el socialismo en el siglo XXI y proporcionándose, en consecuencia, un espacio autogestionario, alejado de la manipulación de cualquier gobierno.

Por ello mismo, la inserción de los conceptos de comuna y comunidad en el texto constitucional contraen una trascendencia sin igual, la cual -a pesar de estar ligada al ámbito geográfico inmediato- abarca aspectos sociológicos, económicos, culturales, históricos y económicos que fueran ignorados a través del tiempo, manteniéndose inalterables durante los mandatos “democráticos”. Esto conduce a la adopción de un sentido de pertenencia y de unos valores humanos diferentes a los inculcados por la sociedad de consumo capitalista, además de revestir un significado, digamos, ecológico o ecologista, ya que se centra en el ser humano como ser social, buscando y asegurando su pleno desarrollo, de forma integral y no únicamente material. Mas, esto no quiere decir que deba repetirse la vieja historia del Estado paternalista. En lugar de eso, la participación popular -a la par de contribuir a la definición y construcción del socialismo- se encamina también a suplir la ética prevaleciente del tener por la ética del ser, con lo cual se romperán no escasos paradigmas. Asimismo, obliga a desarrollar una nueva cultura del trabajo, basada en parámetros sustancialmente distintos al capitalismo, aunque exista alguna convivencia forzosa, superable con el tiempo, a medida que se haga carne y práctica diaria el socialismo.

Es fundamental que se comprenda que la revolución socialista y la participación popular deben imbricarse de tal manera que se hagan indivisibles, en toda instancia y momento, para convertirse en una realidad característica permanente. Esto supone avanzar hacia el autogobierno del pueblo, cosa que implica creer en su madurez y capacidad política para manejar asuntos de Estado, lo mismo que estimular en él los conocimientos básicos con los cuales enfrentar cualquier tentativa por desviar los propósitos revolucionarios fundamentales por que ejerza la democracia de una forma directa, otorgándole rasgos populares únicos.

HOMAR GARCÉS
¡¡¡REBELDE Y REVOLUCIONARIO!!!

¡¡Hasta la Victoria siempre!!
¡¡Luchar hasta vencer!!

mandingacaribe@yahoo.es


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