Peor que el yanqui es el Pitiyanqui

Tanto en su obra histórica como literaria, Mario Briceño Iragorry (1897-1958) asume una posición enfrentada a la burguesía nacional caracterizándola como de “camaleónica”. Así lo plantea en “Casa León y su Tiempo”, como representantes de esa clase que simpatizaban tanto con los realistas como con los patriotas, pero de la misma forma lo plantearía en su novela “Las Riberas”, representando aquella burguesía nacional enriquecida a cuestas de los intereses nacionales. En su obra hace extensas alusiones al papel de esta burguesía transnacional a lo que no duda en considerar culpable de la perdida de la conciencia nacional. A estos representantes de los intereses transnacionales los califica como “pitiyanquis”, término de origen puertorriqueño que identifica a los defensores y legitimadores de la presencia norteamericana. Para Mario Briceño Iragorry, estos eran aún más dañinos, por su aparente neutralidad, para quienes el nacionalismo es un estorbo frente a los avances de la modernidad: “nuestra verticalidad de nación está por eso más reñida con el pitiyanqui que con el yanqui”. Léxico para antinacionalistas, 1953: P. 1082)

Cuando hace referencia a los Estados Unidos los califica como los “nuevos  corsarios”, no deja de considerar el rol hegemónico del imperio del norte y su penetración dominante sobre nuestras sociedades. Señala su preocupación al ver el sueño de Bolívar, de una integración latinoamericana que excluía a los Estados Unidos, ahora convertido en: “un sistema continental al servicio de intereses diametralmente opuestos a los genuinos sentimientos  hispanoamericanos difundidos por Bolívar”.

Junto a la categoría de pitiyanqui, Mario Briceño Iragorry utiliza la de “crisis de pueblo”, en contraposición a la “crisis de hombres o de líderes”, para referirse a la “carencia del común denominador histórico que nos dé densidad y continuidad”. Son estas realidades las que, según su modo de ver, no nos permiten tener madurez como pueblo y nos imposibilita actuar con autonomía. Mario Briceño se enfrentó contra quienes lo consideraron como un chauvinista enfrentando a la cultura universal, a los que respondía: “No caen en cuenta esos falsos defensores del orden universalista de la cultura que el nacionalismo no es categoría opuesta al internacionalismo sino al imperialismo”. Bitácora. 7 de Junio de 1958.

Han sido muchas las deficiencias económicas y políticas de este proceso revolucionario: la corrupción, la ineficiencia, entre otros males, son amenazas permanentes. Pero consideramos que peor aún son sus deficiencias en lo cultural y educativo. Nadie duda  de todas las buenas intenciones y además de las acciones concretas que se han tomado para masificar la educación, dar respuesta a los excluidos, reivindicar la historia y la identidad nacional, pero aún es muy cuestionable los avances cualitativos en la educación, no solamente en su capacidad para generar hombres capacitados para el trabajo y la producción socialista, sino, peor aún, para romper con la cultura capitalista.

Este es quizás junto a la corrupción y la ineficiencia el obstáculo más importante que se le presenta al proyecto socialista. A pesar de que estemos formados y pregonemos un discurso socialista, en la práctica diaria muchos de nosotros reproducimos la mentalidad capitalista: no solamente los vicios como los juegos, el alcohol, la lotería, la droga, sino también el egoísmo, el machismo, el irrespeto a los demás, la intolerancia. Si esto no cambia nada habremos hecho. Seguiremos viendo y escuchando a viciosos dando discursos de moral, machistas pregonando la libertad y la igualdad de la mujer, socialistas que solo añoran el tipo de vida burgués y los modos de vida del exterior.

Aún en el venezolano predomina el pensamiento consumista, lo individual sobre lo colectivo, y lamentablemente muchas políticas de gobierno que pretenden reivindicar y dar respuesta a los pobres ( a través de la vivienda, la casa bien equipada, mayores ingresos) al final sino van acompañadas de un proceso socializador, de integración a través de los consejos comunales y las comunas, pero fundamentalmente de formación política, no traspasaremos la visión reformista que solo busca reivindicar y elevar las condiciones de vida.

El reformismo no traspasa lo meramente reivindicativo y por el contrario muchas veces crea obstáculos mayores y resistencias al socialismo, por parte de estos nuevos sectores que se creen pequeñas burguesía y otros que han logrado formar parte ya de las élites económicas y políticas y que a pesar de pregonar un discurso socialista (militancia en el PSUV, asistir a marchas y congregaciones, vestir de rojo y colocar afiches alusivos a la revolución) siguen profesando una visión individualista y propia del capitalismo y en lo interno tienen temor al verdadero socialismo, al que en el fondo no le reconocen ni le agradecen su situación, sino por el contrario comienzan a verlo como un enemigo, esto se nota y es evidente en los procesos electorales.

¿Cómo explicar en un país donde la burguesía y la clase media no representan más del 20% de la población nacional y a pesar de todos los esfuerzos por reivindicar a los sectores populares, en el momento de las elecciones el proceso revolucionario difícilmente ha sobrepasado, en el mejor de los casos, el 60% de los votos?, ¿cómo entender a esa masa de votantes pobres históricamente excluidos y que han sido beneficiados de una u otra forma por este gobierno, pero sin embargo siguen votando por los intereses de las élites?.

En Venezuela aún conviven el modelo neoliberal, el socialismo es un proyecto, la economía de mercado, la propiedad privada, la legislación y lo más importante hasta la cultura es aún capitalista, echarla atrás es tarea nada fácil. Por un lado los enemigos internos aunque debilitado en su organización siguen teniendo el poder económico y lo más importante la alianza con el gobierno norteamericano, pero paralelo a esto existen muchos males internos de resistencia cultural que tienen que ver con la deficiente formación y el inevitable proceso de alienación.

El enemigo externo es claramente visible, el interno es más peligroso el que está junto a nosotros y dentro de nosotros, el no tener claro hacia dónde vamos no creo que sea el mayor problema, lo más importante es la decisión a la verdadera transformación y el compromiso a transformarse asimismo. Chávez estuvo consciente de estas deficiencias, desde las 3R (Revisión, Rectificación y Reimpulso) formulado en el año 2008:

Dentro de este tema es fundamental la moral socialista, que nosotros seamos ejemplo. Les hago un llamado al combate supremo contra la corrupción que tiene distintas maneras de disfrazarse, de esconderse, un combate a muerte contra el despilfarro ¡Cuidado en nuestras filas con una oligarquía bolivariana! Aquí no queremos nuevas oligarquías, nuevas burguesías. Esa es una de las luchas que el Partido debe dar: fortalecer los valores revolucionarios

Pero sobre todo en sus últimos años fue insistente en la autocrítica, en El Plan de la Patria (2012) lo señala:

“No nos llamemos a engaño: la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo. Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma de Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política.”

El "Golpe de Timón", del 20 de octubre de 2012, fue su último llamado a la revisión profunda, a la lucha contra los desvíos del socialismo: “Estamos tocando puntos claves de este proyecto, que si no los entendemos bien y lo asumimos bien, pudiéramos estar haciendo cosas buenas, pero no exactamente lo necesario para ir dejando atrás de manera progresiva y firme el modelo de explotación capitalista y creando un nuevo modelo: el socialismo venezolano, bolivariano, del siglo XXI”.

(pedrorodriguezrojas@gmail.com)



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Pedro Rodríguez Rojas


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