Omar Rivero Torrealba, Walter Martínez y Vladimir Villegas

Después de una prolongada ausencia, me decido a escribir de nuevo. Un retiro voluntario, a veces tocado por la desesperanza de que mis torpes letras no lleguen, aunque sea en una mínima expresión, a la conciencia de algunos. Lo que no me amilana es, que algunos personeros del gobierno se hallan dado a la tarea de decir que todos los que escriben en aporrea son contrarrevolucionarios, que seguramente los hay y ese es su derecho.

Ahora, también son contrarrevolucionarios, todos aquellos que olvidaron que Chávez dejo una ruta a seguir para hacer la revolución irreversible y hoy, ellos la perdieron. Peor aún, solo lo mencionan para utilizarlo en su propio beneficio y cuidar su parcela de poder, incluyendo su holgura económica en tiempos de crisis.

Contrarrevolucionario, es el jalabolismo que se ha hecho práctica común en el gobierno.

Contrarrevolucionario, es la ineficiencia con que se maneja el problema económico del país.

Contrarrevolucionario, es aceptar al dólar estadounidense como una moneda de curso legal en el país, contradiciendo la propia constitución bolivariana y poner al Banco Central de Venezuela a ser referencia ante la página del dólar criminal y más contrarrevolucionario es que la referencia del dólar en el BCV, algunas veces ha estado por encima de la del mismo dólar criminal. Sin importarles que esa es la pauta que utilizan los hambreadores del pueblo.

Contrarrevolucionario es, permitir que el precio de los alimentos y los medicamentos suban a un costo inalcanzable para quienes dependen de un salario mínimo o pensión.

Contrarrevolucionario también es, dejar que un sátrapa como Guaidó, destroce económica y moralmente al país, tanto a lo interno como a lo externo y no haya bolas para meterlo preso, excusándose en esa mariquera de que, se está cocinando en su propia salsa.

Pudiera pasar todo el día señalando conductas contrarrevolucionarias a todos los niveles de dirigencia o del gobierno mismo. No es mi objetivo, pero es mi respuesta a lo planteado.

Me motiva escribir, leer los artículos de Omar Rivero Torrealba, a quien conozco desde mis tiempos de estudiante en la Universidad de los Andes. Hace como treinta años, ya debe tener como noventa, Hilario como treinta o cercanos. Siempre fue un guerrero de la denuncia sin miedo. Aún está fresco en mi memoria, su programa en la Radio Universidad del Lic. Dubuc, CLARO Y RASPAO, donde las comunidades tenían la posibilidad de hacer sus reclamos contra la cuarta república, incluyéndonos a los estudiantes, que bastante ayuda recibimos en CLARO Y RASPAO, en nuestras luchas por una Venezuela mejor. Particularmente, recuerdo su apoyo en el recate de las Residencias Estudiantiles Domingo Salazar, invadidas por dirigentes adecos, narcotraficantes y vende patria que querían comprar los apartamentos. Que bueno saber que sigue siendo el mismo guerrero.

Casos como el de Walter Martínez, no son nuevos. Hay que recordar que de la Radio Nacional de Venezuela RNV, sacaron a Vladimir Acosta, por decir la verdad y ser crítico.

Lo mismo ocurrió con Miguel Ángel Pérez Pirela en VTV. La misma forma y los mismos argumentos.

Se impone, entonces, el prurito y el escozor de un ״revolucionario״ pesado, por encima del derecho a decir la verdad y ser crítico, en un momento de la historia y del país que se hace estrictamente necesario serlo, para poder avanzar.

Lo ocurrido a Vladimir Villegas, también es una expresión de la intolerancia a la crítica y en este caso a la postura política. Algo así, como no decir lo que quiero oír, como lo quiero oír.

En un video, en las redes, Vladimir acusa directamente al presidente de la republica del cierre de su programa, no he visto que el presidente se haya desmarcado de esa acusación. Sería una tragedia que eso fuese cierto. Es como volver a lo más denigrante de la conducta política.



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Carlos Jesús Rivas Pérez


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