La televisión es mala maestra

“Una democracia no puede existir sino se somete a control a la televisión, que se ha convertido en un poder político colosal, potencialmente, se podría decir, el más importante de todos, como si fuese Dios mismo quien hablara”

Karl Popper.

Este es el título de un libro escrito por el filósofo vienés Karl Popper editado por el Fondo de Cultura Económica de México por allá en el año 1998, Giancarlo Bosetti lo compiló e incluyó escritos de Carol Wojtyla –el Papa Juan Pablo segundo y de Jhon Condry. Y surge a raíz de la entrevista que Bosetti le hiciera a Karl Popper a propósito de la lucha entre el circo Berlusconiano y lo que él llamaba las normas de buena conducta para una democracia decente, por allá en 1994. Popper pensador liberal que combatió toda la vida los excesos de la ingeniería social y del intervencionismo del Estado, plasmaba en este libro ideas verdaderamente reguladoras e intervencionistas de esta actividad debido a los peligros que él mismo palpaba se cernían sobre la sociedad pero especialmente sobre los niños, niñas y adolescentes.

Destaco particularmente este escrito por el impacto que causó en mí la coincidencia en la intitulación y en el tratamiento del tema con lo que dice mi madre: lo que la escuela hace en el día, la televisión lo destruye en una hora y por esto controlaba las horas y que programas de televisión podíamos ver, nos orientaba y se sentaba a explicarnos que lo que la cajita mágica nos decía sólo era una mala representación de lo que realmente sucedía en el día a día. Bajo estas premisas: análisis crítico del discurso televisivo y de la prensa mi mamá –maestra al fin- nos enseñó a mí y a mis hermanos.

Muchos años después en el 2002 fui testigo de la más grande manipulación mediática contra un país –el golpe de Estado- orquestado por y desde los medios de comunicación, y lo más increíble de esa experiencia vivida fue que incluso con toda la formación familiar, académica -soy profesora en el PFG de Comunicación Social en la UBV- lectora voraz, impulsora y colaboradora en la redacción de la Ley de Responsabilidad Social (que ya en esa época estaba discutiéndose) y estudiosa del tema comunicacional; sin embargo me engañaron. Sí, como lo leen: a mi los medios de comunicación el día del golpe de Estado de engañaron y por breves momentos (10 minutos) me creí el cuento, hasta que comencé a llamar a los camaradas amigos y me aclararon lo que en realidad estaba sucediendo.

Desde esa vez me juré a mi misma estudiar mas y más el tema para escribir y alertar al resto de los venezolanos y al mundo de los peligros que encarna para una sociedad no tener regulaciones a los medios de comunicación, pero especialmente a la televisión.

Hoy en día, es impresionante la tendencia evolutiva de las comunicaciones, eso es innegable. Pero desafortunadamente esta tendencia se dirige hacia lo peor, pues sus excesos y su falta de pudor, rigor en el tratamiento de las informaciones, manipulación, uso de la espectacularización para mostrar las informaciones y opiniones, el uso de la violencia y del sexo como recurso para captar más audiencia, en resumen, colaborar e implantar la “civilización del espectáculo”1, a expensas del deterioro de la calidad de la democracia, y de la mala educación y ejemplo para los niños, niñas y adolescentes. Esta crisis mediática, se ha visto empeorada debido al voraz e insaciable apetito de los dueños de estos medios por hacer más y más dinero, vendiendo lo que sea con tal de ganar cada día más y más, así sea a expensas y a costilla de los pueblos.

La televisión cambia radilcalmente el ambiente, modificando a través de ese mundo de imágenes la educación y de ese ambiente tan brutalmente modificado los niños, niñas y adolescentes extraen los modelos que van a imitar; provocando con ello un crecimiento inusitado de pequeños criminales.

La Universidad de California en 1995, prepara un informe anual Television Violence Monitoring Report y su director Jeffrey Cole nos revela que “existe una correlación entre exposición de los niños a la violencia en televisión y los comportamientos antisociales”.

Este papel de “niñera electrónica” del que hablaba el papa de la televisión en nuestros tiempos modernos, está causando estragos en el comportamiento de nuestras sociedades. Y no me detendré a escribir acerca de cómo los cuerpos militares entendiendo el “poder” de sugestión y capacidad de modelar de los medios de comunicación, hacen uso de estos para sus estrategias de guerras psicológicas y guerra informativa. Donde lo que se busca es aniquilar una opinión pública autónoma, estructurada, policéntrica y capaz de ejercer control permanente y eficaz sobre el modus operandi de las instituciones y de los medios de comunicación y sus mensajes.

El papa Wojtyla -anticomunista acérrimo-, sin embargo, en 1996 reconocía que “formar los hábitos de los hijos puede a veces simplemente querer decir apagar el televisor, porque tenemos cosas mejores que hacer, o porque la consideración hacia los demás miembros de la familia así lo reclaman o porque la visión indiscriminada de la televisión puede ser perjudicial. Los padres que se sirven habitualmente y por largo tiempo de la televisión como de una especie de niñera electrónica, abdican de su papel de principales educadores de sus propios hijos”.

Mac Luhan, por su parte hablando de la crisis del sistema soviético, decía que “cuando dos sociedades viven una junto a la otra, el desafía psíquico de la más evolucionada provoca en la otra una explosión de energía”. Por su parte Brzezinsky, consejero de Carter, citado por Wojtyla en 1978, publica en su libro Out Of Control, aseguraba que hasta 1989 la proliferación de antenas y de satélites aceleró la desintegración del mundo comunista, y que de ahí en adelante el circo del éter llevó por todo el globo su “cornucopia permisiva”. Series televisivas que alentaban la combinación de vacío moral, perdida de la responsabilidad, hedonismo de masas, deseo ilimitado de auto gratificación a través del consumo material, mientras hay un sector muy importante del mundo luchando por sobrevivir, aparecen como detonadores de una explosión social en potencia de consecuencias aún no estudiadas debidamente.

Desde los medios de comunicación, pero especialmente la televisión, tienden a estimular la corrupción moral y la decadencia cultural. Popper nos dice en este escrito que “lo sepa o no la televisión, tiene una función educativa que está sustituyendo a la familia y a la escuela, incluso a la Iglesia” agentes de socialización por excelencia. Los productores televisivos practican una verdadera y auténtica pornografía cultural, cada vez más inclinada a lo sexual y a lo sensacional y escandaloso. Son a decir de Brzezinsky “subversores culturales” que propagan protegidos en leyes y en Estados débiles, una ética socialmente autodestructiva. Y a este paso vamos hacia un choque frontal entre el consumidor insaciable y el simple observador, privado de todo, que genera efectos desestabilizadores, vacío moral y amenazas al sistema democrático.

La estudiosa italiana Rossana Rossanda nos indica que “la omnipresencia de la televisión no está, pues, en lo diabólico del medio; está en el hecho de que el ciudadano no puede ser más espectador, átomo y por tanto unidimensional. Algunos millones de personas se habían hecho ciudadanos en las redes de los partidos y de los sindicatos, y también de las parroquias, se habían vueltos sujetos en la pugna de las ideas y de la identidad social, que habían descubierto y actuado en el lugar del trabajo, y que gracias a la influencia mediatizadota de la televisión, todo esto se ha venido a menos”.

El peligro no está sólo en la televisión y sus malos ejemplos, pero su presencia en la cultura y en la política comporta un cambio estructural. Hoy el hombre político puede hablarle a millones, y está sujeto a la cultura y a las reglas que los medios imponen, olvidándose de la moral y la ética política, y dejando de lado además la calidad del argumento utilizado.

La televisión -que compite con Internet y las propias redes sociales en importancia- para poder sobrevivir frente a esos otros competidores, ha ido elaborando cada vez más material de mala calidad y espectacular, para seguir captando público, sacrifican por ello, programas de sólida calidad moral, producciones y transmisiones que enseñen a los niños algún género de ética.

Los niños son como esponjas: vienen preparados a este mundo a aprender de su ambiente, y quienes influyen en este ambiente?: pues su familia, sus pares, la escuela y los medios de comunicación.

Imaginémonos unos niños, niñas y adolescentes dedicados a ver televisión unas 5 horas diarias, incluyendo películas, telenovelas, publicidad, noticias y opiniones y demás, sin que se cuide el lenguaje que se usa, los elementos del contenido con los que se elaboran esos mensajes, sin tener suficiente capacidad crítica para distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. La violencia real que existe y no pretendemos negarla, es ampliada y espectacularizada desde y por la televisión. A través de este medio se expone a los niños, niñas y adolescentes, a horas y horas de violencia.

No han sido suficientes los esfuerzos del Estado para que los medios de comunicación entiendan su papel en esta situación, la Ley de Responsabilidad Social con sus defectos y virtudes, y que años después somos capaces de analizar en frío, poco o nada ha servido para regular esta situación. Conatel ha hecho un triste papel a este respecto y me duele admitirlo. Las regulaciones se han quedado cortas frente a los desmanes de los dueños de estos medios: siguen las producciones donde se justifica la violencia, el sexo como medios de vida, el narcotráfico como justificación para salir de la pobreza, el modelaje y la fijación de estereotipos acerca de la mujer como objeto sexual y todo ello a plena luz y en la cara de nuestras instituciones.

El INART, (Instituto de Radio y televisión) vieja consigna asumida por nosotros y propuesta por el Dr. Frank Payares, ha quedado en el absoluto olvido. Este Instituto conjuntamente con la Universidad de los Medios, se encargaría de la regulación de los medios, dejándole a Conatel la parte técnica y especializada en telecomunicaciones, formación crítica del discurso para todos los ciudadanos, capacitación permanente de los productores nacionales, comunitarios, independientes, estudiantes de las Universidades Bolivariana, Unefa, y los provenientes de Misión Sucre, y cualquier otra universidad, en especialidades que no existen en Venezuela (semiótica para desmontar los mensajes de radio y televisión, preparación de sonidistas, técnicos, guionistas, dramaturgos, luminitos, camarógrafos, opinión pública, comunicación política, comunicación electoral, o tras tantas especialidades) y también a nivel técnico en las escuelas técnicas e inclusive las Bolivarianas, dentro de los programas de formación debe estar transversalmente incluido el tema de los valores, porque para transformar los contenidos de la TV y la radio debemos formar a los productores en una nueva concepción del mensaje audiovisual, que este Instituto maneje el tema de los locutores para abrir posibilidades y masificar esta especialización.

Para desmontar la violencia en el país debemos no sólo atacar el tema del Poder Judicial y el Sistema de justicia, la formación y profesionalización de los policías, la educación, la cultura, es una visión multidisciplinaria para poder atacar el problema; sin embargo, una medida urgente debe ser asumir con seriedad el tema mediático, veamos por ejemplo lo que hiciera Ravell a través de @lapatilla ayer: mostró la foto de una de los miembros de la banda apodado “el adolfito” y que tenía detrás sobre su cabeza el maleante? Un afiche del gigante Chávez y uno de Maduro. Cuál era el metamensaje de este personaje malévolo y fatídico? que los maleantes todos somos chavistas.

Este tipo de actuaciones hay que pararles, aplicarles todo el peso de la ley y evitar así que se siga alimentando el odio social, político y racial que desde los medios de comunicación sigue alimentándose todos los días.

Libertad de expresión no es libertinaje. Ningún derecho humano es absoluto, por ello el Estado Nacional, debe asumir como tarea central la obligación de proteger a los niños y el derecho colectivo a una televisión educativa de calidad. Esta obligación básica del Estado social de derecho y de justicia que prevé establecer contrapesos legales para garantizar el ejercicio responsable de los derechos y la eliminación de los abusos de poder, como medio imprescindible para avanzar progresivamente en la realización de los derechos de todos los individuos y colectivos, y en base al reconocimiento de la igualdad de derechos y de responsabilidades.

1 Vargas Llosa, la Civilización del espectáculo 2012

 



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María Alejandra Díaz


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