Mandela y Bolívar

MICRO-BIOGRAFIA DE MANDELA

Nelson Rolihlahla Mandela nació un 18 de julio de 1918 en un discreto pueblecito de Sudáfrica. Este año va a cumplir 92 primaveras. África y el mundo progresista celebran 20 años de su liberación. Mandela llegó a ser primer presidente negro después de 300 años de dominio de la minoría blanca en un país mayoritariamente negro.

Mandela puso sus excepcionales dotes como político, abogado, pensador, orador, estadista y activista, al servicio de los derechos humanos, socio-políticos y culturales de su pueblo.

Para ello llegó a hacerse Presidente del Congreso Nacional Africano entre 1994 y 1999 y a ser electo por primera vez en la historia de su país Presidente de la República por medio del sufragio universal y directo, también en el periodo entre 1994 y 1999.

Una larga y obstinada lucha lo llevó a devenir símbolo de la resistencia colectiva anti-neo-colonial y no violenta de su país y de toda África, símbolo de la resistencia en contra de la segregación y el odio racial y símbolo de la resistencia en contra de la ingerencia solapada de una potencia extranjera.

Mandela aprendió a caminar, de la mano de su pueblo, hacia la ansiada meta de la libertad, la elevación de la consciencia política colectiva y la toma política del Estado. Todo siempre orientado por una brújula. La brújula de la lucha constante e indoblegable en pro de la igualdad y la dignidad.

La larga y dolorosa batalla de resistencia librada por Mandela y su pueblo es hoy ejemplo de resistencia victoriosa muy a pesar del metódico hostigamiento blanco, racista, colonial/ neo-colonial acaso más encarnizado del siglo XX.

Esta historia de dignidad creemos debe ser difundida y discutida en profundidad en cada rincón de Nuestra América y de todos los países del Sur. En especial en estos agitados tiempos de vertiginosa contraofensiva imperial frente a la oscilación y la indolencia de cuántos.

 

DE CÓMO GANAR LA LIBERTAD

Un 11 de febrero de 1990, hace justo 21 años, Mandela salía en libertad. Esta liberación fue interpretada entonces (y tenida hoy) acaso como el más radiante ejemplo de la lucha de todo un pueblo africano en la creación y ulterior conversión de una “conciencia de sí” en una “conciencia para sí” como lo vio Marx.

Por ello esta victoria se tornó arquetipo de cómo librar y cómo alcanzar un nuevo escaño de lucha hacia la conquista de la soberanía, la dignidad y la libertad de y para los pueblos explotados y vilipendiados del Tercer Mundo.

El surafricano es así un pueblo que luchó en contra del papel al que el sistema capitalista mundial redujo (y quiere seguir reduciendo) a los países y pueblos económicamente expropiados y culturalmente denigrados del planeta.

Mandela no es sino una chispa de la genialidad de ese Pueblo. Colectivo bravío y políticamente consciente. Mandela es producto y a la vez interactuó con este sustrato libertario, consagrándose a él.

Mandela es considerado hoy por ello acaso el preso político en contra del cual la máquina expoliadora neo-colonial capitalista se ensañó más encarnizadamente durante décadas. Cabe analizar concisamente por qué.

El sistema racista-capitalista necesitaba dar una clara lección del precio que deberían (y deben siempre) pagar las luchas y los activistas populares anti-racistas, anti-capitalistas y anti-imperialistas. Y Mandela devino así en el imán que atrajo toda la inquina de “ese animal sediento de sangre que es el capitalismo” como denunciaba el dramaturgo ingles Harold Pinter.

Pero como Mandela no capituló, el sistema capitalista intentó por diversos medios mediatizar, aburguesar y mancillar su esatura.

Le ofrecieron excarcelarlo a cambio de convenir residenciarse en un territorio en que el racismo era tenido como algo natural.

No aceptó.

Prefirió seguir preso incluso en condiciones en extremo vejatorias antes que claudicar.

Conoció amenazas de muerte, privación de visitas, comida y sometimiento a incomunicación. Pero jamás claudicó.

Y este gesto se hizo oxígeno más aún flama combativa de miles durante décadas.

LUCHA CONTRA LA DOMINACIÓN BLANCA, NEGRA, GRIS Y DE CUALQUIER COLOR O RALEA

Si bien la senda política seguida por Mandela en su lucha anti-racista y pro-nacionalista del siglo XX difiere en mucho de la senda anticolonial y pro republicana seguida por Bolívar en el siglo XIX, nos parece curioso detenernos un poco en las increíbles concomitancias del pensamiento y accionar político de ambos.

Referente a su misión personal en la creación de una lucha anti-racista y anti-colonial Mandela acuñó frases prodigiosamente cercanas a declaraciones de principios desparramadas en diferentes edictos, cartas o proclamas suscritas por nuestro Libertador Simón Bolívar.

Mandela confesó:

“Durante toda mi vida he luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra y he alimentado el ideal de una sociedad libre. Estoy dispuesto a morir por ello”.

En este punto cabe preguntarnos: si Bolívar no hubiese llegado a estas mismas conclusiones anti abolicionistas producto de los odios de la clase mantuana más ofensivos de su tiempo ¿habría acaso declarado la independencia de los esclavos durante la expedición de los Cayos y luego la hubiese ratificado con más determinación y fuerza de ley durante el Congreso de Cúcuta en 1821. Esta declaración derogatoria del estado de esclavitud rubricada por Bolívar, textualmente reza en sus artículos 1 y 15:

“Serán libres los hijos de las esclavas que nazcan desde el día de la publicación de esta ley en las capitales de provincia, y como tales se inscribirán sus nombres en los registros cívicos de las municipalidades y en los libros parroquiales.”

“Se declaran perpetua e irrevocablemente libres todos los esclavos y partos de esclavas que habiendo obtenido su libertad en fuerza de leyes y decretos de los diferentes gobiernos republicanos, fueron después reducidos nuevamente a la esclavitud por el gobierno español. Los jueces respectivos declararán la libertad, acreditándose debidamente.”

Mas aun, ya alcanzada la independencia política y económica de buena parte de América Latina de España, Bolívar de nuevo manifiesta su apuesta abolicionista, esta vez como ruego al Congreso de Angostura al cual insta a respetar, cuando menos, esta magna decisión política suya. Bolívar enfatiza la centralidad de esta disposición incluso en el espinoso contexto en que públicamente se auto-despoja de todo el morrocotudo poder político, económico y militar del que llegó a ser impuesto en su calidad de General en Jefe y Libertador de Venezuela.

Mas si damos un vistazo a otras sentencias de Mandela enseguida descubrimos que este se hayan perfectamente alineadas al pensamiento y praxis libertaria de nuestro Bolívar. Veamos estas dos:

"¡Viva la libertad! El sol nunca ha iluminado un logro humano más glorioso."

"Mi ideal más querido es el de una sociedad libre y democrática en la que todos podamos vivir en armonía y con iguales posibilidades. "

Al igual que el Bolívar que describe Gabriel García Márquez en su novela de base histórica El general en su laberinto, y producto de sus no pocos reveses, Mandela vio claro que "Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay muchas otras montañas por escalar."

Al igual que Bolívar en su contexto —o Lenin en el suyo— Mandela experimentó en carne propia que: “Todo parece imposible hasta que se hace.”

Como Bolívar, Mandela concluyó que toda victoria necesitaba recalar en una revolución mayor, y que toda revolución precisa de una estética, una estética otra, una estética de y en la verdad en lucha, una praxis ético-estética que el líder surafricano redactó en los siguientes términos: “No hace falta regalar la luna ni las estrellas para demostrar que tu amor es más grande que el universo y más bello que una flor”.

Así, como Bolívar, Mandela concluyó que toda liberación genuina y duradera precisaba activar y mantener viva una utopía. Una utopía que bajo las condiciones objetivas de su tiempo era claramente irrealizable, incluso en términos de una, dos, tres o seguramente muchas generaciones. Pero ambos avistaron que era preciso alimentar y mantener viva tal utopía como acicate para levantar el ánimo rebelde de los oprimidos y saqueados a objeto de oponerse a una lógica estructuralmente rapaz, criminal y desmoralizadora de los oprimidos. Una lógica-fuerza de colonialidad del saber y colonialidad del poder (Aníbal Quijano) que por diversos medios el capital precisa reproducir.

Conciente de que, más allá de cualquier voluntarismo, todo proceso de acumulación de fuerzas contra hegemónicas puede y debe devenir de calidad transformativa Mandela solía menudear: “Todo parece imposible hasta que se hace.” Una praxis teórica de afirmación de la potencia auto-liberadora de los Pueblos que, no por casualidad, en Mandela contraviene el conocido adagio margaret-thatcheriano según el cual: “There is not alternative. Esto es: “No hay alternativa… a la nueva fase de pillaje, servilismo y genocidio inherentes a todo sistema capitalista.

Análogamente y a todas luces respaldado por la certeza de que la independencia del mas sanguinario imperio de la historia, que fue sin duda el español, no es sino el principio de mil batallas que los pueblos deberán librar, Bolívar escribe en su Última Proclama a los Colombianos datada el 10 de diciembre de 1830, una semana antes de morir: “…He sido víctima de mis perseguidores que me han conducido a las puertas del sepulcro: yo los perdono…”

Pero cabe preguntarnos: ?para qué los perdona Bolívar?.

Bolívar los perdona como último, desesperado y supremo gesto político digno de su talla infinita de estadista. Un estadista consciente de la estatura de su palabra para uso presente pero, sobre todo, futuro. Bolívar se asumió Libertador. No Libertador de las condiciones concretas e históricas de sujeción que prevalecían en su tiempo cuanto que espejo modélico e inspirador de las previsibles nuevas y cada vez más complejas luchas a librar.

Perdona incluso lo imperdonable. Lo hace para evitar que cayésemos de nuevo en otra forma, acaso más siniestra y duradera de opresión como en efecto aconteció con las cruentas guerras intestinas que nos hicieron repúblicas pero en extremo frágiles como manipulables. Estados nacientes atiborrados de burócratas retraídos, timoratos y maleables. En dos palabras: presas fáciles de cuanto imperio o clase mantuana irrumpiese en escena.

Mantener una unidad nuestra, una libertad nuestra, a nuestro modo, una soberanía indo-americana hija de nuestras luchas y una dignidad de pueblos libres y republicanos, democráticos y bravíos, rebeldes y hondamente concientes de nuestra grande historia fue el objetivo que nutrió y sostuvo al costo de su vida misma el proyecto gran-colombiano de Bolívar.

BOLÍVAR Y MANDELA PRECURSORES DE LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS

Creo por ello que Bolívar habría perfectamente suscrito ese esplendente discurso neo-épico de Mandela que nos aclara, ya como presidente de África del Sur en 1994 la necesidad de construir y consolidar una identidad acerada de rebeldías pero también de claridades en torno a la magnitud de los riesgos de toda apuesta emancipadora ahora del sistema neo-colonial:

"Nuestro mayor temor no es ser inferiores. Nuestro mayor temor es que somos poderosos sin medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Si vives tímidamente no servirás al mundo. No tiene nada de iluminado el minimizarse para que los otros no se sientan inseguros a tu lado. Todos estamos destinados a brillar como los niños. No solo algunos sino todos. Y al dejar que nuestra luz brille inconscientemente les damos permiso a otros para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestros propios miedos, nuestra presencia automáticamente liberar a otros."

Bolívar en el siglo XIX y Mandela en el XX levantaron una llama emancipadora sobre la idea-fuerza de la lucha de clases. Una idea que en otros términos la institucionalidad internacional se vio forzada a adoptar muchas décadas y víctimas después en el primer articulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948 que inicia:

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Alcanzar esta obviedad costó –y sigue costando el holocausto de pueblos enteros— a patriotas y pueblos latinoamericanos y africanos.

Lo que Bolívar a su modo y Mandela al suyo enfatizaron con su palabra y su ejemplo es que los excluidos del sistema encaran la disyuntiva entre incluirse económica, social, política y culturalmente o hacer frente a su desaparición — más lenta o más acelerada.

TO BE OR NOT TO BE…

Ser o no ser. Luchar hasta ser plenamente emancipados de cualquier sistema expoliador y colonialista ésa es la interpelación que movió el accionar de estos dos grandes hombres.  

Hombres/ enzimas llenos de ideas-fuerza que, por cierto, hoy siguen movilizando y transmutando líderes y Pueblos.

Las palabras de Bolívar escritas en diciembre a pocos días de morir en San Pedro Alejandrino: ”He sacrificado mi salud y fortuna por la libertad y felicidad de mi Patria” (SIC, con mayúsculas) quedan como un enorme encargo de ejemplo y responsabilidad para todas y todos los venezolanos y americanos del presente y futuro.

Pero como no hay héroe en abstracto sino como producto de una sociedad y una lucha de clases inscrita en una historia que lo/la produce y alienta, cabe ver a Bolívar, a Mandela —o a cualquier otra grande figura libertaria pasada o presente— en el hilo que enlaza utopías añejas o actuales con heroísmos colectivos e individuales.

Ya lo apuntaba el mago y escritor ocultista francés Eliphas Lévi (1810-1875): “No hay héroe en la soledad; los actos sublimes están determinados siempre por el entusiasmo de muchos".

delgadoluiss@gmail.com



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Luis Delgado Arria


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