Lenguas africanas, lenguas europeas. Detener el genocidio intelectual en las universidades africanas

Kum'a Ndumbe es un Profesor que labora en la Universidad de Yaundé
(Camerún), Ph.D en Historia, Política y Estudios Germanos en la
Universidad de Lyon (Francia), autor de una extensa bibliografía en
alemán, duala, francés e inglés y es Presidente de la Fundación
AfricAvenir. En el año 2006 publicó un interesante artículo titulado
“Langues africaines, langues européennes. Arrêter le génocide intellectuel
dans les universités africaines” (disponible en:
http://www.africavenir.com/publications/occasional-papers/NdumbeLangues_Yaounde2006.pdf).
Las ideas más importantes de ese artículo son presentadas en este escrito.

Considera Kum'a Ndumbe que, en la mayoría de los casos, las universidades
en los países africanos no son siempre universidades africanas, sino
universidades de obediencia extranjera, occidental, europea o
norteamericana. La concepción, la filosofía, la orientación, la
investigación, incluso los rituales de las ceremonias académicas, son a
menudo una mala copia, muchas veces grotescas, de las universidades de las
antiguas o de las nuevas metrópolis. Por lo tanto, dice Kum'a Ndumbe, hay
que develar los mecanismos de un embrutecimiento mortal, que priva a la
humanidad entera de preciosos hallazgos científicos, acopiados por los
pueblos negros desde hace milenios.

En la actualidad las universidades en África han llegado a ser la
ciudadela de la dominación extranjera, en la que es moldeada una élite
completamente penetrada, que mira al exterior, hacia los países
dominantes, ahora llamados donantes. Los africanos son formados en estas
universidades, en la lengua del blanco, en el pensamiento del blanco, en
filosofía, en teología, en lenguas, en economía, en derecho, en medicina,
en farmacia, en química, en matemáticas, en física, etc. No hay otra
lengua que no sea la lengua del blanco. Esta lengua del blanco vehicula el
pensamiento, la visión del mundo, articula la creación y el progreso de
manera universal, tanto para usted mismo, como para todos esos pequeños
negros sedientos de un lugar en el sol creado por el hombre blanco. Es
urgente desmantelar esta lógica de dominación excesiva, que pasa por el
dominio de la lengua del otro, mientras que se pierde completamente la
memoria de sí mismo y se llega a ser incapaz de articular su propio
pensamiento, gracias al vehiculo de su propia lengua.

Es importante enfatizar que la dominación colonial y postcolonial a
través de la imposición de la lengua del blanco ha quedado develada y que
el camino para salir de esa dominación y del subdesarrollo que ello
engendra está claro. Ese camino indica lo siguiente: los africanos deben
reapropiarse de sus lenguas, haciéndolas el vehículo fundamental de sus
pensamientos, de sus creaciones, de sus educaciones, de sus sueños, de sus
visiones del mundo. No es una simple cuestión de lengua. Es una cuestión
de supervivencia de la nación, de dominio colectivo del destino de un
pueblo, es una cuestión del desarrollo pensado y generado por una nación
para su propio florecimiento.

Ninguna nación se ha desarrollado erradicando su o sus propias lenguas y
engullendo la lengua de otro pueblo, sin hundirse en la dominación
permanente de ésta. Ninguna nación se ha desarrollado cortando el cordón
umbilical con su propia herencia intelectual y espiritual, decretando que
ninguna herencia propia, sobre todo científica, no es palpable y que
bruscamente, todo debe venir del exterior, del pueblo dominador, y
articulado en la lengua y el lecho de pensamiento de ese pueblo
extranjero.

En las universidades de la mayoría de los países africanos, la herencia
científica milenaria de los pueblos africanos es ocultada, su acceso es
incluso prohibido por las leyes, llega a ser inexistente para el que la
toma, que deducirá implícitamente que el blanco es el único que domina la
ciencia y que sólo puede sobresalir el que llega a ser su alumno
brillante. Los laureados africanos de esas universidades, sin quererlo y
sin saberlo, llegan ser los instrumentos privilegiados de la perpetración
de la dominación extranjera en nuestros países, llegan a ser sin querer y
sin saber, una quinta columna bien estructurada que monopolizará el poder
político, administrativo, financiero y militar en su propio país, para
ponerlo resueltamente al servicio del extranjero.

Las lenguas extranjeras no son solamente aquí lenguas exclusivas de
enseñanza, como el francés y el inglés. Ellas también juegan un papel
importante en departamentos completos de letras, artes y ciencias humanas.
Los estudiantes se especializan así en la lengua, la lingüística, la
literatura y la civilización de o de los países de origen. También hay
otras lenguas europeas como el alemán, el español, el italiano, el griego
o el latín, etc., que también son objeto de departamentos o de secciones
de investigación y enseñanza. En las universidades europeas, un estudiante
francés, por ejemplo, que está inscrito en la licenciatura de alemán,
habla, escribe, domina su lengua francesa desde el jardín de infancia. El
piensa en su lengua, construye su argumentación en la lógica de la lengua
francesa, sueña en francés y tiene una visión del mundo bien francesa. El
alemán que él aprende desde el liceo es una apertura, un enriquecimiento,
que vendrá a implantarse sobre sus conocimientos consolidados de su mundo
científico francés, podrá desempeñar su oficio, podrá navegar entre el
mundo científico alemán y el mundo científico francés, y podrá servir de
intermediario o de puente. El estudiante japonés que cursa estudios de
alemán, no solamente domina perfectamente su lengua japonesa, él domina
también la historia de Japón, la literatura japonesa, el modo de pensar y
la lógica japonesa; el está profundamente integrado en su cultura, en su
universo religioso japonés, en su visión del mundo japonés.

El estudiante africano que hace su licenciatura en francés, inglés,
alemán, español o italiano, en la abrumadora mayoría de los casos es un
ilustre iletrado e ignorante de su propia lengua.. Cuando se le hace la
pregunta, “¿qué lengua habla usted?”, él responderá sencillamente:
“francés, inglés, alemán, español, italiano”, según las disciplinas.
Cuando usted insista diciéndole: “¿Es todo?”. El responderá: “Sí”. Cuando
usted agregue: “¿Usted no tiene una lengua materna?”. Él exclamará
entonces: “¡Ah, mi dialecto! Yo hablo un poco”. En la mayoría de los casos
él apenas puede tener una buena conversación, un razonamiento en su
lengua; él no sabe escribir y no puede redactar ni siquiera una carta, un
poema en su propia lengua. Este ilustre iletrado e ignorante de su propia
herencia lingüística está, sin embargo, llamado a convertirse en un
experto en la lengua, la literatura, el pensamiento y el mundo europeo o
americano. Él no ha sido instruido ni en la lengua, ni en el pensamiento,
ni en la literatura, ni en el mundo que le son propios. Este ilustre
iletrado e ignorante de sí mismo internalizará, esencialmente, valores y
rasgos europeos, se integrará en la lógica y el pensamiento de otros, y
aplicará a sus futuros alumnos de liceos y colegios o a sus estudiantes
los mismos métodos occidentales; él transmitirá la misma lógica de
jerarquización científica y de dominación, puede que sin saberlo y sin
quererlo. Nosotros producimos así, en nuestras universidades, estudiantes
de lengua expertos en lenguas y pensamientos europeos, pero peligrosamente
ignorantes de sus propias lenguas y del pensamiento de su propio pueblo.

En los departamentos de francés o inglés, los autores africanos son
tomados en cuenta, pero sólo los autores que escriben en la lengua del
blanco. Se trata de libros publicados desde finales de la primera guerra
mundial, en las lenguas europeas, por los africanos. Pero la enorme
herencia lingüística y literaria de África en nuestras lenguas no es
tomada en cuenta por esos departamentos, y mucho menos en los
departamentos de alemán, español o italiano. Estos estudiantes obtendrán
así sus licenciaturas, maestrías o doctorados permaneciendo profundamente
ignorantes de su propia lengua y literatura, así como de su propia
herencia científica en los dominios que le conciernen.

Las lenguas africanas deben hacer su entrada solemne en las universidades
africanas, como lenguas de enseñanza, como lenguas de investigación, como
lenguas de estudios comparados con las lenguas extranjeras. Las lenguas
europeas deben dejar de ser las lenguas que aparten de sí al africano, las
lenguas de dominación y de alienación estructural. Las lenguas europeas
deben llegar a ser en África lenguas asociadas, lenguas de apertura y de
diálogo franco. Esto deberá hacerse progresivamente, por etapas, pero
deberá hacerse, imperativamente.

Los departamentos de lenguas africanas de nuestras universidades no han
sido creados con la intención de africanizar nuestras universidades
africanas. Ellos son, como los otros departamentos, resultado de la lógica
del sistema universitario colonial de la metrópolis, que hizo estudiar
estas lenguas para la evangelización ---ganar el alma del africano para el
cristianismo y la ideología de sumisión en la dominación colonial---,
para los conocimientos antropológicos y etnológicos y para puentes de
comunicación con el colonizado. Estos departamentos han existido en las
universidades de la mayoría de las potencias coloniales, en Paris, Berlin,
Bruselas, Londres, etc., y han tenido un estatus exótico con pocos
estudiantes. No es sorprendente constatar que en nuestras universidades
africanas, estos departamentos han conservado ese estatus marginal, para
no decir exótico, con pocos estudiantes, como si no se tratara de una
cuestión de interés nacional.

Los departamentos de lenguas africanas de nuestras universidades no
deberán evolucionar en cotos cerrados y el debate sobre las lenguas
africanas deberá ser ampliado. Estos departamentos están llamados a
desarrollar científicamente las lenguas africanas a escala continental,
colaborando estrechamente entre universidades, convirtiéndose así en
prestadores de servicios para todos los otros departamentos de nuestras
universidades.

Las lenguas africanas son un elemento clave para la recomposición de la
personalidad del hombre de África, para el reestablecimiento de su
equilibrio psíquico y mental, y para la reconciliación consigo mismo. La
introducción de estas lenguas en el sistema escolar y universitario
permitirá un redespliegue de energías, que conducirá hacia un nuevo
desarrollo económico de nuestros países y hacia un nuevo equilibrio de la
persona y de nuestras sociedades. Esta vía, me parece que vale la pena
tomarla desde ahora. Así concluye su artículo el Profesor Kum'a Ndumbe.

* alportillo@ula.ve


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Alfredo Portillo *


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