Actualización de la teoría del valor trabajo en Marx. Conmemorando el 1º de mayo

El reconocimiento de que el trabajo es el origen de la riqueza es una evidencia reconocida en todas las culturas humanas. Esa evidencia dio origen a la teoría del valor trabajo en la Antigüedad clásica: la cantidad de trabajo empleado en producir una mercancía debe constituirse como la medida de su valor de cambio en los intercambios mercantiles. Esa concepción clásica formulada por Aristóteles, también aparece en autores medievales como Tomás de Aquino o Ibn Jaldún. Sobre esa idea trabajó la formulación clásica de la ciencia económica por Adam Smith o Ricardo, reconociendo que el trabajo produce los valores que se intercambian en el mercado. Estos autores, sin embargo, constataron que los precios mercantiles no eran una buena representación del valor económico creado por el trabajo, pues los precios varían según la abundancia y la escasez de los productos. Por otro lado, les resultaba difícil explicar los beneficios capitalistas, ya que la riqueza es creada en el proceso laboral. El velo ideológico de la propiedad privada impide ver con claridad que el trabajo de organización del trabajo es otro aspecto del trabajo colectivo.

La crítica de Marx y Engels a la economía capitalista explicó la explotación del trabajo como la fuente de los beneficios capitalistas. El plus-trabajo, el trabajo que los empresarios obligan a realizar a los trabajadores, crea un excedente de mercancías que vendido en el mercado genera los beneficios. La teoría económica de El capital también explica el fetichismo de la mercancía: la apariencia de que la riqueza económica está creada por el capital y no por el trabajo. Impresión que se agiganta cuando el capitalismo es capaz de poner a la ciencia y la técnica a su servicio, multiplicando fabulosamente la productividad del trabajo. Esa enorme productividad no redunda en una liberación respecto del trabajo alienado y la explotación, porque la economía capitalista se transformó en una economía de la escasez: el precio mercantil no depende del trabajo incorporado a los objetos de compra-venta, sino a su escasez relativa en el mercado. En lugar de continuar la tradición del pensamiento racional, el abandono del valor-trabajo por la teoría neoclásica en el siglo XIX tuvo un sesgo ideológico evidente para eludir los problemas planteados por la crítica marxista de la economía política.

Marx y Engels utilizan el concepto de ‘trabajo socialmente necesario’, como el conjunto de actividades laborales necesarias para la producción de las mercancías, a través de la cooperación entre productores especializados en tareas diversas, intelectuales y manuales. Es claro que el trabajo empresarial de organización de la producción es una forma más del trabajo. Y como consecuencia, si el producto económico se crea mediante la cooperación colectiva, dado que los trabajadores tienen derecho al fruto de su trabajo, es claro que la propiedad ha de ser también colectiva.

Por otro lado, en los Grundrisse Marx ha subrayado que el trabajo es en sí mismo un valor de uso gratuito, puesto a disposición del capital en el sistema de la explotación. Son gratuitos los valores de uso creados por la naturaleza para disfrute del ser humano, su abundancia proporciona satisfacciones que no requieren esfuerzos especiales para conseguirlas: agua y aire, paisajes, alimentos, salud, etc. Entre esos valores de uso gratuitos Marx incluye el trabajo, producido naturalmente por la naturaleza humana. Aunque Marx no lo señala, la teoría feminista moderna ha mostrado que la creación de esos valores es una capacidad femenina para la reproducción de la fuerza de trabajo, que está alienada y explotada por los mecanismos del patriarcado.

En la Crítica del programa de Gotha, Marx ha subrayado la necesidad de tener en cuenta la riqueza producida por la naturaleza en forma de valores de uso gratuitos para el ser humano. La teoría económica elaborada por Georgescu-Roegen, ha considerado esos valores de uso son situaciones de baja entropía, que una vez consumidos se transforman en materiales de desecho con alta entropía. Podemos considerar que la teoría ecologista hace pie en algunas observaciones de Marx, y es en ese sentido, compatible con la teoría marxista. En los textos de Marx aparecen iluminaciones que no están sistemáticamente desarrolladas, pero anuncian caminos que habrán de ser transitados. En un artículo previo he explicado cómo entiendo esa compatibilidad entre las aportaciones de Georgescu-Roegen y la teoría marxista.

Mi conclusión es que debemos elaborar una ciencia económica que se organice en la gestión y administración de la abundancia, y no en la artificial creación de la escasez, que el modo de producción capitalista ha desarrollado en los últimos siglos, para mantener la dominación sobre los trabajadores y los territorios colonizados. Las consecuencias desastrosas de esa falsa ciencia ideológica basada en el mercado pueden observarse a través de los fenómenos presentes en la historia humana: la crisis económica, la guerra imperialista, los desequilibrios en la distribución de la riqueza, la destrucción de la biosfera, el despilfarro de las riquezas naturales del planeta Tierra, etc. La economía neoclásica se ha centrado en la determinación de los precios por la oferta y la demanda en el mercado, tomando en cuenta la utilidad de las mercancías en función de su relativa escasez o abundancia. Sin embargo, esos bienes abundantes y gratuitos, que no tienen precio en el mercado, también se agotan por la sobre-explotación a la que son sometidos por la rapacidad capitalista.

Si bien la propuesta de superar el capitalismo ha resultado más difícil de realizar de lo que se pensó en un principio, la necesidad de abolir este modo de producción es más actual hoy en día que nunca. La crisis capitalista pronosticada por la teoría marxista ha vuelto a manifestarse con toda su crudeza, generando una tensión bélica entre el imperialismo y el bloque asiático emergente, que podría dar lugar a una guerra nuclear de consecuencias incalculables. Además la destrucción de los ecosistemas terrestres por el modo de producción capitalista amenaza la biosfera y la vida misma en el planeta Tierra. Confiamos en que el buen sentido común de los trabajadores consiga encontrar los caminos para el nuevo orden social que necesita la humanidad.



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Miguel Manzanera Salavert


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