¡No puedo respirar!

Fue esa la última súplica, queda, callada, casi inaudible de George Floyd, ahogada, literalmente asfixiada por la presión inclemente de una rodilla opresora, déspota e intolerante sobre su cuello inerme. Pero en el fondo esa exclamación extrema, ese postrero aullido, representa el alarido inconforme de todo un grupo étnico ancestralmente sojuzgado, humillado y oprimido.

La supremacía del WASP, ese acrónimo inglés frecuentemente empleado para distinguir a los norteamericanos blancos, anglosajones y protestantes (White, anglo-saxon and protestant), no es sólo un término digamos infeliz y un tanto informal, empleado para describir a un grupo "exclusivo" de ciudadanos norteamericanos de elevada posición social, descendientes de británicos practicantes del protestantismo como religión y que históricamente ha ostentado el poder tanto social como económico y que, por tanto defiende los "valores tradicionales", menospreciando o rechazando a cualquier otro grupo étnico ajeno al suyo, así comparta su misma nacionalidad, así ese "otro" haya apuntalado con su esfuerzo, con sus conocimientos, con sus tradiciones, con su sangre, con sus propios genes a la construcción y fortalecimientos de su misma cultura.

El racismo, ese sentimiento exacerbado de "supremacía racial" que practica un grupo étnico hacia los demás y que, conforme a lo determinado por la Organización de las Naciones Unidas en la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial aprobada en 1965 es una doctrina "científicamente falsa, moralmente condenable, socialmente injusta y peligrosa", pero que además de falaz nada, absolutamente nada en la teoría o en la práctica permiten justificar, en ninguna parte, y por ninguna causa. Sin embargo, se le puede preguntar a cualquiera de los marginados de la tierra a ver qué tan en serio se han tomado algunos sectores o países las conclusiones a las que ha llegado la ONU.

Basándose en el color de la piel, en el origen nacional o continental, en el grupo étnico se han generado toda una serie de exclusiones, restricciones y preferencias odiosas que han dado por resultado (o tenido por objeto) el desconocimiento, la anulación, o el menoscabo de las condiciones de igualdad de las que deben disfrutar sin excepción todos los seres humanos, con libertades y derechos garantizados en todas las esferas de la vida pública, llámense estas políticas, económicas, sociales o culturales.

Les da igual a los que conforman los "grupos poderosos" emprenderla en contra de otros tan blancos como ellos pero que, por su manera de vivir o de ganarse la existencia son considerados inferiores tildándolos de "rednecks", "hillbilies", "whiggers" o simplemente de "white trasch". Ruralidad o condición citadina marginal, trabajo duro bajo el sol o empleos de servicio de baja monta, en general bajos ingresos, escasa solvencia económica, seguridad social incierta y precaria educación los representan y los hacen acreedores de esos calificativos u otros aún peores. Les hacen aparecer como despreciables compañeros de "raza", ultraderechistas, amantes de las armas, leedores impenitentes de la Biblia, cocineros o consumidores cotidianos de metanfetaminas, con una genealogía bastarda producto de múltiples uniones o matrimonios entre primos hermanos, esto último elevado a tal extremo que la definición de virgen en el sur de los Estados Unidos según el chiste es: "mujer que corre más rápido que sus primos".

Judíos, chinos, paquistaníes, "chicanos" (o latinoamericanos en general), árabes, indios (de la India) e indígenas (aborígenes norteamericanos) son los "blancos" predilectos para la discriminación y el ensañamiento racial y entre chistecito y chistecito se oculta la crueldad de la segregación con toda su injusticia y arbitrariedad.

Ese concepto de "raza" que fue desarrollado por España en el proceso de reconquista del sur de la península y que se perfeccionó durante la conquista de África y la exploración y sojuzgamiento los territorios "allende la mar océana", se extendió con extrema facilidad por todos los reinos de la vieja Europa. La percepción hispana de que existían tres razas puras blanca, negra e india, dio paso a la no menos errada idea de la existencia de castas entre las que figuraban además de los "criollos", mestizos, castizos, mulatos, zambos, cholos, chinos, cuarterones, quinterones, zambaigos, albarazardos, tente en el aire, salto atrás, etcétera, y con ella hemos vivido desde finales del siglo XV para acá.

La clasificación racial condujo a que los "criollos" -los nacidos en nuestras tierras producto de la violencia de la Conquista, engendrados por renegados, delincuentes, aventureros y bastardos iletrados-, en su evolución hacia "Amos del Valle" pensaran en realizarse una "limpieza de sangre" y como lo dejara plasmado Francisco Herrera Luque en su espectacular novela Los Amos del Valle, abjuraron siempre de sus hijos varones, no así de sus hijas, y dedicaron sus fortunas a alcanzar el blanqueo de su estirpe gracias al casamiento de estas con "águilas chulas", es decir con insignes "pelabolas" que viajaron desde la España continental a estas tierras con una mano adelante y otra atrás, pero que al casarse con las hijas de los encomenderos -producto de violaciones de negras o de indias-, se hacían de grandes fortunas amasadas por los primigenios conquistadores, y mientras blanquearían la sangre de los herederos de estos, haciendo más española a su descendencia por los siglos de los siglos, mejorando la raza como quien dice.

En esa trampa hemos caído todas las naciones iberoamericanas y aunque ha permanecido enmascarada, la discriminación medianamente solapada, muchas veces muestra su rostro por las costuras de una sociedad en donde los "Grandes cacaos" aún mantienen sus privilegios y los gobiernos de turno -de cualquier tinte político-, continúan rindiéndoles pleitesías a los "mantuanos", en un intento por blanquear sus orígenes plebeyos.

Jerarquías etnoraciales aparte, los grupos dominantes han desarrollado otra serie de discriminaciones que abarcan desde la sexualidad o el género hasta la división del trabajo o la espiritualidad.

Ha contado el racismo hasta con su justificación científica, y es así como durante el siglo XIX biólogos y antropólogos se dedicaron a desarrollar una concepción racista sustentada en la ciencia occidental sosteniendo que la especie humana estaba dividida en cuatro razas, a saber blanca, negra, amarilla y cobriza, evidentemente el orden de los factores esta vez sí que altera el producto y por lo tanto los blancos van primero. El racismo científico justificó así el colonialismo y el genocidio en la madre África, en nuestra América, en Asia y en Oceanía. Así como las bulas papales les concedieron derechos a españoles y portugueses sobre las tierras y habitantes del nuevo mundo, la Conferencia de Berlín de 1844 legalizó el reparto de África, concediéndoles derechos territoriales exclusivos a los doce países europeos firmantes, más el Imperio Otomano y a los Estados Unidos.

Actos inspirados en la filosofía racista han plagado la historia de la humanidad desde que el primero de nuestros ancestros comprendió cómo esgrimiendo una rama a arrojando una piedra se convertía como por arte de magia en el dueño y señor del destino de sus congéneres. Inglaterra, Francia, España, Italia, Portugal, Alemania, Holanda, etcétera se han repartido grandes tajadas de la tierra con todo lo que tienen dentro incluido en nombre de la supremacía blanca.

A todas estas el policía asesino de George Floyd, Derek Chauvin es otra pieza del engranaje, otra capa oculta de la espantosa realidad del "Sueño americano" que hace hasta lo indecible para que nadie observe su espantosa realidad. El Estado se hace el desentendido y aunque fue un hecho "comunicacional y notorio", observado por decenas de testigos "en vivo", grabado en video y presenciado una y otra vez por el mundo, el FBI tan eficiente para otras cosas, en este caso tan claro, tan evidente, apenas está abriendo las averiguaciones. El gobierno norteamericano, aunque se pregone omnipotente, esta vez se hace "el policía de Valera" (fíjense como aflora en un ingenuo comentario la segregación subyacente). Su condición de "Gendarme universal" lo mantiene literalmente tan ocupado que, el Imperialismo Yankee, a pesar de pregonarse dueño absoluto del mundo, no tiene ojos para mirarse al ombligo.

Y sí, es cierto, el gobierno norteamericano en estos momentos se encuentra muy ocupado vigilando el destino de Venezuela, por lo que empeña todas sus fuerzas en imponer un bloqueo criminal y genocida contra nuestra nación y con la connivencia de gobernantes arrastrados, desclasados y apátridas, que permutan traiciones por reconocimiento, termina por imponer su propio "apartheid". Mal paga el diablo a quien bien le sirve. Eso de que los gringos envíen en estos momentos -en medio de una devastadora pandemia-, tropas de refuerzo para las siete bases que tiene acantonadas en Colombia con la excusa de combatir el narcotráfico, la pagaran nuestros vecinos con más violaciones de niñas, ejecuciones extrajudiciales de líderes sociales y exguerrilleros pacificados, en más discriminación y generación de "desechables".

Michelle Bachelett, Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU aún no ha dicho nada -ni lo dirá-, pues teme perder los privilegios que el país que más aporta dinero a esa organización le subvenciona. Al parecer, por muy Alta Comisionada que sea debe complacer las exigencias del gobierno estadounidense y hacerse la zoqueta al igual que lo hace con los desmadres que comete Israel o las atrocidades que concibe y ejecuta la parapolítica colombiana. Aún no ha habido justicia para monstruosidades que entre 2002 y 2010 cometió o permitió que ocurrieran Álvaro Uribe Vélez como presidente de la república.

Un silencio abismal retumba ante la catatonia de las instancias internacionales al conocerse estos hechos. La violación sistemática de los derechos humanos en Gaza, en Colombia, en los Estados Unidos no les causa ni prurito. El sicariato de líderes sociales, la ejecución sumarial de defensores de los derechos humanos, el asesinato de inocentes en Palestina, la chamusquina de personas vivas en las guarimbas venezolanas, no son asuntos de interés para "Altos Comisionados" que, ni las denuncian ni las condenan.

La muerte de George Floyd y las manifestaciones que ha desatado ese asesinato no han logrado despeinar el copete de Donald Trump ni conmueven a la Alta Comisionada para los Derechos Humanos. El bloqueo injusto y criminal contra naciones soberanas como Cuba, Irán o Venezuela no perturban el corazón de ninguna de las ONG’s fundadas para la defensa de los derechos de los hombres. Se trata solamente de un negro, de países subdesarrollados y ellos están para adular, defender y favorecer a los dueños del mundo, blancos, distintos y sobre todo… multimillonarios.



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Carlos Pérez Mujica


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