La guerra de cientos contra miles millones

Cuentan los eruditos que la Tierra se formó hace 4.500 millones de años o quizás muchos más (esto es bastante, pero bastante tiempo). No se había apagado los rescoldos del Big Bang (la gran explosión) cuando ya se comenzaban a delinear los esbozos de las montañas, los ríos, los mares y los bosques para ir transformando el planeta en un globo habitable. En un principio por los organismos unicelulares, después por peces, luego por reptiles, muchos después por aves, hasta llegar a los mamíferos que evolucionaron hacia los homínidos, para culminar en algo que nosotros mismo mal llamamos animales superiores o "seres racionales". Para eso hizo falta que transcurrieran millones y millones de años, con la certeza que para esa época nadie era dueño de nada.

Millones de años se cumplieron para que la corteza terrestre se fuera consolidando. Entre tantos movimientos telúricos y diferentes períodos de congelación y deshielo nuestra querida Pacha Mama fue escondiendo dentro de sus entrañas diferentes minerales como petróleo, oro, diamantes, hierro, entre tantas riquezas observadas con indiferencia por los primeros pobladores. Lo mismo sucedió con las riquezas que no estaban enterradas sino a flor de la corteza terrestre, tales como ríos, océanos, bosques, etc., con la seguridad que nadie era dueño de nada.

Lamentablemente cuando aquellos primates bípedos alcanzaron la cumbre de la "racionalidad" comenzaron a surgir sobre la tierra las vallas que separaban los terrenos. Así fue como los más fuertes inventaron la propiedad privada, comienza la triste historia de la división de las clases sociales. Los más fuertes, los que se robaron las tierras que no eran de nadie y los más débiles, los constreñidos a trabajar en el latifundio para los primeros.

Todo esto ocurrió hace miles de años y en la actualidad en el siglo XXI vemos que un grupo de avaros empresarios continuaron apropiándose de aquellos rubros que en un principio no tenían dueño. Se robaron las fuentes de energía, las minas, las tierras fértiles, los bosques, los ríos y los océanos para explotar en la actualidad a más de siete mil millones de personas. La guerra de estos avaros comenzó hace muchos siglos atrás. Eran tiempos cuando algunos seres como los cultos, ricos, blancos y cristianos se adjudicaron el derecho de explotar las riquezas del planeta y para esto debían sojuzgar a los más débiles: campesinos, obreros, profesionales, artesanos y todos los seres a los que se les podía pagar un importe exiguo por la mano de obra y por el trabajo intelectual. Se pierde en el tiempo y en la geografía cuando los poderosos se fueron lentamente adueñando de las riquezas del planeta.

El tiempo ha pasado y la situación de los explotados no ha mejorado. Un grupo de cientos de malvados continúa una guerra descarada contra miles de millones se seres humanos. Las habitantes del planeta miran con estupor que el mundo fue pasando por diversas formas de gobiernos, desde los antiguos clanes, la monarquía, los imperios, las democracias representativas, el neoliberalismo y la globalización que aspiraba culminar en el mundo unipolar y la situación de pauperismo de millones de seres no ha cambiado. Pero los malos lo hacen bien sus malignidades y se han organizado en inhumanos y poderosos consorcios para adueñarse de las riquezas del planeta y así explotar a sus habitantes. Contrariamente, lo buenos hacemos las magnanimidades muy mal. Más de miles de millones de seres humanos no sabemos organizarnos para enfrentar a un grupo (no llegan a mil) que cuenta con poderosos ejércitos, organizaciones políticas y comerciales internacionales, un sistema financiero internacional a su servicio y medios de comunicación cipayos.

Por ejemplo, 21 grandes compañías petroleras son las encargadas del negocio de la exploración, explotación y comercialización del petróleo, entre estas Saudi Aramco, Gazpron, BP, Royal Duch Sell, Exxon Mobil, Chevron…entre otros, cuyos accionistas deciden sobre los precios del crudo (no los países productores), manteniendo estructuras muy complejas para comercializarlo de acuerdo a sus intereses. Al final, un mineral que apareció en la entrañas de la tierra y que se formó durante millones de años, hoy por hoy es reclamado y explotado por un grupo de cicateros empresarios que no hicieron absolutamente nada para que la fuente de energía sugiera en un manantial.

Solo diez son las empresas auríferas más importantes del mundo, entre ellas: Barrick Gold, Newmont Mining, AlgloGold Ashanti, Goldcorp, Polys Gold Inernacional…entre algunos. Son estos depredadores ambientales los dueños del oro, los que tienen la facultad de atentar contra el hábitat, de explotar a los trabajadores de las minas situadas en diversas zonas del planeta, como por ejemplo en Australia, Perú, México, Sudáfrica, EEUU… Son estas empresas la que explotan vilmente a los mineros, convirtiendo a los obreros de los socavones en esclavos sin protección para sus vidas debido al peligroso trabajo de extraer el oro.

Son catorce los amos de las empresas de diamantes, entre las que vale destacar Kiram Gems, Diarough NV, Rosy Blue…Estos son los que explotan el negocio de las minas de diamantes en Rusia, Australia, Angola, Sudáfrica, Botsuana…En oportunidades los dueños de estas minas son los causantes de conflictos armados, como en el caso de Sierra Leona y Liberia. Mucho de los beneficios obtenido por la venta de piedras preciosas, basada en la explotación despiadada de los mineros, son utilizados para financiar guerras entre hermanos.

Cuesta creer que solo diez empresas controlan venta de alimentos en el mundo entre las que puedo señalar: Associacted British Fodd, Groupe Danone S.A, General Mills Inc, Kellogg´s, Mars, Nestle, Cargil…Agregado a estas, empresa como la Monsanto cuyo interés es adueñarse de las tierras fértiles en todas partes del planeta para plantar en masa cultivos transgénicos, causantes de daños ecológicos en detrimento de la salud de quien consume tales "alimentos". Con un agravante, la comida empaquetada que ofrece la mayoría de las empresas es de dudoso valor alimenticio, dado los preservantes químicos nocivos para la salud.

Por esta misma vía podría nombrar una cantidad de productos de todos tipo que los explotan un pequeño grupo de empresarios para controlar la vida de miles de millones de seres humanos. De igual modo, son pocos los dueños de las empresas de las finanzas, son escasos los que dominan los medios de comunicación de masa al servicio de los poderosos, son reducidos los fabricantes de medicina (laboratorios), son irrisorios los que dominan la industria del entretenimiento, son contados con los dedos de una mano los comercializan las drogas, los mismo se puede comentar sobre la industria armamentista y de todo aquello que se pueda vender y consumir. Como se ve, lo malos supieron agruparse para hacerlo bien y aumentar con creses sus ganancias. Por el contrario, siete mil millones de personas lo hacen mal y aceptan de manera estoica la arremetida que por siglos las empresas y las hoy globalizadas está acabando con el salario de los pobres. Una guerra sistemática.

La guerra moderna, además de la convencional, tiene otros visos. No bastan los armamentos y las invasiones para sojuzgar a una población. Cuba es víctima, por más de 50 años, del más inhumano e injusto bloqueo económico con la finalidad de quebrantar la fidelidad de un pueblo hacia su revolución. Así mismo Irán y Rusia son víctimas de sanciones comerciales cuyo objetivo es doblegar sus gobiernos a los mandatos de las avaras corporaciones. Así mismo, Venezuela es mártir de una cruenta arremetida internacional de todas aquellas empresas que controlan el mundo de la finanzas como J.P Morgan y el City Group, de los alimentos, de las medicinas, de la tecnología informática como credicard, de los medios de comunicación de masa (CNN, grupo prisa español, CBS, FOX, NBC…) de la diplomacia internacional cipaya (la OEA en la voz de Alamagro, CIDH, UE y la triple alianza en mercosur), entre tantos bandidos quienes se adjudican la propiedad de los recursos y riquezas de Venezuela. Los mismos que no consienten la disidencia de una nación y de los pueblos que tomaron las riendas del poder y la administración de sus recursos naturales. Todo esto sin tener que rendirle cuentas a los cientos de consorcios que han desatado una guerra no convencional sobre más de 30 millones de venezolanos que desean vivir en paz en una patria libre sin dependencia de factores externos. Todas aquellas acciones contravienen la resolución 2625 (oct. 1970) de la ONU que establece: "ningún estado puede aplicar o fomentar el uso de medidas económicas, políticas o de cualquier otra índole para a coaccionar a otro estado, a fin de logar que subordine sus derechos soberanos y obtener el ventajas de cualquier otro. Todo estado tiene el derecho inalienable de elegir su sistema político, económico, social y cultural sin injerencia en ninguna forma por parte de otro estado" (puro papel y tinta). Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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