China es la clave del optimismo africano… y de la renovación del militarismo occidental

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

Strategic Culture Foundation

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A través de África se percibe un renovado optimismo en que el futuro será brillante para el desarrollo del continente.

En ese futuro China está jugando un papel clave en el sentido de aportar las inversiones de capital, tecnologías de infraestructura y conocimiento técnico. Literalmente, China está contribuyendo a la construcción del futuro de África.

Mekonnen, un estudiante universitario de 19 años de edad que sigue la carrera de ingeniería mecánica, oriundo de Etiopía, estaba viajando de regreso de la capital, Addis Abeba, hacia su lugar de origen, Shire en la parte norte del país. Mekonnen declaró “tengo mucha esperanza en que Etiopía y África en general estén en la vía hacia un prometedor desarrollo”. Él es el primer miembro de su familia que llega a la universidad y sentado en el autobús con su computador portátil y su Smartphone representa el aspecto y el espíritu optimista de la África moderna.

La autopista hacia Shire de casi mil cien kilómetros a través de las tierras altas de Etiopía fue hace poco terminada por una compañía constructora china.

Una red similar de autopistas construidas por firmas chinas se irradia desde la capital Addis Abeba en el centro uniendo aldeas, ciudades, regiones periféricas y países vecinos en África Oriental. Solo hace algunos años, estas remotas localidades y sus pueblos estaban totalmente aislados y excluidos.

China también está brindando a Etiopía conexión en telecomunicaciones con teléfonos móviles y acceso a Internet desde casi todas partes.

La red de cobertura todavía necesita mejorarse pero los beneficios de largo alcance para el desarrollo social ya han sido dramáticos. Los servicios públicos, los negocios y el comercio, la educación y las instalaciones hospitalarias son algunos de los sectores que han sido expandidos durante los últimos años a través del despliegue de las modernas telecomunicaciones.

Históricamente, Addis Abeba ha sido la capital diplomática de África y la ciudad alberga la sede de la Unión Africana, organización que representa a más de 50 naciones en el continente. El año pasado presenció la inauguración del nuevo cuartel general de la Unión Africana, que se levanta con múltiples pisos en el centro de Addis Abeba.

El financiamiento y la construcción del nuevo complejo de la Unión Africana fueron obsequiados por el gobierno chino con motivo del 50ª aniversario de la fundación de la organización.

Este acto simbólico dice muchísimo sobre la creciente asociación estratégica entre China y África.

Otro gran proyecto encabezado por los chinos en Addis Abeba es la construcción de una red ferroviaria por toda la ciudad y que estará lista dentro de dos años, pero se anticipan enormes ventajas para una ciudad de seis millones de habitantes. Una línea ferroviaria también está en desarrollo para unir la capital etíope y el vecino país Yibuti hacia el noreste.

Este último país está estratégicamente ubicado en el Cuerno de África donde el Mar Rojo se abre hacia el Océano Índico. Ese núcleo comercial impulsará grandemente el desarrollo económico de Etiopía y eso se deberá en gran medida a la participación china.

La historia del desarrollo de la asociación china con Etiopía es característica de lo que está sucediendo en el resto del continente. Durante los últimos tres años, se calcula que China ha destinado un total de 100 mil millones de dólares para inversiones en casi todos los países africanos. Las inversiones se han hecho en áreas de la industria gasífera y petrolera, infraestructuras públicas hospitalarias, universitarias y sistemas de transporte, como también en una amplia gama de operaciones mineras.

La afamada riqueza mineral de África es lo que principalmente atrajo a los colonizadores europeos durante la infame irrupción sobre África hace un siglo. A pesar de la rapaz explotación europea durante muchas décadas, hasta que los estados africanos comenzaron a conseguir la independencia política durante la década de los 60, se considera que el continente todavía posee uno de los más grandes depósitos de recursos naturales, incluyendo petróleo y gas, oro, plata, diamantes y muchos metales valiosos para la industria, tales como hierro, estañó, cobre, molibdeno y tungsteno.

De particular interés estratégico son las prodigiosas reservas de mineral de uranio, principal combustible para la energía nuclear, en varios países africanos.

La participación china en el desarrollo de África está basada en una planificación realista y estratégica. Con una población en crecimiento de más de mil millones de personas, el gobierno de Beiyín sabe que tiene que asegurar el suministro de materias primas con vista a un largo futuro. Y con toda razón percibe a África como una crucial fuente de suministros.

Pero, a diferencia del legado de Europa en África –que se basó en la conquista militar, la opresión y la brutal sobreexplotación—China ha utilizado un enfoque asociativo totalmente diferente en sus relaciones con África. Esto en parte refleja una diferencia en la ética política, filosófica y cultural, pero también se trata de un cálculo pragmático de parte de China con el objeto de formar la base de un contrato estratégico sostenible con África.

Por su parte, los africanos aprecian la oportunidad para el desarrollo mutuo lograda con China. Durante décadas África era sinónimo de pobreza y privación.

Este sobrenombre con sus matices racistas indicaba que el Continente Negro era intrínsecamente atrasado.

Sin embargo, la realidad es que la pobreza de África es una manifestación de un subdesarrollo impuesto por Europa que emana del carácter intensamente sobre explotador de la relación. La independencia política nominal del dominio colonialista europeo no pudo superar el legado impuesto de pobreza crónica.

Una enorme riqueza ha sido sencillamente extraída de África por los colonizadores europeos con un ínfimo retorno en inversiones y desarrollo. La República Central de África nos brinda un ejemplo clásico. La ex colonia francesa tiene una masa territorial equivalente a Francia pero con solo un siete por ciento de su población.

Este país africano posee una abundante riqueza en recursos naturales en minerales y tierras fértiles para la agricultura. Sin embargo, aun antes del estallido de conflictos, la pobreza y el hambre eran campantes. Durante todas estas décadas de dominio colonialista los franceses ni siquiera dejaron una carretera más allá de la capital administrativa de Bangui. Francia saqueó esta colonia como lo hizo en todas partes a través de África por sus materias primas a través de un brutal proceso de extracción. Gran parte del oro que descansa en la Tesorería Nacional de Francia en París fue extraído de la República Central de África.

El mismo legado de desarrollo frustrado y empobrecimiento estructural en África se aplica a las otras potencias colonialistas europeas.

Por otra parte, las instituciones financieras occidentales y en particular el Fondo Monetario Internacional, FMI y el Banco Mundial, BM combinaron las cadenas colonialistas de África con la práctica usurera de empréstitos monetarios. Los acuerdos financieros de carácter depredador no tenían nada que ver con el verdadero desarrollo y si mucho con la maximización de la ganancia en Wall Street o para gobiernos occidentales entrampando a los países africanos con deudas impagables. Esto tuvo también el efecto de fomentar la corrupción entre las elites políticas africanas lo cual ha exacerbado los problemas del subdesarrollo.

En duro contraste, China ha inyectado capitales en África en condiciones blandas y favorables para ella y de manera tal que están orientados al desarrollo de infraestructuras específicas. Gran parte del financiamiento chino se efectúa en forma de concesiones que son operadas sobre la base de toma y daca – los contratistas chinos construyen una universidad o una red vial y a cambio el país le asigna una concesión minera por encima de sus competidores europeos.

Resulta comprensible la impaciencia de los africanos por aprovechar la formidable riqueza de sus países y disfrutar así de los beneficios largamente retardados de un desarrollo sano.

Los africanos ven en China un vital proveedor de inversiones de las cuales ellos han estado en extremo privados durante décadas debido al legado colonialista europeo.

Pero ahora, gracias a China, las reglas del juego han cambiado rápidamente a favor de África. No es ninguna coincidencia que en algunas capitales occidentales de manera encubierta estén tratando de reeditar una presencia militar en África. En este ámbito, pareciera que Francia está tomando la delantera con cuatro grandes intervenciones militares durante los últimos cuatro años: en Costa de Marfil, Libia, Malí y actualmente en la República Central de África… El pretexto públicamente declarado es la cínica “intervención humanitaria” para ocultar su rivalidad con China por los recursos naturales. Mientras que China no tiene presencia militar en el continente y está haciendo negocios de una manera totalmente legal, las potencias occidentales recurren a los viejos hábitos del subterfugio y el militarismo.

No obstante, los tiempos han cambiado de manera significativa.

Los africanos han aprendido amargas lecciones a través de la historia y saben muy bien que sus mejores intereses están con China y otras economías tales como Corea del Sur y Japón.

Tal como Mekonnen, el joven estudiante universitario etíope señala, “todos los países africanos poseen copiosos recursos naturales y un gran potencial y China nos está brindando la oportunidad de desarrollarnos, cosa que nunca tuvimos antes.”

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Finian Cunningham

Analista internacional


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