Libia resiste

El occidente se anotó otro triunfo sobre el mundo árabe

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

Strategic Culture Foundation

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La caída del régimen de Gadafi ha sido un enorme éxito de las fuerzas de la globalización que tratan de establecer un nuevo orden mundial. Las proporciones de la campaña que Occidente lanzó en Libia y el nivel de sofisticación de las tecnologías empleadas es impresionante, al margen de las evaluaciones políticas concurrentes –todo esto combinado constituye una iniciativa política con metas históricas de largo alcance.

En Libia, Occidente logró socavar y eventualmente demoler un régimen totalmente viable al cual se le debe reconocer el mantenimiento de un país estable y a su población con niveles de vida relativamente altos. Aunque es común en la región, Gadafi es un excéntrico autócrata prepotente que hace muy poco era una figura a la cual la mayoría de los libios no mostraba signos de rechazo. En tales circunstancias, se tuvo que recurrir a grandes habilidades manipulativas para convencer a la gente en el sentido que las cosas en el país estaban torcidas y llevarlos a rebelarse en contra del gobierno legítimo.

El cambio en la atmósfera pública apenas podría atribuirse al impacto de cualquier programa subversivo en particular o a la influencia de un puñado de canales occidentales de televisión por satélite sobre la opinión pública de Libia. Más bien esto podría ser inducido dentro de un enfoque más amplio basándose en lo que los especialistas llaman guerra desinformativa. Actualmente poblaciones completas en varios países que están experimentando cambios de régimen, son blanco de la guerra desinformativa que altera los modelos de la conducta y la existencia humana. La alianza de las agencias ideológicas occidentales y los medios de comunicación de masas, construida en torno a cierto tipo de política informacional, constituye la fuerza que está detrás de la agresión informativa en curso. Su objetivo principal es saturar todo flujo informativo con la noción a priori de la superioridad de la norma democrática occidental e inocular entre los países, cuyas vidas políticas no están alineadas con esta, de un humillante sentido de inferioridad. Bajo una apropiada influencia externa, el sentido de inferioridad automáticamente alimenta el descontento público. Dado el trasfondo de la penetrante agresión informativa, las campañas ideológicas y las provocaciones que apuntan hacia la desestabilización y a la larga al derribamiento de regímenes perfectamente estables, tienden a ser sumamente efectivas.

La emergencia de un movimiento popular de oposición en Libia y el efecto de antipatía hacia Gadafi a través de la sociedad libia, podría solamente ser entendido como resultado del mencionado efecto escalonado, aunque el acceso masivo a la televisión satelital también es claro que ha sido un factor dentro de la situación. Las leyes de la psicología de masas no figuran entre los secretos mejor guardados en el mundo y el arsenal moderno de las operaciones psicológicas incluye una gama de medios bien conocidos para modelar las percepciones de las masas, la denominada programación neuro-lingüística es un claro ejemplo. Sin duda alguna en el caso de Libia, las reacciones de los libios al igual que los egipcios y tunecinos fueron cuidadosamente calculadas con antelación a la curva y manipuladas convenientemente hacia el punto en que Gadafi empezó a concitar el odio como un duro dictador y los considerables logros de su gobierno empezaron a ser invisibilizados. Eventualmente estallaron las protestas masivas, el concepto del futuro de una Libia pos Gadafi entre los manifestantes –como suele suceder luego de un intenso lavado de cerebro—se reduce a expectativas amorfas y a emotivos clamores de libertad. En el momento, ni siquiera los líderes políticos de la oposición son capaces de ofrecer recetas prácticas a un país que está literalmente destrozado por los conflictos entre las tribus y las facciones étnicas. En realidad, la falta de programas políticos se toma como una indicación que a los líderes rebeldes les fueron asignados papeles subalternos dentro de un juego ajeno, en vez de tratarse de un levantamiento instigado independientemente en Libia.

Se trata de un secreto a voces de quién es el juego. En la medida que el régimen de Gadafi se derrumba, Occidente se vuelve menos cauto acerca de los detalles de la campaña contra Libia. Hoy en día, los medios occidentales saturan al público con explicaciones detrás del inesperado colapso de la defensa de Gadafi en Trípoli. El cuadro que se puede conformar se basa en revelaciones expresadas recientemente por diplomáticos anónimos con base en Bruselas como sigue:

Las prioridades de la OTAN durante la intensa fase de la lucha en Libia eran las de superar a las fuerzas del gobierno en términos de velocidad de reacción y coordinación general. En comparación con las fuerzas de Gadafi, las fuerzas rebeldes carecían de organización, disciplina y entrenamiento y en consecuencia la misión de la OTAN tuvo que abarcar:


+ el entrenamiento de los rebeldes de manera paralela al combate

+ suministrar armamento avanzado y equipamiento de los rebeldes

+ organización de una permanente recolección y distribución de inteligencia

+ control permanente de los rebeldes por parte de la OTAN

+ apoyo aéreo de parte de la OTAN a las operaciones terrestres de los rebeldes

+ organización de la guerra desinformativa contra el régimen de Gadafi


Demás está decir que el mandato de la ONU para la intervención de la OTAN en Libia no menciona nada de esto.


Durante los últimos meses se realizó un buen trabajo para convertir a la parte más capacitada de los rebeldes en un instrumento plenamente funcional para la campaña de la OTAN contra Libia. Estados Unidos cubrió el territorio libio con una red de intenso reconocimiento satelital y continuamente lanzó ataques aéreos no tripulados contra las fuerzas leales a Gadafi. Asesores militares ingleses y franceses fueron enviados a los grupos rebeldes y los enlazaron con el centro de comando establecido en Italia, así de hecho, tomaron el control de las operaciones de los rebeldes. Los ataques aéreos de la OTAN son el corazón de la campaña barriendo con las defensas de Gadafi en la vía hacia Trípoli. La OTAN ha realizado 7.549 misiones en Libia y ha destruido incontables blancos, desde tanques a instalaciones de gobierno. Los ataques de la OTAN han aniquilado gran parte del potencial militar de Gadafi y han desmoralizado al alto mando de las fuerzas del gobierno libio que gradualmente han perdido el control de lo que pasa en el campo de batalla.

Con la asistencia de la OTAN, los rebeldes adquirieron la capacidad para superar al ejército de Gadafi y comenzaron a demostrar una mayor capacidad de maniobra, decisión e inmunidad hacia los contragolpes. Contrariamente, la moral entre las filas de las fuerzas del gobierno, las cuales yacían inermes frente a los incesantes ataques aéreos de la OTAN, se desplomó y su resistencia comenzó a desvanecerse. “La OTAN se puso más viva” señaló Frederic Wehrey, analista político jefe de la Rand Corporation. Los jefes militares en Bruselas admiten abiertamente que los grupos rebeldes informalmente organizados deben la facilidad de sus avances relámpago a la mejorada coordinación de la OTAN y a la mayor eficiencia en los bombardeos que han eliminado todos los obstáculos en su avance hacia Trípoli.

Es evidente que el tiempo se le agotó al régimen, pero esto no necesariamente significa que el conflicto interno de Libia se esté calmando. Aun ahora, expertos norteamericanos estiman que pasará un tiempo antes que el ejército libio deponga completamente las armas. Es improbable que Gadafi capitule y si es capaz de eludir su detención será también capaz de conseguir apoyo entre algunas de las tribus para pasar a una táctica de guerra de guerrillas. En este escenario, Libia se introducirá en una nueva fase crítica que tardará mucho tiempo en desactivar.

Las reservas se están mezclando con las expresiones de satisfacción por los últimos eventos en Libia expresadas por la Casa Blanca, mientras el gobierno norteamericano trata de poner el acento en que la salida del “dictador” de Libia debe ser el prólogo para el establecimiento de un orden democrático en el país. Según algunas filtraciones desde Washington en el sentido que círculos cercanos a Gadafi estarían negociando mejores condiciones para una rendición, el paradero del desafiante líder libio sigue siendo desconocido.


En cualquier caso, un plan para el período de transición en la Libia pos-Gadafi está siendo preparado en Estados Unidos. Recientemente el Subsecretario norteamericano para el Cercano Oriente, J. Fellman visitó Bengazi para recordarles a los miembros del Consejo Nacional de Transición, CNT que en las primeras fases de la revuelta los rebeldes prometieron un salto hacia la democracia que uniera a la sociedad libia. La credibilidad de la promesa será puesta a prueba en el más cercano futuro, pero hasta ahora, cuando se combate con furia en las calles de Trípoli, los grupos defensores de los derechos humanos están advirtiendo que una masacre contra los leales a Gadafi, una epidemia de violencia y un período de caos impuesto por el cambio de régimen, podría estar en el horizonte de Libia.


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