Carta abierta a Todorov

Venezuela NO es un picnic

Distinguido señor profesor Tzvetan Todorov

Usted, filósofo francés de origen búlgaro, premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales en 2008, opinó ayer que Venezuela es "una tentativa de construir una nueva Cuba" y objetó que dicho modelo sea capaz de propagarse por el resto de Latinoamérica.

Al respecto yo y millones de venezolanos cumplimos con expresar a usted lo siguiente.

Más allá de sus profusas investigaciones lingüísticas, sus libros publicados a 25 idiomas y sus solemnes premios, usted es autor de un libro La conquista de América, el problema del Otro publicado por editorial Siglo XXI en 1982 en que expresa la siguiente perla:

“Todos somos descendientes directos de Colón, con él comienza nuestra genealogía, —en la medida en que la palabra “comienzo” tiene sentido.”



No señor Todorov.

Afortunadamente no todos somos, aceptamos ni aceptaremos nunca reconocernos descendientes ni directos ni indirectos de este salteador de caminos y mares apellidado Colón. Elegimos ser descendientes directos de Atahualpa, Moctezuma, Guaicaipuro, Tupac Amarú, entre muchos padres fundadores imborrables.

No señor Todorov.

Nuestra historia no comienza con un cleptomanuelo europeo obsesionado por apropiarse de islas, tomar esclavos y acumular oro al precio que fuere. El mismo Colón que “confesó” por escrito en su diario el 15 de octubre de 1492: “No me quiero calar por andar muchas islas y fallar oro”.

No señor Todorov.

Para millones de nosotros la palabra “comienzo” tiene otro sentido muy diferente al de la operación de pillaje, sangre, fuego y tierra arrasada con la que se intentó (y casi se alcanzó) borrar del mapa nuestro proyecto civilizatorio y la historia de nuestros honorables antepasados.

No señor Todorov.

A partir de un “descubrimiento de América” que usted mismo coincide con nosotros en etiquetar como “el peor genocidio de la historia” millones llegamos a otras conclusiones muy diferentes a las suyas.

La principal es que nosotros no fuimos, no somos y no seremos familia ni cómplices con la historia oficial y europo-céntrica de salvajismo y desprecio del mal llamado “primer mundo” que algunos todavía paladean llamar “la periferia”.

No señor Todorov.

La palabra sentido, y en especial “sentido de un proyecto histórico” para nosotros, los millones de millones que somos del color de la tierra, como subrayara el Sub-Comandante Marcos, es un sentido de la vergüenza que nos impide estar inmiscuyéndonos en el destino de los pueblos conquistados/ colonizados/ pillados por la “culta Europa” de la que usted parece ser orgulloso ciudadano.

No señor Todorov.

Millones creemos —y trabajamos incansablemente— porque modelos masivos de inclusión social, económica, cultural y política como los hoy vigentes de Venezuela o Cuba, entre otros, sean movidos por la conciencia histórica de cada uno de sus pueblos. Es decir que nazcan de sus propias condiciones y contradicciones históricas y que se irradien por América Latina y por todo el mundo proletarizado para poner freno a la voracidad de un sistema ayer esclavista y hoy neo-capitalista en su nueva fase neoliberal.

No señor Todorov.

Ni nuestro gobierno bolivariano ni la población de nuestro país tenemos ni la intención ni el tupé de querer construir en nuestro suelo una nueva Cuba. Para hacer honor a lo que fuimos, y ser lo que estamos llamados a ser, necesitamos evolucionar, innovar y cambiar constantemente. Ni calco ni copia son nuestros lemas. El fundador del marxismo latinoamericano, José Carlos Mariategui lo expresó en 1928 brillantemente así: “no queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia; debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indo-americano. He aquí una misión digna de una generación nueva”.

No señor Todorov.

Por el contrario a lo que usted asevera, fueron los europeos —como usted— quienes bautizaron a nuestra tierra india sagrada y grande con el alias de Venezuela. Calificativo dado precisamente porque dizque a un atajo de facinerosos se les pareció a la romántica Venecia, una pequeña y degradada Venecia que forzaba a estacionarle por ende el sufijo demeritorio de “zuela”.

No señor Todorov.

No somos precisamente los venezolanos quienes nos la pasamos opinando de lo que no sabemos, ni vivimos inmiscuyéndonos en sus investigaciones lingüísticas y narratológicas en torno de lo extraño, lo fantástico, y lo maravilloso. Lo único extraño, fantástico y maravilloso para nosotros es ser tenidos como personas pensantes y pueblos capaces de dirigir nuestros propios destinos sin la intromisión de Estados capitalistas o pro capitalistas ni el auxilio de obsecuentes funcionarios del consenso.

No señor Todorov.

Dicen que usted recetó alguna vez esto: ”Un texto es un picnic en el que el periodista lleva las palabras y el lector los sentidos”.

Pero Venezuela no es un texto ni un picnic.

Y no es precisamente usted el periodista de esta historia.

Mucho menos el lector omnisciente de nuestro destino.

Destino que millones, desde aquí, desde fábricas y campos, oficinas y hogares decidimos que sea parido por y desde nuestra propia praxis histórica venezolana, bolivariana e Indo-Nuestro-Americana.

Valoraríamos, sí, que usted, en su calidad de europeo ilustrado y planetariamente conocido se pronuncie sobre el sistema capitalista mundial y condene sus recientes efectos funestos sobre los países y las capas sociales más empobrecidas de la Unión Europea.

Señor profesor Tzvetan Todorov, excúsenos la intrepidez de corregirlo a usted en público.

Pero es que a ojos vistas usted declara sobre asuntos que desconoce.

En Venezuela estamos en plenas elecciones legislativas en el complejo contexto de un proceso revolucionario latinoamericanista, solidario, participativo y democrático que avanza pese a innumerables y poderosísimas presiones.

Todo hombre es tonto por lo menos cinco minutos al día —decía el filósofo y escritor estadounidense Elbert Hubbard— la sabiduría consiste en no rebasar el límite.



delgadoluiss@gmail.com


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Luis Delgado Arria


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