Rupturas y secuencias

El PRV o la nacionalización del pensamiento revolucionario

En una nota extraída del libro “La historia secreta de la Revolución Bolivariana”, escrito por Alberto Garrido, el autor señala: “Cuando finalizaba la década de los 60, la guerrilla estaba política y militarmente derrotada, pese al apoyo internacional que tuvo en algún momento, fundamentalmente por parte de Cuba. El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Partido Comunista (PCV) ya hacía tiempo habían abandonado la lucha armada y muchos de sus miembros se encontraban `pacificados´, situación a la que (Rafael) Caldera le dio ropaje legal. Pero uno de los grupos guerrilleros nunca aceptó la derrota. Fue el Partido de la Revolución Venezolana (PRV) -antes, Frente de Liberación Nacional (FLN) y, más tarde, Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN)- comandado por Douglas Bravo”. Entre sus primeras figuras destacadas se encuentran Fabricio Ojeda, Argimiro Gabaldón, Kléber Ramírez, Nicolás Hurtado, Daniel “El Camarita” Buitriago, Francisco Prada, Argelia Melet, Ramón Morales Rossi, Elégido Sibada “Magoya”, Doris Francia y Alí Rodríguez Araque, entre otros revolucionarios que decidieron no claudicar y mantenerse en la lucha revolucionaria contra el sistema bipartidista instaurado por los partidos políticos reformistas AD y COPEI, una vez derrocada la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez. Su conformación tiene lugar el 23 de abril de 1966 en las montañas del estado Falcón y, desde entonces, las ideas que genera tendrán su repercusión en los acontecimientos a desarrollarse en las últimas décadas del siglo XX hasta nuestros días, cuando se construye un proceso revolucionario inédito bajo el liderazgo de Hugo Chávez.

El PRV -y su organización legalizada, Ruptura- se planteó darle forma a una nueva estrategia política para la toma del poder en Venezuela que partía del rompimiento parcial con los postulados del marxismo-leninismo, adoptando algunas ideas fundamentales de Simón Bolívar, tales como la integración de una Patria grande latinoamericana, un Tercer Ejército continental antiimperialista, y la lucha a muerte contra la corrupción administrativa; de Simón Rodríguez, el impulso liberador de los poderes creadores del pueblo, sintetizado en su frase “Inventamos o erramos”; y del General del Pueblo Soberano, Ezequiel Zamora, al decretar la democracia directa y el combate frontal contra los grupos oligárquicos de la sociedad. Todo ello integrado en lo que se denominó unidad cívico-militar-religiosa. Al respecto, Douglas Bravo expresaría: “Cuando a nosotros nos expulsan del Partido Comunista es porque estamos reivindicando los elementos teóricos de Simón Bolívar, de Simón Rodríguez, de Zamora y de otros pensadores nuestros, cuyos postulados chocaban con los de la ortodoxia del pensamiento soviético. Por ejemplo, había planteamientos de Simón Rodríguez que significaban una ruptura, para usar una palabra dominguera y clásica, con la filosofía que nos llegaba de Europa. Decir, por ejemplo, que era necesario ìnventar o errar´ chocaba con un pensamiento que sostenía que ya no había por qué inventar nada. Nosotros redactamos un documento que publicó Pedro Duno llamado `Marxismo-leninismo-bolivariano´ donde, por primera vez, se planteó el problema de la nacionalización del pensamiento revolucionario”.

Para lograr que estas ideas produjeran la revolución necesaria, se gestan en el PRV nuevas formas de acción, incluyendo la unidad cívico-militar. Se habla de una rebelión permanente de las muchedumbres que las haga irrecuperables para la vieja civilización que se pretende desplazar, poniendo éstas en práctica su propio pensamiento emancipatorio, su propia forma de organización y su propia forma de rebeldía, antes, durante y después de la revolución. Todo ello, en conjunto, sería necesario para hacer una revolución genuinamente original y popular, poniendo en acción las fuerzas materiales y espirituales de la humanidad, en armonía constante con la naturaleza. Este ideario utopista-herético marcó muchas conciencias de civiles y militares patriotas que planificarían las dos insurrecciones contra el régimen bipartidista venezolano en 1992.

Como corolario, es preciso acotar, según J. R. Núñez Tenorio en 1990, que “la etapa de la resistencia armada contra la democracia reformista que produjo la derrota, la división y confusión de las fuerzas revolucionarias y del movimiento obrero y popular, constituye un jalón histórico de indispensable análisis para poder proyectar con conciencia el futuro de la revolución venezolana. No se puede borrar de un plumazo esta experiencia histórica -todavía latente en el corazón de los combatientes- si la posición crítica aspira ofrecer un camino acertado a las masas populares… A pesar de la derrota -que no del fracaso- nuestro pueblo y los revolucionarios debemos aprender de esta original experiencia histórica”. En este sentido, el PRV-Ruptura es una referencia obligatoria cuando se pretende consolidar un proceso revolucionario en ciernes, apenas entrevisto, pero posible, en Venezuela.-

mandingacaribe@yahoo.es


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Homar Garcés


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