Las incógnitas desaparecen si los deslindes se producen

Mientras la situación electoral de la oposición reunida en la Plataforma Unitaria Democrática permanecía sin definirse, pues no tenían decidida la candidatura presidencial y sólo existían dos aspirantes a candidatos, el escenario político opositor lucía mucho más claro, predecible y manejable, que con la situación ocurrida luego, cuando el candidato inscrito como “guarda puesto”, y no estoy siendo peyorativo sino descriptivo, pasó a ser, por obra y gracia de las acciones de María Corina contra Manuel Rosales, seleccionado unánimemente por la PUD y Vente Venezuela como el candidato presidencial definitivo de este sector opositor.  Por supuesto que cuestionamientos había, sobre todo en el caso de Rosales, a quien se criticaba sus actividades irregulares en Monómeros y se sumaba el cuestionamiento de sus gestiones como alcalde de Maracaibo y como gobernador del Zulia. 

Enrique Márquez era el otro nombre que había aparecido y que lucía como posibilidad aceptada por muchos, en ciertos casos hasta con ventaja sobre Rosales en relación a la inexistencia del tipo de cuestionamientos que se le hacen al gobernador zuliano. Ninguno de los dos, sin embargo, era considerado como un extremista de la política, ni siquiera Rosales, pese a su apoyo al golpe de Carmona, su participación en los errores de la Coordinadora Democrática y de la MUD y su apoyo al interinato de Guaidó. Ambos son vistos como candidatos cercanos al centro político, con quienes no existía la incertidumbre de que pudieran escoger un camino extremista parecido al que sigue encarnando María Corina Machado. La situación se ensombrece al aparecer Edmundo González Urrutia como candidato, pues es alguien desconocido más allá de saberlo perteneciente al sector opositor extremista y de haber sido preferido por la lideresa opositora.

La gente que no va a votar por Maduro y que quiere escoger un candidato que tenga posibilidades reales de ganarle, pero es contraria al extremismo y enfrentamientos desplegados desde 2016 en adelante, se pregunta y con razón: ¿Por qué María Corina hizo una campaña agresiva para eliminar a Rosales como posible candidato y además desestimó la candidatura de Enrique Márquez? ¿Por qué prefirió a una persona desconocida y sin experiencia de masas ninguna? Tiene que haber alguna razón para esta decisión y la misma no ha sido explicada. No se ha sido transparente en este sentido, lo que aumenta la incertidumbre sobre el candidato. Éste tendría que separarse claramente del extremismo, si quiere los votos de ese centro político, los cuales necesita para ganar. El deseo mayoritario de salir de Maduro, el apoyo de María Corina y del resto de la PUD le dan a EGU la primera opción. Este apoyo es su fortaleza, pero también su talón de Aquiles.  

Enrique Ochoa Antich dice, en una entrevista reciente, “entre votar con dudas por EGU y la certeza del desastre que seguiría siendo Venezuela con 6 años más de Maduro, prefiero votar con dudas”. Sus dudas son las de muchos posibles votantes. En favor de EGU están sus declaraciones rechazando las sanciones, su aceptación a dialogar con el presidente Maduro, sus opiniones positivas sobre Lula y Petro, su llamado a la reconciliación de los venezolanos y su lenguaje sosegado, no amenazante ni persecutorio. No se entiende, incluso, que los extremistas de la PUD lo apoyen como candidato, pues estos adoran las sanciones, quieren regalar PDVSA y han sido enemigos de dialogar con el gobierno. “Con delincuentes no se negocia”, afirmaban. Además, para ellos Lula, Petro y López Obrador, son unos dictadores al igual que Maduro. 

En su favor están también las declaraciones de dos insignes venezolanos: Eduardo Fernández y Jesús Chuo Torrealba, quienes lo conocen desde hace mucho tiempo, dan fe de su bonhomía y de ser un hombre pacífico y de convicciones democráticas firmes. Sin embargo, EGU debe separarse de esa vergonzosa política que sigue apoyando como existente a la AN de 2015. Debe apartarse del llamado "estatuto de la transición" y condenar las actividades de esos ex magistrados que se hacen llamar TSJ legítimo. No se puede estar en la vía electoral y apoyar los vestigios de la política derrotada del interinato, la cual es abstencionista, partidaria de la violencia y contraria a la construcción de un gobierno de unidad nacional con participación de todos, el PSUV incluido. La unidad de las fuerzas opositoras debería ser un objetivo prioritario de EGU y en ese sentido actuar de inmediato. 

Una posibilidad que está presente pero que poca gente quiere analizar es que la tarjeta de la PUD puede ser inhabilitada. El TSJ podría hacerlo en el juicio que lleva adelante. Esto haría desaparecer la candidatura de EGU y, ante la ausencia de candidato, habría que mirar hacia alguno de los candidatos de la oposición que hace vida en la Asamblea Nacional. 

 


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Luis Fuenmayor Toro

Médico-Cirujano, Ph. D., Ex-rector y Profesor Titular de la UCV, Investigador en Neuroquímica, Neurofisiología, Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología. Luchador político.

 lft3003@yahoo.com      @LFuenmayorToro

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