Salud Mental Decolonial y Sufrimiento Social

El Proyecto Civilizatorio Moderno Capitalista, progresivamente se transformó en un Proyecto de Sufrimiento Social  y Genocida para la humanidad, con el propósito de disminuir la población mundial en 2000 millones de seres humanos, de acuerdo a la visión de los poderes fácticos mundiales del mundo, esta transformación se aceleró con el “ataque terrorista” a las Torres Gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, hecho aún oscuro, aunque en muchos aspectos se ha ido aclarando, que dio lugar a la respuesta de Guerra Preventiva del Presidente George W Bush hijo, alianza de EE UU, con España, Francia, Inglaterra, entre otras naciones europeas,  que produjo la guerra e invasión a Iraq, con el pretexto nunca demostrado que, Sadam Hussein, poseía “armas de destrucción masiva”, con las consecuencias conocidas de destrucción de naciones y seres humanos llamada “Primavera árabe”.

Ese Proyecto de Sufrimiento Social y Genocida, prosiguió con la Pandemia Covid-19 inducida, que cada vez más analistas políticos, médicos, militares y científicos en general, sostienen que fue una “operación estratégica planetaria”, para disminuir la población mundial, basta recordar la insistencia con que se nos inculcó que luego de la pandemia, tendríamos una “nueva normalidad”, la cual nunca fue caracterizada, aunque persistentemente anunciada. Si somos algo acuciosos y perspicaces, la pandemia por casi dos años, semiparalizó el planeta, enclaustró y desmovilizó a más de 2000 millones de persona, colocó en hibernación la economía global, murieron según cifras conservadoras, más de 7 millones de personas, es decir, en términos informáticos se reseteó el planeta.

Con el reseteo planetario, quedaron al descubierto serias limitaciones y capacidad de respuesta de todos los Servicios Públicos de Salud del mundo, la desprotección social de adultos mayores, mujeres y niños. En algunos países de nuestro continente regresó el neoliberalismo o se preparó su regreso como en el Ecuador, en Chile sirvió para paralizar y clausurar una protesta estudiantil que fue creciendo y amenazaba con hacer caer el gobierno y barrer todo vestigio de herencia pinochetista de la democracia tutelada de ese país. Se produjo el golpe de Estado en Bolivia, que dio al traste con el gobierno de Evo Morales, único gobernante hasta ahora en la historia de nuestro continente conquistado, colonizado y colonializado, proveniente de los pueblos originarios de Abya Yala. 

¡Qué casualidad!, durante la pandemia, se encendieran grandes extensiones de la Amazonía brasileña, en un país con un gobernante neoliberal, que mostró internacionalmente un comportamiento negligente y displicente con la pandemia y con lo que sucedía en el pulmón del mundo. Luego, hemos sido espectadores más que protagonistas de la desigualdad y descaro en la distribución desigual de las vacunas contra el Covid-19, entre el Norte Global y el Sur Global, la estela de consecuencias de dichas vacunas en gran número de personas, que han presentado morbilidades, discapacidades y mortalidad causada por las mismas; también hemos sido espectadores de la Guerra de la OTAN-Ucrania/Rusia, el reciente atentado terrorista en Moscú, del genocidio del pueblo palestino en Gaza por el gobierno y ejército sionista de Israel, que señalan la escasa autoridad y gobernanza mundial de la Organización de Naciones Unidas, de la Organización Mundial de Salud (OMS) y su ejército de Cascos Azules, para mediar en los conflictos políticos, económicos y sociales que está ocasionando el Imperialismo Yanqui y sus aliados en el mundo, esa es la “nueva normalidad pos pandémica”.

Todo lo anteriormente descrito, explotación, destrucción de la naturaleza, guerras, genocidios, sufrimiento y muerte de gran parte de la humanidad planetaria, que pone en entredicho, la salud mental de nuestros gobernantes y líderes mundiales, mediante un patrón ideológico de dominación política, de imposición de las maneras de educar, investigar, hacer ciencia, de alienar y cosificar nuestro ser, conciencia y subjetividad denominada colegialidad, e instalar en nuestro ser, conciencia y subjetividad una cultura de la crisis, es decir, hacer que las anormalidades políticas, gubernamentales, económicas y sociales mediante su naturalización e institucionalización sean consideradas normales, sin asumir responsabilidades por dicha anormalidades, normalizadas.   

Desde nuestra perspectiva, ese Proyecto de Sufrimiento Social y Genocida, que para muchos parecerá exagerado de mi parte, complementado con la cultura de la crisis, lo ilustramos a continuación con situaciones internacionales y nacionales; es normal que la Amazonía, la Chiquillanía boliviana, el Parque Henri Pitier en Maracay patrimonio ambiental de la humanidad y el bosque de pinos del Orinoco se incendien, es el cambio climático, responsabilidad de la naturaleza, no de la crisis  climática generada por el extractivismo mineral y petrolero, la explotación y depredación sin control de los bienes y recursos ambientales; es normal el genocidio del pueblo palestino, porque Israel es la tierra prometida por Dios; es normal la crisis de servicios públicos en nuestros países, como consecuencia de la pandemia Covid-19, ocultando la ineficiencia gubernamental, su poca gobernabilidad y gobernanza en el diseño e implementación de políticas públicas participativas y corresponsables para la protección ambiental, protección a la vida, la salud, que haga más eficiente la utilización de los recursos necesarios para su ejecución.   

El Sufrimiento Social se genera por la tensión entre los valores, creencias de la sociedad y las personas como singularidad, así como su imposibilidad de cumplirlas. El individualismo encapsula el sufrimiento social, apologizando su gestión cultrual. Nuestra especie ha imbricado naturaleza y cultura a través de las emociones, que tienen base neurofisiológica, la tensión que se establece entre el sujeto y su ambiente geográfico y sociocultural constituye la base fundante de las emociones. El pueblo como sujeto social colectivo, su modo de ser y estar en los territorios, crea un circuito completo o campo de acción, configurado por una tensión creadora desde la que interpreta y valora su situación real y sus posibilidades de acción. La interacción, relación y vinculación entre el pueblo y su ambiente, es el circuito de la mismidad viviente.

Los sentimientos son las manifestaciones de la gestión cultural de las emociones, lo emocional, no es solo una actividad mental singular, sino global, pués implica a todo el sujeto colectivo en acción. Darwin propuso seis componentes que articulan las emociones, tomando como emociones principales, la alegría, cuya manifestación cultural según la intensidad y el contexto, va del éxtasis a la serenidad y el miedo como evitación desde el pavor al temor. Entre ambas emociones fundamentales, se sitúa la sorpresa que va del asombro a la distracción, el asco de la aversión al aburrimiento, la tristeza de la desolación a la melancolía y la ira de la furia al fastidio. Estas combinaciones de emociones básicas a su vez, hacen emerger el sobrecogimiento como resultado de la mezcla de miedo y sorpresa, la sumisión como la unión de miedo y confianza, el amor como expresión de confianza y dicha.

En Antropología del Dolor se afirma: “sufrir, es sentir la propia condición personal en estado puro sin poder movilizar otras defensas sino las técnicas o las morales”. El sentido subjetivo que tratamos en artículo anterior, podría definirse como un concepto relacional a través del cual los seres humanos otorgamos significado a nuestras vivencias, experiencias, saberes, interacciones, relaciones y vínculos por medio de la configuración subjetiva, produciendo subjetividades colectivas.  No hay sentido subjetivo sin intención ni relación con la autonomía como libertad, no hay sentido subjetivo, sin un sujeto que establezca comunicación con otro sujeto. 

El sufrimiento social, es consustancial a la vida y la condición humana, incluso cuando gozamos de buena salud, las personas demostramos gran habilidad para crear nuestro propio sufrimiento; porque desde los inicios de la vida humana nos interrogamos y reflexionamos sobre nuestra finitud y mortalidad. La intencionalidad se fundamenta en el conjunto de creencias, valores y normas que se forjan a través de la cultura, por tanto, el sufrimiento social se produce por el choque entre las creencias, los valores de la sociedad y la de las personas o la imposibilidad de aplicarlas; el sufrimiento aparece cuando perdemos el sentido subjetivo de vida, sin proyecto de vida, nos acercamos a la muerte y nos alejamos de la vida, es ese el sustento del sufrimiento social. 

El sufrimiento social es la consecuencia de un contexto global y un mundo basado en la violencia política y colectiva, como también de una cultura de la crisis que genera resignación y desmovilización colectiva del pueblo, por medio de modelos económicos, políticos y de organización social, que no garantizan derechos humanos y necesidades colectivas de los pueblos. La concepción del sufrimiento social depende de la cosmovisión del mundo y de la interpretación de la realidad social que cada persona y colectivo le dé a este fenómeno. Sentir es con frecuencia, sufrir y tanto las sensaciones como los sentimientos son causa de sufrimiento. El aumento en la esperanza de vida, la garantía de derechos sociales, el estado del bienestar, fueron conquistas civilizatorias, que no resultan rentable hoy, para el sistema neoliberal de los poderes fácticos mundiales, lo que crea sufrimiento social de amplios sectores de los pueblos en el mundo, como los adultos mayores, niños, niñas y adolescentes, mujeres pobres trabajadoras, personas con discapacidad, entre otras. 

La crisis del siglo XXI ha infringido un gran sufrimiento social a buena parte de las familias venezolanas, la educación, cultura, renta petrolera, la estabilidad política que nos habían dotado un relativo bienestar colectivo, se está evaporando, la crisis de servicios públicos, cuyo origen es multidimensional, insuficientes políticas públicas participativas que respondan a la garantía de derechos constitucionales, satisfacción de necesidades colectivas territoriales, ineficiencia gubernamental, en  los ámbitos, nacionales, regionales, municipales y comunales, medidas coercitivas unilaterales imperiales, violatorias del Derecho Internacional y la Soberanía Popular de nuestro pueblo, inestabilidad política, han configurado un cuadro de sufrimiento social, que según cifras extraoficiales, han ocasionado una migración de unos 7 millones de venezolanxs, en la búsqueda de mejores condiciones de vida materiales y espirituales, en su gran mayoría, otras por razones políticas, todo ese deterioro sociopolítico y sufrimiento colectivo, necesitarán de por lo menos dos generaciones, para la reconstrucción nacional, es ese el desafío del candidato presidencial que resulte ganador, el próximo 28 de julio. ¡Tremendo desafío!

 

alcalaafanadorp@gmail.com

 


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