El nacimiento del fascismo y Miguel de Unamuno (I de II)

Honorable lector(a), este artículo se estructura en dos partes. En la primera, incluye la vivencia de Unamuno al inicio de la "Guerra Civil" en España; además de su tentativa de concebir una "Fenomenología del Fascismo" –nacimiento, significación y naturaleza—, es decir, determinado relato de hechos fascista que se muestran a la conciencia y luego son descritos. Y al mismo tiempo cierta interpretación de la trama de los Derechos Humanos. En la segunda trata del autoritarismo, el Mal y la crueldad; asimismo que del conflicto contemporáneo entre la racionalidad, junto a las filosofías de la vida, frente al Irracionalismo. En éste sistema se inscribe el Fascismo a manera de la última carta –de cualidad anti-dialéctica—, sin retorno posible, jugada por el capitalismo al encontrarse en un callejón sin salida y el peligro que ello representa para la extinción de la humanidad mediante la guerra y otros escenarios destructivos. De igual forma, entre otros contenidos, se comenta el informe de la "Escala F" o del Fascismo, el cual detalla el perfil sicosocial de la personalidad fascista. En consecuencia, surgen varias interrogantes: ¿tal conducta del individuo fascista consiste en una actitud adolescente de inmadurez y necedad política, arrogancia, insensibilidad, inconsciencia y violencia? ¿Cómo se puede evitar la repetición del Fascismo en la historia? Por lo demás, se agrega referencia de autores y sus obras con el fin de que el leyente examine –si lo desea— lo aquí escrito.

I

Al principio de la Guerra Civil, en 1936, la apresurada aclamación de Unamuno por el alzamiento de los militares "nacionales" contra la naciente II República española –ganada en elecciones por el Frente Popular y presidida por el gobierno legítimo del republicano de izquierda José Giral—, luego tornó en desilusión. Ya que tomó conciencia de que la realidad idealizada por él era distinta, en vista de las acciones fascistas de las que fue testigo y debido a la mortífera represión en Salamanca. Ello cambió su punto de vista político y del optimismo sobrevino el desengaño. Para entender su posición contradictoria (relativa al respaldo a los militares sublevados contra la II República y después se arrepiente o su defensa a Franco como "el salvador de España" y más adelante descubre que era un fascista represor), requiere de una investigación histórica, documental y el conocimiento de su contexto. Por lo demás, Unamuno comenzó a tratar el tema del fascismo en su artículo "El fajismo en el reino de España" (El Socialista, 28-11-1922).

La Guerra Civil –que denominó "Guerra Incivil"—, abarcó diversos matices tales como: guerra de religión, choque de nacionalismos adversos, nacionalismo y republicanismo, beligerancia entre dictadura militar y democracia republicana, revolución y contrarrevolución, monarquía y república, lucha de clases, ricos contra pobres, fascismo y comunismo. Si bien, Juliá Santos afirma: "Fue desde luego lucha de clases por las armas, en la que alguien podía morir por cubrirse la cabeza con un sombrero o calzarse con alpargatas los pies" (en Un siglo de España. Política y sociedad, Marcial Pons, Madrid 1999:118). En cuanto a las tropas combatientes las nombraron: "bando republicano" y "bando sublevado". Entre tanto ambos antagonistas recibieron el respaldo de diferentes países.

A consecuencia del fracaso del golpe en julio de 1936, pues no tomaron el poder con rapidez, los sublevados obtuvieron el inmediato auxilio de la Alemania nazi de Hitler, de la Italia fascista de Mussolini y de los "Viriatos" o combatientes de Portugal. La Unión Soviética de Stalin colaboró con el gobierno republicano, persuadida de que si la II República era derrotada tarde o temprano se incrementaría el fascismo en Europa como un peligro para la Unión Soviética. En septiembre de 1936 Stalin pidió a la III Internacional Comunista –o "Komintern"—, fundada por Lenin, el envío de voluntarios como parte de las "Brigadas Internacionales".

De organizar las "Brigadas Internacionales", o los "voluntarios de la libertad", se encargó el Partido Comunista Francés. Fueron conformadas por alemanes, italianos, polacos, franceses, Británicos, soviéticos y estadounidenses; éstos con el célebre "Batallón Lincoln". De hecho, las Brigadas Internacionales no era el "Ejército de la Komintern" como intentaron hacer creer los insurrectos en sus medios de comunicación de la época. Del mismo modo, México favoreció a la causa republicana en lo militar, diplomático y moral. Por consiguiente, alemanes, italianos y soviéticos experimentaron en España las tácticas militares y la tecnología bélica que más tarde emplearían en la II Guerra Mundial [J. Casanova, "República y Guerra Civil", en Historia de España, vol. 8, Crítica/Marcial Pons, Barcelona 2007:261-262; 271-275].

Cuando los militares amotinados ocuparon la ciudad de Salamanca (que luego devino en la capital política y residencia del "caudillo y generalísimo Francisco Franco"), Unamuno caracterizó la realidad social, política, económica, religiosa y cultural de España. De tal forma rechazó los excesos fascistas de la soldadesca. Luego, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca renegó de su pasada aprobación a los insubordinados contra la República, durante la ceremonia del inicio de los cursos académicos, el 12 de octubre de 1936: fecha de la "celebración del Día de la Raza". Allí estaba presente el general José Millán Astray, con quien tuvo una acalorada discusión, al que comparaban con Goebbels; el ministro de propaganda leal a Hitler.

Diversos oradores sacaron al debate el tema de la "anti-España". Unamuno, entretanto tomaba notas y no hizo comentarios. Al final del acto, molesto se levanta y expone un efusivo alegato: "—Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Esta es una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión: el odio a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, más no de inquisición. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto" [E. Salcedo, Vida de don Miguel, Anaya, Madrid 1970:408].

El general Millán Astray, evidente enemigo de Unamuno porque con anterioridad éste lo había acusado de corrupto, procede a vociferar amenazante:

"— ¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte!"

En seguida se oye un griterío de injurias y de provocaciones contra Unamuno proveniente de la agrupación paramilitar, fascista de ultraderecha, Falange Española:

"¡traidor!" "¡Rojo!". Ya que con determinación expresó su pensamiento.

Al parecer, el filósofo Ortega y Gasset fue uno de los fundadores de la Falange Española, acorde a la referencia autobiográfica de su ex discípula; la filósofa y poeta María Zambrano, profesora republicana en el exilio. Por el contacto profesional y la frecuente cooperación de María con Ortega y Gasset, ella incurrió en el pésimo error político de su vida, así lo expresa, ya que firmó el "Manifiesto" y la creación del "Frente Español" (FE) el 7-3-1932; con Ortega incitando desde la sombra. Esa armazón de "Partido Nacional" –al que intentó incorporarse el ex dictador Primo de Rivera, aunque no pudo por la oposición de María—, pronto exhibió su rasgo fascista. Zambrano, empleó su liderazgo en el colectivo y "como tenía poder para ello", desmanteló el naciente equipo. Con todo, le fue imposible impedir que los reglamentos de la organización "orteguiana" y las abreviaturas FE las utilizara la "Falange Española" [M. Zambrano, Horizonte del liberalismo, Ediciones Morata, 1996:47]. Desde 2002 lo nombran "Frente Español", partido de extrema derecha a modo de tribuna nacionalista para la "democracia" española.

Mientras tanto (y de vuelta al altercado) Millán prosigue.

"— ¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!"

(…)

Con el afán de aquietar las voluntades, interviene José María Pemán. Un intelectual perteneciente a la Falange Española, que apoyó a los insubordinados contra el gobierno del Frente Popular de la II República:

"— ¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!"

Unamuno no se intimida y concluye:

"Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha" [Salcedo, ob. cit.]

Se complica la situación y el poeta pensador está en peligro al ser encarado por Astray. Varios militares desenfundaron sus armas y se oye el sonido cuando les quitan el seguro. En el acto intercede Carmen Polo, esposa del general Franco, concurrente a la reunión, y tomándolo del brazo le acompañó a su casa para protegerlo de las agresiones. Rodeada de sus escoltas impide que la polémica termine en desgracia. Por el momento ¿ella quizás le salvó la vida? Pese a ello, en su residencia queda prisionero y bajo custodia para evitar que huya. "Para dónde", diría.

Por supuesto, ese día lo retiran del cargo de concejal del Ayuntamiento y el 22 de octubre Franco por decreto le suprime la investidura de Rector Vitalicio de la Universidad de Salamanca. "Pese al transcurso de más de setenta años de la muerte de Unamuno al menos una parte de España se niega a honrar su memoria, puesto que el franquismo lo despojó de su cargo de Rector de la Universidad de Salamanca y el de concejal del Ayuntamiento de la misma ciudad; donde aún hoy no ha sido rehabilitado post mortem a causa de la oposición y las presiones políticas del Partido Popular de Aznar sobre el Partido Socialista de Zapatero, pues, aquéllos tienen la mayoría absoluta en el Ayuntamiento" [A. Gómez, "70 años después, España no honra a Miguel de Unamuno"; Diario Perfil, Sección El Observador, Buenos Aires 14-01-2007:14-15].

En aquél momento Unamuno escribe que la barbarie es general, siendo la atrocidad la norma en uno y otro grupo, y en efecto, España estaba aterrada de sí misma. Al mismo tiempo se levantó la reacción anticatólica como la católica –"el nacionalcatolicismo"—, quienes agitaron las pasiones desde el púlpito y enronquecían exigiendo sangre [J. L. Cano, "Unamuno y la Guerra Civil", Tiempo de historia, N° 3, año I, Universidad de Salamanca, 01-02-1975:29-30].

Además de militante del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) en su juventud. Al cual renunció por desacuerdos con la dirigencia, motivado a la contradicción entre la teoría y la praxis socialista. Intervino como diputado; encaró a los jerarcas del catolicismo español, al rey y el fascismo. De igual manera padeció el desengaño del exilio. A más de los disgustos en sus últimos días concernientes a la realidad histórica y la "Guerra Civil". ¿Tal vez lo condujeron al sueño eterno?

Unamuno triste y en soledad, poco a poco languidece. El 31 de diciembre de 1936, a los setenta y dos años, exhala el último suspiro con una palpitación fulminante. En esos días circuló la noticia de que fue asesinado, pero de inmediato desmintieron el rumor con la colaboración de la prensa antirrepublicana. A pesar de todo quedó la duda, puesto que Unamuno vivo, como intelectual de reconocimiento nacional e internacional, era un problema para los fascistas [Salcedo, ob. cit.].

Un caso análogo y paradigmático lo constituye el del poeta Pablo Neruda, quien murió en condiciones anormales, aún no aclaradas, durante el golpe militar al gobierno constitucional, del ejecutado Presidente Salvador Allende, del Frente Popular. La presencia del poeta inquietaba a la dictadura y no era conveniente con vida ni que se ausentara del país hacia el exilio. ¿Con cautela debían salir de él? En conexión hay testimonios razonables para investigadores acuciosos de testigos de su muerte que articulan con el fascismo autoritario, orientado por la intensa represión de la dictadura militar de Pinochet y la abierta participación del gobierno de los Estados Unidos.

Es preciso establecer un paralelo comparativo con la sospechosa muerte de don Miguel de Unamuno al comienzo de la "Guerra Civil", dando paso a la dictadura de Franco y del franquismo en España. A tal punto que fusilaron al poeta y dramaturgo Federico García Lorca y a distintos trovadores de la Generación del 98, además de renombrados intelectuales, escritores y poetas. Unamuno era incómodo, una piedra en el zapato del franquismo, debido a su actividad social y la autonomía de su crítica política, al mismo tiempo por el prestigio que tenía tanto como Neruda. Sin duda, los regímenes fascistas se distinguen por exterminar a intelectuales, poetas y artistas. Entre las particularidades de éstos, como unidades de conciencia y objetivo militar, consiste en que personifican la cultura, es decir, la sensibilidad transformadora, dialéctica, creativa y libertaria del pueblo.

La incautación de la Libertad y de los Derechos humanos.

Desde luego que no hay sensibilidad ni benevolencia para la víctima por parte del homicida, el frío dirigente político, el gobernante victimario que no se responsabiliza por el genocidio que comete contra generaciones de su propio pueblo y de otros. En Unamuno significó un móvil crítico para fijar posición política como intérprete de la realidad social y económica que asedia la existencia, con la confiscación de la libertad y de los Derechos Humanos. Prerrogativas innatas que competen a la persona, por el hecho de ser hombre –mujer y varón— consciente y ético, que proviene de su condición humana.

De acuerdo al "Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos", la cual corresponde a los "Derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana". La "Declaración Universal", conformada en treinta artículos, fue suscrita el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, después de finalizar en 1945 la II Guerra Mundial. Proclamación que nace del pensamiento común sobre la igualdad jurídica inherente a todos los hombres. Aunque se juzga insuficiente por imprecisa y de ética subrepticia en algún articulado que exige su actualización de acuerdo a la realidad. Ya que no considera ciertos aspectos susceptibles —en algunos casos lo hace en teoría y con la hipócrita doble moral—, tocante a la libertad como "el totalitarismo", la intolerancia, el terrorismo, el fascismo en su diversa presentación y nombres (Sionismo, supremacía blanca, por ejemplo) y los diferentes tipos de segregación.

La "Declaración Universal de los Derechos Humanos" fue decidida con la participación de 58 Estados miembros, 48 a favor, 2 ausentes y 8 abstenciones por razones y sinrazones variadas como la no condena en exclusivo del Fascismo y del Nazismo en el documento. Entre ellos la abstención de la Unión Soviética quien enfrentó victoriosa la invasión de la Alemania nazi, pese al enorme costo social de millones de víctimas y la oscura complicidad de los Aliados, pues, de modo estratégico favorecía su interés de dominio mundial la caída de la URSS. Algunos historiadores afirman que la Unión Soviética, con el Ejército Rojo y el pueblo en armas, fueron los vencedores de la II Guerra Mundial y no como intentan hacer creer lo contrario a través de los medios masivos de la hegemonía cultural; deformando la realidad histórica con un relato ficticio tipo Hollywood.

La discordancia demagógica, según móviles de índole política y económica de las élites, surge por la incompatibilidad entre el predominio de la libertad individual sobre los derechos sociales y la igualdad legal, pues, no reconoce la diversidad y la discriminación. Significa que se conservan los privilegios de los sectores dominantes amparados por las leyes del mercado, justas en apariencia, sin embargo, nefastas para los pobres en el contexto del salvaje Capitalismo neoliberal. Sistema que aprehende el sentido de la "Declaración Universal de los Derechos Humanos" en correlato con doctrinas, entre otras, como "la muerte del sujeto" y el argumento del "individualismo metodológico". Ésta teoría asegura que el hecho social resulta de la interacción de individuos encauzados por sus decisiones premeditadas de índole personal [E. Durkheim, Método sociológico, Orbis, Barcelona 1985].

Evidencias que guían hacia la duda y la desconfianza sobre la concepción de "libertad" y "democracia" en la trama de los "Derechos Humanos", y su puesta en escena en la real experiencia cotidiana; en su ejecución práctica, objetiva y concreta. ¿Tales nociones se entienden de distinto modo, en concordancia a valores y contenidos individuales o colectivos? ¿A quién beneficia o perjudica ese estado de cosas? ¿Qué será posible y necesario, hacer para alcanzar el justo equilibrio?

Aquí es valorable conocer que el precedente inmediato de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proviene de los alegatos del "Virginia Bill of Rights" (1776) ["Declaración de Derechos de Virginia", en Estados Unidos, proposición influida por la "Carta de Derechos Inglesa" (Bill of Rights) de 1689; si bien, a ésta le critican el principio del privilegio de clases y de la monarquía, en comparación al sentido de igualdad que pregona la "Virginia Bill of Rights"], luego de la guerra de la "Revolución Americana" del norte (para lograr la Independencia en 1776 como colonias británicas) y de la "Déclaration des droits de l´homme et du citoyen" (1789) –"Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano"— de la Asamblea Nacional Francesa. A más de la colección de ideas sobre los Derechos Humanos oriundos de la Ilustración, originarias del anhelo de seguridad frente al Estado y expuestas en las iniciales tesis políticas del empirismo inglés [T. Hobbes, Leviatán, XIV, XV, Editora Nacional, Madrid 1977:228-240.].

A propósito, de los Derechos Humanos, Unamuno agrega que la unidad del individuo con la categoría humana se forja mediante la nación. "Hay derechos individuales, aquellos por los que tan bravamente peleó la gloriosa Revolución Francesa, hay derechos del hombre contra los que nada puede en justicia, la patria, y hay derechos humanos, derechos de la humanidad, contra los que nada tampoco puede (…) porque más que el rey manda Dios, el Dios de todos, no el Dios especial de un pueblo que se crea escogido" [en: "Los límites cristianos del nacionalismo" (1915), Obras Completas, Tomo 9, Escelicer, Madrid 1971:1304]. Al mismo tiempo la noción de la alianza del hombre con la especie humana se expresa en el pensador vasco español como la reivindicación de los derechos humanos: "El deber de cada hombre es de esforzarse por salvar a la humanidad" [en: "La esencia del liberalismo". Valladolid, 03-01-1909", O.C., Tomo 9, Escelicer, Madrid 1971:250].

El proyecto del "fajismo" o fascismo.

El libro de ensayo filosófico, teológico y ontoteológico, de Unamuno: Del sentimiento trágico de la vida del hombre y los pueblos, fue publicado en 1913 antes de la "I Guerra Mundial" en 1914. En ese sentido, Unamuno de niño vivió la tragedia de la Guerra Carlista –lo narra en la novela Paz en la guerra— y al final de su vida, testigo del comienzo de la Guerra Civil. De esta manera transcurre su existencia entre dos guerras. Por lo demás intuyó el sistema de lo que llamarían Fascismo y que él citó con el neologismo "fajismo" (de fajo) en diversos artículos sobre la "realpolitik" de su tiempo. Aparte de ser más adecuado, según su consideración, a la lengua castellana y significar lo mismo, para historiar la proliferación del movimiento totalitario, déspota, militarista, autoritario y antidemocrático, en Alemania, Italia y España.

Cuestión que aclaró: "‘fasci’ –o fajos, que ‘fajo’ es la palabra española que responde a la italiana ‘fascio’" (del latín fascis: haz) [en "Superacionismo", El Mercantil Valenciano, 10-11-1922]. De igual forma en otro escrito manifiesta: "En primer lugar un detalle de lenguaje, y es que le llamo ‘fajismo’ [al Fascismo], porque de la palabra italiana ‘fascio’, haz o gavilla, se hizo en castellano fajo, –un fajo de billetes, verbigracia–" [en "El fajismo en el reino de España", El Socialista, 28-11-1922]. Con el tiempo la expresión Fascismo aludió a la práctica no democrática, autoritaria y de fuerza de gobiernos y de individuos. En el momento dicha ideología fue vista como novedosa porque comportó la sublevación en contra del socialismo y del liberalismo capitalista.

De modo que el pensador, desde 1922, empleó la palabra "fajismo" hasta los años treinta y de tal forma denominó al fascismo en España. Ello explica que en sus artículos aparezca el término "fajismo" y no fascismo. De esta manera escribe: "Bolcheviquismo y fajismo, movimientos contra el individualismo anarquista pero producidos por dos fuertes individualidades anárquicas, Lenin y Mussolini" [Manual de Quijotismo (1909), Universidad de Salamanca, 2005:108]. Al punto que dejó dispersa en su obra una "fenomenología del fascismo" que relata la intencionalidad del liderazgo político y la enajenación de los fanáticos fascistas.

Sobre el tema escribió Sandro Borzoni. Quien lo ilustra con el aporte de su investigación histórica: "En la Roma antigua los lictores eran los guardias que defendían a los magistrados. Para protegerlos iban armados con las fasces lictoriae a las que a veces ataban un haz, para simbolizar el poder de vida o de muerte que tenían los magistrados. El símbolo del fascio (haz) fue empleado por primera vez en 1919, junto a otros iconos que proceden de la Roma antigua, en las primeras reuniones de los Fasci di Combattimento, la organización desde la que brotará dos años más tarde el Fascismo. El fascismo español, años después, también hará su labor de recuperación histórica, mezclando en un improbable sincretismo las fasces lictoriae típicas del fascismo mussoliniano con las flechas de los reyes católicos. Un vestigio del pasado falangista que sobrevive todavía en el símbolo que aparece en el dintel del hogar de miles de casas españolas del Instituto de protección de la vivienda. En Italia águilas y fajos lictorios han desaparecido más rápidamente después de la proclamación de la República italiana, pero quedan como memoria de un pasado teñido de pretensiones imperiales, cientos de oficinas de correos, prefecturas, estadios de fútbol" [S. B., Fajismo y fascismos/Miguel de Unamuno frente a las ideologías totalitarias en la década de los treinta (I, "El fajismo visto por Unamuno"), Universidad de Salamanca, España 2009:70-74].

Unamuno, en 1900, por vez primera usó el término "fasci" cuando menciona a la agrupación creada por Giuseppe de Felice Giuffrida, los "Fasci Siciliani". Gremio de proletarios, trabajadores jornaleros y agricultores, formado entre 1891 y 1893 en varias ciudades de Sicilia. Exigían la redistribución de las tierras y el alivio de la situación laboral y salarial. Sin embargo, de manera violenta fueron reducidos por el ejército [S. F. Romano, Storia dei Fasci Siciliani, Bari, Laterza, 1959; F. Renda, I fasci siciliani (1892-1894), Torino, Einaudi, 1977.]. Éste movimiento era distinto y sin relación con los "fasci di combattimento" de Mussolini, organizados años después. En referencia escribió Unamuno: "Pocas cosas más interesantes que la mafia, exteriorización de una diátesis especial del espíritu público siciliano, que en su estado de agudeza produjo los fasci, algo así como la Mano Negra de Jerez (…) Como doctrina, cada día presenta una nueva cara. Esto en Italia, que en mi pobre España ni aun pretende ser doctrina" ["Il Mezzogiorno", Las Noticias, Barcelona, 04-08-1900; en Obras Completas, IV ("La raza y la lengua"), Escelicer, Madrid 1968: 1090].

El Fascismo, aclara el Rector, tiene su inicio en las trincheras de Carso, montañas de Friuli del "Altopiano Cársico", al noroeste de Italia (provincias de Gorizia y Trieste) y frontera con Eslovenia y Croacia. Un teatro de operaciones durante la "Primera Guerra Mundial". Hasta ese lugar, en misión diplomática, viajó Unamuno en 1917 junto a otros intelectuales "interventores" [en G. Foresta, "Unamuno interventista", La Nuova Antologia, año 108°, vol. 519°- fasc. 2073, sept. de 1973], como Manuel Azaña de la Generación del 98; futuro presidente de la II República y al cual Unamuno desafiaría. En Friuli, Unamuno departió con soldados del frente ítalo austríaco ["Una visita al frente italiano", en Obras Completas, IX, Escelicer, 1971:1505-1533; V. de Tomasso, Unamuno in Friuli, Udine, Doretti, 1984].

De la Primera Guerra se originó el gobierno de Mussolini. Los primeros partidarios fueron los excombatientes "veterani della Grande Guerra". En 1919 surgen los "Fasci di Combattimento", fundado por Mussolini en Milán. Unamuno después escribiría que el Fascismo procede de los veteranos de la Primera Guerra, puesto que poseían el sentimiento de patria. He aquí, al parecer, la primera teoría de la génesis del Fascismo como fenómeno histórico: "en el frente de guerra italiano se hicieron el fascismo, de una parte, y de otra, el nuevo Socialismo italiano, amén del partido popular. La guerra puso en contacto a hombres de distintas procedencias, de regiones distintas, de clases diversas" [en "La nueva conciencia nacional", El Socialista, 05-07-1922].

Hipótesis que en cierto modo comparte la filósofa Hannah Arendt, lectora de Unamuno [ella lo cita en La vida del espíritu (The Life of the Mind), "Introducción", ed. M. Mccarthy, 1978:22.], en el ensayo Los orígenes del totalitarismo: "En la década de los 20, las ideologías del fascismo, el nazismo y el bolchevismo fueron formuladas y dirigidos sus movimientos por la llamada generación del frente, por aquellos que habían sido educados en la época anterior a la guerra y la recordaban claramente, de forma tal que la política general y el clima general del totalitarismo de la postguerra estaban siendo determinados por una generación que conocía íntimamente el tiempo y la vida que habían precedido a este período" [H. A., Los orígenes del totalitarismo (The origins of the totalitarianism, Nueva York 1951), "La alianza entre el populacho y la élite", Taurus, España 1998:269.].

En cuanto al fascismo o "fajismo". ¿Hubo evidencias en España? En ese orden, Salaverría reveló antes de la Guerra Civil: "por diversos modos se ha sugerido aquí la probabilidad de que en España pudiera repetirse el fenómeno del fascio (…) Italia ha soportado la profunda y larga conmoción de la guerra (…) En cambio España carece de aquellos motivos de exaltación que da a un país una guerra dura, difícil y victoriosa" [J. M. Salaverría, "El fascio y España", ABC, 7-11-1922].

¿Unamuno fue fascista o antifascista? Siendo desterrado por la dictadura de Primo de Rivera. ¿Pensó alguna vez que el régimen de éste sería fascista? Entendiendo el Fascismo como contenido político y doctrinal autónomo [en G. García Queipo de Llano, Los intelectuales y la dictadura de Primo de Rivera, Madrid, Alianza, 1998:476]. Con todo, sectores extremos de la derecha española simpatizaban con Mussolini y el Fascismo.

De tal forma Borzoni declara: "En la interpretación de Salaverría el fascismo es la demostración de la crisis del parlamentarismo y de los valores democráticos. Mussolini no se encuentra al mando simplemente gracias a su ‘aspecto de arribista, de condottiero, de ambicioso flexible y hábil que sabe desprenderse de sus incómodas doctrinas socialistas para escalar el Poder’ (J. M. Salaverría, ‘El que influya en el siglo XX’, ABC, 15-11-1922). Mussolini se halla a la cabeza de una nación porque desde hace años unas voces venían anunciando la quiebra del liberalismo parlamentario.

En primer lugar Nietzsche, que Salaverría considera como el profeta de los totalitarismos y de una visión aristocratizante del pueblo –leyendo en clave política la teoría del Übermensch (superhombre)—; y en segundo lugar Carlyle, que habló de los héroes y de lo Heroico en la Historia, originaron una crisis profunda y abrieron las puertas a una visión nueva de la política, que según el publicista del ABC es una ‘teoría de la aristocracia, del predominio de los mejores, de la vacuidad del liberalismo ochocentista, de la estupidez de las masas’. En Italia los prosélitos de Nietzsche fueron D’Annunzio y Mussolini (…) En su comparación de las dos penínsulas, destaca que Italia no tiene un problema separatista parecido al problema catalán y vasco. Al haber luchado en una Guerra, Italia ha creado un sentimiento de cohesión y de unidad que a España le ha faltado siempre (…) La opinión de Salaverría se parece mucho a la de Unamuno" [S. Borzoni, ob. cit., 2.1.4, "Don Quijote en el destierro: la mirada tentadora hacia Italia": 223-224].

A propósito del anterior escrito, il Duce publicó su juicio del pueblo: "Sabed que yo no adoro a la nueva divinidad, la masa. La masa es una creación de la democracia y del socialismo. Creen que por la sola razón de ser numerosos deben tener necesariamente razón" ("Voi sapete che io non adoro la nuova divinitá: la massa. E una creazione della democrazia e del socialismo. Soltanto perché sono molti debbono avere ragione") [B. Mussolini, "L'azione e la dottrina fascista dinnanzi alle necessitá storiche della Nazione", Udine, 20-09-1922].

Al respecto, Arendt presume: "no sabemos todavía lo que sucederá cuando logre imponerse el auténtico hombre-masa, aunque puede suponerse fundadamente que tendrá más en común con la meticulosa y calculada precisión de Himmler que con el fanatismo histérico de Hitler, que se parecerá más a la testaruda frialdad de Molotov que a la crueldad sensual y vengativa de Stalin" (Ob. cit., 269).

La ironía de Mussolini, altivez característica de los intelectuales en ese tiempo –así también Unamuno— atañe al culto romántico de la personalidad, el personalismo, al punto que de modo relativista se auto perfiló: "Nosotros los fascistas hemos tenido el valor de hacer a un lado todas las teorías políticas tradicionales, y somos aristócratas y demócratas, revolucionarios y reaccionarios, proletarios y antiproletarios, pacifistas y antipacifistas". Con riguroso individualismo, propio del Romanticismo como tendencia filosófica que aún continuaba en su época, diseñó la concepción del Fascismo a manera del último romántico; y pretendió el ideal de que "cualquiera es libre de crear su propia ideología". Aunque su originalidad consistió en el intento de "ponerla en práctica con toda la energía posible". [B. Mussolini, "Relativismo e Fascismo", Diuturna, Milán 1924:376; texto citado por Franz Neumann, en Behemoth. Pensamiento y acción en el Nacional-socialismo, Madrid, FCE, Madrid 1983:511].

Aquí, Neumann agrega referente al nazismo: "Pero cualquiera que haya sido el significado último de Nietzsche, su recepción en Alemania favoreció el desarrollo del nacional-socialismo. Dio al nacionalsocialismo un padre intelectual. (…) El movimiento de la juventud libre, que dio a los nacional-socialistas buena parte de sus líderes, no consiguió elaborar ninguna nueva filosofía, con excepción de un nihilismo moral y religioso que, como todo movimiento nihilista, conduce en definitiva a la aceptación de cualquier poder suficientemente fuerte para aplastar a todos los adversarios" (Ob. cit.:155 y s.)].

De tal manera Mussolini se transformó en un frío victimario, no sólo de intelectuales, como el caso, entre otros, del filósofo Antonio Gramsci que se negó a pedir la gracia del dictador. Fue hecho preso en 1926 hasta morir en 1937 en la prisión. Complementa Kohan que: "En el proceso que lo condenó, el fiscal fascista Michele Isgro declara: ‘Durante veinte años debemos impedir funcionar a este cerebro’". Gramsci ideó la "Filosofía de la praxis" (en Cuadernos de la cárcel) y uno de sus descubrimientos políticos concierne a las relaciones de poder como la fuerza entre las clases sociales. Hipótesis que después sostuvo Foucault en su "Analítica del poder", al que las academias se lo atribuyen, pero "en realidad corresponde a Gramsci quien lo formuló cuarenta años antes" [N. Kohan, "Introducción", en Antonio Gramsci, Ocean Press, Merbourne-Nueva York-La Habana 2006:6-9-10].

En el decurso de los años treinta, del siglo XX, la fusión de violencia y teatralidad sedujo a la juventud española, imitadora del fascismo italiano, esto preocupó a Unamuno. Le sorprende la entonación insustancial de la Giovinezza, el himno fascista creado por Giuseppe Blanc y que interpretado en forma banal carece de valores, como una cuestión que caracteriza a las dictaduras. Ello aleja a los jóvenes de los problemas de la realidad, ya que ésta requiere de la prudencia. De hecho, observa la aparición del Fascismo: "¿es que está cuajando en nuestra España algo parecido al fajismo italiano y al nacionalsocialismo alemán? Y esto aunque no se vislumbre aquí ni un Mussolini, ni un Hitler españoles (…) No hay aquí para ello ni los motivos de Italia, presa de resentimiento por haberse visto menguada, y hasta humillada, en sus ensueños imperiales (…) ni hay tampoco los motivos de Alemania, crucificada en el tratado de Versailles" ["¿Fajismo incipiente?", El Sol, Madrid, 05-05-1932; en República Española y España Republicana (1931-1936):172].

Sin embargo, en España sí había los móviles que en esa ocasión no pudo percibir Unamuno sino cuando afloró el "fajismo" o fascismo en la dictadura de Franco. Por lo pronto al Rector le ofendía el fraude de los valores cristianos de la Iglesia Católica, en especial el del símbolo de la cruz que los "fajistas" empleaban. "Y esos violentos sedicentes católicos no hacen otra cosa que violar el catolicismo. El catolicismo y, lo que es peor, la catolicidad (…) ¿Catolicidad? ¿Catolicidad la de estos jóvenes bárbaros de la derecha? Hay ya fajistas que empiezan a tomar como emblemas, no el fajo, no el haz de los lictores, sino la cruz de Cristo. ¿La del Cristo? ¡La del Cristo no! Que el Cristo cargó con ellas a cuestas (…) mientras que éstos se la toman a pecho y acaso de escudo. El Cristo se respaldó con la cruz y éstos se respetan con ella. No sirviendo a la cruz, sino sirviéndose de la cruz. Y lo peor es que hablan de la familia y de la religión. ¡De la propiedad y el orden, pase! (…) ¿Fajismo? Es la moda, o mejor, la epidemia acaso inevitable. ¿Pero apoyado en religión? No. La religión tiene que vivir del momento histórico verdaderamente eterno, tiene que vivir de la historia de ahora. Y ahora es siempre. Y el momento histórico de ahora en España es esta que llamamos, por llamarla de alguna manera, la revolución liberal y democrática" (Ob. cit.).

El veintinueve de octubre de 1933, sectores de ultraderecha con expectativa fascista, fundaron el partido político "Falange Española". En este movimiento, a modo de referente ideológico, hubo lectores de Unamuno quienes admiraban su estilo "demoledor y visionario"; como en: Vida de Don Quijote y Sancho, "El sepulcro de Don Quijote" y "Sobre la europeización". De manera que, ¿para juzgar el pensamiento, el mensaje y su orientación política, depende de reconocer los cambios graduales, enfoques y autenticidad del lenguaje que adopta según la circunstancia? Desde esa posición lo justiprecia Fernández Urbina: "Esta falta de unidireccionalidad política de Unamuno fue común al resto de sus facetas; por eso, no nos cansaremos de advertir que, junto al ideólogo españolista y fideísta que surge de 1897 y cristaliza en 1905, coexiste otro europeísta y reformador social de orientación progresista. A que el primero fuera más llamativo, contribuía el que, en esa clave, solía utilizar un verbo demoledor y visionario, mientras que cuando escribía en tono europeísta y de reformador social lo hacía con sobriedad expresiva" [Miguel F. U., Los vascos del 98: Unamuno, Baroja y Maeztu. Juicios, actitudes e ideas ante la modernidad, Bermingham, San Sebastián, 1998:64-65].

¿Identificar el antifascismo de Unamuno radica en mirar el pro y el contra de sus actos públicos y políticos, además de considerar la divulgación escrita que realizó sobre el Fascismo o Fajismo? Evaluar su criterio concerniente al Fascismo en España con enfoque científico y crítico no es fácil. Aunque en la actualidad hay numerosas investigaciones que sistematizan su obra y facilitan la tarea. El Rector, pese a censurar los tipos de autoritarismos, ¿según parece subestimó la capacidad facciosa de la extrema derecha y su proyecto de lograr el poder de cualquier modo para controlar el Estado, indiferente a los medios o el cómo? Por otra parte, casi hasta el final de su vida, aprobó la actitud de Franco, lo absolvía imaginándolo ajeno a los actos fascistas y crueldades que cometían sus subordinados, pensaba que el dictador podía restituir el orden a la nación sumida en la anarquía y la violencia. Lo valorable es que después asumió su equivocación:

"En cuanto al caudillo —supongo que se refiere al pobre general Franco— no acaudilla nada en esto de la represión, del salvaje terror de retaguardia. Deja hacer. Esto, lo de la represión de retaguardia, corre a cargo de un monstruo de perversidad, ponzoñoso y. rencoroso, que es el general Mola, el que sin necesidad alguna ni táctica, hizo bombardear nuestro pueblo [Bilbao] (…) encarcelan e imponen multas —que son verdaderos robos— y hasta confiscaciones y luego dicen que juzgan y fusilan. También fusilan sin juicio alguno. (Claro que los jueces carecen de juicio, estupidizados en general por leyendas disparadas) y ‘esto es cosa cierta’ porque lo veo yo y no me lo han contado. Han asesinado, sin formación de causa, a dos catedráticos de Universidad —uno de ellos discípulo mío— y a otros. Últimamente al pastor protestante de aquí, por ser (...) masón. Y amigo mío. A mí no me han asesinado todavía estas bestias al servicio del monstruo (…) Qué cándido y que lijero [sic] anduve al adherirme al movimiento de Franco, sin contar con los otros, y fiado -como sigo estándolo— en este supuesto caudillo. Que no consigue civilizar y humanizar a sus colaboradores. Dije, y Franco lo repitió, que lo que hay que salvar en España es la ‘civilización occidental, cristiana’ puesta en peligro por el bolchevismo, pero los métodos que emplean no son civiles, ni son occidentales sino africanos —el africano no es, espiritualmente, Occidente— ni menos son cristianos. Porque el grosero catolicismo tradicionalista español apenas tiene nada de cristiano. Eso es militarización africana pagano-imperialista: y el pobre Franco, que ya una vez rechazó —si bien tímidamente— aquello de Primo de Rivera de ‘los de nuestra profesión y casta’, refiriéndose a la oficialidad de carrera, que no es el ejército, como el clero no es la Iglesia, el pobre Franco se ve arrastrado en ese camino de perdición. Y así nunca llegará la paz verdadera. Vencerán, pero no convencerán; conquistarán, pero no convertirán" ["Carta a Quintín de Torre", Salamanca, 13-12-1936].

(Viene la última parte: II)

 

arjevach@gmail.com



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