El mito de la democracia (I)

*El presente trabajo debido a la complejidad y lo interesante del tema será presentado en cuatro entregas.

El mito: Un mito es una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o cosa y les da más valor de la que tiene en realidad. En oportunidades se refieren a hechos prodigiosos, también a seres sobrenaturales como dioses, semidioses, monstruos y también a personajes históricos como héroes o guerreros. Son muchos los ejemplos en la historiografía en los que se mezcla la circunstancia real con un hecho histórico, por ejemplo, el mito de la fundación de Roma por Rómulo y Remo amamantados por una loba; así mismo como los numerosos mitos que se pueden leer en la literatura griega como el origen de la Medusa, el mito de Prometeo, el mito de Aquiles, el mito de Narciso y Eco, el mito de Amalivaca entre otros.

Es notorio en los procesos épicos de la historia, por ejemplo, en las numerosas batallas consumadas en diferentes períodos y en diversos lugares de la Tierra, los especialistas o narradores de estos eventos glorifican tanto a los ganadores de la contienda que le dan la connotación de héroe. En muchos de estos temas, son tan superlativamente ensalzados que dichos guerreros se acercan más a un semidiós que a un soldado terrenal, en algunos casos se refieren a ellos como los héroes de mil batallas. De igual modo los libros de caballerías españoles nos dan señales de esta mitología como "El poema del Mio Cid", "Amadís de Gaula", "Luisarte de Grecia", entre tantos. En estas obras los autores presentan los guerreros como seres extraordinarios cuyas gestas parecieran librarlas seres sobrenaturales.

Hay mitos de todo tipo, como el fundacional, que se utiliza para explicar el origen o la fundación de un pueblo determinado, como el caso de Roma; teogónicos, para exponer el origen de los dioses; cosmogónicos, para revelar el origen del mundo; antropogónicos, los que narran la aparición del hombre sobre el planeta; morales, los relatos que tratan de explicar la existencia de bien y el mal; escatológico, narraciones cuyo tema refiere directa o implícitamente el origen y destino de la existencia del hombre en el cosmos. Hay otros mitos, sin embargo, me voy a referir a unos de los cuales nadie hace alusión, me refiero al mito político, por ejemplo, el que asegura que la democracia es la mejor forma de gobierno.

Para referirme a lo anterior me obligo a expresar las diferentes formas de gobiernos desde que el hombre hizo su aparición por el planeta y se convirtió en gregario, hasta nuestros días. Tal conversión se hizo para enfrentar los avatares y los desafíos de la naturaleza por vivir en un lugar inhóspito.

Formas de gobierno en la prehistoria: en tiempo de los hombres primitivos la única organización que conocieron, como forma natural, fue la familia, la cual todos sus integrantes se unían en los trabajos de la caza y la pesca para la manutención de la parentela, todo esto bajo la autoridad del padre. Dado lo agreste del entorno, como por ejemplo los fenómenos naturales, los seres humanos, tal como lo hacen los animales, tuvieron que asociarse en manadas para enfrentar y cazar en grupo las enormes bestias, las mismas que le proporcionarían la proteína y las pieles indispensables para sobrevivir. Así fue como los seres humanos se hicieron gregarios. Además, era normal y necesario en tales agrupaciones que un sujeto los dirigiera, seguramente quien asumiría este papel sería el hombre más fuerte del grupo. Esta debió ser la primera organización de un conjunto regido por una autoridad impuesta por la ley del más fuerte. Debo pensar que esta fue la primera y única forma de gobierno.

Ciertamente de aquella época no hay nada escrito y por lo tanto todo lo que relato son supuestos basado en el comportamiento de las tribus que aún se mantienen aisladas en las montañas y bosques de ciertas zonas del planeta y que han tenido poco y casi ningún contacto con él el "mundo civilizado".

Pasaron miles de años por lo que la dinámica social y las necesidades obligaron a los seres humanos a asociarse en nuevas organizaciones como el clan y la tribu. Era evidente, la familia crecía y los hijos formarían su propia estirpe aumentando de esta manera la comunidad familiar. Surge de esta manera el clan, es decir el conjunto de personas procedentes de una misma familia o de la asociación de varias. Este tipo de agrupación, basada en el parentesco, generó solidaridad social entre sus miembros, es decir, de ayuda mutua, la participación en ceremonias en la adoración del tótem y el deber de la venganza. Según que la dirección del grupo la asuma una de las madres, por lo general la de mayor edad, surgirá el matriarcado o si es un varón, el más viejo, el patriarcado. Es de suponer que el personaje que ostente la dirección del clan deberá tener algún título, en las diferentes zonas de la Tierra, que lo distinga de los demás miembros del clan, pero tal se desconoce. Es bueno aclarar que término cacique para designar el jefe de un grupo es un vocablo español y no se corresponde a la lengua de ningún pueblo originario. En todo caso, la matriarca o el patriarca será el o la responsable de dirigir las cuadrillas de caza que le proporcionará al grupo la vestimenta y la comida, de igual forma, asumirá la dirección de los problemas de la vivienda colectiva. Son famosos los clanes escoceses como el Mackenzie, el clan Forbes, cuyos jefes por lo general era un terrateniente que llamaban laird; en los japoneses como el clan de los samuráis cuyo jefe recibía el título de shogun.

Pasarían miles de años para que aquella forma de organizarse se agrandó, quizás por problemas de preservar la vida ante el ataque de los animales feroces, enfrentar los desafíos de la naturaleza, formar grupos de caza, que eran los problemas vitales de aquella época. Surge entonces la tribu, una organización que reúne a varios grupos o clanes cuyos miembros tienen un antepasado común, quienes comparten el mismo origen, así como las mismas costumbres y tradiciones. Se debe aclarar que los jefes de tales tribus, por ejemplo, las centro y suramericanas no eran caciques, tal como lo designó el conquistador español. Como muestra el jefe de los indios kariñas se le llamaba "dopooto", al de los aztecas "huey tlatoani" (gran orador), al de los mayas "halach vinic" y al de los incas "sapa inca".

No cabe duda, los jefes del clan solo les aseguraba a sus miembros la posibilidad de acarrease la comida, protección ante el ataque de alguna bestia, dirigir la búsqueda de una cueva o conducir la construcción, en forma colectiva, de la choza o cobertizo que los protegiera de las arremetidas de los fenómenos naturales. Eran las necesidades básicas de los miembros del clan. Si le damos una connotación política al jefe del clan podríamos juzgar que dicha forma de gobernar era una autocracia: un régimen donde una sola persona gobierna sin someterse a ninguna limitación. En tal circunstancia la cabeza del klan era un autócrata. En algunas tribus el jefe o superior consultaba sus decisiones con una comunidad de ancianos.

No es fácil cronometrar con exactitud el tiempo para establecer los cambios surgidos en la sociedad en un momento determinado, a sabiendas que de una era a otra pasaron miles de años. Además, tampoco hay registros escritos sobre la forma que se produjeron las trasformaciones sociales para establecer modelos de gobierno basado en características específicas. Sin embargo, cuando se inventó la escritura y posteriormente la imprenta el hombre moderno comenzó a tener una idea de lo que ocurrió en siglos anteriores. Con una salvedad, los personajes que escribieron muchas de estas crónicas eran hombres y por lo tanto sus escritos no estaban lejos de la subjetividad e intereses y la falta de conocimientos, es decir, de la forma como cada relator entendía o apreciaba lo ocurrido. Pasamos entonces del relato oral al escrito que dio lugar a los mitos, los cuales están presentes en casi todas las culturas del mundo. Tales mitos, en algunos casos sirvieron y sirven para atemorizar, sojuzgar, cautivar, imponer leyes, dominar y engañar, los cuales fueron aprovechados para inventar doctrinas sociales, filosóficas, políticas y religiosas.

Aquellos mitos derivaron en lo que actualmente se llama tradiciones o imaginario colectivo que dieron origen a todo tipo de personajes sembrados en la mente de los habitantes del planeta. De los mitos han surgido todo género de protagonistas, tanto del homo sapiens como animales de la selva, como por ejemplo: guerreros, dragones, aves voladoras, dioses, ángeles, vírgenes, hadas, semidioses, adivinos, duendes, príncipes, princesas, profetas, héroes, heroínas, mártires, reyes, reinas, ogros, brujas, elfos, fantasmas, gigantes, genios, adivinos, generales, mariscales, emperadores, magos, conquistadores, hombres vampiros, hombres lobos, resucitados, reliquias con poderes milagrosos, sabios, artistas, seres magnánimos, tiranos, demócratas…Son muchos los mitos creados por los seres humanos, registrados tanto en la literatura de ficción, como en los libros religiosos, también en los de historias, reforzadas modernamente en las películas de ficción y así mismo en la política. Es tal el apego de muchas personas a tales fábulas que en algunos casos le es difícil diferenciar el mito de la realidad.

Pasado el tiempo, por necesidades de la sociedad los seres humanos se fueron agrupando en villas, pueblos, cantones, provincias y ciudades que obligaron a establecer formas de gobiernos que permitirían conducir las actuaciones de los hombres y mujeres que comparten un territorio. Surge así el conjunto de personas y organismo que dirigen y velan por la buena marcha de la comarca, para ello se requiere la formación de un grupo de órganos a los que se les confía la dirección política y administrativa. Dependiendo como funcione dicha agrupación surgirán diferentes formas de gobiernos, tales como monarquía, imperio, teocracia, dictaduras, democracias, cada una de estas adaptadas a la geografía y la cultura de la región. Es importante aclarar que dentro de tales sistemas o formas de gobierno se crearon diversos mitos sobre algunos personajes y sobre el régimen de gobierno.



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Enoc Sánchez


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