Reflexión sobre el pensamiento postcolonial o emancipador de M. V. Romero-García

Peonía y la historia de Venezuela del siglo XIX

Tal vez haya sido una imprudencia de nuestra parte, pero resulta que cuando el compañero Francisco soltó que no teníamos tema seleccionado para la tertulia del sábado 29 de septiembre pedí que fuera el asunto que encabeza este texto breve; y ya el lunes 24 del corriente  nos comunica que preparemos todo porque seré quien inicie el intercambio de saberes en el ya tradicional  encuentro de las tres de la tarde en la Plaza de Libros Usados, pues como nos comenta otro amigo en mensaje de texto hay hambre entre lectores asiduos de este tipo de reuniones. O sea, al modo Jorge Luis Borges: “Agradables temas para las largas noches (o tardes) del cenáculo”. Aunque tal vez pueda ser un mecanismo inocuo de sustraernos por un momento de esta cotidianidad que nos agobia o tal vez un recurso del método (Carpentier dixit) con fines de poder comprender mejor aquello que hemos sido y somos por la relación pasado-presente y viceversa.

      Guardando las distancias, he aquí que ofrezco una aproximación a la obra y autor ya dichos desde una perspectiva que llamaremos “impresionista”. Esto es, cómo se nos presenta a los sentidos la “pintura” de la huella humana en el espacio y el tiempo asociada a cómo en Venezuela se ha realizado la ocupación y uso del espacio, así como la racionalidad con que lo ha realizado y el magma de pasiones que emergen en la relación hombre con el medio, con sus semejantes y los patrones culturales que configuran un cierto imaginario social, representaciones, como también teorías sociales de largo alcance  expuestas desde los centros socioculturales más dinámicos en el sistema mundo en el que se inscribe la “Civilización americana” como llama don Pedro Grases a esta parte del mundo.

    Así, pues, Peonía, la conocida novela de Manuel Vicente Romero García (Valencia, Venezuela, 1865-Aracataca, Colombia, 1917), soldado de montoneras de ocasión y semiletrado o de formación autodidacta dedicado al periodismo de opinión, (según opinión, por cierto bastante clasista ¿o diremos que realista? del escritor y archiconocido miembro de la élite intelectual venezolana Dr. Arturo Uslar Pietri) logra construir sin embargo un libro original acaballo entre la crónica, la denuncia social y el relato ficcional bastante desigual en cuanto a técnica narrativa, elaboración de personajes y su mundo interior o psicología en un contexto marcado por el dilema barbarie-civilización, donde la filosofía positivista, la ciencia y la técnica moderna aprendidas por las nuevas generaciones en la universidad caraqueña, van acompañadas de una elevada moralidad no mediada por el ropaje religioso, de donde se tiene que el binomio tradición modernidad viene a ser un tópico.

     Igualmente, presenta minuciosas y vivas descripciones del paisaje, tradiciones musicales y faenas de trabajo, caza y gastronomía típica en haciendas de familias patricias venidas a menos, el peonaje y demás “gente de baja categoría” en el marco del modelo agrario-exportador en los valles del Tuy, que es el modo de vida que define muchos aspectos recreados del proceso general de la historia de venezolana de mediados y finales del siglo XIX; de tal suerte que a estas alturas nos sorprende constatar que obras literarias así no sean usadas, a falta de información contraria, como un excelente recurso para la enseñanza de la historia nuestra en los niveles tradicionales de la educación media y universitaria, más allá de la memorización de “hechos fríos” y personajes “poco decidores” del ambiente vivido en una época fundamental de lo que somos como nación.

 Aunque no se puede negar tampoco que deja muchas preguntas como por ejemplo la autonomía o dependencia de un autor literario con respecto al contexto sociocultural en que produce su obra, tema que aborda con mucha pertinencia el profesor-investigador, cuentista y novelista Miguel Gomes (Caracas, 1964) en su obra “El desengaño de la modernidad. Cultura y literatura venezolana en los albores del siglo XXI” (UCAB, 2017).

Entrando propiamente en el corpus de Peonía de entrada nos invita a una cierta dilucidación en la que pocos o ninguno de los críticos literarios suelen detenerse, a saber, ¿qué nos puede estar diciendo la voz, sustantivo o nombre común que envuelve el término peonía? Uno, en particular formado o deformado en la “Escuela de la sospecha” (Marx, Nietzsche, Freud, de acuerdo con Juan Nuño en “La veneración de las astucias”, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1989), duda si con ello el autor alude a la “… 1.-Planta herbácea de la familia de las peoniáceas, de 30 a 90 cm de altura y con grandes flores rojas o rosáceas, que crece en terrenos húmedos y laderas montañosas y se cultiva como planta ornamental/ 2.- Flor de esta planta/ O también la “… Porción de tierra que, después de la conquista un país solía asignarse a cada soldado de a pie para que se estableciese en él” (www.wordreference.com).

Del este asunto Romero García poco se ocupa, como no sea para hacer decir a su protagonista, Carlos, que “La vida es un himno: ¡cantemos, vivamos!” porque es de la vida personal y social de que se va a ocupar en toda la novela de marras, entrecruzada por graves conflictos íntimos y exteriores; donde no es concha de ajo el pensamiento colonial aún campante 20, 30 o 40 años después de la independencia política y militar de Venezuela respecto a la metrópolis madrileña y reino hispánico, de hecho el abuelo a propósito del alborozo por el grado académico de ingeniero de su nieto sostiene que las luces morales y la ciencia nos vienen de Europa.

- ¿Ya lo ves, Carlos? Si esos buenos españoles, nuestros gloriosos progenitores, no traen a las Américas su sangre, su valor y el estandarte del cristianismo, no fueras tú hoy un doctor (Peonía, Bloque de Armas, Colección Libros Revista Bohemia, S/F, p. 11).

A lo que el otro interlocutor opone lo que podría denominarse las primicias del pensamiento postcolonial, emancipador y reivindicador del ser u ontología americana actual, al reflexionar de esta guisa:

-Ya lo creo, abuelito. Con la conquista se cambió la faz de la América; pero, por más que usted me diga que todo esto es muy bueno, no llegará a probarme que lo que antes existía no fuese bueno también. Creo que yo sería veinte veces más dichoso con mi guayuco, adorando un muñeco grosero de barro cocido, y corriendo por los campos con el arco y la flecha…

- ¡Carlos, por Dios! ¿Cómo dices esas cosas?

-Como usted las oye. Mire usted, abuelo: la civilización de América es muy negativa; es cierto que España nos dio una lengua superior a la nuestra; pero, ¿negaría usted que la nuestra hubiera llegado a ser igual a la española?... Nos dieron una religión fundada en el temor y la esperanza; la nuestra se fundamentaba en el deber… (ob cit., p. 12).

De esa manera y a grandes rasgos es cómo Romero García introduce las tesis que a modo de grandes teorías sociales de largo alcance (el positivismo vs el pensamiento salvaje) sostiene en todo el texto, conflicto que van a personificar las figuras principales y secundarias de la trama novelesca, confirmando con ello que la novela realista puede ser una fuente subsidiaria con fines de lograr reconstruir procesos sociales vistos desde el “interior” de los actores sociales, con voces que emergen desde el fragor de los imaginarios, porque recogen prácticas sociales instituidas que el novelista representa vívidamente a partir de identidades y hábitos, hoy estudiados por disciplinas científicas como la psicología social, sociología, antropología social y la historia de las ideas, las mentalidades y la cultura, siendo el arte de novelar, volviendo a Miguel Gomes (ob cit) un medio para expresar ideas o ponerlas a recircular para la discusión, un recurso ya de vieja data si se tiene en cuenta los diálogos platónicos, sus mitos y/o alegorías.

Otras breves distinciones en los planos ontológicos, antropológicos, axiológicos y hasta epistemológicos se pueden establecer en el decurso de la lectura de Peonía o, en otras palabras, la forma de concebir y explicar la realidad socio-natural en que el hombre y la mujer desarrollan su existencia, descubre y viven los valores o su polaridad; las virtudes fundantes de la convivencia armoniosa y sana o los vicios que la impiden como la envidia, violencia, irracionalidad. Sin negar el disfrute del día a día (Carpe diem) con una comida según la cocina caraqueña colonial, la puesta de Sol en una tarde especialmente propicia, demás aspectos de la belleza natural de un paisaje cautivante y, por supuesto, la epifanía de la mujer como motivo eterno de la perplejidad y el misterio de la vida que, aun oculta en el entramado social, maneja muchos hilos del laberinto donde brama el minutario, para decirlo así con palabras de Rafael Arraiz Lucca.

Finalmente, en Peonía subsiste la propuesta acerca de que es la ciencia y la técnica la instancia que nos acercará a la modernidad, pero ello sólo es posible si metafóricamente dialoga con otras formas de conocimiento tradicional muy arraigadas en la población iletrada pero no por ello capaz de crear y recrear conocimientos válidos en su contexto (etnomedicina, fiestas patronales, cantos y bailes como el joropo, reconocimiento de la inteligencia del mestizo y afrodescendiente que, por cierto, constituyen factores sustanciales de la identidad regional y local o nacional, además de ser lo que el marxismo de antaño y ogaño ha dado en llamar la mano de obra directa en el trabajo creador y liberador); en síntesis, Peonía puede ser, repetimos una enriquecedora experiencia estética a través de la lectura que propiamente da para ser tema de todo un seminario avanzado de estudios universitarios y para graduados.   

 

 



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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