Pensamiento crítico y coyuntura

   La frase “pensamiento crítico” ha venido circulando desde hace tiempo en los medios académicos y políticos. Como toda expresión, significa en tanto y en cuanto responde a otras tantas interpelaciones que se hacen en el espacio público, y se diferencia y referencia de acuerdo a las posturas que se presentan en unas circunstancias concretas. Fuera de eso, algún desprevenido lector pudiera entenderla a la luz de una especie de “diccionario popular banalizador”, que asocia “crítico”, o bien con simple maledicencia malintencionada (no es casual la repetición del prefijo “mal”), o bien con una cierta amargura cuya explicación se pretende personal y hasta patológica, hormonal, cuando no participante de alguna oscura conspiración. Es decir, para este léxico rudimentario, ser crítico es ser criticón, algo así como una vieja amargada que habla mal de los demás.

Por el contrario, los intelectuales, académicos y escritores de todo género, se sienten atraídos por el adjetivo puesto que “crítico” se asocia con el ejercicio de los conceptos, con el examen de los fundamentos, con el desarrollo de la ciencia y la filosofía. A partir de los teóricos de la Escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer, Marcuse, Benjamin y otros), se asume de buen tono ser “críticos” puesto que connota una actitud de profundo rechazo a cualquier forma de dominación y sumisión, las dos caras de la misma moneda, que fueron atacados tanto en los regímenes diferentes pero gemelos del nazismo y el stalinismo, que ostentaron el despotismo en forma bruta (y brutal), como en aparentes reinos de la libertad y la igualdad como la sociedad norteamericana. Ser “críticos” en ese contexto, es muestra de inteligencia, de pensamiento independiente, de valentía incluso por los riesgos que acarrea decir ciertas verdades.

Hace unos años, un grupo de amigos, en su mayoría excompañeros de militancias ya hace tiempo fallecidas, nos agrupamos en un “Grupo de Pensamiento Crítico” en Valencia. Nos propusimos promover espacios de debate abierto como manera de canalizar con una preocupación generalizada por lo que percibíamos, ya desde 2012, como una preocupante desviación del proceso bolivariano, cuyas raíces identificábamos incluso desde, por lo menos, 2007. Promovimos algunos foros y reuniones. Escribimos algo. Yo, por lo menos, cumplí con mi cuota de un artículo semanal. También hicimos varias declaraciones políticas, en las cuales expresamos lo que fue, cada vez, un consenso en el grupo en cada coyuntura. Defendimos el principio democrático-participativo del referéndum revocatorio, nos pronunciamos una y otra vez por la vía del diálogo para conseguir salidas a la crisis multidimensional que aqueja al país, cuestionamos la desorientación e improvisación en la política económica del gobierno, así como su evidente desviación hacia la consolidación de un cúpula burocrático-militar que hoy usufructúa lo que es del pueblo; atacamos los planes de entrega y ecocidio implícitos en el proyecto del Arco Minero del Orinoco, sostuvimos la necesidad de que la anunciada Asamblea Nacional Constituyente fuera sometida a un referendo consultivo en el cual se consideraran las condiciones abiertamente corporativas de ese organismo que se convirtió en un órgano de ejercicio de todos los Poderes, en emulación de un poder dictatorial de emergencia.

 A medida que el proceso histórico avanzaba, cada compañero fue tomando su camino. Era inevitable. Aunque, a título de autocrítica, hay que decir que nos quedamos cortos respecto a los planes de discusiones y demás actividades que nos habíamos propuesto al principio. De modo que, aunque mantenemos relaciones de amistad y de vez en cuando nos seguimos reuniendo a comentar las situaciones, el Grupo de Pensamiento Crítico se disolvió.

Hace poco, apareció en Aporrea un comunicado firmado por un grupo de intelectuales y académicos, unos más conocidos y respetados que otros, llamando a votar por Maduro a nombre del “pensamiento crítico”. Me llamaron la atención varias cosas. En un párrafo, por ejemplo, el grupo se declara “lealmente incómodos (…) sin dejar de decir y denunciar lo que consideramos equívocos”. En otras líneas afirman que esperan que “la revolución bolivariana (me disculpan las minúsculas, pero las llevaba) inicié una nueva fase de radicalización estructural”. Se nota, en esas pocas líneas, algunas concepciones que debemos examinar críticamente.

En primer lugar, la noción de “lealtad”. Ciertos funcionarios (algunos de los nuevos representantes del “pensamiento crítico” firmantes, son funcionarios) entienden la “lealtad” como simple complicidad personal, que incluye la obligación de quedarse callados ante la evidente ineptitud o corrupción de sus socios o jefes. Esto es evidente por los “grandes descubrimientos” en PDVSA que ahora el Fiscal se jacta de sacar a la luz pública; pero también por las denuncias de los purgados Ramírez, la Fiscal destituida por la ANC, etc. Línea aparte merece la orden de ocultar cifras y datos en el BCV, por ejemplo. En medio de esos intercambios de acusaciones, uno tiene la tentación de darle la razón a los dos contrincantes, lo cual supone que, incluso desde Chávez, la lealtad se entiende como la complicidad propia de  mafiosos, nada que ver con la lealtad al proyecto revolucionario, sólo hasta que alguien resulte “incómodo” o pudiera competir en términos de haberse fotografiado con Chávez más veces, o haber trabajado más estrechamente con él. Ciertamente, los amigos intelectuales “críticos” no se han quedado callados.

Y aquí llegamos a lo de la “incomodidad” aludida en el comunicado de los amigos intelectuales y académicos “críticos” (las comillas no tienen ánimo irónico). Es posible que sean “incómodos” los señalamientos del gran escritor Luís Britto García acerca de los burócratas “matavotos”, la ineficacia sospechosa de los militares que resguardan nuestras fronteras, los riesgos y daños que tienen la Ley de Protección de las Inversiones Extranjeras, el Petro con su “garantía” en el petróleo por extraer de nuestras reservas, las limitaciones de todas las políticas económiacs del gobierno. Ha habido otras denuncias y señalamientos de, por ejemplo, Vladimir Acosta, muy interesantes. También hemos conocido, por ejemplo, las críticas del grupo “LUCHAS”, una escisión de “Marea Socialista”. La duda que nos asalta es si de verdad estos “críticos” son incómodos y no, simplemente, convenientes y, todo hay que decirlo, incoherentes.

Hemos notado que el razonamiento de los compañeros “críticos” sufre de una especie de obstáculo lógico (¿epistemológico?), que les impide llegar a las conclusiones que en sana lógica, debieran tener los silogismos con que razonan. Porque si son verdad, todos esos señalamientos y otros muchos que han hecho, entonces no es posible justificar un voto por Maduro.

Me argüirán dos planteamientos: uno, la amenaza imperialista, el otro, la falta de alternativas. Pero, de verdad, no convencen. La amenaza imperialista está allí y estará siempre, mientras exista el imperialismo norteamericano y los otros también. Precisamente frente a ellas es que se destaca la gravedad de la desviación de este gobierno, especialista en su propaganda de echarle todas las culpas a Trump. La “amenaza imperialista” es, en este contexto, simplemente un chantaje. Cualquiera con “pensamiento crítico” puede verlo. Lo de la falta de alternativas es, también, la confesión de una ausencia de audacia, valentía y disposición. En este sentido, es verdaderamente doloroso como son obviadas o invisibilizadas las propuestas de los amigos “críticos”. Es evidente que decir no basta, porque los que mandan no quieren escuchar. El apoyo a Maduro, en esta circunstancia, es una especie de “peor es nada” o “si me pega es porque me mira” propio de las mujeres que aceptan el maltrato de sus parejas. Esa lógica, de verdad, no motiva. Y deja en el aire esa expectativa de la “radicalización”, término demasiado ambiguo a estas alturas, como para ser escrito sin aclaración suficiente.

El “pensamiento crítico” asume la ética de la parresia, del decir veraz, de la valentía de decir la verdad independientemente de las consecuencias personales. Por eso me permito hacer estas breves reflexiones, que no niegan, para nada, el respeto y el aprecio que le tengo a todos los compañeros que han firmado esa declaración tan escueta y discutible.



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Jesús Puerta


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