¿Cuán dañino es la economía de mercado?; notas en el tintero y algo mas…

“Cuando los mercados fracasan, hay un motivo para intervenirlo, pero primero se deben responder dos preguntas. ¿Cuánto importa el fracaso del mercado? Y, ¿pueden los gobiernos enderezar el fracaso?. A menudo, los mercados corrigen sus propias fallas. En otros casos, un fracaso aparente no le hace daño a nadie. En general, los fracasos del mercado importan menos en la práctica de lo que generalmente se supone.

Por ejemplo, parecería que el monopolio excluye un mercado eficiente. Esto es incorrecto. El monopolio en si no determina que se esté ocasionando ningún daño económico. Si un monopolio se encuentra protegido de los frustrados competidores por altas barreras de entrada, este puede elevar sus precios y obtener ganancias excesivas (caso Venezuela. N.del.T). Si ocurre esto, no hay dudas de que el monopolio resulta dañino (caso Polar. N.del.T)). Pero si las barreras de entrada son bajas, la falta de competidores reales (a diferencia de los potenciales) no prueba que el monopolio este causando daños: la amenaza de la competencia puede ser suficiente para hacer que se comporte como si fuera una empresa competitiva. Es por esta razón que los economistas no están interesados en los índices de concentración (la producción de la mayor empresa industrial o las mayores empresas de la industria como proporción de la producción total de la industria).

Se considera más importante juzgar si los mercados son desafiables, es decir, si las barreras de entrada son altas.
Muchos economistas aceptarían que Microsoft, por ejemplo, es casi monopólico en algunos sectores de software de PC; sin embargo, argumentarían que la empresa no está haciendo ningún daño a los consumidores porque los mercados se mantienen sumamente desafiables. Debido a esa persistente amenaza de competencia, la empresa valora sus precios con mucho interés. De esta manera y en otras, se comporta como si fuera una empresa más pequeña en un mercado competitivo.

Por otro lado, supongamos que un “monopolio natural” (una empresa que no está sujeta a la ley de rendimientos decrecientes, cuyos costos caen indefinidamente a medida que su producción se incrementa) esta recaudando con éxito las ganancias excesivas. Entonces, frustrados competidores no escatimarían ningún esfuerzo para hacer desafiable el mercado, a través de la innovación o por otros medios.

Alguna vez el sistema de telecomunicaciones fue considerado un monopolio. En la actualidad, gracias a la nueva tecnología y a la desregulación, resulta un negocio sumamente competitivo, y en muchos países lo sería aún más si no fuera por las restricciones de algunos gobiernos. Los economistas solían ver monopolios naturales donde quiera que miraran. Ahora, gracias principalmente a la innovación – inspirada en primera instancia por la búsqueda privada de las ganancias -, se puede ver estos monstruos con mucha menos frecuencia. Los economistas también han cambiado su modo de pensar en cuanto a los bienes públicos. Casi todos ellos reconocen que existen tales cosas: la defensa nacional y la ley y el orden siguen siendo los ejemplos más directos. Pero alguna vez se dio por sentado que muchos otros productos también califican (si no lo hacen por el hecho de ser puramente bienes públicos, lo hacen al menos por tener alguna de las características relevantes). Esto no es más así.

Un clásico ejemplo de un bien público es un faro. Sus servicios son tanto no excluyentes como no rivales en el consumo, lo que significa que más barcos extra pueden consumir su producción sin que los usuarios existentes tengan que consumir menos. Esto implica que los faros son un bien público puro, solo el estado puede suministrarlo. Este claro ejemplo, citado por economistas desde John Stuart Mill hasta Paul Samuelson, aun así no concuerda con los hechos. Como remarcó Ronald Coase en un célebre artículo, desde el siglo XVII muchos de los faros de Gran Bretaña fueron construidos y administrados de manera privada. El pago para cubrir los gastos (y generar una ganancia) se extraía de tasas cobradas en puertos locales.

El papel del gobierno se limitaba a autorizar esta recaudación, exactamente de la misma manera en que un gobierno moderno podría determinar que un constructor de autopistas privadas recaude el dinero de un peaje. En vista de esto, la transmisión televisiva es otro ejemplo puro de bien público; otra vez, no sujeto a exclusión y sin ser rival para el consumo. En la actualidad, gracias a la tecnología, es directamente excluyente: las empresas que ofrecen transmisiones satelitales cobran una suscripción, y a cambio entregan una tarjeta que decodifica la señal. Con los sistemas de cable “Pague por lo que ve” [1], la exclusión trabaja aún mejor con una discriminación más fina. Y estas innovaciones de los mercados, que los hacen todavía más fuertes, no fueron necesarias para que la televisión privada lograra el éxito, a pesar de la buena apariencia pública. La televisión no sujeta a exclusión fue y es financiada a través de la publicidad (otro tipo de innovación.

La fábula de las abejas. El mismo Ronald Coase que atacó el mito del faro es más conocido por su trabajo sobre “externalidades” (y gano un premio Nobel por eso), el tercer tipo de falla de mercado descrito en la entrega anterior. El argumento que, mientras los derechos de propiedad estén claramente establecidos, las externalidades no causaran una asignación ineficiente de recursos. De hecho, pocos economistas estarían de acuerdo: en muchos casos, los costos inevitablemente elevados impedirían  que se lleven a cabo las operaciones necesarias. Aun así, la intuición de Coase dio sus resultados. Los mercados encuentran maneras de tomar en cuenta las externalidades – maneras de “internalizarlas” -, como lo definen los economistas – con más frecuencia de lo que uno se imagina.

Las abejas son para las externalidades lo que los faros representan para los bienes públicos. Durante años, sirvieron de ejemplo favorito en los libros de texto. Los criadores de abejas no son recompensados por los servicios de polinización que brindan a los agricultores cercanos; entonces, ellos y sus abejas deben ser ineficientemente pocos en cantidad. Sin embargo, otra vez el mundo probó ser más inteligente que en los libros de texto. Steven Cheung estudio el caso de los productores de manzana y observo que en el estado de Washington hay un historial de contratos entre los productores de abejas y manzanas. La falla del mercado de Steven había sido tratada de manera efectiva y privada. Debido a la falta de información, en la última fuente principal de las fallas del mercado nombrada en la entrega anterior, los economistas también han descubierto toda clase de recursos privados. Recuerde el ejemplo del automóvil usado.

Una forma fácil de evitar la dificultad es comprar a un vendedor que tenga buena reputación (uno que valga la pena proteger) o bien a alguien que ofrezca garantías. En formas como esta, la falta de información a menudo puede cubrirse, aunque a un costo, y a veces solo parcialmente. En términos más generales, la nueva forma de pensar en la información en economía considera a las instituciones del capitalismo en gran parte como intentos para resolver este gran problema. El hecho de que las empresas, los bancos y otras instituciones existan, y este organizadas de la manera en que lo están, refleja los esfuerzos de la sociedad en sacar el mejor provecho de la información escasa.

Aun en el terreno de la economía (no preocupa otras consideraciones), no existe una respuesta ordenada a la pregunta acerca de dónde estaría el límite entre el Estado y el mercado. Los mercados fallan, debido al monopolio, a los bienes públicos, a las externalidades, a la falta de información y por otras razones. Pero encuentran formas de mitigar el daño – más de lo que los críticos permiten -, y esta es una tarea en la que los gobiernos muchas veces han fracasado notoriamente. Así y todo, una sólida suposición a  favor de los mercados parece acertada. Esto no se debe a que la teoría económica clásica lo establece, sino a que la experiencia parece dar la razón.

[1] En Venezuela empieza un conflicto sobre el aumento de tarifas en los servicios de telecomunicaciones privadas y nacionales ( N.del.T)

Articulo originario de “The Economist”
Notas en el Tintero. 1) La ministra de Agricultura Urbana, expuso que para el mes de diciembre tendremos materia prima para la elaboración de 40 millones de la multisapida hallaca….creemos que aun así, faltara mucha más materia prima. 2) ¿Qué pasaría con la investigación al mayor general y ex superministro de alimentación Carlos Osorio? 3) El discurso incendiario y radical sigue haciendo estragos dentro de las filas del gobierno y de la oposición, ningún bando gana adeptos con esta aptitud anti política. Los ciudadanos quieren que resuelvan sus problemas del día a día en paz.4) El Sr Almagro continua con su guerra personalizada contra Venezuela, ahora invento que en el país existe 76 % de pobreza y hambruna. 5) La cuña de Voluntad Popular, donde aparece la firma de Leopoldo López, esta falta de originalidad, lo único que falta es que aparezca la “Z” del zorro en las puertas de los hogares. 6) La estrategia (política – económica) de expropiaciones en tiempos de Chávez no resulto simplemente porque la instrumentación debida fallo, esto no quiere decir que es una mala praxis perse, más aún, si empresarios inescrupulosos resultan ser unos bandidos. 7) El salario mínimo debe ser remozado, de 15 mil bolívares debe pasar a 65 mil bolívares, para luego montarlo alrededor de 90 mil, todo esto debe ser acompañado de políticas antiinflacionarias, contra la especulación, acaparamiento y bachaqueo, y que las empresas aumenten su productividad. 8) La agricultura no se reactiva con medidas coyunturales, las últimas decretadas son provistas de tiraflechismo, improvisación etc. Son unos 300 mil Km cuadrados de tierra fértil esperando resultados concretos, El campo no puede ser solo, Sol, Sudor, Lluvia y Lagrimas… se debe modernizar, urbanizar, crear condiciones de bienestar, de vida, solo así y acompañado de una inmigración selectiva y calificada podremos pensar en grande. 9) El presidente Nicolás Maduro, dijo que podría comprar las operadoras de servicios de telefonía y cables. Craso error, el estado no puede ser dueño de todo, no puede convertirse en un monstruo burocrático, ya tenemos bastante con las empresas expropiadas al principio de revolución. 10) El 1% de las firmas que reactivan la solicitud del RR es un hecho, esto significa que la oposición se manejó bien en la recolección, el gobierno debe estar atento con lo que suceda en el próximo paso del 20% de firmas (alrededor de 4 millones) y no lo agarren fuera de base en noviembre.
Continuara…



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Pedro Patiño

Químico, Investigador de Asuntos Económicos e Históricos, Analista Político, Eco socialista y Bolivariano.

 pedro2.patino@gmail.com      @pjph

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