¿Cómo piensa y habla un “venezolano” gringorizado?

En verdad, lo he entendido pero no lo comparto el por qué haya necesidad de cambiarse la nacionalidad. Bueno, eso es decisión individual y eso debe respetarse. Mientras existan fronteras nacionales o países, eso es inevitable y, especialmente, referentes a personas de naciones subdesarrolladas que quieren la nacionalidad de naciones desarrolladas, destacándose la estadounidense.  Ser gringo no habiendo nacido en Estados Unidos es como ser premiado con la única coca cola que se encuentre en el desierto: cheverísimo. Creo que poderosas razones económicas, lo ha demostrado el deporte rentado y el deseo de salario en dólares, por ejemplo, influyen para cambios inmediatos o repentinos de nacionalidad. Negocio económico, camaradas. Aún así hay ideólogos que critican a Marx por poner el acento en sus investigaciones sobre la marcha de la Historia en los factores económicos como determinantes.

Es verdad, que el medio ambiente moldea las formas de pensar y de hablar. Sigue siendo graciosa la manera en que un gringo habla en castellano pero siempre será desagradable escuchar a un latino que ha dejado que el inglés le moldee y le modifique todos los sonidos de las palabras castellanas para eyacular de emoción imitándole su hablar. El dinero, camaradas, es tan poderoso que hace milagros hasta en el lenguaje. No es lo mismo ni significa igual decir: “Tengo dóllares” a “Tengo bolívares”.  Sencillamente: lo primero deja la sensación de ser muchísimos bolívares y lo segundo, pocos dólares.

Un venezolano, especialmente casado con una gringa y con hijos gringos, modifica su hablar o lenguaje con una facilidad increíble pero la ideología pragmática del imperialismo le moldea y transforma su manera de pensar y hasta de actuar con mayor rapidez con que los rayos caen sobre la tierra. Eso es lo más lamentable, porque en un dos por tres pasan a denigrar de su tierra como hace el borracho –que anda mamandine- de los amigos que no le siguen brindando aguardiente.

Hace poco vino de vacación un “venezolano” que vive en el norte, es decir, en Estados Unidos. Trajo dólares para pagar hoteles que por día cobran más de tres mil bolívares fuertes. Las reglas gramaticales del castellano se le olvidaron, tal vez, en pocos años o en pocos meses de tanto escuchar hablar en inglés. Y sin esas reglas escribió para retratar su país en diez puntos o síntesis. Setenta y ocho, mínimo, acentos se hallan ausentes en su escrito de dos cuartillas. Claro, creo, no es criticable porque al parecer en inglés no marcan nunca gráficamente el lugar del acento pero él escribió en castellano.

Ese “venezolano” empezó por donde debía comenzar: criticando el caos en los aeropuertos; luego criticó las gigantescas colas en los Bicentenarios y abastos, la escasez de alimentos; continuó su crítica señalando su preocupación por la falta de leche en polvo y el papel higiénico; denigró porque no le sacaron su pasaporte nuevo en tiempo de minutos; se quejó que el mercado que le hizo a su madre le costó 6.250 BsF y que eso no lo puede lograr una pareja que cada uno gane el salario mínimo; maldijo los 13 apagones de luz que vivió en varias ciudades durante su vacación; reconoce que no lo robaron porque casi no salió a la calle pero –por suerte- presenció dos robos de carros; criticó los malos olores que llegan a las habitaciones de los hoteles de Venetur en Puerto Ordaz y la mala comida; lo único que escuchó por donde anduvo fue quejas sobre Maduro y que la corrupción forma parte de lo cotidiano;  le desagradó ver la cara de Maduro en “Lea el decálogo del forista” y que en la alcaldía de Puerto La Cruz desaparecieron las fotos del Comandante. Y se cansó por lo cual no quiso seguir relatando sus aventuras en un país que lo vio nacer, seguramente algo de educación le aportó pero que ahora por vivir con los gringos en Estados Unidos no le descubrió ningún lado positivo en su tiempo de vacación. Así le pagan al suelo que los vio nacer y crecer y hasta formarse profesionalmente quienes abrazan nacionalidades de países imperialistas para que nadie les confunda con originarios de naciones subdesarrolladas o atrasadas.

Cuando el “venezolano” y su familia presenciaron el robo de los dos carros los hijos, en coro, le dijeron “Daddy… what is going on”. El “venezolano” les respondió “Welcome to Venezuela… Don’tlook’em…”. Pero la esposa que algo aprendió de español le dijo casi en clarito criollo: “Dale, mueve rápido parra irnos”. Lo que dijeron en inglés no entiendo ni pío.

El “venezolano”, ya montándose en el avión que lo llevaría de regreso a Estados Unidos, mirando más hacia el mar que hacia las montañas, dijo: “Bueno… a pesar de lo escrito… y otras cosas que me cansa relatar… Venezuela sigue siendo mi patria… a pesar que la quierran vejar, rebajar, mediocrizar… siempre se consigue gente buena, de buena conversa y trabajadorra… recuerdo especialmente al señor que vende asopado en playa copei… diciéndome… mijo… a pesar que todo está jodido… siempre tenemos la sonrrisa… el día que no podamos ni reírnos se jodió esta vaina… y creo que es así… muchos que conozco hablan paja y huevonadas de no ir a la patria… yo voy al menos una anualmente… esta vez serrán 2… esperro  que en 4 meses… no la encuentre más deterriorrada… Sólo unas reflexiones”.  Y se elevó el avión, tal vez, pensando para sus adentros el “venezolano”: “Quierra Dios le den un golpe de Estado y maten al maldito Madurro y vuelva la democracia que nos piden los gringos, porque éstos ser los mejorres del mundo: darme esposa, hijos y dóllarres… Jajajajajaja”.

Ese método de analizar  las realidades viene dado por la desfiguración completa de la mente o la conciencia humana. Dos elementos lo caracterizan que vienen siendo el mismo pero al revés: destacar sólo lo negativo y no reconocer absolutamente nada positivo en los fenómenos o acontecimientos. El marxismo es demasiado grande para inflarse de egoísmo y por eso nos enseña todo lo que de valía contiene un modo de producción para que sobre su derrota se levanta uno nuevo; es decir, no sólo reconoce sus elementos o factores negativos sino que, igualmente, destaca los positivos sin los cuales no es posible que lo nuevo se imponga sobre lo viejo. En cambio, el método de ese “venezolano” gringorizado aplicado a un análisis de las realidades de Estados Unidos relataría exclusivamente los elementos que le favorecen –positivos- pero ni una sola palabra diría de los que le afectan -negativos-. Si dijera lo contrario, seguramente, perdería la visa, la esposa, los hijos y los dolláres. 



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Freddy Yépez


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