Del estudiante presencial al estudiante virtual

Como parte de las actividades a realizar en el curso de Formación del
Tutor en Línea, impartido por el CEIDIS (Centro de Estudios Interactivos a
Distancia – ULA), está la redacción de un primer ensayo en el que se
refleje la visión que cada participante tiene del estudiante en el siglo
XXI, en cuanto a su capacidad para orientar su autoaprendizaje, ser
participativo, autoreflexivo y generador de conocimientos.

En ese sentido, el presente ensayo se desarrolla desde la perspectiva del
proceso de transición que va del estudiante presencial al estudiante
virtual, tomando en consideración ---para no ir muy lejos--- el ambiente
educativo universitario que se vive en la Universidad de Los Andes,
Mérida, Venezuela. Porque además de pensar en una visión ideal del
estudiante del siglo XXI, es necesario también desarrollar una misión
real, en estos comienzos del siglo XXI, que permita avanzar hacia ese
fin. Para ello, se debe partir de la realidad concreta que se tiene y,
entonces sí, mirar hacia delante.

¿Qué es lo que existe en la Universidad de Los Andes? Varios miles de
estudiantes que cursan, bajo la modalidad presencial, una gran variedad
de carreras. Estos estudiantes están acostumbrados, porque ese el hábito
con el que vienen de los liceos y colegios, a asistir a las clases
presenciales, a recibir por parte del profesor los programas de las
asignaturas, con las respectivas instrucciones, y a cumplir con las
tareas, en la medida de sus capacidades y posibilidades.

Durante el desarrollo de las clases presenciales, un número significativo
(SIGNIFICATIVO) de estudiantes ulandinos, simplemente asiste para escuchar
pasivamente lo que los profesores dicen y explican. Apenas si hablan, o
expresan oralmente una idea con cierta coherencia. Una suerte de temor los
acompaña. Luego, durante los exámenes escritos, comprueban las enormes
dificultades que tienen para redactar y escribir pulcramente, o para
utilizar las habilidades numéricas. Y si de trabajos de investigación se
trata, los que elaboran como tales, reflejan deficiencias metodológicas y
de procesamiento de información.

Con esos estudiantes, los que ya existen ---y los que vendrán durante los
próximos años, que no serán muy diferentes---, es que se debe avanzar
hacia la virtualidad, porque ésta no se decreta, sino que se debe ir
construyendo, como cultura. Esos estudiantes deben ser incorporados,
progresivamente, en cursos (asignaturas) diseñados bajo la modalidad
virtual, para que se familiaricen con las tecnologías utilizadas en ella,
y para que puedan ir transformándose, lentamente, en un nuevo tipo de
estudiante. Para que en el futuro puedan seguir estudiando virtualmente y
así aprovechar la gigantesca oferta educativa que, día a día, es colocada
en la red.

Los estudiantes ulandinos de las diferentes carreras ---los que existen y
los que vendrán--- tendrán la oportunidad, bajo la modalidad virtual, de
experimentar la sensación de ver que una asignatura sí puede ser
planificada detalladamente, con objetivos, contenidos, actividades,
recursos y fechas, bien definidos. Que podrá interactuar con el profesor y
con los compañeros, con más confianza, al escribirles un correo
electrónico, o participar en una sesión de chat o en un foro.

Los estudiantes presenciales actuales, en tránsito hacia la virtualidad,
también podrán experimentar esa profunda necesidad de planificar, de mejor
manera, sus actividades diarias, a fin de lograr los objetivos planteados
en la asignatura virtual. Y seguramente que se van a dar cuenta que las
cosas son diferentes. Por ejemplo, comprobarán que las actividades se
cumplen según las fechas establecidas, que no se posponen, ni se
suspenden. Que deben leer más, escribir más y mejor, pensar y analizar,
crear, investigar, sugerir, etc. En fin, sentirse más estudiantes, más
seres humanos. Y, lo más importante, verificar que el conocimiento no
termina con el profesor

Del estudiante presencial al estudiante virtual. Un camino a transitar,
sin temor, con esperanza y con expectativas. El camino para adentrarse en
el siglo XXI, con todas las exigencias que provienen del medio ambiente,
de la globalización, de la necesaria vigencia de los derechos humanos, de
la paz, de una humanidad mejor. El salto a la piscina, para aprender a
nadar.

* alportillo@ula.ve


Esta nota ha sido leída aproximadamente 4980 veces.



Alfredo Portillo *


Visite el perfil de Alfredo Portillo para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: