Prostitución de la Universidad, dirigida por meretrices

Cuando seres perversos y asquerosamente mediocres llevan las riendas de la formación de jóvenes y sus consabidos valores profesionales, entramos a una etapa de degradación de la formación humana, que tristemente reflejan una sociedad en decadencia.

Lo que debería ser el crecimiento de valores humanos y espirituales de los jóvenes, que como relevo de una sociedad en eterna mejora, se pervierte, entonces, más bien se tiende, de manera inexorable, al mercadeo de la esencia humana. Éste, es un excelente espejo de meretrices que como buenos negociadores se lucran de la necesidad y de las bajas pasiones en que algunos pueden caer para ver saciados sus más bajos instintos.

Cuando empezamos a revisar la razón de lo que originó que nuestra universidad se perdiera en este antro de indecencia, lamentablemente, nos golpeamos con una realidad ineludible, nosotros mismos hemos sido responsables en buena medida, de esta degradación. Nosotros mismos hemos hecho nuestro fundamental aporte en esta sociedad de cómplices. Sí, una sociedad de cómplices que poco a poco se fue enquistando como algo natural, y que hizo de la excepción, la regla. La norma, lo cotidiano. Lo que se acepta como una realidad, como lo habitual. Una especie de contranatura de los verdaderos valores esenciales.

La universidad se rige de acuerdo a decisiones colegiadas, donde la mayoría de un Consejo decide. Por supuesto, si la decisión de la mayoría es aberrante, inequívocamente, que los propietarios de esa decisión aberrante forman la mayoría de ese Consejo. La pregunta inmediata es, ¿cuándo se originó este punto de inflexión?. ¿Cuándo dejó de ser importante la honestidad?. ¿Cuándo dejó de prevalecer lo profesional por encima de intereses individuales?. ¿Cuándo dejó de importar la ética por encima de las decisiones personales?. ¿Cuándo la mediocridad y la poca formación se impuso por encima de las personas probas?. ¿Cuándo dejó el interés colectivo ser más importante que el individual o el de grupúsculos tribales?. ¿Cuándo la vergüenza dejó ser más importante que la desvergüenza y la desfachatez?. ¿Cuándo dejó la decencia ser más importante que la inmoralidad?. ¿Cuándo la universidad dejó de ser universidad?.

La respuesta es directa, el punto de inflexión se originó cuando los aberrantes se hicieron de la mayoría de los cuerpos colegiados. Para esto, fue necesario nuestro fundamental y cómplice aporte. Fuimos dejando, con nuestra cobardía, que sus insinuaciones desleales y antiéticas fueran tomando cuerpo y se asentaran en la estructura como quistes en proliferación. Algunas veces por pena, otras por no llevar la contraria, y otras, que es la gran mayoría, por no romper el círculo de comodidad en que estamos inmersos.

Escondiendo nuestra cobardía para enfrentar una situación deshonesta de un amigo o alguien cercano, y haciéndonos la vista gorda, aceptamos de manera cómplice estos "deslices". En un principio para no perjudicar la confianza de una buena relación de amistad. En una segunda etapa, para no tener enemistades o contrariedades. En una tercera etapa, están los que aceptan dádivas y favores en pago de un silencio cómplice. En una etapa marginal, están los que hacen cualquiera de estas cosas, pero se consideran honestos, y peor aún, se creen con el derecho de descalificar a quienes los reconocen. Estos son los peores porque ayudan con su actitud a fomentar esta estructura perversa de antivalores. Al final, todos ellos, son los mismos que critican a los que verdaderamente enfrentan con valor, lo que no debe ser, la corrupción de conciencia, incluso poniendo en riesgo su propia vida.

Lo anterior permitió que permearan los vicios y la indecencia. De esta manera, se fueron aprobando trabajos de ascensos a los amigos, y a los amigos de los amigos, sin importar su poca formación o su no idoneidad para ocupar el cargo de docente en la universidad. Los profesores que ingresaron y siguen ingresando de esta manera, entran con una deuda de conciencia con sus "amigos" quienes le ayudaron a conseguir el trabajo. Deben un favor, y tienen que pagarlo por el resto de su vida levantando la mano en la decisión que quieran sus dueños. Esta perversión la fuimos aceptando sin chistar, hasta llegado el momento en que los mediocres ingresados, de esta manera, se hicieron mayoría en los Consejos. De esta manera, en los Consejos pervertidos y aberrantes, se aprueban trabajos de ascensos sin nivel alguno, que aunque dan pena, se aprueban. Se designan y se acomodan a los amigos para ser jurados de los trabajos de los acólitos a quienes quieren ayudar.

Los corruptos y mediocres logran meter a más corruptos y mediocres, en un círculo vicioso que cada vez hace más robusta este antro de corrupción. La estructura.

Lo importante de todo esto, es que esta gente, no capacitada, no idónea, y con bajos niveles de ética, que fue entrando como personal de planta de la universidad, fue haciendo lo mismo con sus amigos, y para peor, lo fue extendiendo a los estudiantes, a los obreros, a los empleados y ajustándolo como estructura en los cargos administrativos. Esta gente podrida, cáncer de la universidad, marcó el punto de inflexión que pervirtió los valores esenciales de la universidad.

Lo lamentable, es que el grado de deterioro de la universidad, ha llegado a una etapa de enfermedad terminal, que los que no comparten esta pérdida de valores de la universidad, ayudan con su silencio cómplice y su cobardía, a que las decisiones aberrantes de estos Consejos, se haga con la mayor desfachatez, con la mayor arrogancia, con la mayor prepotencia, y sin desparpajo alguno, porque saben del poco valor que puede motivar a algunas de estas personas a enfrentarlos. Son “callables”. O Mejor dicho permiten que se les calle. En la UNEXPO, similar a como sucede en la ULA (muy bien referenciada por el prof. José Sant Roz), tenemos uno de los ejemplos más grotescos y bochornoso.

Lo lamentable, es que nosotros como comunidad universitaria, los profesores, estudiantes, empleados y obreros, solo nos limitamos a criticar estas aberraciones, sin querer participar en la solución de un problema que nos afecta a todos, queremos que los problemas nos lo resuelvan otros, que no nos identifiquen con la denuncia o con el que denuncia.

La cobardía es tal, que excusamos la no participación con las más estúpidas de las justificaciones, de trabajo, de familia, de tiempo, etc. Por esto, es que estos seres deformados hacen todo lo que hacen a su libre antojo y desfachatez.

Cuando revisamos las características de estos personajes, y su círculo de allegados o acólitos, se nota el contubernio de estos aberrantes grupos políticos. Misma especie, mismos intereses, misma estirpe. Misma calaña.

Políticos cobardes, que escondidos bajo el disfraz de profesores o estudiantes, mandan a otros a que den la cara por ellos para no perder imagen. Utilizan a estudiantes que fueron y siguen siendo sus serviles e incondicionales falderos, lacayos que por dinero vendieron su condición de estudiantes.

Es tan porquería la gente que actúa aprovechándose de las necesidades de las personas, que lo que da es asco, cuando tenemos seres tan aberrantes y manipuladores.

Seres deformados que sudan las manos al descubrírsele su personalidad obsesiva compulsiva. Fin de mundo para la universidad. En manos de quién estamos.

Finalmente, con este panorama tan desolador, llegamos a una degradación de la universidad, o la salvamos, o esta vaina se nos va. Dejemos la cobardía para después, que no la vean nuestros hijos. Internalicemos que somos lo únicos que podemos confrontar esta podredumbre donde posiblemente estudiarán nuestros hijos.

Démonos cuenta que por mantener nuestra comodidad y nuestro silencio, estos seres desviados han tomado la universidad como una casa de citas donde se negocian los placeres del poder. Se mercadea a través de las necesidades de la gente, el poder de algunos y las migajas para los serviles.

Como buenas meretrices logran enquistar en un nuestra sociedad la perversión de los valores como algo indisoluble de la presencia del hombre. Valores espirituales que tanto añoramos y necesitamos. Se prostituye la esencia humana. La universidad deja de ser universidad.

(*)Profesor

hector2000ve@yahoo.es


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