Las Bricomiles y la crítica necesaria

pública Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, se conformaron y organizaron las Brigadas Comunitarias y Militares para Educación y Salud o Bricomiles, cuyo objetivo supremo no es otro sino proceder a la reparación de los centros educativos y de salud a nivel nacional. Educación y Salud, concentraron el grueso de las quejas recibidas en el 1x10 del Buen Gobierno, mediante la aplicación cibernética del Ven App, y las Bricomiles se convierten en la respuesta correspondiente para atender esas inquietudes manifestadas por el Poder Popular. Así, lo manifestó el Jefe de Estado al resaltar como un éxito esta fase previa de organización para empezar las «reparaciones profundas y estructurales y el embellecimiento» de los centros educativos e igualmente, informó que: «hemos recibido denuncias de ambulatorios cerrados, CDI (Centro de Diagnóstico Integral), producto de la crisis que nos tocó vivir, ahora nos toca hacer la contraofensiva, para abrir todo el sistema Barrio Adentro I, Barrio Adentro II y todo el sistema público de salud gratuito y de calidad». Una tarea titánica, sin dudas, que requiere del máximo esfuerzo que ha emprendido la Revolución Bolivariana en su historia con el único método que le ha permitido sortear y vencer las grandes dificultades que les ha tocado enfrentar: la Unidad Cívico-Militar-Policial. 21 mil planteles educativos en el territorio nacional, es el reto propuesto a las Bricomiles para su restauración, mantenimiento y adecuación, colocando dichas instituciones –su planta física- lista para recibir a las y los alumnos en un ambiente de estudio apto y armónico para el buen aprendizaje. Las Bricomiles, son brigadas conformadas por el Poder Popular y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en compañía de los padres, las madres, maestros, maestras y estudiantes. A este importante contingente, se le han añadido o incorporado voluntariamente: la militancia del PSUV, Comunas, UBCh, Movimiento Somos Venezuela, las RAAS, y el personal docente, obrero, administrativo, y Cocineras de la Patria de cada institución educativa, valga decir, el poderoso musculo invencible de la Revolución Bolivariana. «Tengo plena fe en el pueblo venezolano y sus grandes capacidades: verdadero Libertador de Venezuela, ¡verdadero creador de la Patria nueva!», decía Hugo Chávez en el Primer Gabinete Móvil Comunal, desde el Teatro Teresa Carreño, Caracas (06-02-2006).

Precede a las Bricomiles, el Plan «Una gota de amor para mi escuela», mediante el cual se intentó en el presente año escolar, rehabilitar las escuelas y liceos nacionales para su puesta en funcionamiento cabal a toda la infraestructura educativa nacional, empleando a fondo una institución que fue creada según Decreto Presidencial No. 1.555, de fecha 11 de mayo 1976, iv república, la Fundación de Edificaciones y Dotaciones Educativas (FEDE), adscrita entonces al Ministerio de Desarrollo Urbano, en el objetivo de diseñar y ejecutar el Programa Nacional de Construcción, Ampliación, Reparación, Mantenimiento y Dotación de las escuelas. El 21 de mayo 2007, según Gaceta Oficial No. 34.471, Decreto No. 899, se dispone que sea el Ministerio de Educación para ese entonces, hoy Ministerio del Poder Popular para la Educación, quien ejerza la tutela sobre FEDE. La realidad, ha evidenciado que el mantenimiento, rehabilitación y adecuación de los espacios educativos le han quedado muy grandes a FEDE, como ha quedado demostrado en este intento postpandemia de reinicio de actividades de manera presencial. Una de las consecuencias más visibles de la pandemia por coronavirus, fue el cierre de las instituciones educativas y devolver el protagonismo del hecho educativo a los tiempos pretéritos de la educación tal como la conocemos hoy. Refiere, el Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, en 1947: «En un principio, la educación estuvo encomendada a la familia. Era la madre la que orientaba toda la vida de la pequeña colectividad. Y esto sigue siendo así, aun cuando el Estado, por encima, dicte las normas generales de dirección de la educación; porque, como es sabido (no voy a entrar en cuestiones de orden puramente pedagógico), hay una educación espontánea y una educación dirigida. Solamente la educación dirigida es la que corresponde al Estado. En las sociedades modernas, sin discusión, la educación como función pública esencial de la colectividad, está encomendada al Estado…». Y, efectivamente, la educación volvió a los hogares y las familias como un solo cuerpo, quienes tuvieron que encargarse de la educación de los niños, niñas, y jóvenes estudiantes. El rol de protagonismo del docente, se convirtió en un rol secundario: proveer tareas y guías para el estudio del estudiante, además de su evaluación.

Una tarea compleja y pesada recayó sobre las familias de todo el planeta. En el caso venezolano, en total anuencia con el mandato Constitucional: «El Estado, con la participación de las familias y la sociedad, promoverá el proceso de educación ciudadana, de acuerdo con los principios contenidos en esta Constitución y en la ley…» (Artículo 102, C.R.B.V.). Al abandonar los espacios educativos el estudiantado, las instituciones educativas sufrieron del abandono humano y como tal, el deterioro se manifestó con mayor intensidad al momento de pretender volver a la reocupación de esos espacios antes propicios para el aprendizaje pero que ahora, producto de la humedad, los cambios de temperaturas, así como otros factores climatológicos y de falta de mantenimiento, incluido el vandalismo, habían incidido –negativamente- en el cuerpo físico de la infraestructura que ahora reclamaba un cariño, un paño de pintura, un cambio de llaves, en fin, su restauración y recuperación para poder recibir –amigablemente- a los niños, niñas y jóvenes en general, con quienes compartía convivencia en el acto educativo antes de la pandemia. Esta acción, se la ha reservado el Estado Bolivariano por mandato Constitucional: «La educación es obligatoria en todos sus niveles, desde el maternal hasta el nivel medio diversificado. La impartida en las instituciones del Estado es gratuita hasta el pregrado universitario. A tal fin, el Estado realizará una inversión prioritaria, de conformidad con las recomendaciones de la Organización delas Naciones Unidas. El Estado creará y sostendrá instituciones y servicios suficientemente dotados para asegurar el acceso, permanencia y culminación en el sistema educativo…» (Art. 102). No faltaron directores y directoras, que preocupadas al presenciar tal deterioro ante sus ojos, asumieran algunas acciones restauradoras ante la indolencia manifiesta de algunas zonas educativas que simplemente hicieron caso omiso de la situación. El trabajo voluntario, fue asumido así por algunos directores y directoras que motivaron a sus alumnos y alumnas para que se acercaran a sus instituciones y les dedicaran parte de su tiempo libre a pintar una pared o frisarla con materiales que esa institución consiguió o ya tenía en stock en su almacén. Se trataba, en fin de cuentas de una acción de emulación, que motivó a algunos directores y/o directoras a actuar en conjunto con sus alumnos y alumnas, incluso más allá, con la comunidad de padres, madres, vecinos y vecinas, que se integraron a la escuela o liceo como un solo cuerpo en la búsqueda de lograr un espacio digno y sano para el estudio y la convivencia estudiantil. Algo similar, a la empresa emprendida por Ernesto «Che» Guevara, el 5 de noviembre de 1959, en el central «Estrada Palma» — posteriormente llamado como «Bartolomé Masó»—, quien concibió la realización de trabajos voluntarios en apoyo a la construcción de una ciudad escolar para 20 mil niños y niñas de la Sierra Maestra. El «Che», explicó a los miles de voluntarios y voluntarias asistentes, la importancia de aquella labor: «Hoy juntos, obreros, campesinos y estudiantes, con su Ejército Rebelde, vamos a ayudar a construir la nueva Cuba. Como ayer, juntos estuvimos en la lucha contra la tiranía, hoy tenemos que luchar contra los que nos quieren dividir con fantasmas, mitos y prejuicios…». Desde ese momento, fue el «Che» quien, con la fuerza de su ejemplo lo defendió, argumentó y definió de la siguiente manera: «El trabajo voluntario, no debe mirarse por la importancia económica que signifique en el día de hoy para el Estado, el trabajo voluntario fundamentalmente es el factor que desarrolla la conciencia de los trabajadores más que ningún otro».

Como toda nueva experiencia, el trabajo voluntario -en beneficio de las instituciones educativas- sería objeto de las desviaciones propias de quienes no logran comprender sus grandes propósitos y enseñanzas en el joven estudiante, lo que finalmente termina convirtiéndolo en una operación de chantaje y abuso del uso de la comunidad de padres, madres y familia en general del joven estudiante para provecho de particulares. El caso de un director o directora, quien valiéndose de esperanzados jóvenes alumnos y alumnas, ya prestos a egresar de la institución educativa con sus títulos de bachilleres de la República, reunirlos y comunicarles, más bien ordenarles, que si no logran recuperar la cancha, laboratorios, la fachada del liceo o el auditorio, no se graduarían. Y lo peor, enmascararlo como un servicio comunitario, es lo peor de lo más peor, rayando casi en una extorsión. Un acto despreciable, sin dudas, indigno de alguien que pretenda llamarse docente. Por lo demás, dichos jóvenes y sus familias, fueron forzados a sufragar de sus propios ingresos el costo de los materiales para ejecutar las labores de reparación y mantenimiento de la institución educativa. Un costo muy alto para familias muy pobres, que tuvieron que suplir el rol del Estado en perjuicio del bienestar de sus propias familias, reduciendo la compra de sus alimentos y la adquisición de bienes esenciales para el sustento de sus núcleos familiares, en fin, destinar recursos a la compra de materiales de construcción, mientras sus hijos e hijas servían de mano de obra gratuita y no remunerada al supuesto patrón-director o directora. Acción despreciable, que nada tiene que ver con el hecho educativo-formativo de jóvenes en espera de sus respectivos títulos de bachilleres. No les bastó a algunos directores y directoras, que la familia venezolana les apoyara en la gestión del acto educativo, sino que ahora algunos de ésos pretenden convertirlas en valor de uso, en fin, una simple mercancía que pueden manipular a su antojo y conveniencia. Con ello, pervierten el Principio Constitucional de la gratuidad de la enseñanza y ahora; a manera de ejemplo, se pretende cobrarles a las familias que tienen sus hijos e hijas cursando estudios en la U.E. «Mariano Picón Salas» de Turmero, Estado Aragua, cobrarles en dólares físicos y en efectivo, pues no aceptan bolívares en la dirección de dicha escuela pública, por los siguientes conceptos: 10 dólares, discriminados así: 5 dólares para una supuesta boleta, notas certificadas y título y los otros 5 restantes para el acto de graduación de 65 jóvenes de dicha institución. Desconoce, la citada dirección de dicha U.E., que condicionar el pago en dólares o monedas distintas al bolívar -en el servicio educativo- es incurrir en una transgresión del artículo 318 de la Constitución y que la Sundde amparada en la Ley Orgánica de Precios Justos, específicamente, en el artículo 56 del Decreto N° 2.092, con Rango, Valor y Fuerza de Ley Orgánica de Precios Justos, pudiera –perfectamente- actuar, pues el artículo 318 de la Constitución Bolivariana, contempla que «la unidad monetaria de la República Bolivariana de Venezuela es el bolívar». Por lo tanto, es contrario a la Constitución y Leyes de la República, el cobro –condicionado- en dólares o divisas. En este caso, las familias afectadas y que nos han hecho llegar sus quejas deben acudir a las oficinas de la Sundde en todo el territorio nacional o formular la denuncia a través del 0800 LO JUSTO (0800 56 58786) o mediante la aplicación Ven App para que la actuación sea efectiva, en lo inmediato, venciendo el miedo. Ven App, debe resguardar la identidad de las o los denunciantes. En todo caso, la zona educativa del Estado Aragua debe actuar para que situaciones como éstas, hechas al margen de la Constitución y la Ley, no se generalicen y materialicen, dañando el patrimonio de la familia venezolana…



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Henry Escalante


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