Alucinando la Universidad

Pensemos por un momento que el Gobierno Nacional puede satisfacer las
demandas de los miembros de las diferentes instituciones universitarias
que en este momento dicen “repensar” la universidad para convertirla en
una universidad distinta.

Imaginemos que logre satisfacer las carencias insoslayables que ostentan
las universidades autónomas. Es decir que se les otorga: aumento de
sueldo, homologación, reclasificación, becas, posibilidades de
actualización, viáticos, cubículos, primas, seguridad social,
créditos…infraestructura, ampliaciones, mejoras, dotación, laboratorios,
reactivos, insumos, tonner, tinta, computadoras portátiles, equipos de
proyección, cámaras…para los estudiantes: becas, comedor, bibliotecas,
cursos intensivos…

¿lograrían cumplir su cometido de excelencia académica?

Soñemos con que las universidades experimentales gozan de “autonomía”, es
decir: que eligen a sus autoridades, que definen sus estructuras (como las
autónomas) con consejos de departamento, de escuela, de facultad,
universitario, de desarrollo científico, de publicaciones, de apelaciones,
que sus docentes pueden concursar para tener cargos fijos y ascender a su
Dedicación Exclusiva de tal manera que sean libres para decidir sus cargas
académicas, sus horarios, sus programas.

¿tendríamos entonces la universidad necesaria para comprobar nuevas
experiencias?

Calculemos que los institutos y colegios universitarios tienen todos los
concursos para cargos fijos que necesitan sus docentes, la mejor
infraestructura tecnológica, cursos de actualización, diversificación de
carreras…

¿estaría resuelto el problema de la formación técnica del país?

Porque reconozcámoslo, todas esas instituciones en determinado momento
tuvieron casi todas esas condiciones y la universidad venezolana hasta
ahora nunca llegó a ocupar puestos destacados en ningún “ranking” de
reconocimiento internacional. Al contrario en épocas de mayor austeridad
ha ido desarrollando sitiales un poco más respetables en algunas áreas
específicas. Y aunque no creemos en esa manera de clasificar
instituciones, es esa la única referencia que tenemos para aproximarnos a
los fulanos “estándares” de calidad.

Sin embargo si le preguntamos a las autoridades de las universidades
autónomas respecto a la necesidad de transformación, dirán que
efectivamente la universidad debe cambiar… “pero desde adentro”, que “hay
que mantener la calidad”, que se necesita recibir estudiantes “mejor
preparados” desde la educación media. Que ellos quieren atender a la
diversidad pero “que antes hay que formarse” para eso, porque en la
academia “no se debe improvisar”.

Volvamos a la realidad. Para descifrar esos enunciados no se requiere ser
un avezado analista del discurso y concluir que: la universidad no quiere
que le digan cómo ni hacia donde cambiar porque sus miembros ni saben cómo
hacerlo, ni tampoco desean llegar a ningún otro destino que los distancie
de la actual estructura universitaria. Por otra parte la lucha contra la
exclusión que impone aumentar la matrícula no se puede asumir ya que
representa mayores dificultades en el ejercicio profesional por el mismo
sueldo. Tampoco la universidad se propone atender las necesidades
cognitivas ni sociales de los estudiantes porque “no está para eso” sino
que en su imaginario está establecido que debe formar a “los mejores”: es
decir a estudiantes “bien preparados” lectores con criterio propio (que
en realidad no los necesitan como docentes porque son capaces de aprender
por si mismos).

Ahora soñemos de nuevo pero con sentido de realidad posible. La
universidad venezolana para transformarse debe enfilarse hacia nuevos
derroteros con una brújula propia, trazando una ruta que hasta ahora fue
impensable, trastocando en primer lugar su estructura administrativa
paralítica, arbitraria, ineficiente, contraria a los intereses y a las
posibilidades de avance intelectual de los estudiantes. Los universitarios
debemos dejar de rendirle culto a los reglamentos y a los procedimientos
para entender que no son un fin en si mismos, sino que fueron creados para
darle orden a algunas actividades pero que deben reorientarse para lograr
el objetivo de facilitarle el tránsito escolar a los estudiantes.

En segundo lugar tiene que flexibilizar y diversificar los planes de
estudio a partir de las potencialidades e intereses individuales, creando
nuevos perfiles desde la creatividad de los interesados aunado a las
necesidades de desarrollo nacional, dándoles las más versátiles
posibilidades para el aprender y para el conocer. Es aquí donde debe
defender su autonomía para decidir lo que cada casa de estudios puede
ofrecer y cómo lo debe ofrecer, porque es únicamente ella quien conoce sus
posibilidades para contribuir con el Proyecto Nacional.

Porque de eso es de lo que se trata, que los estudiantes de cada región
del país respondan con juicio crítico y con juicio creativo a las demandas
de este proceso de cambios sociales y políticos fundamentales, y no de que
repitan lo que está consignado en los libros, que ya escribieron muy bien
otros en otros tiempos.

Por último y como fin esencial debe instaurar un nuevo sistema de
relaciones sociales entre los pares docentes, entre los profesores y los
estudiantes, entre la institución y las empresas, con las instituciones
públicas y sobre todo con las comunidades tanto organizadas como
desorganizadas. Un sistema de relaciones éticas, transdisciplinarias,
horizontales, sinceras, humildes, porque de todas esas instancias lo
mínimo que puede recibir la universidad es aprendizaje, ya que a los ojos
del ciudadano común, si no se decide a cambiar, será una institución
rezagada, maniatada, esquizoide.


(*)Profesora Titular IUTE

myriam@ula.ve


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Myriam Anzola(*)

Rectora UPTM ?Kléber Ramírez!

 anzolamyriam08@gmail.com

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