Pandemonium

Desde la semana pasada la OMS declaró oficialmente al covid-19 o nuevo coronavirus como pandemia mundial, luego de que la enfermedad originaria de China se propagara a más de un centenar de países, contagiara a decenas de miles de personas y matara a otros tantos miles. Muchos consideran que esta declaratoria ha llegado un poco tarde, en vista de la rápida expansión del virus y las terribles consecuencias que está produciendo alrededor del mundo, y cuyo funesto alcance está por verse todavía, o mejor dicho, apenas empezamos a visualizar.

El mundo globalizado e interconectado ha sido un canal expedito para la frenética propagación de la enfermedad. El hecho de que se haya originado en Wuhan, una metrópoli China con más de once millones de habitantes y, que además es un centro importante de comunicaciones dentro del gigante asiático, con decenas de vuelos diarios hacia distintos lugares del planeta, ha facilitado que la epidemia se regara por todas partes como la mala hierba, y tomara a naciones e instituciones de salud totalmente desprevenidas.

Otro aspecto importante para entender como este virus pudo burlar las débiles defensas de la sociedad global tan fácilmente, radica en el hecho de que, el gobierno chino negó durante semanas la aparición del nuevo virus, a pesar del esfuerzo del Dr. Li Wenliang por hacerlo público; tan solo después de miles de contagios y centenas de muertos tuvieron que aceptar la terrible realidad, con la mala noticia de que el virus ya se encontraba para ese momento recorriendo el planeta sin posibilidad alguna de ser detenido. El Dr. Li Weinlang falleció el 7 de febrero a causa del coronavirus, su deceso causó indignación mundial, las redes sociales explotaron acusando al régimen de Pekín de negligencia criminal por no tomar a tiempo las medidas correspondientes. ¿Qué habría ocurrido si el gobierno chino hubiese escuchado la advertencia del Dr. Li Weinlang? Aunque resulta complicado trabajar sobre hipótesis, en este caso existe el consenso general de que, muy probablemente el brote se pudo haber controlado antes de que alcanzara a expandirse como a la postre ocurrió.

Los efectos de la pandemia han sido brutales. A la fecha, podemos asegurar que el mundo se encuentra prácticamente paralizado; la economía se ha resentido duramente, con los mercados financieros desplomándose en caída libre a pesar de las medidas económicas anunciadas por algunas de las potencias mundiales. Los inversionistas están aterrados por el parón económico que significa mantener a ciudades y países enteros en cuarentena. Los analistas no son demasiado optimistas, sobre todo si la situación se prolonga por mucho más tiempo, algunos incluso empiezan a hablar de estar a las puertas de una gran recesión como la que sucedió al crack de 1929; aunque, en lo particular considero que las fuerzas productivas que han impulsado once años de crecimiento sostenido tienen plena vigencia, y con políticas económicas adecuadas y oportunas se puede superar esta crisis inesperada en un lapso de tiempo prudencial.

Por ahora, las imágenes de ciudades y pueblos desolados simulan un escenario pos apocalíptico, el miedo ha calado muy profundo sobre todo en los países de Europa, convertidos en el nuevo epicentro de la pandemia. Es posible que, en los próximos días Italia supere a China en el número de contagios, así como también en el número de fallecidos a causa del nuevo coronavirus. La nación de la bota tiene uno de los promedios de edad más elevados del planeta con casi cuarenta y seis años de media por habitante; uno de cada cinco italianos tiene más sesenta y cinco años, mucha gente mayor que representa el grupo etario mas vulnerable a los efectos del covid-19.

Pero nadie en el mundo se encuentra a salvo de esta pandemia; ya los Estados Unidos tuvieron que declarar la emergencia nacional ante el imparable aumento en la estadística de contagios. La primera potencia mundial ha tenido que suspender casi la totalidad de sus actividades y su sistema de salud está siendo puesto a prueba de una forma que jamás se hubiesen podido imaginar. En Latinoamérica, la mayoría de los países han declarado la emergencia tratando de limitar el daño. En los últimos días los casos aumentan exponencialmente, y tomando en cuenta las debilidades institucionales y la carencia de recursos para enfrentar situaciones imprevistas y de tal magnitud, hacen que la situación se torne en extremo preocupante, y muchos se abracen a la teoría del clima cálido como principal aliado para detener a este enemigo invisible e inclemente.

En Venezuela el régimen de Maduro ha declarado estado de alarma, e implementado cuarentena en todo el territorio para evitar la propagación del virus; aunque, a estas alturas resulta imposible determinar la verdadera magnitud de su avance, en vista de la deprimente situación del sistema de salud público nacional, y la falta de test de detección de la enfermedad. En el interior del país los sospechosos de coronavirus deben esperar a que sus muestras sean examinadas en la ciudad capital, Caracas, algo alarmante tomando en cuenta que un virus tan agresivo requiere de una respuesta inmediata y contundente, y los venezolanos ya sabemos que la eficiencia no es una de las características esenciales del madurismo. Ante la desconfianza que genera la incapacidad del gobierno la mayoría de la población ha optado por tomar medidas preventivas por cuenta propia; sin embargo, todavía hay mucha gente que no termina de entender la complejidad de la situación, exponiéndose ellos mismos y poniendo en riesgo a otros por su irresponsabilidad.

La cuarentena también representa un motivo de preocupación para la población; muchos venezolanos tienen que salir a rebuscarse el día a día para poder llevar alimentos a casa, al cortarse esa posibilidad se colocan en una situación de precariedad que muy difícilmente el régimen vaya a poder compensar con bonos y dádivas que no cubran los requerimientos básicos de las familias. Resulta imposible cumplir una cuarentena voluntaria sin comida y, con la frecuente interrupción de servicios esenciales como luz y agua.

Sin embargo, de momento la prioridad de todos es quedarnos en casa, por difícil que esto pueda resultar por ahora es la única herramienta de la cual se dispone para tratar de frenar el avance del nuevo coronavirus. Es el momento de dar una ejemplar muestra de ciudadanía, debemos ser solidarios y generosos, sobre todo pensando en nuestros adultos mayores que son las personas más vulnerables, y a los cuales debemos proteger como nuestro más preciado tesoro.

En estos tiempos oscuros debemos apelar a lo mejor de cada uno de nosotros; en los últimos días hemos podido observar con admiración como los italianos se han unificado en su tragedia a través de la música y otra serie de expresiones culturales, convencidos de que solo la unidad les dará la victoria; en España, millones de españoles salen a los balcones de sus residencias para aplaudir a sus sanitarios que libran una larga y dura batalla contra la pandemia sin apenas tomarse un rato para descansar. Cosas como esas producen un nudo en la garganta, y renuevan la esperanza de que pronto acabara esta pesadilla.

Por otro lado, tenemos la buena noticia de que China ha logrado frenar el incremento del contagio, y Corea del Sur va por el mismo camino, esperemos que las medidas tomadas por los demás gobiernos del mundo entreguen resultados similares, y que la vacuna milagrosa aparezca en los días o semanas venideros.

Para cerrar, es importante recordar que "toda madrugada oscura es solo la antesala de un luminoso amanecer"; no cabe duda que saldremos de esta, resistiremos el embate de este virus criminal, cuidémonos para poder vivir para contarlo. La humanidad prevalecerá, y la experiencia de esta tragedia debe servir para que entendamos de una vez la fragilidad de nuestra propia existencia como especie en este universo infinito, desconocido, y muchas veces hostil.

Que Dios nos bendiga y proteja en este momento de incertidumbre y temor.



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