Hasta que me tocó a mí

Hace dos días escribí un artículo para denunciar la tragedia de una familia amiga en la que han muerto dos miembros, por el hecho de no tener dinero para costear la responsabilidad de unos médicos que, no podemos llamar asesinos porque parece que todavía en este país no está tipificado como delito el dejar morir. Cosa que según la lógica criminal, no es lo mismo que matar. Todavía ese texto está publicado en la página actual de Aporrea y hoy tengo que escribir otro para anunciar que esta vez, la lotería del infortunio le tocó a mi familia. En otro escenario… pero el resultado es el mismo: la muerte.

Jomar Romero tenía 26 años, era estudiante universitario; camarógrafo; Técnico Audiovisual; productor independiente; defensor de los medios comunitarios; protector de animales; en fin… soñador. Además de militante activo del Partido Socialista Unido de Venezuela… y como él mismo lo decía: comunista, como sus padres y su abuelo. Encontró la muerte donde menos la esperaba. No fue en la carretera; ni en una montaña; ni en la playa; ni en un helicóptero; ni en una marcha escuálida en las que se metía a grabar. ¡No! Lo mataron en la casa en la que se celebraba el cumpleaños de su compañera sentimental, quien es Coordinadora de la Misión Barrio Adentro de Maracaibo. Y quien, por cierto, casi muere hace dos años cuando un irresponsable haciendo piques en una de las avenidas principales de esta ciudad la chocó y luego la dejó abandonada, gravemente herida.

Los tipos entraron como Pedro por su casa. Bueno, no se si Pedro podrá entrar a su casa con tanta facilidad como los paramilitares al centro de Maracaibo; o los secuestradores a las empresas y urbanizaciones de esta “Tierra del choro amada”. O como estos delincuentes que llegaron a atracar y sin razón alguna le metieron un tiro en la cabeza a mi sobrino. ¡Coño! ¿Hasta cuándo esta vaina?

Solo en esta semana que acaba de terminar, he sabido del asesinato de una alumna de mi hermana y su bebé de once meses; un amigo y colega locutor a quien le dieron un balazo para robarle un carro viejo; un médico amigo de mi madre a quien también mataron de un tiro para atracarlo… y ahora mi sobrino. Y no sé de más casos recientes porque en estos momentos estoy fuera de Maracaibo. Pero estoy hablando de lo sucedido solo en el entorno de una familia marabina.

No, se trata de reclamar porque me pasó a mí. Ni de pensar que la delincuencia es un problema nuevo. ¡No! Pero el caso de Maracaibo es crítico. Si la cosa sigue así, dentro de poco se va a convertir en una ciudad fantasma, porque el que no está muerto, está secuestrado o lo están siguiendo. Y no hay manera de protegerse ni con cercas eléctricas; ni con perros; ni con “Poliwuayús”; ni con empresas de vigilancia; ni con sistemas satelitales; ni siendo rico; ni siendo pobre; ni viejo; ni niño; ni armado; ni desarmado; ni en la universidad; ni en el hospital; ni en la funeraria; ni en el estadio; ni en el cine… no hay escapatoria Comandante. Estamos sitiados y lo peor es que todo el mundo sabe donde están los responsables, porque ni siquiera se esconden. Es más fácil conseguir en el Callejón de los Pobres o en el mercado Las Playitas a un Paracoprestamista que un disco de gaitas. Y las calcomanías de las vacunas para carros las venden en los semáforos, a la luz de la impunidad.

Yo lo felicito por el “Plan Caracas Segura” Ministro, pero como zuliano le imploro una acción similar para mi ciudad que no solo padece la delincuencia organizada desde las instancias del gobierno local y estadal, sino la desidia e indiferencia en la que se amparan los criminales para actuar libremente. La verdad es que los poderes fácticos del Zulia nos tienen –política, social y territorialmente- más del lado colombiano que del venezolano. Yo no soy sociólogo, pero creo que la raíz de los problemas de Caracas está en la superpoblación y en el Zulia en el desgobierno. Declare al Estado en emergencia Comandante y mande las tanquetas que movilizó cuando el ejército colombiano ingresó a territorio ecuatoriano. Invádanos Presidente, por favor… militarice a Maracaibo y líbrenos de esta agonía.


romeromontiel@gmail.com

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Darvin Romero Montiel


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